Category: SANTIDAD


 

 

 

 

Los santos y la Misa

Santo Tomás de Aquino: "La celebración de la Santa Misa tiene tanto valor como la muerte de Jesús en la Cruz".

San Francisco de Asís: "El hombre debería temblar, el mundo debería vibrar, el Cielo entero debería conmoverse profundamente cuando el Hijo de Dios aparece sobre el altar en las manos del sacerdote".

San Juan María Vianney, el cura de Ars:
"Si conociéramos el valor de La Santa Misa nos moriríamos de alegría".

Padre Pío:
Cuando asistas a la Santa Misa, renueva tu fe y medita en la Víctima que se inmola por ti a la Divina Justicia, para aplacarla y hacerla propicia. No te alejes del altar sin derramar lágrimas de dolor y de amor a Jesús, crucificado por tu salvación. La Virgen Dolorosa te acompañará y será tu dulce inspiración.

Santa Teresa de Jesús:
"Sin la Santa Misa, ¿qué sería de nosotros? Todos aquí abajo pereceríamos ya que únicamente eso puede detener el brazo de Dios. Sin ella, ciertamente que la Iglesia no duraría y el mundo estaría perdido sin remedio".

San Bernardo :
"Uno obtiene más mérito asistiendo a una Santa Misa con devoción, que repartiendo todo lo suyo a los pobres y viajando por todo el mundo en peregrinación ".

SANTOS…¿REZARLES?

LOS SANTOS. ¿REZARLES?

¿No todos los Cristianos son Santos?

Los católicos están de acuerdo que Pablo se refiere a todos los cristianos vivos como santos. Todos somos santos en el Cuerpo de Cristo.

Sería simplista concluir que esta es la única forma de entender la palabra "santo". De cualquier manera, mucho tiempo antes de Cristo, el Rey David usaba el término "santo" para dirigirse a sus compañeros judíos. "Amen al Señor, todos ustedes sus santos" (Salmo 31, 23 en las versiones NRSV y NIV de la Biblia). La Biblia de King James tiene más de 80 repeticiones de la palabra "santo" en el Antiguo Testamento que no se refieren a "cristianos vivientes". Por ejemplo: I Sam.2, 2 ; Cron.6,41; Job 5,1; Prov.2, 8; Dan.7,18. 21; Os. 11,12

Pablo mismo a veces da un significado distintivo a esta palabra: "creyentes y santos" (Hech. 9,32 ), "a los santos y hermanos fieles" (Col 1, 2). El término es usado en una variedad de contextos diferentes a través de la Biblia. La palabra "santo" significa simplemente "santificado" (Sanctus) que podría ser un judío del Antiguo Testamento, un cristiano del Nuevo Testamento o un cristiano en el Cielo.

Santos Canonizados

Cuando los católicos utilizan la palabra "santo" , usualmente se estan refiriendo a un tipo específico de santo, el santo canonizado. Probablemente los católicos deberían ser más explícitos para no causar confusión.

La Iglesia reconoce a algunos cristianos (santos) que han perseverado, entrado en el cielo y recibido la corona y que, han demostrado ser verdaderos guerreros de la oración capaces de ayudar a los que estamos en la tierra. La Iglesia debe convencerse de ello sin ninguna sombra de duda para declarar que el santo está en el cielo. Esta es la razón por la que hay tantas pruebas previas sobre todos y cada uno de los que sería declarado santo. Cuando la Iglesia canoniza a alguien está diciendo con toda seguridad: "Hey, esta persona tuvo una re-re-re cool relación con el Señor en la tierra y ahora, ya en el cielo, está rezando realmente duro por nosotros".

Pienso que cualquier evangélico que conociera la historia personal de cualquiera de quienes han sido canonizados por la Iglesia Católica diría: "yeah, esta persona seguro que está en el cielo", sí que es una buena elección.

Me gusta comparar esto de la santidad con la universidad. Los santos son una especie de "graduados". Me gradué en la Universidad , ahora soy un "graduado", un ex-alumno. Esto significa que sigo relacionado a la universidad, perteneciendo a ella pero desde otro lugar. Estoy ahora para apoyarla, podría integrarme en los concejos o contribuir en diferentes maneras, siento la obligación de ayudar de alguna manera.

Pienso que los cristianos del cielo son algo así como los ex-alumnos de la Iglesia. Ruegan por ella, la ayudan en la manera que pueden. No toman decisiones, eso le corresponde a Dios, ellos no son decanos en el cielo sino simplemente servidores que se han graduado exitosamente en la escuela de la vida. Ellos en su vida terrena con todo éxito se abandonaron en Jesús e hicieron posible que muchos otros lo pudieran hacer también. Ahora, nos ayudan a nosotros a graduarnos con sus oraciones.

Algunos evangélicos apuntan al pasaje de la Escritura que dice: "Hay un único Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús" (I Tim 2,5). Los católicos están totalmente de acuerdo con esto. Sin embargo ¿los evangélicos admiten una "excepción" cuando oran unos por los otros? Los evangélicos al igual que los católicos oran unos por otros pero no dicen que estan tomando el lugar de Dios. Cuando oramos unos por otros estamos participando en la mediación pero no somos el mediador. Los católicos sienten que los santos en el cielo pueden orar por nosotros tanto o infinitamente mejor que nuestros amigos en la Tierra.

Cuando un santo entra en el gozo de su Maestro, se lo "pone a cargo de muchas cosas" (Mt 25,21)

Los santos son poderosos guerreros de la oración, magníficos intercesores. No pienso que rezar a los santos nos distraiga de la adoración de Dios más que lo que nos distrae rezar con amigos de la adoración de Dios, algo que hago mucho. Lo santos no lo saben todo pero conocen seguro muchísimo más que yo este juego espiritual. Son creaturas pero eso no quita el tremendo beneficio que podemos alcanzar en comunión con ellos. Los católicos piensan que: "su intercesión es el más alto servicio al plan de Dios. Podemos y debemos rogarles que intercedan por nosotros y por el mundo entero" (Catecismo de la Iglesia Católica 2683)

 

"Yo no le rezo a la gente muerta"

Algunos evangélicos ridiculizan la posición de los católicos sobre María. La frase que típicamente escucho es: "Yo no le rezo a gente muerta". Los católicos no creen que el Cielo sea un lugar de "muertos". Los católicos creen que la gente en el cielo está viva. (Mat 19,29; 25,46; Mat 10,17-22; Mk 10,30; Lk 10,25-30; Lk 18,18-30; Jn 3,15-16). Podemos ver a Lázaro vivo al lado de Abraham (Lc.16,22). Y en la transfiguración vemos a Moisés y Elías al lado de Jesús (Mt. 17,3). Parece que hay mucha actividad en el Cielo acorde con el Apocalipsis (ej: Ap. 4,10). La Iglesia del Cielo es un lugar muy vivo con mucho de canto y de todo. No creo que la gente en el cielo esté diciendo: "¡Hey, cállense, ya basta, paren de cantar que estoy intentando dormir!!!!" Jesús abrió las puertas del Cielo. "Las tumbas de los muertos se abrieron y ellos entraron a la ciudad anunciando la Buena Noticia" (Mt. 27,52). Jesús dijo: "Dios es un Dios de vivos, no de muertos, para el todos están vivos" (Lc. 20,39-40).

Recientemente he leído una entrevista con Gracia Burnham. Una misionera evangélica que fue secuestrada durante más de un año por terroristas musulmanes, junto a su esposo a quien finalmente asesinaron. En esa entrevista ella decía lo siguiente:

Phil Calloway (editor del Servant Magazine-Evangelical): (Martin, tu esposo) suena como un tipo asombroso. ¿Estará causando problemas en el cielo ahora? (carcajadas)

Gracia: Acostumbraba a decir a mis hijos: ¿Pueden imaginarse a su papá tirando de las mangas a Dios y diciéndole: Gracia necesita un auto, Gracia necesita esto o lo otro". Y después les decía cuán todopoderoso es Dios, que nos conoce y ama, que murió por nosotros y tanto ama que necesita de un ser humano que le hable de nuestras necesidades. E inmediatamente pensaba en Dios tirando de las mangas de la ropa de Martin diciéndole: "Eh Martin, ¿ Ves todo lo que estoy haciendo por Gracia y tu familia?" (Mission Fields Magazine spring 2004, pg 3)

No aparenta que Gracia piense que su esposo esté vivo en algún tipo de estado de coma hasta el juicio final. Este es un ejemplo perfecto (y uno de los tantos) de que el punto de vista católico sobre la muerte es aceptado ampliamente entre los evangélicos que han perdido un ser querido. Ella dice: "Por qué querría Dios necesitar de un ser humano para presentarle nuestras necesidades" y en la misma entrevista atribuye su escape y regreso a casa de entre los terroristas a la oración perseverante de sus hermanos cristianos.

El Catolicismo enseña que existe una comunión de santos que estan rogando por nosotros a quienes podemos unirnos en la oración en el mismo modo que lo haríamos con nuestros amigos del grupo de oración.

Algunos evangélicos, para criticar la devoción de los católicos a los santos citan Deut.18,10-12. La Iglesia católica cree que este pasaje se refiere al recurso a los ocultistas, videntes, hechiceros, magos, mediums, fantasmas y espiritismo; no al cielo, los ángeles y Jesús. Los fantasmas no han entrado al cielo de modo que a Dios le disgustaría hablar con ellos. Además esta cita fue escrita antes que Jesús llegara al mundo y conquistara la muerte, de modo que nadie estaba en el cielo. Samuel asciende desde la tierra (I Sam 28,8-25). Todos estaban en el Sheol (el lugar de los muertos) de modo que este pasaje tiene sentido "dejarlos en paz".

La Escritura dice que "todos fuimos bautizados en un solo cuerpo" (I Cor. 12,13). Los cristianos somos un cuerpo que ni la muerte ni ninguna otra cosa puede dividir (Rom. 8,38-39). ¡Los cristianos en el cielo aún son miembros del Cuerpo de Cristo! Estamos invitados a honrar a estos "héroes" de la fe (Heb 6,12; 11,1-40; Sgo. 5,10-11). Yo los honro y me siento unido a ellos

" …estamos rodeados por una gran nube de testigos…" (Heb. 12,1)

Si solamente Dios es omnisciente, omnipresente y omnipotente; ¿Cómo hacen los Santos para escuchar un millón de peticiones de intercesión en simultaneo?

 

El Cielo no está en "tiempo real" (de la Tierra).

¡El Cielo está fuera del tiempo de la Tierra!

 

¿Los católicos no piensan que la gente que está en el cielo deba ser omnisciente, omnipresente y/o omnipotente? La Escrituras nos dicen que existen varios niveles de autoridad en el cielo (arcángeles, ángeles, querubines, serafines, etc) . Los evangélicos creen que los ángeles saben que es lo que está ocurriendo en diferentes lugares del mundo en un mismo momento, sin embargo no son omnipresentes. Un cristiano en el cielo no necesita poseer todo el conocimiento y / o estar presente en todos lados para escuchar más de un pedido de intercesión al mismo tiempo.Los católicos creen que la gente del cielo está más allá del tiempo y es capaz de observar y oir lo que ocurre en la Tierra (lo que está expresamente indicado en la Escritura, al menos la observación, por lo que la "escucha" puede considerarse una deducción válida) (1) Estar fuera del tiempo es más que suficiente para responder la clásica objeción de los "millones de pedidos de oración al mismo tiempo".

El gran científico, Albert Einstein, describe el universo físico (nuestro mundo) en 4 dimensiones: longitud, ancho, profundidad y tiempo. Jesús dijo: "Mi reino no es de este mundo". Si "tiempo" es parte de nuestro universo físico y el Reino de Cristo no es de este mundo de modo que tiene sentido pensar que el cielo está fuera (más allá) de nuestro tiempo. El universo es muy muy grande, omnipresencia implicaría estar en cada rincón del universo y aún más allá de él simultaneamente. Pienso que la objeción de la omnipresencia en el caso de los santos de una visión miope, corta de vista; comparable al pensamiento de la gente medieval que creía que el universo giraba alrededor de la Tierra. Que un santo pueda recibir un puñado de pedidos de oración en un mismo momento no permite inferir omnipresencia; simplemente significa que están más allá del tiempo, tal y como todo lo que hay en el Cielo.

 Algunos han sido equipados con carismas espirituales específicos (Ver 1 Cor 12,8-10). Estos carismas son un don de Dios y usados durante el tiempo en que la persona vive en la Tierra. Pero, el Padrenuestro dice: "En la Tierra como en el Cielo" (Mt. 6,9) de modo que podrían tener los mismos carismas en el cielo.

La veneración de los santos se remonta a los inicios de la cristiandad, NO es una creencia medieval. El enorme y rapidísimo desarrollo de algunas catacumbas se debió justamente a que los mártires eran enterrados allí. Muchos cristianos insistían en tener la tumba de los mártires lo más cerca posible de modo de asegurarse su intercesión.

¿Es que los católicos piensan que Jesús no es lo suficientemente poderoso para dar la Salvación por sí mismo que necesita a los santos para que hagan el trabajo por Él? …¿ Están los católicos diciendo que Jesús no alcanza?

Recibí un e-mail diciendo:

…"Él (Jesús) ha sido, es y siempre será completo en Sí mismo"

Absolutamente de acuerdo. Dios es completo, no es por "falta de completitud" que Jesús ha llamado a los ángeles y santos a unirse en su ministerio. No es porque no sea lo suficientemente poderoso y necesite ayuda. Él podría castañetear con sus dedos y sin más el mundo entero vería a Dios y sabría de su existencia. Él no necesita de María, ni de los ángeles ni de los santos. Incluso no nos necesita ni a ti ni a m. No es por "falta de completitud" que invitó a María, a los ángeles y santos… a ti y a mí para compartir su ministerio sino que es por sobreabundancia de Gracia.

Los católicos piensan que es por su generosidad, deseo de compartir la Gracia, su desbordante bondad y su amor infinito por nosotros que pide a la gente que lo ayude. El salmista dice: "mi copa reboza" (Sal. 23). Esto es lo que Dios es. Él es derramamiento de gracias que comparte con sus ángeles y con todos sus hijos. El te ama y me ama tanto que nos invita a unirnos a su miniterio. Pienso que es no es difícil imaginar que tambien invita a sus discípulos que ya están en el cielo a unirse a su ministerio.

 

La relación con Jesús: Enfoque católico vs. enfoque evangélico

Escenario 1: Alguien se enamora y dice:

Te amo muchísimo. Te amo tanto que quiero compartir todo mi tiempo contigo. No quiero hablar nunca con tu madre. No quiero ver nunca a tus familiares ni a tus amigos. Quiero que los eches cuando anden cerca porque sólo quiero compartir mi vida entera contigo y te amo.

Esto es como entiendo la posición evangélica respecto de la relación con Jesús.

Escenario 2: Por otro lado podría decir:

Te amo muchísimo. Te amo tanto que quiero compartir todo mi tiempo contigo. Tu mamá es bienvenida a visitar nuestra casa. Tu familia es mi familia, tus amigos son mis amigos. Amaré a quienes tu ames. Somos una sola carne y aceptaré a todos los que tu aceptes"

Pienso que este segundo escenario se parece más al amor auténtico. Pienso que esta es la perspectiva católica en cuanto a la relación con Jesús.

Otro ejemplo: Una visita al Rey

Escenario 1: Entro en el majestuoso castillo. Las paredes de la corte están decoradas con toda belleza y hay cortesanos luciendo sus largos trajes. Suena una hermosa pieza que tocan los músicos de la corte. Las cortesanas lujosamente ataviadas esperan en la sala antes de entrar en el salón del rey. El pueblo se inclina a medida que los nobles ingresan. En el frente hay dos sillones, uno para el rey y el otro para la reina. Todos en la corte tienen gran respeto y reverencia por la reina. Se arrodillan frente a ella, besan su mano y sostienen su vestido por detrás. Sin embargo, todos saben quién ostenta la autoridad: es el Rey; ante él actúan con profunda reverencia. Quieren servirle. Saben que él es el señor y quien tiene toda la autoridad. La reina hermosa a su lado, los bellos cuadros y tapices de las paredes, el lujo de los cortesanos y la música sirven nada más que para una mayor majestuosidad del propio rey. Porque él es tan grande, nada podría hacerle sombra. Toda la belleza que lo rodea, sirve nada más que para hacerlo aún más majestuoso. (Pienso que este es el modelo católico y el modelo del cielo que podemos hallar descripto en el libro del "Apocalipsis" o "Revelación".

Escenario 2: Ahora entremos a un gran salón vacío, a un galpón. Nadie está allí, excepto el rey sentado solo y en una silla común. (Pienso que este es el modelo evangélico).

¿No es acaso que en Apocalipsis dice que no hay que inclinarse a adorar a los Ángeles?

Recibí un e-mail citando el libro del Apocalipsis:

"Entonces caí a los pies del ángel para adorarlo. Él dijo: ¡No debes hacerlo! [adorarme] Soy tu compañero servidor y de tus camaradas los profetas…" (Ap. 19,10)

Esta persona estaba sugiriendo que es anti-escritura comunicarse con cualquiera en Cielo, excepto Jesús. Examinemos la relación entre Juan y el ángel. El ángel era su "compañero servidor". El ángel fue enviado por Dios para dar un mensaje clave a Juan y a todos los cristianos: "No mantengas ocultas las palabras de la profecía de este libro". El ángel le dijo a Juan que escribiera todo lo que el ángel le mostrara. El resultado fue el Libro del Apocalipsis, un libro de la Biblia, la Palabra de Dios. Sí, dada por un ángel.

El Apocalipsis comienza con este versículo:

Ap. 1,1 "Revelación de Jesucristo, que le fue confiada por Dios para enseñar a sus servidores lo que tiene que suceder pronto. El envió a su Ángel para transmitirsela a su servidor Juan…"

¡Dios usó un ángel y no lo hizo por sí mismo! El ángel no dijo: "Hey, no me hables, sólo habla con Dios". Sugiere que Dios usa a sus servidores. Ellos son servidores que tienen un conocimiento mucho más perfecto que el nuestro de humanos en la Tierra. Sin embargo, esto no quita nada a Dios sino que, simplemente, refleja la sobreabundancia de su gracia. Sugiero que la comunicación que Juan tuvo con el ángel bien la podríamos llamar "oración".

Este pasaje aporta más fundamento al punto de vista católico sobre el rol de los servidores celestiales contrariamente a lo que proponen algunos evangélicos no denominacionales.

La comunicación de Juan con su "compañero servidor" el ángel no significa que fueran pares (de igual rango). En un ejército el conscripto no es par del sargento aún cuando pueden reconocerse entre sí como "compañeros de armas". La jerarquía existe en el cielo como en la milicia (arcángeles, ángeles, serafines, querubines, etc) y en el más bajo nivel de esta jerarquía estamos nosotros, los pobres servidores en la Tierra. Muchos predicadores evangélicos predican también esta jerarquía y los católicos piensan que no hay nada de anti- escritura en comunicarse con los seres celestiales. Aparentemente ni Juan, ni María, ni Zacarías ni ningún otro entre una tonelada de santos servidores de Dios no han tenido problema con eso, la Biblia lo dice.

Dios nos ha encomendado pelear el combate espiritual en la Tierra. Los católicos no creen que este encargo sea retirado cuando alcanzamos el cielo.

 

¿Qué hay con los Católicos que oran a los Santos?

Muchos evangélicos piensan que la palabra "oración" es sinónimo de "adoración", de modo que entienden que los católicos que oran a los santos, en realidad los están "adorando". Busquemos el significado de "oración" en el diccionario. Lo que sigue es lo que Webster define como "orar"

(1) Expresar una petición a Dios… (2) Hacer un pedido ferviente: Plegaria….. (3) Rogar: Implorar (4) Hacer un piadoso o fervoroso pedido por

Nota deltraductor: orar sí es sinónimo de "rezar", "rogar", "interceder" y "suplicar" en español:

Lo primero que hay que notar es que la palabra "adoración" no está incluida en la definición de "oración" (rezo). Oración no significa adoración

El lenguaje es a veces limitado y una misma palabra posee diferentes acepciones. Son varios los significados de "orar" o "rezar". Cuando los católicos oran (rezan) a Dios le están "expresando una petición a Dios". Cuando oran (rezan) a María y los santos están "haciendo un piadoso o fervoroso pedido por" las oraciones de María o de los santos. En la edad media cuando un oficial de la corte pedía algo a una persona de rango superior decía: "ruego a vuestra majestad". La persona simplemente estaba haciendo un pedido de manera respetuosa.

Dos Juicios

Para los evangélicos que están familiarizados con las enseñanzas sobre "El gran trono blanco de Cristo", "El Día del Juicio de Cristo" y el Juicio de Dios del pecado en la Cruz, esto podría serles útil. Algunos evangélicos se ponen nerviosos ante la posibilidad de pedir a los cristianos que ya están el Cielo que rueguen por nosotros ya que creen que el Juicio Final no ha ocurrido aún. Calvino sostenía que el destino final no está decidido hasta el último día de la historia. (Inst. III, 25)

Los católicos creen que ese será el juicio final "general" al final de la historia pero que hay un juicio "particular" en el momento de la muerte; que el destino eterno de cada alma es decidido por el justo juicio de Dios inmediatamente después de la muerte en cada caso por separado. De modo que al final de los tiempos habrá un "juicio general" en que las obras de todos serán conocidas por todos y nada quedará oculto. (Mc. 12,38-40; Lc. 12,1-3; Jn 2,20-21; Rom 2,16; I Cor 4,5)

Afortunadamente, la mayoría de los evangélicos no cree en "el sueño del alma". Los evangélicos más eruditos reconocen que el sueño del alma no es bíblico que los pasajes bíblicos que comparan la muerte con el sueño se refieren a la apariencia del cuerpo después de la muerte y no a un estado del alma. Antes ya he dicho el cielo no es un lugar de muertos y muestro fundamentos bíblicos para esta afirmación, con la que la mayor parte de los evangélicos están de acuerdo.

En todos los funerales evangélicos a los que he asistido he escuchado gente decir: "él/ella está ahora con el Señor". Estas personas tenían confianza de que el difunto ya estaba en el cielo, lo que significa que ya ha sido juzgado. Sin embargo, habrá un juicio cuando suene la última trompeta como lo dice la Escritura, entonces estaremos seguros de que estarán con el Señor. Hay dos juicios, en la práctica esta creencia es similar entre católicos y protestantes.

Por esta misma razón la Iglesia Católica no tiene problema en afirmar que los cristianos fieles que mueren están "con el Señor" en el Cielo y tampoco tiene problema en dar el título de "Santos Canonizados" a algunos de estos grandes y fieles cristianos. La Iglesia tampoco tiene problema en enseñar a la gente a invitar a estos santos a que intercedan por los que estamos en la Tierra.

Hay una canció que está entre las "Top 10" del ranking de música cristiana, es de Chris Rice y dice: "Yo sólo quiero estar contigo [Dios], quiero que esta espera se termine". Los católicos dicen "Amén" a esto.

 

Cristo es el Centro

No hay otro camino para la oración cristiana que Cristo. Cualquiera sea el modo de nuestra oración comunitaria o personal, vocal o interior, sólo tiene acceso al Padre si oramos "en el nombre de Jesús"…invocarlo. (Catecismo de la Iglesia Católica 2665-2666)

La Iglesia Católica es clara en cuanto a la centralidad de Jesús. Los santos son simples "ex-alumnos" de la "universidad de la vida" que están con Jesús para ayudarlo en el mismo modo en que los ángeles lo hacen. El Papa Juan Pablo II escribió lo siguiente en su mensaje para la Jornada Mundial de la Juventud 2000:

"La Cruz, que parece levantarse desde la tierra, en los hechos concretos baja del cielo, abarcando el universo en un abrazo divino. La Cruz se revela a sí misma como el centro, significado y objetivo de toda la historia y de cada vida humana."

Señor Jesús te pedimos por la unidad de los cristianos
que se haga realidad a Tu modo
tenemos absoluta confianza
en que puedes reunir a tu pueblo. Te damos absoluto permiso para obrar
Amen

MILAGROS EUCARISTICOS

Milagros Eucarísticos

El Santo Grial de Valencia, ¿es el cáliz de la Última Cena?

 

Milagros Eucarísticos

Señoras, señores:

El Santo Grial, el cáliz que utilizó Nuestro Señor Jesucristo en la Última Cena, y en el que se convirtió por vez primera el vino en la sangre del Señor, ha sido en la historia de la cristiandad una reliquia que ha unido la leyenda con la verdad. Los caballeros de la Edad Media tenían como ideal la búsqueda del Santo Grial, al que se atribuían poderes milagrosos y contenía un alto significado espiritual. Era símbolo de la perfección consumada, emblema de la pureza moral, de la fe triunfante, de la caridad bienhechora, del heroísmo caballeresco.

Esto se manifestó en los Caballeros de la Tabla Redonda, en las grandes obras musicales de Ricardo Wagner, Parsifal y Lohengrin, e incluso modernamente tenemos la búsqueda del Santo Grial en una película de Steven Spielberg con Harrison Ford titulada «Indiana Jones y la última cruzada», que fue una de las más taquilleras de la temporada. Por el mundo hay varios cálices que pretenden ser el Santo Grial de la Última Cena. Voy exponer las razones por las cuales creo que el auténtico es el que se conserva en Valencia desde hace 500 años.

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La familia de San Marcos evangelista era rica. Tenía un molino de aceite en Getsemaní, donde fue la Oración del Huerto de Jesús. También tenían una casa en la capital, en Jerusalén; y allí celebró Cristo la Última Cena: lo que hoy llamamos el Cenáculo. Dicen los Hechos de los Apóstoles (12:12) que éstos de reunían con frecuencia en el Cenáculo, que era propiedad de la familia de San Marcos.

El Cenáculo, que mide 15,5 metros de longitud y 9,5 de anchura, ha sido mezquita durante siglos, pues los musulmanes tenían especial interés en convertir en mezquitas los principales lugares cristianos. Hoy pertenece al Estado de Israel. En la planta baja han puesto el museo del «Holocausto nazi».

Como es lógico la familia de San Marcos le puso al Señor para la cena la mejor vajilla que tenían. En aquel tiempo las copas de más valor no eran las de oro y plata, sino las de piedras preciosas. En las épocas griega y romana era de uso frecuente, en mesas lujosas, los vasos de piedras ricas. Plinio nos dice que los antiguos se preciaban de hacer cálices de piedras preciosas: y explica cómo se hacían. En muchos museos y colecciones figuran vasos greco-romanos de piedra. La copa del Santo Grial de Valencia es de ágata. Parece ser del siglo II antes de Cristo. Lo original es sólo la copa. Las asas y el pie son de orfebrería posterior.

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San Marcos acompañó a San Pedro a Roma a predicar el Evangelio. Es lógico que se llevara consigo la copa de su familia, que utilizó el Señor en la Última Cena, para que en ella consagrara San Pedro al decir misa. Después del Concilio Vaticano II tenemos varias fórmulas para decir el canon de la misa: unas más largas y otras mas cortas. Pero hasta el Concilio Vaticano II sólo había una fórmula: la del Canon Romano. Se conserva inalterada desde los tiempos apostólicos.

Yo mismo he utilizado esta fórmula miles de veces cuando se decía la misa en latín. En esta fórmula del Canon Romano se dice: «El Señor Jesús, tomando en sus santas manos ESTE CÁLIZ…». Cuando yo decía «este cáliz» pensaba en «un cáliz». Pero hora caigo en la cuenta de que San Pedro decía «este cáliz» porque era el mismo que había utilizado el Señor en la Última Cena.

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Consta por la historia que en Roma había un cáliz, llamado el «cáliz papal», porque con él sólo decía misa el Papa, pues era el mismo cáliz que había utilizado el Señor el la Última Cena. Cuando la persecución del emperador Valeriano, que se estaba apoderando de los bienes de la Iglesia, el Papa de entonces, San Sixto II, encargó al diácono San Lorenzo, que era el administrador de los bienes de la Iglesia de Roma, que salvara el cáliz del Señor de la rapiña del emperador.

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San Lorenzo, que después murió mártir en la parrilla, era español, aragonés, de Jaca. Para salvar el cáliz se lo entregó a un soldado del ejército romano, paisano suyo, que volvía a Jaca de permiso, para que se lo entregara a sus padres, acompañando el cáliz con una carta que conocemos. Al texto de esta carta se refiere el pergamino nº 136 de la colección Martín el Humano del Archivo de la Corona de Aragón en Barcelona Es conocido el cuadro de la basílica romana de San Lorenzo-extramuros, en las afueras de Roma, en el que está San Lorenzo entregando un cáliz a un soldado que lo recibe de rodillas. Este soldado se trajo el cáliz a Jaca y se lo entregó a la familia de San Lorenzo, y éstos al Obispo de Jaca.

Durante la invasión musulmana, este cáliz se escondió en el Pirineo aragonés. Por eso los Caballeros Medievales no sabían dónde estaba, y lo buscaban por el mundo. En el siglo XIV, Martín el Humano, rey de Aragón y Cataluña, quiso llevarse a su Oratorio Real el Santo Cáliz del Señor, que se conservaba en el Monasterio de San Juan de la Peña, en el Pirineo aragonés, y en compensación hizo al monasterio un valioso donativo. De esta donación se conserva documentación en el Archivo de la Corona de Aragón del 26 de Septiembre de 1399. Más tarde, el 18 de Marzo de 1437, Alfonso el Magnánimo entregó el Santo Cáliz a la catedral de Valencia para que allí fuera custodiado; y ahí se encuentra desde entonces.

El 8 de Noviembre de 1982 el Papa Juan Pablo II, en su visita a la catedral de Valencia, oró ante él de rodillas, y lo utilizó cuando celebró misa en el Paseo de la Alameda, en la que ordenó a ciento cincuenta nuevos sacerdotes, procedentes de toda España.

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La palabra «grial» unos opinan que es una evolución de la palabra hebrea «goral» que significa copa grande, vaso, recipiente. Otros opinan que procede del romance ibérico, pues con este significado aparece en el Arcipreste de Hita, en el Amadís de Gaula e incluso en el Quijote de Cervantes. Si realmente la palabra «grial» procede de España, sería una confirmación de la existencia aquí del Santo Cáliz.

Don Antonio Beltrán, Catedrático de Arqueología en la Universidad de Zaragoza, estudió el Santo Grial y en su libro «El Santo Cáliz de la Catedral de Valencia», publicado en 1984, dice: «La Arqueología no tiene nada que oponer a la autenticidad del Santo Cáliz; antes bien, es capaz de probar con seguridad que, dada la fecha y origen de la copa, ésta pudo estar perfectamente en la mesa de la Cena del Señor. Al resultado de nuestra investigación hemos llegado sin apartarnos un ápice del recto camino de observación, interpretación y determinación cronológica; pasos obligados en todo estudio arqueológico».

En la introducción del libro agradece la ayuda de veinte especialistas que han colaborado en su trabajo. El Santo Grial tiene 17 centímetros de altura. La copa mide 5,5 de altura y 9,5 de anchura. El pie está adornado de perlas y esmeraldas.

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Por lo anteriormente expuesto se puede mantener con fundamento que el Santo Grial de Valencia es el cáliz que utilizó el Señor en la Última Cena cuando instituyó la Eucaristía. Entonces dijo: «Éste es el cáliz de mi sangre». Y después: «Haced esto en memoria mía». Hagamos ahora alguna consideración sobre la Eucaristía.

La presencia real de Cristo vivo en el pan y en el vino consagrados es cuestión de fe. Por las apariencias, el pan y el vino consagrados no se distinguen del pan y el vino sin consagrar. Pero ya sabemos que las apariencias engañan. La Luna parece plana y sabemos que es esférica. La Luna llena, en el horizonte, parece más grande que en el cenit, y sabemos que no cambia de volumen porque es una bola de piedra. No todo lo que sabemos podemos experimentarlo personalmente. Yo admito los movimientos de rotación y traslación de la Tierra porque así me lo dicen los astrónomos, que saben más que yo.

Tenemos que fiarnos de los que saben más que nosotros, si tenemos confianza de que no nos engañan porque «saben lo que dicen y dicen lo que saben». Pues Dios es la Sabiduría y Bondad infinitas. Nadie es tan digno de crédito como Él. Dice San Agustín hablando de la fe en Dios: «El que cree lo que no ve, algún día verá lo que creía».

No deja de ser un misterio que un Dios infinitamente grande se encierre en una hostia tan pequeñita. Y que partiéndola no se parte Dios, sino que Dios sigue entero en cada una de las partes. Pero, aunque no es lo mismo, también un paisaje se encierra en una foto mucho más pequeña; y mi voz se divide en cada uno de los oídos de los oyentes sin perder nada, aunque aumente el número de éstos. La comparación es de San Agustín. Jesucristo está entero tanto en el pan consagrado como en el vino consagrado. Por eso para recibirlo no es necesario hacerlo bajo las dos especies. Basta cualquiera de las dos para recibirlo entero.

El sentido de las palabras de Jesucristo no puede ser más claro. Entenderlas de un modo simbólico es engañar o engañarse. Si Cristo hablara simbólicamente, habría que decir que nos engañó. Hay circunstancias en las que no se puede admitir un lenguaje simbólico. ¿Qué dirías de un moribundo que te promete dejarte su casa en herencia, y luego lo que te dejara fuera sólo una foto de ella? Si no queremos admitir que Cristo nos engañó, no tenemos más remedio que admitir que sus palabras sobre la Eucaristía significan lo que expresan. Los mismos judíos las entendieron de modo real. Por eso se escandalizaron cuando Jesús dijo: «Mi carne es verdadera comida». Aquello les sonaba a antropofagia. Si hubieran entendido sus palabras de modo simbólico, no se hubieran escandalizado.

Jesús dijo también: «haced esto en memoria mía». Con estas palabras quiso perpetuar la Eucaristía hasta el final de los tiempos. Es un mandato que otorga a los sacerdotes el poder y el deber de hacer presente el sacrificio eucarístico hasta el final de los tiempos. Dijo Cristo: «Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos». Cristo se ha quedado con nosotros para estar a nuestro lado y ayudarnos en el camino que lleva al cielo. Éste es también el sentido de las palabras: «Yo estaré con vosotros hasta el final de los tiempos».

La comunión da fuerza para dominar la concupiscencia, porque nos incorpora a Cristo, lo cual es prenda de salvación eterna. Dijo Cristo: «El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él»; «quien come de este pan vivirá eternamente».

También dijo Cristo: «Yo soy la vid y vosotros los sarmientos. Quien permanece unido a mí vivirá eternamente». El sarmiento que se separa de la vid se seca y es leña para el fuego. Como dice San Juan de Ávila en su libro sobre la Eucaristía: «Metiendo a Cristo en tus entrañas Él te hace partícipe de su divinidad por la gracia. Por eso Dios te ama como cosa suya. Y como dice San Pablo a los Efesios: «Nadie aborrece su propia carne. Nadie echa al fuego su propia mano o su propio pie».

El cuerpo, si no se alimenta, se muere. El alma también. Necesita alimento espiritual: la Eucaristía, que es alimento del alma. La Eucaristía de los moribundos se llama viático, porque da fuerza para caminar hacia la vida eterna. Pero esto es verdad no sólo para los moribundos, sino también para los que están en la plenitud de la vida. Si estuvieras moribundo y te ofrecieran una medicina que te daría diez años más de vida, ¿la rehusarías? Pues la Eucaristía te da la vida eterna. Dice San Agustín: «Si quieres que Dios sea tu casa en el cielo, sé tú su casa en el suelo». Nadie que aposentó al Señor en la tierra, quedó sin recompensa:

– María Santísima lo aposentó en sus entrañas, y hoy tiene en el cielo un puesto privilegiado.
– Zaqueo lo recibió un día en su casa, y le dijo el Señor: «Hoy ha entrado aquí la salvación».
– Marta y María lo aposentaron en su casa, y Jesús las consideraba sus amigas.

La Eucaristía no es un mero banquete conmemorativo de la Última Cena. Es una reactualización de la Última Cena y del Calvario; aunque esto último de modo incruento.

Lo más grande que podemos hacer cada día es comulgar. Al comulgar nos divinizamos. Dios nos transforma en Él. La Eucaristía nos purifica y nos endiosa. Cuando tomo un alimento lo transformo en mí. Cuando comulgo Dios me transforma en Él. Como una hostia después de la consagración.

Hay hostias que nunca se consagraron. Por ejemplo, las que emplean los futuros sacerdotes que aprenden a decir misa, o las hostias sin consagrar con las que ensayan los niños que se preparan para hacer la Primera Comunión. Si estas hostias pudieran quejarse, se hubieran quejado de no haber sido convertidas en el Cuerpo de Cristo, de no haber tenido la suerte de ser consagradas.

Nosotros no podemos quejarnos, pues en nuestra mano está el comulgar. Tengo en mi mano el don de hacer mío a Dios, hacerle sustancia mía; y a mí sustancia de Él: transformarme en Él, divinizarme. No soy yo quien asimila el alimento, sino que el alimento divino me asimila a mí. La Eucaristía me transforma en Cristo. Por eso dice San Pablo: «Vivo yo, mejor dicho, no soy yo el que vive, es Cristo quien vive en mí». Pues como dice San Juan de la Cruz en su Cántico Espiritual: «Cristo me transforma, y mi vida es más divina que humana».

Al comulgar me convierto en custodia, pues llevo a Dios en mi corazón. Pero de más valor que una custodia de oro, pues ésta no puede amar al Señor que tiene dentro, y yo sí. Por eso no basta comulgar sólo con la boca. Hay que comulgar con todo el corazón. Y comulgar con frecuencia. Muchos hacen largos viajes y grandes gastos por turismo. Pues aquí tenemos a Dios. Si al comulgar repartieran un millón de pesetas a cada persona, habría cola. Pues en la misa se reparte a Dios, que vale muchísimo más.

Cada comunión que pierdo la pierdo para toda la eternidad. Los méritos que podía haber ganado hoy comulgando, ya no los ganaré jamás. Mañana podré ganar los de mañana, y pasado los de pasado mañana; pero los de hoy los perdí para siempre. Perdí grados de gloria.

Por supuesto que no nos merecemos la Eucaristía. Pero no comulgamos porque seamos estupendos, sino para serlo. No porque amemos lo suficiente, sino para amar más.

Por otra parte, la Eucaristía es el gran regalo de Dios. El regalo es la medida del amor. En el regalo se pone el amor. A más amor, mayor es el regalo. El regalo que nos hace el amor de Dios es Él mismo. No hay regalo más grande que un Dios infinito. Dios omnipotente no pudo darnos nada que valga más que Él mismo. Y nosotros no podemos recibir ningún bien más grande que a Dios.

Por eso debemos prepararnos adecuadamente. Si el Papa te anuncia que quiere visitarte, ¿cómo arreglarías tu casa? Para recibir a Dios hay que estar en gracia. El que comulga en pecado mortal comete un sacrilegio. Y en frase de San Pablo «se traga su propia condenación».

Pero no angustiarse: «pecado olvidado, pecado perdonado». Basta decirlo en la próxima confesión. No tener escrúpulos para comulgar. Pero sí delicadeza de conciencia. Y al comulgar hablar con Dios: darle gracias, pedirle, adorarle, amarle, proponerle fidelidad, etc.

Está muy bien cantar algo al comulgar. Pero en algunos sitios se va a comulgar cantando, se vuelve cantando, y al minuto todos a la calle. ¿Cuándo han hablado con el Señor que acaban de recibir? ¿Nos vamos a extrañar de la rutina al comulgar? El amor nace del trato. Si no atiendes al Señor que acabas de recibir, terminará por serte indiferente. Para que la vida eucarística y litúrgica no se reduzca a un simple formalismo, exige preparación.

Una madre dice amorosamente a su hijo: «te comería». Dios nos come de amor. Una madre, por amor, daría la vida a su hijo moribundo. Dios, por amor, muere en la misa, y nos da su vida en la comunión para que nosotros vivamos.

La Eucaristía es el sacramento del amor.
«Dios es amor», dice San Juan.
Por amor, Dios se hizo hombre.
Por amor, Dios murió en la cruz.
Por amor, Dios se quedó en la Eucaristía.
Y esto sabiendo los sacrilegios que se iban a cometer, y el abandono que sufriría en tantos sagrarios.Deberíamos visitar el sagrario al menos una vez al día, aunque sea brevemente si no tenemos más tiempo. Decirle al menos:

«Señor: te doy gracias por todo, te pido por todo, te ruego que me ayudes en todo. Adiós». No has tardado ni un minuto.

Jesucristo nos espera en el sagrario. La Eucaristía no es algo, es alguien. No es interés por una cosa, es amor a una persona que se ha adelantado en amarme a mí primero. El tiempo que estás junto al sagrario te estás tostando al amor de Dios. Déjate embellecer espiritualmente por el sol del sagrario. Como María de Betania que no se cansaba de estar a los pies de Jesús porque lo amaba. Dile: «Aquí estoy, Señor, porque te amo. No puedo estar mucho tiempo, pero quiero repetirte que te amo. Tú ya lo sabes, pero diciéndotelo mi amor se hace más grande».

Decía un protestante: «Si yo creyera que Dios está en el sagrario, no me movería de allí». Si yo lo creo, ¿se me nota?. Dios se alegra cuando comulgamos pues así le manifestamos nuestro amor.

Comulgar es corresponder al amor con que Jesús instituyó la Eucaristía.

La cristificación que la comunión realiza en nosotros nos capacita para la evangelización y el testimonio que como cristianos debemos ejercer en el mundo. La Eucaristía tiene un valor comunitario. Al comulgar yo, comulga la Iglesia. Me beneficio yo y se beneficia la Iglesia. La salud del Cuerpo Místico de la Iglesia depende de la salud de sus miembros. La comunión nos une a todo el Cuerpo Místico de Cristo. Nos une a los comulgantes de hoy, de ayer y de mañana; por encima del tiempo y del espacio. Como dice San Pablo: «Todos nos hacemos un solo cuerpo al participar del mismo pan eucarístico que nos une a Cristo. Por eso la Iglesia no es una simple sociedad humana admiradora de Jesucristo. Es una sociedad que participa de la vida de Cristo.

La misa es el acto más grande y más sublime que cada día se realiza en la Tierra, pues es la representación, es decir, se hace nuevamente presente; es la reactualización de la Redención de la Humanidad en la cruz. Esta realización histórica se perpetúa en la Santa Misa. Dice el padre dominico Antonio Royo Marín: «Una sola misa glorifica a Dios más que toda la gloria que le dan todos los santos del cielo, incluida la Santísima Virgen, por toda la eternidad».

Esto parece exageración, pero es pura teología. Y se entiende fácilmente. Porque toda la gloria que le dan a Dios todos los santos del cielo, incluida la Santísima Virgen María, es gloria de criaturas. La Santísima Virgen es la más maravillosa de las criaturas, pero criatura también. Y esto no puede compararse a la gloria que Cristo-Dios le da a su Padre-Dios muriendo en la cruz por la salvación del mundo. Por eso, si fuéramos conscientes de lo que vale la misa procuraríamos ir a misa diariamente, si esto nos es posible.

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Una confirmación de la Presencia Real de Cristo en el Santísimo Sacramento son los milagros eucarísticos. Aunque nuestra fe en la Eucaristía se basa en el Evangelio, en la Palabra de Dios. Voy a tratar de cuatro milagros eucarísticos que he estudiado esmeradamente. Los voy a tratar como hechos históricos estudiados críticamente. Prescindiendo de la declaración que la Iglesia pueda hacer algún día.

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Voy a empezar por los Corporales de Daroca.
El 23 de Febrero de 1239, en plena reconquista del Reino de Valencia por Jaime I el Conquistador, antes de entrar en combate en Luchente, a 17 Km. de Játiva, las tropas cristianas estaban oyendo la Santa Misa. Durante ella atacaron los moros, y el capellán, D. Mateo Martínez, tuvo que interrumpirla. Como ya había consagrado, dobló los corporales con las formas consagradas dentro, de unos capitanes que iban a comulgar. Estos corporales los escondió en una cueva cercana debajo de una piedra para salvarlas de una posible profanación. La victoria fue para las tropas cristianas, aunque eran muy inferiores en número.

Para agradecer a Dios la victoria, los capitanes quisieron comulgar con las formas ya consagradas. Cuando el capellán desdobló los corporales se encontró las seis formas consagradas empapadas en sangre. Estos corporales, con las improntas de las seis formas ensangrentadas, se conservan hoy en Daroca, a 8 Km de Zaragoza, de donde era el capellán Mateo Martínez. Hoy están en la Colegiata de Santa María, construida por Juan Marión entre 1585 y 1592 sobre el templo románico anterior. Los Reyes Católicos, Isabel y Fernando, fueron tres veces a postrarse ante ellos. La historia de estos corporales ha sido estudiada por el P. Braulio Manzano, S.I. de quien yo me he informado.

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En 1572, durante la guerra de Flandes entre católicos y protestantes, éstos saquearon la catedral de Gorkum, en Holanda, a 15 Km de La Haya. Robaron joyas y vasos sagrados, y arrojaron al suelo el Santísimo Sacramento. Un hereje dio un pisotón a una forma consagrada con su bota de clavos. Al instante brotaron tres gotas de sangre por los orificios que hicieron los clavos de la bota. El hereje, espantado, confuso y dolido, la recogió y se la llevó al Deán de la catedral Juan van der Delpht. Después arrepentido se convirtió al catolicismo y se hizo fraile franciscano.

Esta Sagrada Forma, con las tres manchas de sangre, fue traída a Felipe II, que entonces dominaba los Países Bajos, por el P. Martín de Guzmán, Provincial de los Agustinos en Alemania y Bohemia. La trajo en una caja de madera cerrada y sellada, acompañada de un documento acreditativo del notario Guillermo Baumer y dos testigos; según consta en el Archivo de Simancas en documento de Marzo de 1594.

Esta Sagrada Forma hoy se conserva incorrupta, en un relicario, en la sacristía del Monasterio de San Lorenzo del Escorial en Madrid. Un cuadro de Claudio Coello, en esta sacristía, representa al rey Carlos II recibiendo la bendición con esta Sagrada Forma a manos del P. Francisco de los Santos, Prior de la comunidad de monjes jerónimos del Monasterio. Este cuadro de Claudio Coello mide 9×7,5 metros y fue pintado entre los años 1685 y 1688. Está considerado como una de las obras maestras de la pintura española del siglo XVII, según Martín González en su Historia de la Pintura. Para todo lo relacionado con el milagro de la Sagrada Forma del Escorial me he informado en el libro que con este título ha escrito el P. Benito Mediavilla, O.S.A.

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Cuando estuve dando conferencias en Almácera (Valencia) contemplé en la iglesia parroquial un gran cuadro que perpetúa el siguiente hecho: En Julio de 1348 un molinero suplicó al párroco de Alboraya, al lado de Almácera, que fuera a llevar el viático a su padre moribundo, en una alquería. En ese momento diluviaba, pero dada la urgencia del caso el párroco se puso en camino. Tenía que atravesar el torrente Carraixet sobre una tabla. Resbaló, se cayó y perdió el Santísimo, que fue arrastrado por la corriente. Apenado por el suceso fue a atender al moribundo.

Al día siguiente fue en su busca un pescador diciéndole que en la orilla del mar, junto a la desembocadura del Carraixet, había tres grandes peces con la cabeza fuera del agua y algo en la boca que parecía una Sagrada Forma. El párroco se acordó del Santísimo que había perdido la noche anterior, se puso los ornamentos sagrados y con un grupo de vecinos fue a la playa con un copón. Se acercó a la orilla con el copón abierto, y los tres peces, uno a uno, dando un salto, depositaron en el copón, que él llevaba en las manos, las tres Sagradas Formas.

Este hecho se ha perpetuado en varios cuadros, en el nombre de una calle de Alboraya titulada «El milagro de los peces», en una capilla en la playa en el lugar en que aparecieron los peces, y en el mismo escudo de Alboraya que tiene un copón con los tres peces depositando en él las Sagradas Formas. La actual capilla está levantada sobre la primitiva. El día de la fiesta acude a este lugar una multitud numerosa desde hace seiscientos años. Todo esto no puede ser el resultado de una invención. Todo esto tiene una fuerza probativa del milagro superior a un documento escrito conservado en un archivo.

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Lanciano está en la costa del mar Adriático, en Italia. En el siglo VIII, estando un sacerdote celebrando la santa misa, después de la consagración, le asalta una tentación sobre la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. En aquel instante la Sagrada Forma se convirtió en un pedazo de carne. Asustado, atónito y emocionado se lo dice a los asistentes que suben al altar para observar lo ocurrido. La noticia se difunde por toda la ciudad.

El hecho está registrado cuidadosamente en un pergamino manuscrito de aquel tiempo, que posiblemente es el documento original en el que se describe y certifica el milagro. Por lo tanto puede ser el relato oficial de los hechos.

Este trozo de carne que tiene 5×6 cms. se conserva hasta hoy. Han pasado 1200 años. Esta carne ha sido analizada en 1970 por los profesores de la Universidad de Siena Dr. Linoli, Profesor Universitario de Anatomía e Histología Patológica, y Médico-Jefe de los Hospitales Unidos de Arezzo, y por el Dr. Bertelli, Profesor de Anatomía Humana en la Universidad de Siena.

Se trata de carne humana viva, tejido muscular fibroso, con un lóbulo de tejido adiposo y vasos sanguíneos. No aparece rastro alguno de las sustancias químicas utilizadas para la conservación de cadáveres El análisis cromatográfico de la sangre confirma que es sangre humana del grupo AB, el mismo grupo de la sangre de la Sábana Santa y del Sudario de Oviedo. Es verdaderamente admirable que las proteínas de una sangre tan antigua produzcan una curva electroforética mostrando el perfil propio del suero fresco.

Los análisis se realizaron con absoluto rigor científico, documentado con una serie de fotografías microscópicas. Este milagro ha sido confirmado en 1976 por la Comisión Médica de la Organización Mundial de la Salud definiéndolo como un caso único en la Historia de la Medicina. El informe científico de los profesores Linoli y Bertelli ha sido publicado por Bruno Sammaciccia en su libro «El milagro eucarístico de Lanciano», cuyo texto original italiano ha sido traducido al inglés, alemán, francés y español.

El informe científico de los Doctores Linoli y Bertelli, finalizado el 4 de Marzo de 1971, termina con estas palabras: «En base a lo anterior es posible afirmar, sin temor a contradicción, el origen humano de la carne y la sangre del milagro eucarístico de Lanciano».

Y nosotros terminamos diciendo: «El Señor ha querido dejarnos pruebas visibles y patentes de su Presencia Real en las especies sacramentales para confirmar nuestra fe en la Eucaristía y aumentar nuestra devoción al Santísimo Sacramento del Altar».

SANTIDAD

SANTIDAD
Etim.: del latín: sanctitas, -atis.

 

 

"La santidad consiste en una disposición del corazón que nos hace humildes y pequeños en los brazos de Dios, y confiados -aun con nuestro cuerpo- en su bondad paternal"  Sta. Teresita de Lesieux

 

En el Antiguo Testamento el hebreo Kadosch (santo) significaba estar separado de lo secular o profano y dedicado al servicio de Dios. El pueblo de Israel se conocía como santo por ser el pueblo de Dios.

La santidad de Dios identificaba su separación de todo lo malo. Las criaturas son santas en cuanto estén en relación con El. La santidad de las criaturas es subjetiva, objetiva o ambas. Es subjetiva en esencia por la posesión de la gracia divina y moralmente por la práctica de la virtud. La santidad objetiva en las criaturas denota su consagración exclusiva al servicio de Dios: sacerdotes por su ordenación; religiosos y religiosas por sus votos; lugares sagrados, vasos y vestimentas por la bendición que reciben y por el sagrado propósito para el cual han sido reservados. 

Por el Bautismo todos somos llamados a la santidad y en la Iglesia recibimos las gracias necesarias que proceden de los méritos de Jesucristo. Todos, sin embargo, sean sacerdotes, religiosos o laicos deben responder libremente a esas gracias para lograr la santidad.

LOS SANTOS Y NOSOTROS
Según el Concilio Vaticano II

En la vida de aquellos que siendo hombres como nosotros, se transformaron con mayor perfección en imagen de Cristo (2 Cor 3,18) Dios manifiesta al vivo entre los hombres su presencia y su rostro.

Veneramos la memoria de los Santos del cielo, con la unión de toda la iglesia por su ejemplaridad; pero en el espíritu se vigorice por el ejercicio de la caridad fraterna (Eph, 4 1-6). Porque así como la comunión cristiana entre los viadores nos acerca más a Cristo, así el consorcio con los Santos nos une a Cristo de quién, como de fuente y cabeza, dimana toda la gracia y la vida del pueblo de Dios. Es, por tanto, sumamente conveniente que amemos, a estos amigos y coherederos de Cristo, hermanos también y eximios bienhechores nuestros; que rindamos a Dios las gracias que les brindemos por ellos, los invoquemos humildemente, y que para impetrar de Dios beneficios por medio de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor que es el único Redentor y Salvador nuestro, acudamos a sus oraciones, protección y socorro “ Todo genuino testimonio de amor que ofrezcamos a los bienaventurados se dirige, por su propia naturaleza, a Cristo y termina en EL, que es la Corona de todos los Santos, Por EL va a Dios que es admirable en sus Santos y en ellos es glorificado. (L.G. N. 50).

Pedir un favor a beneficio de otra persona.  

Jesucristo es el único cuya intercesión ante el Padre puede salvarnos. María Santísima, los ángeles, los santos en el cielo interceden por los hombres en virtud a su unión con Jesucristo por la que son miembros de su Cuerpo Místico. 

¿Están dormidos los santos en el cielo?
Una objeción contra la intercesión de los santos reclama que los santos no pueden interceder porque están dormidos. Pues bien, vayamos a la Biblia. El Apocalipsis contiene muchas visiones del cielo. Por ejemplo en Ap. 5, 8 vemos los 24 ancianos (ancianos significa líderes del pueblo de Dios) que traen las oraciones del pueblo ante el trono de Dios. 

Apocalipsis 5,8
Los cuatro Vivientes y los veinticuatro Ancianos se postraron delante del Cordero. Tenía cada uno una cítara y copas de oro llenas de perfumes, que son las oraciones de los santos. 

Los ancianos cantan y traen las "oraciones de los santos" ante el trono. Entonces no están dormidos. Mas bien tiene razón la canción, popular entre muchas denominaciones, que reza: "en el cielo todos cantan aleluya". ¡Estamos de acuerdo en eso! ¿Pero como se podrá pensar que en el cielo estamos despiertos para cantar pero dormidos e incapaces de rezar? Tanto las alabanzas cantadas como la intercesión son oración.

Es cierto que, en forma figurativa, se puede decir que los muertos están "dormidos" y despertarán al final del tiempo. Isaías 26,19: "Revivirán tus muertos, tus cadáveres resurgirán, despertarán y darán gritos de júbilo los moradores del polvo".  Pero se refiere a los cuerpos.

Cristo ya ha despertado a las almas que "dormían" en espera de Su venida y las ha llevado al cielo. Los cuerpos esperan aun la resurrección pero los santos están bien despiertos ante Dios en el cielo. ¡Los que muchas veces estamos dormidos somos nosotros! 


 

Ser santo es participar de la santidad de Dios. Jesucristo es el Santo de los Santos y el Espíritu Santo es el Santificador. Dios, Nuestro Padre, nos creó para ser santos. Se le llama santo a lo que está al servicio de Dios en forma particular, sea persona, cosa, lugar, tiempo.

Dios ha llamado a todos a ser santos: "Sean santos… porque Yo, el Señor, soy santo" (Lev 19,2; Mt 5, 48). Cristo vino al mundo para hacer posible nuestra santidad. Es por eso que en el Nuevo Testamento se le llama "santos" a los cristianos (1Cor 1, 12; Rm 1, 5; 1Pe 1, 15-16). Claro que son santos solo si viven su fe (Apoc 21, 2.10). Santos son los que murieron en gracia de Dios y están en el cielo, pero la santidad comienza en la tierra.

Todos fuimos creados por Dios para ser santos. La santidad comienza en la tierra y llega a su plenitud en el cieloLos hombres perdimos la vida de gracia por el pecado, pero Jesucristo nos reconcilió con el Padre muriendo por nosotros en la Cruz. Por el bautismo recibimos los méritos de ese sacrificio de Cristo, somos liberados del pecado e injertados en Cristo para ser Hijos de Dios y participar de su santidad. San Pablo usa la palabra "santos" para referirse a los fieles que viven la nueva vida en el Espíritu Santo. (2 Cor. 13,12; Ef. 1,1)

Perseverar en la santidad es mantenerse en comunión con Cristo quien salva y da vida eterna. Dios quiere que todos se salven (1Tm 2,4), pero no todos se abren a la gracia que santifica. Para salvarse es necesario renunciar al pecado y seguir a Cristo con fe. Por eso San Pablo nos exhorta: "Hermanos: Buscad la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor" (Hb. 12,14)Al final no importara otra cosa, la única verdadera desgracia es no ser santos.

La Biblia nos exhorta a seguir el ejemplo de los santos (CF. Dan 7, 22-25; Sab 5, 5). La Iglesia continúa esa tradición y reconoce la santidad después de un largo y cuidadoso proceso en el que examina las vidas de los candidatos.

Veneración de los santos
Los primeros santos venerados fueron los discípulos de Jesús y los mártires (los que murieron por Cristo). Mas tarde también se incluyó a los confesores (se les llama así porque con su vida "confesaron" su fe), las vírgenes y otros cristianos que demostraron amor y fidelidad a Cristo y a su Iglesia y vivieron con virtud heroica.

Con el tiempo creció el número de los reconocidos como santos y se dieron abusos y exageraciones, por lo que la Iglesia instituyó un proceso para estudiar cuidadosamente la santidad. Este proceso, que culmina con la  "canonización", es guiado por el Espíritu Santo según la promesa de Jesucristo a la Iglesia de guiarla siempre (Cf. Jn 14:26, Mt 16:18). Podemos estar seguros que quien es canonizado es verdaderamente santo.

La Iglesia no puede contar la cantidad de santos en el cielo ya son innumerables (por eso celebra la fiesta de todos los santos). Solo se consideran para canonización unos pocos que han vivido la santidad en grado heroico. La canonización es para el bien de nosotros en la tierra y en nada beneficia a los santos que ya gozan de la visión beatífica (ven a Dios cara a cara). Los santos en el cielo son nuestros hermanos mayores que nos ayudan con su ejemplo e intercesión hasta llegar a reunirnos con ellos.

La devoción a los santos es una expresión de la doctrina de la Comunión de los Santos que enseña que la muerte no rompe los lazos que unen a los cristianos en Cristo. Los Protestantes rechazaron la devoción a los santos por no comprender la doctrina de la comunión de los santos. El Concilio de Trento (1545-63) reafirmó la doctrina católica.

Los santos interceden por nosotros. En virtud de que están en Cristo y gozan de sus bienes espirituales, los santos pueden interceder por nosotros. La intercesión nunca reemplaza la oración directa a Dios, quién puede conceder nuestros ruegos sin la mediación de los santos. Pero, como Padre, se complace en que sus hijos se ayuden y así participen de su amor. Dios ha querido constituirnos una gran familia, cada miembro haciendo el bien a su prójimo. Los bienes proceden de Dios pero los santos los comparten.

Los santos son modelos. Debemos imitar la virtud heroica de los santos. Ellos nos enseñan a interpretar el Evangelio evitando así acomodarlo a nuestra mediocridad y a las desviaciones de la  cultura. Por ejemplo, al ver como los santos aman la Eucaristía, a la Virgen y a los pobres, podemos entender hasta donde puede llegar el amor en un corazón que se abre a la gracia. Al venerar a los santos damos gloria a Dios de quien proceden todas las gracias.  Vea: Que es venerar y la diferencia con la adoración que le atribuye solo a Dios

Sin duda hay quienes se desvían de una sana devoción y hasta existen personajes que son venerados popularmente al margen de la Iglesia y no son sino falsos santos.  Estos errores no justifican que se descuide la auténtica devoción sino mas bien resalta la importancia de la catequesis.

Como la Iglesia reconoce a los santos
Hasta el siglo
IV, los santos eran reconocidos por su martirio o por su extraordinaria "confesión" (vida cristiana ejemplar). El punto de referencia siempre es Jesucristo.
A partir del siglo
V los santos eran aceptados por unanimidad en sus comunidades bajo la presidencia de sus pastores. Paulatinamente los Papas fueron tomando mayor participación en la declaración de santidad, hasta en  1625, el Papa Urbano VIII reservó la canonización exclusivamente al Sumo Pontífice.

La Iglesia es una gran familia en la que Dios es Padre, Jesús el Hermano Mayor, María nuestra madre. El Espíritu Santo comunica amor entre los miembros de tal manera que, aunque no los hemos visto, podemos llegar a conocer y amar mucho a los santos. Ellos nos enseñan, guían e interceden por nosotros.

Santos patronos
Un santo puede ser declarado patrón de un país, diócesis o institución religiosa. También hay santos patronos de diferentes gremios y causas.  Además, todos podemos elegir un santo patrón de nuestra devoción como modelo e intercesor. 

Santos Doctores de la Iglesia
Título reconocido por la Iglesia a los santos que por su gran sabiduría doctrinal han tenido gran influencia en la tradición eclesial.

Santo Padres
Los Padres son pastores (generalmente, pero no siempre obispos) de la Iglesia de los primeros siglos, cuyas enseñanzas, en sentido colectivo, son consideradas por la Iglesia como el fundamental para la doctrina ortodoxa cristiana porque son la correcta interpretación de las Sagradas Escrituras. Los cuatro principales criterios esta designación son: antigüedad, ortodoxia, santidad, aprobación de la Iglesia. No todos los escritos de los Padres son ortodoxos sino solo aquellos en los que hay común acuerdo entre ellos. (Orígenes y Tertuliano cayeron en serios errores pero no se niega el valor de sus obras anteriores.) 

¿Porque no hay mas santos?
Podemos constatar con tristeza que pocos buscan la santidad. ¿Cuantos entre las multitudes de seres humanos buscan primero el Reino de Dios?. Mas importante, me debo preguntar: ¿Por que no soy YO santo?. Hace mucho comprendí, intelectualmente, la razón: Requiere un amor hecho sacrificio. Pero, ¡que poco lo vivo!  La realidad es que muchos profesamos amor a Dios pero en realidad hay en nosotros una fuerza mayor: la autopreservación de nuestro ego y el deseo de evitar el sufrimiento aunque este sea necesario para ser fiel.

Es posible envolverse en el servicio a Cristo y hasta sacrificarnos por la misión, pero al mismo tiempo no renunciar al control de nuestro ego sobre lo que hacemos. Seguimos por lo tanto actuando en gran parte según la carne y lo hacemos porque encontramos en la religión lo que todo hombre busca en el mundo: su interés y satisfacción. Para continuar esta "vida de bien" nos cuidamos de no caer en pecado grave, de mantener los compromisos según sean provechosos para nuestra imagen. PERO….. cuando viene la prueba que requiere morir a nosotros mismos y sufrir…. POCOS se abrazan a la cruz.

Hemos de recordar que no hay sinó un camino a la unión con Dios: La Cruz. Quien anda con Jesús va a Jerusalen, va a inmolarse. Esta purificación es necesaria para pasar, por obra del Espíritu Santo, de ser autosuficientes, egocéntricos, carnales al hombre nuevo en Cristo que es todo para el Padre, dócil, obediente y amoroso.  Es necesario que los miembros del cuerpo estén unidos a la Cabeza. Si posponemos la entrega posponemos la victoria y, Dios no lo quiera, podríamos perderla.   

No hay mas santos por la resistencia que presentamos cuando Dios da la gracia de la conversión. ¿Que ocurre cuando la prueba amenaza en derrumbar aquello que esta muy cerca de mi corazón?, ¿me siento justificado para "defenderme" y actúo pensando que es justo lo que hago y lo que digo, o busco la voluntad de Dios aunque me sea abrazar la cruz de la renuncia?. Veamos la actitud de los Apóstoles camino a Jerusalén y después, dormidos en el huerto, y por fin huyendo. No hay por que dudar de que estaban, según sus capacidades humanas, comprometidos con Jesús a seguirle. Soñaban con el reino mesiánico, pero no entendían que necesitaban el Espíritu Santo para ser hombres nuevos, hombres de la Cruz. Confiaban mas bien en sus propias fuerzas. Por eso, no sabían lo que pedían. Ni siquiera Pedro, que con ideas de "cuidar" a Jesús, le quiso evitar su ascenso a Jerusalén.  

La clave de la santidad es entrar en el Corazón Traspasado de Jesús, siempre dándose sin reclamar para si; Lejos de  evitar el sufrimiento, lo asume por amor.  El santo es otro Cristo en su Cuerpo Místico. Es por eso que la santidad requiere ser Iglesia. Es ella la madre que nos alimenta con la Vida de Cristo para la santidad, es en su seno que crecen los santos. La Iglesia no remplaza la lucha personal mas bien nos da la fuerza de la gracia para vencer. Los sacramentos, la Palabra, el magisterio, la comunión con la Virgen, con los santos, con el Santo Padre, en fin, la Comunión de los Santos, es la tierra fértil necesaria para que crezca la semilla de la santidad. Quien se ha unido a Cristo necesariamente vive en comunión con los hermanos, su vida es amor y servicio para edificar el cuerpo.

Una meditación de la Vida de la Virgen Dolorosa, ¡Cuanto nos ayuda a entender su maternal ayuda para nuestra santidad! ¡Toda su vida nos enseña lo que es ser Iglesia, amar y ser santo, culminando al pie de la cruz! Quien se consagra a ella sin duda asciende mas rápido por la senda de la santidad. ¡Que fácil es hablar de esto y hasta llegar a entenderlo, tan solo para seguir cayendo en nuestra acostumbrada autopreservación. Sin embargo los niños pequeños pueden lograr la santidad heróica, como lo hicieron, con la ayuda de la Virgen, los beatos Francisco y Jacinta.