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LA REALEZA DE MARIA

Desde la Devocion Catolica

Ad Caeli Reginam

Carta Encíclica
Sobre la realeza de María

SS. Pío XII

11 de octubre de 1954

INTRODUCCIÓN

1. La devoción mariana practicada desde los primeros siglos, es hoy más que nunca necesaria

A la Reina del Cielo, ya desde los primeros siglos de la Iglesia católica, elevó el pueblo cristiano suplicantes oraciones e himnos de loa y piedad, así en sus tiempos de felicidad y alegría como en los de angustia y peligros; y nunca falló la esperanza en la Madre del Rey divino, Jesucristo, ni languideció aquella fe que nos enseña cómo la Virgen María, Madre de Dios, reina en todo el mundo con maternal corazón, al igual que está coronada con la gloria de la realeza en la bienaventuranza celestial.

Y ahora, después de las grandes ruinas que aun ante Nuestra vista han destruido florecientes ciudades, villas y aldeas; ante el doloroso espectáculo de tales y tantos males morales que amenazadores avanzan en cenagosas oleadas, a la par que vemos resquebrajarse las bases mismas de la justicia y triunfar la corrupción, en este incierto y pavoroso estado de cosas Nos vemos profundamente angustiados, pero recurrimos confiados a nuestra Reina María, poniendo a sus pies, junto con el Nuestro, los sentimientos de devoción de todos los fieles que se glorían del nombre de cristianos.

2. El Pontífice establece la fiesta de la realeza de María

Place y es útil recordar que Nos mismo, en el primer día de noviembre del Año Santo, 1950, ante una gran multitud de Eminentísimos Cardenales, de venerables Obispos, de Sacerdotes y de cristianos, llegados de las partes todas del mundo -decretamos el dogma de la Asunción de la Beatísima Virgen María al Cielo, donde, presente en alma y en cuerpo, reina entre los coros de los Ángeles y de los Santos, a una con su unigénito Hijo. Además, al cumplirse el centenario de la definición dogmática -hecha por Nuestro Predecesor, Pío IX, de ilustre memoria- de la Concepción de la Madre de Dios sin mancha alguna de pecado original, promulgamos el Año Mariano, durante el cual vemos con suma alegría que no sólo en esta alma Ciudad -singularmente en la Basílica Liberiana, donde innumerables muchedumbres acuden a manifestar públicamente su fe y su ardiente amor a la Madre celestial- sino también en toda las partes del mundo vuelve a florecer cada vez más la devoción hacia la Virgen Madre de Dios, mientras los principales Santuarios de María han acogido y acogen todavía imponentes peregrinaciones de fieles devotos.

Y todos saben cómo Nos, siempre que se Nos ha ofrecido la posibilidad, esto es, cuando hemos podido dirigir la palabra a Nuestros hijos, que han llegado a visitarnos, y cuando por medio de las ondas radiofónicas hemos dirigido mensajes aun a pueblos alejados, jamás hemos cesado de exhortar a todos aquellos, a quienes hemos podido dirigirnos, a amar a nuestra benignísima y poderosísima Madre con un amor tierno y vivo, cual cumple a los hijos.

Recordamos a este propósito particularmente el Radiomensaje que hemos dirigido al pueblo de Portugal, al ser coronada la milagrosa Virgen de Fátima, Radiomensaje que Nos mismo hemos llamado de la "Realeza" de María.

Por todo ello, y como para coronar estos testimonios todos de Nuestra piedad mariana, a los que con tanto entusiasmo ha respondido el pueblo cristiano, para concluir útil y felizmente el Año Mariano que ya está terminando, así como para acceder a las insistentes peticiones que de todas partes Nos han llegado, hemos determinado instituir la fiesta litúrgica de la "Bienaventurada María Virgen Reina".

3. No se trata de una nueva verdad, sino de la exposición de una realidad antigua.

Cierto que no se trata de una nueva verdad propuesta al pueblo cristiano, porque el fundamento y las razones de la dignidad real de María, abundantemente expresadas en todo tiempo, se encuentran en los antiguos documentos de la Iglesia y en los libros de la sagrada liturgia.

Mas queremos recordarlos ahora en la presente Encíclica para renovar las alabanzas de nuestra celestial Madre y para hacer más viva la devoción en las almas, con ventajas espirituales.

I.

La tradición acerca de la realeza de María

4. La fe del pueblo cristiano basado en la Biblia.

Con razón ha creído siempre el pueblo cristiano, aun en los siglos pasados, que Aquélla, de la que nació el Hijo del Altísimo, que reinará eternamente en la casa de Jacob y [será] Príncipe de la Paz, Rey de los reyes y Señor de los señores, por encima de todas las demás criaturas recibió de Dios singularísimos privilegios de gracia. Y considerando luego las íntimas relaciones que unen a la madre con el hijo, reconoció fácilmente en la Madre de Dios una regia preeminencia sobre todos los seres.

5. Los antiguos escritores y Padres de la Iglesia

Por ello se comprende fácilmente cómo ya los antiguos escritores de la Iglesia, fundados en las palabras del arcángel San Gabriel que predijo el reinado eterno del Hijo de María, y en las de Isabel que se inclinó reverente ante ella, llamándola Madre de mi Señor, al denominar a María Madre del Rey y Madre del Señor, querían claramente significar que de la realeza del Hijo se había de derivar a su Madre una singular elevación y preeminencia.

Por esta razón San Efrén, con férvida inspiración poética, hace hablar así a María: Manténgame el cielo con su abrazo, porque se me debe más honor que a él; pues el cielo fue tan sólo tu trono, pero no tu madre. ¡Cuánto más no habrá de honrarse y venerarse a la Madre del Rey que a su trono!. Y en otro lugar ora él así a María: … virgen augusta y dueña, Reina, Señora, protégeme bajo tus alas, guárdame, para que no se gloríe contra mí Satanás, que siembra ruinas, ni triunfe contra mí el malvado enemigo. -San Gregorio Nacianceno llama a María

6. Los teólogos y Papas.

Los Teólogos de la Iglesia, extrayendo su doctrina de estos y otros muchos testimonios de la antigua tradición, han llamado a la Beatísima Madre Virgen Reina de todas las cosas creadas, Reina del mundo, Señora del universo. Los Sumos Pastores de la Iglesia creyeron deber suyo el aprobar y excitar con exhortaciones y alabanzas la devoción del pueblo cristiano hacia la celestial Madre y Reina. Dejando aparte documentos de los Papas recientes, recordaremos que ya en el siglo séptimo Nuestro Predecesor San Martín llamó a María nuestra Señora gloriosa, siempre Virgen; San Agatón, en la carta sinodal, enviada a los Padres del Sexto Concilio Ecuménico, la llamó Señora nuestra, verdadera y propiamente Madre de Dios; y en el siglo octavo, Gregorio II en una carta enviada al patriarca San Germán, leída entre aclamaciones de los Padres del Séptimo Concilio Ecuménico, proclamaba a María Señora de todos y verdadera Madre de Dios y Señora de todos los cristianos.

Recordaremos igualmente que Nuestro Predecesor, de ilustre memoria, Sixto IV, en la bula Cum praexcelsa, al referirse favorablemente a la doctrina de la inmaculada concepción de la Bienaventurada Virgen, comienza con estas palabras: Reina, que siempre vigilante intercede junto al Rey que ha engendrado. E igualmente Benedicto XIV, en la bula Gloriosae Dominae llama a María Reina del Cielo y de la tierra, afirmando que el Sumo Rey le ha confiado a ella, en cierto modo, su propio imperio.

Por ello San Alfonso de Ligorio, resumiendo toda la tradición de los siglos anteriores, escribió con suma devoción: Porque la Virgen María fue exaltada a ser la Madre del Rey de los reyes, con justa razón la Iglesia la honra con el título de Reina

II.
La realeza de María en la liturgia y el arte

1. En la liturgia.

7. La realeza de María en la liturgia oriental

La sagrada Liturgia, fiel espejo de la enseñanza comunicada por los Padres y creída por el pueblo cristiano, ha cantado en el correr de los siglos y canta de continuo, así en Oriente como en Occidente, las glorias de la celestial Reina.

Férvidos resuenan los acentos en el Oriente: Oh Madre de Dios, hoy eres trasladada al cielo sobre los carros de los querubines, y los serafines se honran con estar a tus órdenes, mientras los ejércitos de la celestial milicia se postran ante Tí.

Y también: Oh justo, beatísimo [José], por tu real origen has sido escogido entre todos como Esposo de la Reina Inmaculada, que de modo inefable dará a luz al Rey Jesús. Y además: Himno cantaré a la Madre Reina, a la cual me vuelvo gozoso, para celebrar con alegría sus glorias… Oh Señora, nuestra lengua no te puede celebrar dignamente, porque Tú, que has dado a la luz a Cristo Rey, has sido exaltada por encima de los serafines. … Salve, Reina del mundo, salve, María, Señora de todos nosotros.

En el Misal Etiópico se lee: Oh María, centro del mundo entero…, Tú eres más grande que los querubines plurividentes y que los serafines multialados. … El cielo y la tierra están llenos de la santidad de tu gloria.

8. En la liturgia latina.

Canta la Iglesia Latina la antigua y dulcísima plegaria "Salve Regina", las alegres antífonas "Ave Regina caelorum", "Regina caeli laetare alleluia" y otras recitadas en las varias fiestas de la Bienaventurada Virgen María: Estuvo a tu diestra como Reina, vestida de brocado de oro; La tierra y el cielo te cantan cual Reina poderosa; Hoy la Virgen María asciende al cielo; alegraos, porque con Cristo reina para siempre.

A tales cantos han de añadirse las Letanías Lauretanas que invitan al pueblo católico diariamente a invocar como Reina a María; y hace ya varios siglos que, en el quinto misterio glorioso del Santo Rosario, los fieles con piadosa meditación contemplan el reino de María que abarca cielo y tierra.

2. En el arte.

9. En el arte y en las tradiciones religiosas.

Finalmente, el arte, al inspirarse en los principios de la fe cristiana, y como fiel intérprete de la espontánea y auténtica devoción del pueblo, ya desde el Concilio de Efeso, ha acostumbrado a representar a María como Reina y Emperatriz que, sentada en regio trono y adornada con enseñas reales, ceñida la cabeza con corona, y rodeada por los ejércitos de ángeles y de santos, manda no sólo en las fuerzas de la naturaleza, sino también sobre los malvados asaltos de Satanás. La iconografía, también en lo que se refiere a la regia dignidad de María, se ha enriquecido en todo tiempo con obras de valor artístico, llegando hasta representar al Divino Redentor en el acto de ceñir la cabeza de su Madre con fúlgica corona.

Los Romanos Pontífices, favoreciendo a esta devoción del pueblo cristiano, coronaron frecuentemente con la diadema, ya por sus propias manos, ya por medio de Legados pontificios, las imágenes de la Virgen Madre de Dios, insignes tradicionalmente en la pública devoción.

III.
Los argumentos teológicos

1. La maternidad divina de María.

10. El fundamento doctrinal es 1º la maternidad divina de María.

Como ya hemos señalado más arriba, Venerables Hermanos, el argumento principal, en que se funda la dignidad real de María, evidente ya en los textos de la tradición antigua y en la sagrada Liturgia, es indudablemente su divina maternidad. De hecho, en las Sagradas Escrituras se afirma del Hijo que la Virgen dará a luz: Será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará en la casa de Jacob eternamente, y su reino no tendrá fin; y, además, María es proclamada Madre del Señor. Síguese de ello lógicamente que Ella misma es Reina, pues ha dado vida a un Hijo que, ya en el instante mismo de su concepción, aun como hombre, era Rey y Señor de todas las cosas, por la unión hipostática de la naturaleza humana con el Verbo. San Juan Damasceno escribe, por lo tanto, con todo derecho: Verdaderamente se convirtió en Señora de toda la creación, desde que llegó a ser Madre del Creador; e igualmente puede afirmarse que fue el mismo arcángel Gabriel el primero que anunció con palabras celestiales la dignidad regia de María.

2. La cooperación a la Redención,

11. 2º su cooperación a la Redención de Cristo.

Mas la Beatísima Virgen ha de ser proclamada Reina no tan sólo por su divina maternidad, sino también en razón de la parte singular que por voluntad de Dios tuvo en la obra de nuestra eterna salvación.

¿Qué cosa habrá para nosotros más dulce y suave -como escribía Nuestro Predecesor, de feliz memoria, Pío XI- que el pensamiento de que Cristo impera sobre nosotros, no sólo por derecho de naturaleza, sino también por derecho de conquista adquirido a costa de la Redención? Ojalá que todos los hombres, harto olvidadizos, recordasen cuánto le hemos costado a nuestro Salvador; "Fuisteis rescatados, no con oro o plata, … sino con la preciosa sangre de Cristo, como de un Cordero inmaculado". No somos, pues, ya nuestros, puesto que Cristo "por precio grande" nos ha comprado.

Ahora bien, en el cumplimiento de la obra de la Redención, María Santísima estuvo, en verdad, estrechamente asociada a Cristo; y por ello justamente canta la Sagrada Liturgia: Dolorida junto a la cruz de nuestro Señor Jesucristo estaba Santa María, Reina del cielo y de la tierra.

Y la razón es que, como ya en la Edad Media escribió un piadosísimo discípulo de San Anselmo: Así como… Dios, al crear todas las cosas con su poder, es Padre y Señor de todo, así María, al reparar con sus méritos las cosas todas, es Madre y Señor de todo: Dios es el Señor de todas las cosas, porque las ha constituido en su propia naturaleza con su mandato, y María es la Señora de todas las cosas, al devolverlas a su original dignidad mediante la gracia que Ella mereció. La razón es que, así como Cristo por el título particular de la Redención es nuestro Señor y nuestro Rey, así también la Bienaventurada Virgen [es nuestra Señora y Reina] por su singular concurso prestado a nuestra redención, ya suministrando su sustancia, ya ofreciéndolo voluntariamente por nosotros, ya deseando, pidiendo y procurando para cada uno nuestra salvación.

12. El razonamiento teológico de la coredención.

Dadas estas premisas, puede argumentarse así: Si María, en la obra de la salvación espiritual, por voluntad de Dios fue asociada a Cristo Jesús, principio de la misma salvación, y ello en manera semejante a la en que Eva fue asociada a Adán, principio de la misma muerte, por lo cual puede afirmarse que nuestra redención se cumplió según una cierta "recapitulación", por la que el género humano, sometido a la muerte por causa de una virgen, se salva también por medio de una virgen; si, además, puede decirse que esta gloriosísima Señora fue escogida para Madre de Cristo precisamente para estar asociada a El en la redención del género humano "y si realmente fue Ella, la que, libre de toda mancha personal y original, unida siempre estrechísimamente con su Hijo, lo ofreció como nueva Eva al Eterno Padre en el Gólgota, juntamente con el holocausto de sus derechos maternos y de su maternal amor, por todos los hijos de Adán manchados con su deplorable pecado"; se podrá de todo ello legítimamente concluir que, así como Cristo, el nuevo Adán, es nuestro Rey no sólo por ser Hijo de Dios, sino también por ser nuestro Redentor, así, según una cierta analogía, puede igualmente afirmarse que la Beatísima Virgen es Reina, no sólo por ser Madre de Dios, sino también por haber sido asociada cual nueva Eva al nuevo Adán.

3. Su sublime dignidad y plenitud de gracia.

13. Realeza mariana en sentido análogo pero eminente por su dignidad y su gracia.

Y, aunque es cierto que en sentido estricto, propio y absoluto, tan sólo Jesucristo -Dios y hombre- es Rey, también María, ya como Madre de Cristo Dios, ya como asociada a la obra del Divino Redentor, así en la lucha con los enemigos como en el triunfo logrado sobre todos ellos, participa de la dignidad real de Aquél, siquiera en manera limitada y analógica. De hecho, de esta unión con Cristo Rey se deriva para Ella sublimidad tan espléndida que supera a la excelencia de todas las cosas creadas: de esta misma unión con Cristo nace aquel regio poder con que ella puede dispensar los tesoros del Reino del Divino Redentor; finalmente, en la misma unión con Cristo tiene su origen la inagotable eficacia de su maternal intercesión junto al Hijo y junto al Padre.

No hay, por lo tanto, duda alguna de que María Santísima supera en dignidad a todas las criaturas, y que, después de su Hijo, tiene la primacía sobre todas ellas. Tú finalmente -canta San Sofronio- has superado en mucho a toda criatura… ¿Qué puede existir más sublime que tal alegría, oh Virgen Madre? ¿Qué puede existir más elevado que tal gracia, que Tú sola has recibido por voluntad divina?. Alabanza, en la que aun va más allá San Germán: Tu honrosa dignidad te coloca por encima de toda la creación: Tu excelencia te hace superior aun a los mismos ángeles. Y San Juan Damasceno llega a escribir esta expresión: Infinita es la diferencia entre los siervos de Dios y su Madre.

Para ayudarnos a comprender la sublime dignidad que la Madre de Dios ha alcanzado por encima de las criaturas todas, hemos de pensar bien que la Santísima Virgen, ya desde el primer instante de su concepción, fue colmada por abundancia tal de gracias que superó a la gracia de todos los Santos. Por ello -como escribió Nuestro Predecesor Pío IX, de f. m., en su Bula- Dios inefable ha enriquecido a María con tan gran munificencia con la abundancia de sus dones celestiales, sacados del tesoro de la divinidad, muy por encima de los Ángeles y de todos los Santos, que Ella, completamente inmune de toda mancha de pecado, en toda su belleza y perfección, tuvo tal plenitud de inocencia y de santidad que no se puede pensar otra más grande fuera de Dios y que nadie, sino sólo Dios, jamás llegará a comprender.

4. María reina con Cristo.

14. Participación del poder y la distribución de los frutos de la redención.

Además, la Bienaventurada Virgen no tan sólo ha tenido, después de Cristo, el supremo grado de la excelencia y de la perfección, sino también una participación de aquel influjo por el que su Hijo y Redentor nuestro se dice justamente que reina en la mente y en la voluntad de los hombres. Si, de hecho, el Verbo opera milagros e infunde la gracia por medio de la humanidad que ha asumido, si se sirve de los sacramentos, y de sus Santos, como de instrumentos para salvar las almas, ¿cómo no servirse del oficio y de la obra de su santísima Madre para distribuirnos los frutos de la Redención?

Con ánimo verdaderamente maternal -así dice el mismo Predecesor Nuestro, PPío IX, de ilustre memoria- al tener en sus manos el negocio de nuestra salvación, Ella se preocupa de todo el género humano, pues está constituida por el Señor Reina del cielo y de la tierra y está exaltada sobre los coros todos de los Ángeles y sobre los grados todos de los Santos en el cielo, estando a la diestra de su unigénito Hijo, Jesucristo, Señor nuestro, con sus maternales súplicas impetra eficacísimamente, obtiene cuanto pide, y no puede no ser escuchada.

A este propósito, otro Predecesor Nuestro, de feliz memoria, León XIII, declaró que a la Bienaventurada Virgen María le ha sido concedido un poder casi inmenso en la distribución de las gracias; y San Pío X añade que María cumple este oficio suyo como por derecho materno.
Gloríense, por lo tanto, todos los cristianos de estar sometidos al imperio de la Virgen Madre de Dios, la cual, a la par que goza de regio poder, arde en amor maternal.

5. Doble error que ha de evitarse

15. Prevencióncontra exageraciones y la estrechez en la exposoción de esta verdad.

Mas, en estas y en otras cuestiones tocantes a la Bienaventurada Virgen, tanto los Teólogos como los predicadores de la divina palabra tengan buen cuidado de evitar ciertas desviaciones, para no caer en un doble error; esto es, guárdense de las opiniones faltas de fundamento y que con expresiones exageradas sobrepasan los límites de la verdad; mas, de otra parte, eviten también cierta excesiva estrechez de mente al considerar esta singular, sublime y -más aún- casi divina dignidad de la Madre de Dios, que el Doctor Angélico nos enseña que se ha de ponderar en razón del bien infinito, que es Dios.

Por lo demás, en este como en otros puntos de la doctrina católica, la "norma próxima y universal de la verdad" es para todos el Magisterio, vivo, que Cristo ha constituido "también para declarar lo que en el depósito de la fe no se contiene sino oscura y como implícitamente".

IV
La fiesta de María Reina y consagración de Pío XII

16. Resumen y decreto de institución y consagración al Inmaculado Corazón de María.

De los monumentos de la antigüedad cristiana, de las plegarias de la liturgia, de la innata devoción del pueblo cristiano, de las obras de arte, de todas partes hemos recogido expresiones y acentos, según los cuales la Virgen Madre de Dios sobresale por su dignidad real; y también hemos mostrado cómo las razones, que la Sagrada Teología ha deducido del tesoro de la fe divina, confirman plenamente esta verdad. De tantos testimonios reunidos se entreforma un concierto, cuyos ecos resuenan en la máxima amplitud, para celebrar la alta excelencia de la dignidad real de la Madre de Dios y de los hombres, que ha sido exaltada a los reinos celestiales, por encima de los coros angélicos.

Y ante Nuestra convicción, luego de maduras y ponderadas reflexiones, de que seguirán grandes ventajas para la Iglesia si esta verdad sólidamente demostrada resplandece más evidente ante todos, como lucerna más brillante en lo alto de su candelabro, con Nuestra Autoridad Apostólica decretamos e instituimos la fiesta de María Reina, que deberá celebrarse cada año en todo el mundo el día 31 de mayo. Y mandamos que en dicho día se renueve la consagración del género humano al Inmaculado Corazón de la bienaventurada Virgen María. En ello, de hecho, está colocada la gran esperanza de que pueda surgir una nueva era tranquilizada por la paz cristiana y por el triunfo de la religión.

Conclusión

1. Exhortación a la devoción mariana.

17. Sugerencias prácticas para la devoción mariana y sus frutos

Procuren, pues, todos acercarse ahora con mayor confianza que antes, todos cuantos recurren al trono de la gracia y de la misericordia de nuestra Reina y Madre, para pedir socorro en la adversidad, luz en las tinieblas, consuelo en el dolor y en el llanto, y, lo que más interesa, procuren liberarse de la esclavitud del pecado, a fin de poder presentar un homenaje insustituible, saturado de encendida devoción filial, al cetro real de tan grande Madre. Sean frecuentados sus templos por las multitudes de los fieles, para en ellos celebrar sus fiestas; en las manos de todos esté la corona del Rosario para reunir juntos, en iglesias, en casas, en hospitales, en cárceles, tanto los grupos pequeños como las grandes asociaciones de fieles, a fin de celebrar sus glorias. En sumo honor sea el nombre de María más dulce que el néctar, más precioso que toda joya; nadie ose pronunciar impías blasfemias, señal de corrompido ánimo, contra este nombre, adornado con tanta majestad y venerable por la gracia maternal; ni siquiera se ose faltar en modo alguno de respeto al mismo.

Se empeñen todos en imitar, con vigilante y diligente cuidado, en sus propias costumbres y en su propia alma, las grandes virtudes de la Reina del Cielo y nuestra Madre amantísima. Consecuencia de ello será que los cristianos, al venerar e imitar a tan gran Reina y Madre, se sientan finalmente hermanos, y, huyendo de los odios y de los desenfrenados deseos de riquezas, promuevan el amor social, respeten los derechos de los pobres y amen la paz. Que nadie, por lo tanto, se juzgue hijo de María, digno de ser acogido bajo su poderosísima tutela si no se mostrare, siguiendo el ejemplo de ella, dulce, casto y justo, contribuyendo con amor a la verdadera fraternidad, no dañando ni perjudicando, sino ayudando y consolando.

2. La Iglesia del silencio.

18. Protección de María en las persecuciones.

En muchos países de la tierra hay personas injustamente perseguidas a causa de su profesión cristiana y privadas de los derechos humanos y divinos de la libertad: para alejar estos males de nada sirven hasta ahora las justificadas peticiones ni las repetidas protestas. A estos hijos inocentes y afligidos vuelva sus ojos de misericordia, que con su luz llevan la serenidad, alejando tormentas y tempestades, la poderosa Señora de las cosas y de los tiempos, que sabe aplacar las violencias con su planta virginal; y que también les conceda el que pronto puedan gozar la debida libertad para la práctica de sus deberes religiosos, de tal suerte que, sirviendo a la causa del Evangelio con trabajo concorde, con egregias virtudes, que brillan ejemplares en medio de las asperezas, contribuyan también a la solidez y a la prosperidad de la patria terrenal.

3. María reina y medianera de paz.

19. Para conservar la paz.

Pensamos también que la fiesta instituida por esta Carta encíclica, para que todos más claramente reconozcan y con mayor cuidado honren el clemente y maternal imperio de la Madre de Dios, pueda muy bien contribuir a que se conserve, se consolide y se haga perenne la paz de los pueblos, amenazada casi cada día por acontecimientos llenos de ansiedad. ¿Acaso no es Ella el arco iris puesto por Dios sobre las nubes, cual signo de pacífica alianza?. Mira al arco, y bendice a quien lo ha hecho; es muy bello en su resplandor; abraza el cielo con su cerco radiante y las Manos del Excelso lo han extendido. Por lo tanto, todo el que honra a la Señora de los celestiales y de los mortales -y que nadie se crea libre de este tributo de reconocimiento y de amor- la invoque como Reina muy presente, mediadora de la paz; respete y defienda la paz, que no es la injusticia inmune ni la licencia desenfrenada, sino que, por lo contrario, es la concordia bien ordenada bajo el signo y el mandato de la voluntad de Dios: a fomentar y aumentar concordia tal impulsan las maternales exhortaciones y los mandatos de María Virgen.

20. Deseos finales y bendición apostólica.

Deseando muy de veras que la Reina y Madre del pueblo cristiano acoja estos Nuestros deseos y que con su paz alegre a los pueblos sacudidos por el odio, y que a todos nosotros nos muestre, después de este destierro, a Jesús que será para siempre nuestra paz y nuestra alegría, a Vosotros, Venerables Hermanos, y a vuestros fieles, impartimos de corazón la Bendición Apostólica, como auspicio de la ayuda de Dios omnipotente y en testimonio de Nuestro amor.

Dado en Roma, junto a San Pedro, en la fiesta de la Maternidad de la Virgen María, el día 11 de octubre de 1954, decimosexto de Nuestro Pontificado.
PIO XII

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En los foros de Catholic.net a los cuales los invito, escriben hermanos Catolicos verdaderamente con la Fe verdadera, en esta ocasion les comparto una de esas participaciones del hermano "Pelicano" al Respecto de Santa Maria Virgen, Nuestra Santa Madre. Es genial este aporte. Bendiciones:
 

 
Fuente: Foros de Catholic.net (Apologetica)
Autor: Pelicano
Tema: ¿Un nuevo Protestantismo? (http://www.foros.catholic.net/viewtopic.php?t=49215)
Edicion: GATO SENTADO. OP
 
 
Vemos como en primer lugar muchos de los protestantes que vienen a este foro no estan de acuerdo con ningun dogma mariano de la iglesia, incluso niengan el concilio de Éfeso del año 411, el de la maternidad divina….pero no es el único muchos otros concilios y dogmas marianos también los niegan, nada más uno tiene que buscar en esta sección los temas referente a Maria, La inmaculada Concepción etc…y se verá cuales son las ideas que actualmente sustetan los hermanos separados.

Sin embargo es más común entre ellos ver a Lutero como alguien bueno y grande, creo haber leido que algunos le llaman "apostol".Bien entonces el origen de este tema es mostrar como tantas nuevas sectas que se han creado se han terminado alejando completamente del protestantismo historico, creando asi un nuevo protestantismo, que no deberia llamarse asi pues no respeta ni las mismas creencias que en su dia Lutero, Calvino y compañia tenian pues han desgajado la fe cristiana protestante muchisimo más de lo que en su dia el hereje Lutero lo hizo.Es por ello que en vez de ser protestantes deberían recibir otro nombre pues ni siquiera tienen la fe que tenia su fundador principal Martin Lutero.

Veamos pues a lo que me refiero:

Cierto es que Lutero cometio muchos errores, ataco duramente al Papa y al Primado ,hizo un gran error al dividir aun más el cuerpo de Cristo pero si algo bueno tenia era su amor hacia la Madre del Señor.Muchas citas de Lutero demuestran como él si creia en su Virginidad, en su Inmaculada Concepción en su Maternidad Divina en su Asunción al Cielo.Veamos algunas de ellas:

En su sermón del 15 agosto de 1522, la última vez que Martin Lutero predicó en la fiesta de la Asunción dijo:

No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos. Y, ya que el Espíritu Santo no nos ha dicho nada acerca de esto, no lo podemos hacer artículo de fe…Es suficiente saber que ella vive en Cristo.

Recordemos aqui no estaba aun proclamado el dogma de la Asunción de Maria sinembargo el ya Creia estaba Maria en el Cielo con Cristo demostrando asi que Lutero no profesaba la falsa creencia de la mortalidad del alma, como muchos herejes actuales la profesan.

-Lutero considera fundamental honrar a Maria:

La veneración de María está en las profundidades del corazón (Sermón, 1 de septiembre de 1522).

Sabe diferenciar entre venerar y adorar….¿Porque los protestantes actuales, perdón herejes de hoy, no saben diferenciar esto y el fundador del protestantismo si lo sabia? 

(Ella es) la mujer más encumbrada y la joya más noble de la cristiandad después de Cristo…ella es la nobleza, sabiduría y santidad personificadas. Nunca podremos honrarla lo suficiente. Aún cuando ese honor y alabanza debe serle dado en un modo que no falte a Cristo ni a las Escrituras. (Sermón, Navidad 1531)

De nuevo dice que ella es Santa y nunca se la podra honrar lo suficiente…en más de un año llevo en apologética aún no he conocido un solo protestante que diga que Maria es Santa….pero todos dicen "SOY SALVO"   

Ninguna mujer es como tú. Tú eres más que Eva o Sara, bendita sobre toda nobleza, sabiduría y santidad. (Sermón, Fiesta de la Visitación, 1537).

¿Cuantos cristianos no católicos llaman a Maria Bendita? 

Cada uno tendría que honrar a María tal como ella misma lo expresó en el Magnificat. Ella alabó a Dios por sus obras. ¿Cómo podremos entonces nosotros alabarla? El verdadero homenaje de María es en honor de Dios, la alabanza de la Gracia de Dios…María nada es por su propio mérito, sino por el mérito de Cristo…María no desea que vayamos a ella sino a través de ella hacia Dios. (Explicación del Magnificat, 1521)

Un comentario muy bello sobre Maria es este donde se demuestra el gran amor de Lutero hacia Maria.Y como él entendia que a traves de Maria se llega a Dios lo cual hoy en dia es negado por los herejes, pues niegan su intercesión que es exactamente lo que Lutero aqui esta afirmando.¿Porque tanta diferencia de creencias entre el protestantismo antiguo y los nuevos protestantes?

Lutero exalta a la Bienaventurada Virgen dándole la posición de "Madre Espiritual" para los cristianos:

María es la Madre de Jesús y Madre de todos nosotros aunque Cristo solamente fue quien reposó en su regazo…Si Él es nuestro, debieramos estar en su lugar; ya que donde Él está debemos estar también nosotros y todo lo que Él tiene debe ser nuestro, y su madre es también nuestra madre. (Sermón, Navidad, 1529).

Martin Lutero creía en la Inmaculada Concepción de María, las siguientes son palabras de Lutero:

"Es dulce y piadoso creer que la infusión del alma de María se efectuó sin pecado original, de modo que en la mismísima infusión de su alma ella fue también purificada del pecado original y adornada con los dones de Dios, recibiendo un alma pursa infundida por Dios; de modo que, desde el primer momento que ella comenzó a vivir fue libre de todo pecado". (Sermón: "Sobre el día de la Concepción de la Madre de Dios"1527).

Ella es llena de gracia, proclamada ser enteramente sin pecado (algo excesivamente grande). Para que la gracia de Dios la llenara con todo bien e hiciera que ella libre de todo mal. (Personal {"Pequeño"} Libro de oración, 1522).

Veamos ahora como Lutero creia tambien en la Virginidad de Maria:

Cristo, nuestro Salvador, fue el fruto real y natural del vientre virginal de María…Esto sin la cooperación de un hombre y ella permaneció virgen después.
Luther’s Works, eds. Jaroslav Pelikan (vols. 1-30) & Helmut T. Lehmann (vols. 31-55), St. Louis: Concordia Pub. House (vols. 1-30); Philadelphia: Fortress Press (vols. 31-55), 1955, v.22:23 / Sermons on John, chaps. 1-4 (1539) }

Cuantos protestantes actuales creen esto??? ¿cuantos creen en la virginidad perpetua?….aún no he encontrado a ninguno en este foro que lo crea firmemente…

Cristo…fue el único Hijo de María, y la Virgen María no tuvo otros hijos aparte de Él… Me inclino a aceptar a quienes declaran que los "hermanos" realmente significan "primos" aquí ya que el escritor sagrado y los judíos en general siempre llamaban hermanos a los primos
.

{Pelikan, ibid., v.22:214-15 / Sermons on John, chaps. 1-4 (1539) }

Madre de Dios:

". . .ella con justicia es llamada no solo madre del hombre, sino tambié la Madre de Dios…es cierto que María es la Madre del real y verdadero Dios"
Ref: Sermon on John 14. 16: Luther’s Works (St. Louis, ed. Jaroslav, Pelican, Concordia. vol. 24. p. 107)

"La humanidad ha resumido toda su gloria en una sola frase: la Madre Dios. Nadie puede decir algo más grande de ella aunque hablara tantas lenguas como hojas hay en los árboles". (Del "Commentary on the Magnificat".)

-Ya vemos como en el foro los protestantes de hoy niegan la maternidad divina de Maria y sinembargo el fundador del protestantismo creia firmemente en ello.Esto prueba como los herejes de hoy se estan alejando del protestantismo historico , y como no, se estan alejando muchisimo más de la Verdad, que se encuentra en la Sede de Pedro, en Roma.Asi es que merecerían ser llamados protestantes???….se puede llamar protestante a alguien que no sigue las enseñanzas de su fundador?….apostataron del protestantismo estos hermanos separados….ya de por si serian dos veces apostatas….en fin no creo se les deba llamar protestantes… 

Pero no solo Lutero creia en Maria sino también otros fundadores del Protestantismo creian en ella, veamos algunos casos mas:

CALVINO:
Helvidius mostró excesiva ignorancia al concluir que María debe haber tenido muchos hijos porque el término "hermanos" de Cristo es mencionado varias veces
{Harmony of Matthew, Mark & Luke, sec. 39 (Geneva, 1562), vol. 2 / From Calvin’s Commentaries, tr. William Pringle, Grand Rapids, MI: Eerdmans, 1949, p.215; on Matthew 13:55}

Ya veis llama ignorantes a los que creen que Maria habia tenido mas hijos….y era PROTESTANTE!!!

Huldreich Zwingli

Nunca he pensado, ni mucho menos enseñado o declarado públicamente, nada concerniente al sujeto de la siempre Virgen María, Madre de nuestra salvación, que pudiera ser irrespetuoso, impío, inmerecido o malo…creo con todo mi corazó, acorde a la palabra del Santo Evangelio que esta virgen pura que trajo para nosotros al Hijo de Dios permaneció en el parto y después de éste, virgen pura y sin mancilla por la eternidad.
{Thurian, ibid., p.76 / same sermon}

Heinrich Bullinger

"La Virgen María…totalmente santificada por la gracia y la sangre de su único Hijo y abundantmente enriquecida con el don del Espíritu Santo y preferida sobre todo…ahora vive feliz con Cristo en el cielo y es llamada -y permanece siempre- Virgen y Madre de Dios"

{In Hilda Graef, Mary: A history of Doctrine and Devotion, combined ed. of vols. 1 & 2, London: Sheed & Ward, 1965, vol.2, pp.14-5}

John Wesley (Fundador de la Iglesia Metodista)

La Bienaventurada Virgen María, quien, después de darlo a luz, continuó virgen pura y sin mancha
{"Letter to a Roman Catholic" / In This Rock, Nov. 1990, p.25}

Vemos como muchos de los principales lideres de la reforma creian en la Santidad de Maria, en su Virginidad y en que era Madre de Dios.Todo ello negado por los no católicos de hoy.En las citas que he presentado no se muestra nada de odio hacia nuestra Madre y es que ese odio solamente Satanas puede inyectarlo al hermano separado pues la Virgen Maria fue la única mujer y el único ser humano que le derroto y por eso Satanas hace que los no catolicos la odien completamente…negando todo lo que desde todos los siglos la cristiandad ha creido he incluso los mismos reformadores creyeron y defendieron.

Una prueba más que demuestra la gran cantidad de divisiones y creencias diferentes que existen en la actualidad, todas ellas creidas en el nuevo protestantismo o las herejias de este siglo, y que afirma ser guiados por el Espiritu Santo….cosa que también en aquella época creian Lutero y cia….por eso el tema de la Sola Fides y la Sola Scriptura….pero esto ya seria off topic…en definitiva los protestantes no tienen un mismo pensar ni un mismo parecer como bien ha quedado patentado aqui….

“Os ruego, pues, hermanos, por el nombre de Nuestro Señor Jesucristo, que habléis todos una misma cosa, y que no haya divisiones entre vosotros, sino que viváis perfectamente unidos en un mismo pensar y en un mismo parecer.”
1Corintios 1:10

Conocen esta cita los no católicos de hoy  ???

"Todo reino dividido contra sí mismo, está arruinado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no puede subsistir."
Mateo 12:25

¿Cuantos años de vida le queda al protestantismo?  

"Porque es ya el tiempo en que comienza el juicio por la casa de Dios. Y si comienza por nosotros, ¿Cuál será el fin de los que no obedecen al Evangelio de Dios?"
1Pedro 4:17

Ni obedecen evagelio ni tampoco a sus fundadores….en general claro!!! 

En donde hay reglas creadas por millones de opiniones personales, solo puede haber caos.
En donde todos y cada uno piensan estar correctos porque "el Espíritu Santo me dijo", es seguro que no interviene el Espiritu Santo están. Se puede definir ¿quién lo está y quién no lo está?

Cuando todos practican la Sola Scriptura, se limitan a la Escritura solamente, y de nuevo las opiniones personales entran en el cuadro, ¿Cuál opinión es aceptable?
En donde no existe autoridad otorgada divinamente y las disputas entre los miembros no pueden ser solucionadas amigablemente, los grupos de opiniones personales se fragmentan creando así más divisiones. Precisamente por esto Jesucristo fundó solo una Iglesia educadora dándole Su autoridad (Mateo 18:17) para resolver controversias, las cuales la Escritura nos anuncia que surgirían inevitablemente (1Corintios 11:19)

En donde existe autoridad divina, un debate se soluciona por su cuerpo autorizado.
En donde no hay autoridad divina, los problemas no se solucionan. Los de opinión opuesta simplemente se separan a formar nuevas sectas. Esto comprueba la razón principal de la existencia actual de más de 35,500 fracciones en el Protestantismo, además de su separación original del Cuerpo de Cristo.

Cuando Martín Lutero surgió separándose de la Iglesia fundada por Jesucristo, en existencia ya por casi 1500 años, y siguiendo su línea de Papas desde San Pedro, la Iglesia estaba ya en el 218avo. Papa; Lutero creó la primera afiliación Protestante. Era el año de 1521. No hacía esto solo, inmediatamente él y Tomás Munzer tuvieron una "diferencia de opiniones" y Munzer se desligó de Lutero para formar el segundo grupo Protestante, también en 1521. Las fracciones en el Protestantismo comenzaron y continúan con una marcha atroz hasta nuestros días. En el año 1600 hubo 100 rupturas. En 1900 hubo más de 1000. Hoy hay más de 35,500 divisiones en el Protestantismo, y no vemos el final.

"¿Se ha dividido Cristo?"

¿Acaso Cristo está dividido? ¿O es que Pablo fue crucificado por ustedes? ¿O será que ustedes fueron bautizados en el nombre de Pablo? 1Cor 1:13

Otro versículo más, ignorado por los Protestantes.Esta es la herencia que se recibe como "premio" a la regla de "opiniones personales" prohibida por la Escritura, insistiendo en que "El Espíritu Santo me dijo" cuando El no habló, "Sola Scriptura" que no es Bíblica, y "el rechazo del cuerpo gobernante " autorizado, contra las ordenanzas de la Escritura.
(Mateo 18:17, Hebreos 13:17)

porque Dios quiere la paz y no el desorden.1Corintios 14:33

Por tanto no puede ser obra de Dios el desorden ni las separaciones del cuerpo de Cristo, ni las divisiones son obra de Dios, y todo lo que no viene de Dios:

"Ahora, pues, os digo, dejad a estos hombres y soltádlos, porque si esta idea u obra viene de hombres, será desbaratada; pero si de Dios viene, no podréis destruirla, no sea que os halléis peleando contra Dios".
Hechos 5:38-39

Clara es la Escritura y clara son las pruebas.Aquellos que ponen restricciones a un Dios ilimitado son los actuales protestantes, y a ellos mismos la Palabra de Dios les contesta:

"Pues mis pensamientos no son vuestros pensamientos, y vuestros caminos no son mis caminos, dice Yahvé. Así como el cielo es más alto que la tierra, así mis caminos son más altos que vuestros caminos, y mis pensamientos que vuestros pensamientos". Isaías 55:8-9

¡Que Dios les Bendiga!

 

MARÍA, MADRE DE DIOS
María es verdaderamente Madre de Dios

Ver también:
En la catequesis de PJII
Lecturas y comentarios de la solemnidad
San Cirilo de Alejandría
Veneración 

Madre de Dios es el más antiguo e importante título dogmático de la Virgen. Es el fundamento de toda su grandeza. Ella es Madre de Jesús, Dios y hombre verdadero.

Pregunta: "¿Cómo puede ser María la madre de Dios, si Dios ya existía antes de que ella naciera?". 

Respuesta: En el diccionario encontramos que se llama "madre" a la mujer que engendra un hijo/hija. Se dice que es madre de la persona que ella engendró.
-Si reconocemos que María engendró y dio luz a Jesús, entonces reconocemos que María es madre de Jesús.
-Si además reconocemos que Jesús es una persona divina (la Segunda Persona de la Trinidad), entonces reconocemos que María, por ser madre de esa Persona (Jesús) es verdaderamente Madre de Dios.

María NO fue madre de Dios desde la eternidad. Maria comienza a ser Madre de Dios cuando el Hijo Eterno se encarnó en sus entrañas (encarnación).

Dios no tenía necesidad de hacerse hombre. Pero quiso hacerlo. Para ser hombre verdadero quiso tener madre verdaderamente. Gálatas 4,4: "al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer". Dios se hizo hombre sin dejar de ser Dios, por ende María es madre de Jesús, Dios y hombre verdadero.

Negar que María es madre de Dios es negar que el Verbo se hizo hombre (negar la Encarnación de Dios Hijo).

Dios no necesitaba una madre pero la quiso tener para acercarse a nosotros con infinito amor. Dios es el único que pudo escoger a su madre y, para consternación de algunos y gozo de otros, escogió a la Santísima Virgen María quién es y será siempre la Madre de Dios.

Cuando la Virgen María visitó a su prima Isabel (Visitación), esta, movida por el Espíritu Santo, la reconoció como Madre de Dios al llamarle "Madre de mi Señor" (Cf. Lucas 1, 39-45).

La verdad de que María es Madre de Dios es parte de la fe de todos los cristianos ortodoxos (de doctrina recta).  Fue proclamada dogmáticamente en el Concilio de Efeso en el año 431 y es el primer dogma Mariano.

Antecedentes de la controversia sobre la maternidad divina de María Santísima:  

Los errores de Nestorio
En el siglo V, Nestorio, Patriarca de Constantinopla afirmaba los siguientes errores:

  • Que hay dos personas distintas en Jesús, una divina y otra humana.
  • Sus dos naturalezas no estaban unidas.
  • Por lo tanto, María no es la Madre de Dios pues es solamente la Madre de Jesús hombre.
  • Jesús nació de María solo como hombre y más tarde "asumió" la divinidad, y por eso decimos que Jesús es Dios.

Vemos que estos errores de Nestorio, al negar que María es Madre de Dios, niegan también que Jesús fuera verdaderamente una Persona divina que asume una naturaleza humana. Nestorianismo>>>

La doctrina referente a María está totalmente ligada a la doctrina referente a Cristo. Confundir una es confundir la otra. Cuando la Iglesia defiende la maternidad divina de María esta defendiendo la verdad de que, su hijo, Jesucristo, es una Persona divina. 

En esta batalla doctrinal, San Cirilo, Obispo de Alejandría, jugó un papel muy importante en clarificar la posición de nuestra fe en contra de la herejía de Nestorio. En el año 430, el Papa Celestino I en un concilio en Roma, condenó la doctrina de Nestorio y comisionó a S. Cirilo para que iniciara una serie de correspondencias donde se presentara la verdad.

Concilio de Efeso

En el año 431, se llevó a cabo el Concilio de Efeso donde se proclamó oficialmente que María es Madre de Dios. (Ver: Theotokos).

"Desde un comienzo la Iglesia enseña que en Cristo hay una sola persona, la segunda persona de la Santísima Trinidad. María no es solo madre de la naturaleza, del cuerpo pero también de la persona quien es Dios desde toda la eternidad. Cuando María dio a luz a Jesús, dio a luz en el tiempo a quien desde toda la eternidad era Dios. Así como toda madre humana, no es solamente madre del cuerpo humano sino de la persona, así María dio a luz a una persona, Jesucristo, quien es ambos Dios y hombre, entonces Ella es la Madre de Dios" -Concilio de Efeso


La ortodoxia (doctrina recta) enseña:
-Jesús es una persona divina (no dos personas)
-Jesús tiene dos naturalezas: es Dios y Hombre verdaderamente.
-María es madre de una persona divina y por lo tanto es Madre de Dios.

María es Madre de Dios. Este es el principal de todos los dogmas Marianos, y la raíz y fundamento de la dignidad singularísima de la Virgen María.

María es la Madre de Dios, no desde toda la eternidad sino en el tiempo.

El dogma de María Madre de Dios contiene dos verdades:

1) María es verdaderamente madre: Esto significa que ella contribuyó en todo en la formación de la naturaleza humana de Cristo, como toda madre contribuye a la formación del hijo de sus entrañas.

2) María es verdaderamente madre de Dios: Ella concibió y dio a luz a la segunda persona de la Trinidad, según la naturaleza humana que El asumió.

El origen Divino de Cristo no le proviene de María. Pero al ser Cristo una persona de naturalezas divina y humana. María es tanto madre del hombre como Madre del Dios. María es Madre de Dios, porque es Madre de Cristo quien es Dios\hombre.

La misión maternal de María es mencionada desde los primeros credos de la Iglesia. En el Credo de los Apóstoles: "Creo en Dios Padre todopoderoso y en Jesucristo su único hijo, nuestro Señor que nació de la Virgen María".

El título Madre de Dios era utilizado desde las primeras oraciones cristianas. En el Concilio de Efeso, se canonizo el título Theotokos, que significa Madre de Dios. A partir de ese momento la divina maternidad constituyó un título único de señorío y gloria para la Madre de Dios encarnado. La Theotokos es considerada, representada e invocada como la reina y señora por ser Madre del Rey y del Señor.

Mas tarde también fue proclamada y profundizada por otros concilios universales, como el de Calcedonia(451) y el segundo de Constantinopla (553).

En el siglo XIV se introduce en el Ave María la segunda parte donde dice: "Santa María Madre de Dios" Siglo XVIII, se extiende su rezo oficial a toda la Iglesia.

El Papa Pío XI reafirmó el dogma en la Encíclica Lux Veritatis (1931).

La Madre de Dios en el VAT II: este concilio replantea en todo el alcance de su riqueza teológica en el más importante de sus documentos, Constitución dogmática sobre la Iglesia, (Lumen Gentium). En este documento se ve la maternidad divina de María en dos aspectos:

1) La maternidad divina en el misterio de Cristo.
2) La maternidad divina en el misterio de la Iglesia.

"Y, ciertamente, desde los tiempos mas antiguos, la Sta. Virgen es venerada con el título de Madre de Dios, a cuyo amparo los fieles suplicantes se acogen en todos sus peligros y necesidades…. Y las diversas formas de piedad hacia la Madre de Dios que la Iglesia ha venido aprobando dentro de los limites de la sana doctrina, hacen que, al ser honrada la Madre, el Hijo por razón del cual son todas las cosas, sea mejor conocido, amado, glorificado, y que, a la vez, sean mejor cumplidos sus mandamientos" (LG #66)

En el Credo del Pueblo de Dios de Pablo VI (1968): "Creemos que la Bienaventurada María, que permaneció siempre Virgen, fue la Madre del Verbo encarnado, Dios y salvador nuestro"

En 1984 consagra J.P.II el mundo entero al I.C. de María, a través de toda la oración de consagración repite: "Recurrimos a tu protección, Santa Madre de Dios"

María por ser Madre de Dios transciende en dignidad a todas las criaturas, hombres y ángeles, ya que la dignidad de la criatura está en su cercanía con Dios. Y María es la mas cercana a la Trinidad. Madre del Hijo, Hija del Padre y Esposa del Espíritu.

"El Conocimiento de la verdadera doctrina católica sobre María, será siempre la llave exacta de la comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia"

Y la Madre de Dios es mía, porque Cristo es mío" (S. Juan de la Cruz)

-SCTJM

( Durante la audiencia general del miércoles 6 de septiembre de 1995 )

 

Presencia de María en el origen de la Iglesia

 

1. Después de haberme dedicado en las anteriores catequesis a profundizar la identidad y la misión de la Iglesia, siento ahora la necesidad de dirigir la mirada hacia la santísima Virgen, que vivió perfectamente la santidad y constituye su modelo.

Es lo mismo que hicieron los padres del concilio Vaticano II: después de haber expuesto la doctrina sobre la realidad histórico-salvífica del pueblo de Dios, quisieron completarla con la ilustración del papel de María en la obra de la salvación. En efecto, el capítulo VIII de la constitución conciliar Lumen gentium tiene como finalidad no sólo subrayar el valor eclesiológico de la doctrina mariana, sino también iluminar la contribución que la figura de la santísima Virgen ofrece a la comprensión del misterio de la Iglesia.

2. Antes de exponer el itinerario mariano del Concilio, deseo dirigir una mirada contemplativa a María, tal como, en el origen de la Iglesia, la describen los Hechos de los Apóstoles. San Lucas, al comienzo de este escrito neotestamentario que presenta la vida de la primera comunidad cristiana, después de haber recordado uno por uno los nombres de los Apóstoles (Hch. 1, 13), afirma: "Todos ellos perseveraban en la oración, con un mismo espíritu en compañía de algunas mujeres, de María, la madre de Jesús, y de sus hermanos (Hch. 1, 14).

En este cuadro destaca la persona de María, la única a quien se recuerda con su propio nombre, además de los Apóstoles. Ella representa un rostro de la Iglesia diferente y complementario con respecto al ministerial o jerárquico.

3. En efecto, la frase de Lucas se refiere a la presencia, en el cenáculo, de algunas mujeres, manifestando así la importancia de la contribución femenina en la vida de la Iglesia, ya desde los primeros tiempos. Esta presencia se pone en relación directa con la perseverancia de la comunidad en la oración y con la concordia. Estos rasgos expresan perfectamente dos aspectos fundamentales de la contribución específica de las mujeres a la vida eclesial. Los hombres, más propensos a la actividad externa, necesitan la ayuda de las mujeres para volver a las relaciones personales y progresar en la unión de los corazones.

"Bendita tú entre las mujeres" (Lc. 1, 42), María cumple de modo eminente esta misión femenina. ¿Quién, mejor que María, impulsa en todos los creyentes la perseverancia en la oración? ¿Quién promueve, mejor que ella, la concordia y el amor?

Reconociendo la misión pastoral que Jesús había confiado a los Once, las mujeres del cenáculo, con María en medio de ellas, se unen a su oración y, al mismo tiempo, testimonian la presencia en la Iglesia de personas que, aunque no hayan recibido una misión, son igualmente miembros, con pleno título, de la comunidad congregada en la fe en Cristo.

4. La presencia de María en la comunidad, que orando espera la efusión del Espíritu (cf. Hch. 1, 14), evoca el papel que desempeñó en la encarnación del Hijo de Dios por obra del Espíritu Santo (cf. Lc. 1, 35). El papel de la Virgen en esa fase inicial y el que desempeña ahora, en la manifestación de la Iglesia en Pentecostés, están íntimamente vinculados.

La presencia de María en los primeros momentos de vida de la Iglesia contrasta de modo singular con la participación bastante discreta que tuvo antes, durante la vida pública de Jesús. Cuando el Hijo comienza su misión, María permanece en Nazaret, aunque esa separación no excluye algunos contactos significativos, como en Caná, y, sobre todo, no le impide participar en el sacrificio del Calvario.

Por el contrario, en la primera comunidad el papel de María cobra notable importancia. Después de la ascensión, y en espera de Pentecostés, la Madre de Jesús está presente personalmente en los primeros pasos de la obra comenzada por el Hijo.

5. Los Hechos de los Apóstoles ponen de relieve, que María se encontraba en el cenáculo "con los hermanos de Jesús" (Hch. 1, 14), es decir, con sus parientes, como ha interpretado siempre la tradición eclesial. No se trata de una reunión de familia, sino del hecho de que, bajo la guía de María, la familia natural de Jesús pasó a formar parte de la familia espiritual de Cristo: "Quien cumpla la voluntad de Dios, -había dicho Jesús-, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre" (Mc. 3, 34).

En esa misma circunstancia, Lucas define explícitamente a María "la madre de Jesús" (Hch. 1, 14), como queriendo sugerir que algo de la presencia de su Hijo elevado al cielo permanece en la presencia de la madre. Ella recuerda a los discípulos el rostro de Jesús y es, con su presencia en medio de la comunidad, el signo de la fidelidad de la Iglesia a Cristo Señor.

El título de Madre, en este contexto, anuncia la actitud de diligente cercanía con la que la Virgen seguirá la vida de la Iglesia. María le abrirá su corazón para manifestarle las maravillas que Dios omnipotente y misericordioso obró en ella.

Ya desde el principio María desempeña su papel de Madre de la Iglesia: su acción favorece la comprensión entre los Apóstoles, a quienes Lucas presenta con un mismo espíritu y muy lejanos de las disputas que a veces habían surgido entre ellos.

Por último, María ejerce su maternidad con respecto a la comunidad de creyentes no sólo orando para obtener a la Iglesia los dones del Espíritu Santo, necesarios para su formación y su futuro, sino también educando a los discípulos del Señor en la comunión constante con Dios.

Así, se convierte en educadora del pueblo cristiano en la oración y en el encuentro con Dios, elemento central e indispensable para que la obra de los pastores y los fieles tenga siempre en el Señor su comienzo y su motivación profunda.

6. Estas breves consideraciones muestran claramente que la relación entre María y la Iglesia constituye una relación fascinante entre dos madres. Ese hecho nos revela nítidamente la misión materna de María y compromete a la Iglesia a buscar siempre su verdadera identidad en la contemplación del rostro de la Theotókos.

 

CATEQUESIS DEL PAPA


( Durante la audiencia general del miércoles 7 de agosto de 1996 )

 

 María, modelo de virginidad


1. El propósito de virginidad, que se vislumbra en las palabras de María en el momento de la Anunciación, ha sido considerado tradicionalmente como el comienzo y el acontecimiento inspirador de la virginidad cristiana en la Iglesia.

San Agustín no reconoce en ese propósito el cumplimiento de un precepto divino, sino un voto emitido libremente. De ese modo se ha podido presentar a María como ejemplo a las santas vírgenes en el curso de toda la historia de la Iglesia. María «consagró su virginidad a Dios, cuando aún no sabía lo que debía concebir, para que la imitación de la vida celestial en el cuerpo terrenal y mortal se haga por voto, no por precepto, por elección de amor, no por necesidad de servicio» (De Sancta Virg., IV, 4; PL 40, 398).

El ángel no pide a María que permanezca virgen; es María quien revela libremente su propósito de virginidad. En este compromiso se sitúa su elección de amor, que la lleva a consagrarse totalmente al Señor mediante una vida virginal.

Al subrayar la espontaneidad de la decisión de María, no debemos olvidar que en el origen de toda vocación está la iniciativa de Dios. La doncella de Nazaret, al orientarse hacia la vida virginal, respondía a una vocación interior, es decir, a una inspiración del Espíritu Santo que la iluminaba sobre el significado y el valor de la entrega virginal de sí misma. Nadie puede acoger este don sin sentirse llamado y sin recibir del Espíritu Santo la luz y la fuerza necesarias.

2. Aunque san Agustín utilice la palabra voto para mostrar a quienes llama santas vírgenes el primer modelo de su estado de vida, el Evangelio no testimonia que María haya formulado expresamente un voto, que es la forma de consagración y entrega de la propia vida a Dios, en uso ya desde los primeros siglos de la Iglesia. El Evangelio nos da a entender que María tomó la decisión personal de permanecer virgen, ofreciendo su corazón al Señor. Desea ser su esposa fiel, realizando la vocación de la «hija de Sión». Sin embargo, con su decisión se convierte en el arquetipo de todos los que en la Iglesia han elegido servir al Señor con corazón indiviso en la virginidad.

Ni los evangelios, ni otros escritos del Nuevo Testamento, nos informan acerca del momento en el que María tomó la decisión de permanecer virgen. Con todo, de la pregunta que hace al ángel se deduce con claridad que, en el momento de la Anunciación, dicho propósito era ya muy firme. María no duda en expresar su deseo de conservar la virginidad también en la perspectiva de la maternidad que se le propone, mostrando que había madurado largamente su propósito.

En efecto, María no eligió la virginidad en la perspectiva, imprevisible, de llegar a ser Madre de Dios, sino que maduró su elección en su conciencia antes del momento de la Anunciación. Podemos suponer que esa orientación siempre estuvo presente en su corazón: la gracia que la preparaba para la maternidad virginal influyó ciertamente en todo el desarrollo de su personalidad, mientras que el Espíritu Santo no dejó de inspirarle, ya desde sus primeros años, el deseo de la unión más completa con Dios.

3. Las maravillas que Dios hace, también hoy, en el corazón y en la vida de tantos muchachos y muchachas, las hizo, ante todo, en el alma de María. También en nuestro mundo, aunque esté tan distraído por la fascinación de una cultura a menudo superficial y consumista, muchos adolescentes aceptan la invitación que proviene del ejemplo de María y consagran su juventud al Señor y al servicio de sus hermanos.

Esta decisión, más que renuncia a valores humanos, es elección de valores más grandes. A este respecto, mi venerado predecesor Pablo VI, en la exhortación apostólica Marialis cultus, subrayaba cómo quien mira con espíritu abierto el testimonio del Evangelio «se dará cuenta de que la opción del estado virginal por parte de María (…) no fue un acto de cerrarse a algunos de los valores del estado matrimonial, sino que constituyó una opción valiente, llevada a cabo para consagrarse totalmente al amor de Dios» (n. 37).

En definitiva, la elección del estado virginal está motivada por la plena adhesión a Cristo. Esto es particularmente evidente en María. Aunque antes de la Anunciación no era consciente de ella, el Espíritu Santo le inspira su consagración virginal con vistas a Cristo: permanece virgen para acoger con todo su ser al Mesías Salvador. La virginidad comenzada en María muestra así su propia dimensión cristocéntrica, esencial también para la virginidad vivida en la Iglesia, que halla en la Madre de Cristo su modelo sublime. Aunque su virginidad personal, vinculada a la maternidad divina, es un hecho excepcional, ilumina y da sentido a todo don virginal.

4. ¡Cuántas mujeres jóvenes, en la historia de la Iglesia, contemplando la nobleza y la belleza del corazón virginal de la Madre del Señor, se han sentido alentadas a responder generosamente a la llamada de Dios, abrazando el ideal de la virginidad! «Precisamente esta virginidad como he recordado en la encíclica Redemptoris Mater-, siguiendo el ejemplo de la Virgen de Nazaret, es fuente de una especial fecundidad espiritual: es fuente de la maternidad en el Espíritu Santo» (n. 43).

La vida virginal de María suscita en todo el pueblo cristiano la estima por el don de la virginidad y el deseo de que se multiplique en la Iglesia como signo del primado de Dios sobre toda realidad y como anticipación profética de la vida futura. Demos gracias juntos al Señor por quienes aún hoy consagran generosamente su vida mediante la virginidad, al servicio del reino de Dios.

Al mismo tiempo, mientras en diversas zonas de antigua evangelización el hedonismo y el consumismo parecen disuadir a los jóvenes de abrazar la vida consagrada es preciso pedir incesantemente a Dios, por intercesión de María, un nuevo florecimiento de vocaciones religiosas. Así, el rostro de la Madre de Cristo, reflejado en muchas vírgenes que se esfuerzan por seguir al divino Maestro, seguirá siendo para la humanidad el signo de la misericordia y de la ternura divinas.

 

 

 

Introducción

Desde los primeros tiempos del Cristianismo, la Santísima Virgen María fue venerada por los cristianos por Sus grandes virtudes, por ser Ella la elegida Divina y por Su ayuda a los necesitados.

La glorificación de la Virgen María se inició desde el momento en que el Arcángel Gabriel la saludó con las palabras: "¡Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo!. ¡Bendita Tú eres entre todas las mujeres! , con las que le comunicó el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios. Con este mismo saludo y con el agregado de la frase: " Bendito es el fruto de tu vientre," la recibió su prima, la santa Elizabeth, a la cual el Espíritu Santo le reveló que estaba ante la presencia de la Madre de Dios (San Lucas 1:28-42).

En la Iglesia cristiana, la veneración piadosa de la Santísima Virgen María se evidencia por la cantidad de festividades, con las cuales la Iglesia conmemora distintos acontecimientos de la vida de la Santísima Virgen.

Los grandes padres y maestros de la Iglesia componían en honor a la Virgen María cánticos de alabanzas, "Akathistos" (himnos de glorificación en los que hay permanecer de pie), pronunciaban palabras inspiradas… Teniendo en cuenta esta veneración devota de la Santísima Virgen, es gratificante y constructivo saber cómo vivía, cómo se preparaba y cómo alcanzó una altura espiritual como para convertirse en el receptáculo del Verbo de Dios.

Las escrituras del Antiguo Testamento, al predecir la Encarnación del Hijo de Dios, también se referían a la Virgen María. Así, la primera promesa de Expiación que le fue dada al hombre caído en el pecado incluye una profecía sobre la Santísima Virgen en las palabras de reproche dirigidas a la serpiente: "Y enemistad pondré entre tú y la Mujer y entre tu simiente y la Simiente Suya" (Génesis 3:15). La profecía sobre la Virgen María consiste en que el futuro Redentor se menciona aquí como Simiente de Mujer, mientras que en todos los otros casos se alude a los descendientes como simiente de algún antecesor masculino. El profeta Isaías aclara esta profecía, indicando que la Mujer que dará a luz al Mesías -Emanuel será virgen: "El propio Señor les dará la señal" les dice el profeta a los poco creyentes descendientes del rey David, "He aquí que, una Virgen llevará en su seno y concebirá a un Hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios con nosotros" (Is. 7:14). Aunque la palabra "Virgen" le parecía inadecuada a los antiguos hebreos porque el nacimiento supone necesariamente una relación matrimonial, no osaron, sin embargo, reemplazar la palabra "Virgen" por otro término, como por ejemplo, "Mujer."

 

 

La Vida

de la Virgen María

Basadas en la Sagradas Escrituras y la Tradición de la Iglesia.

El evangelista San Lucas, que conocía de cerca a la Santísima Virgen María, anotó de Sus labios algunos acontecimientos importantes relacionados con Sus primeros años de vida. Dice la tradición que él, médico y pintor, también confeccionó un retrato (icono), de la Santísima Virgen, que luego fue copiado por posteriores pintores de iconos.

 

El nacimiento de la Santísima Virgen María.

Cuando llegó el tiempo del nacimiento del Salvador del mundo, vivía en la ciudad de Galilea Nazaret, un descendiente del rey David, Joaquín, con su esposa Ana. Ambos eran personas devotas y conocidas por su humildad y misericordia. Alcanzaron la vejez sin tener hijos. Esto los apenaba mucho. A pesar de su avanzada edad no cesaban de pedirle a Dios que les enviara un vástago e hicieron la promesa de consagrarlo al servicio de Dios si se le concedía esa gracia. En aquel tiempo el no tener hijos era considerado un castigo de Dios por pecados cometidos. En especial, a Joaquín se le hacía muy difícil aceptar la falta de hijos, porque según las profecías, el Mesías-Cristo iba a pertenecer a la casa de David (a la que él pertenecía). Por su paciencia y por su fe, el Señor les otorgó, a Joaquín y a Ana una gran alegría: finalmente engendraron una hija. La llamaron María, que en hebreo significa: "Señora, Esperanza."

 

Presentación en el templo

Cuando la Virgen María cumplió tres años, sus devotos padres se prepararon a cumplir su promesa: la llevaron al templo de Jerusalén para consagrarla a Dios. María se quedó a vivir junto al templo. Allí, junto con otras niñas, estudiaba Religión y tareas manuales, rezaba y leía las Sagradas Escrituras. La Santísima Virgen María vivió allí alrededor de once años y creció signada por una profunda devoción y obediencia a Dios, extraordinariamente humilde y laboriosa. Deseando servir solamente a Dios, hizo la promesa de no contraer matrimonio y quedar para siempre Virgen.

 

La Santísima Virgen María en lo de José

Los ancianos Joaquín y Ana no vivieron mucho tiempo y la Virgen María quedó huérfana. Cuando cumplió catorce años y por ley no podía quedarse más junto al templo, se vio en la necesidad de casarse. El sumosacerdote conocía Su promesa y para no violar la ley de matrimonio, la desposó formalmente con un pariente lejano, José, un anciano viudo de ochenta años. Éste se comprometió a cuidarla y a preservar Su virginidad. José vivía en la ciudad de Nazaret y también pertenecía a la casa de David. No era un hombre rico y trabajaba como carpintero. De su primer matrimonio, José tenía cuatro hijos: Judas, Osías, Simón y Jacobo que se mencionan en los Evangelios como " hermanos" de Jesús. La Santísima Virgen María llevó en la casa de José la misma vida humilde y recatada que había tenido antes.

 

La Anunciación

Al sexto mes después de la aparición del Arcángel Gabriel a Zacarías con el anuncio del nacimiento del profeta San Juan Bautista, el mismo Arcángel fue enviado por Dios a la ciudad de Nazaret a la Santísima Virgen María para hacerle llegar la alegre noticia de que el Señor La había elegido para que se convierta en la Madre del Salvador del Mundo. El Ángel apareció y Le dijo: "Alégrate, Bienaventurada María, llena eres de gracia, el Señor está contigo. Bendita Tú eres entre todas las mujeres." María se turbó ante estas palabras del Ángel, preguntándose qué significaría ese saludo. El Ángel continuó diciéndole: "No temas, María, pues has hallado gracia cerca de Dios. Concebirás en tu seno y parirás un hijo y lo llamarás Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo y su reino no tendrá fin." María, confundida, le preguntó al Ángel: "¿Cómo será esto, porque no conozco varón?"

El Ángel le respondió que esto se producirá por la fuerza del Dios Todopoderoso. "El Espíritu Santo vendrá sobre Ti y la virtud del Altísimo te hará sombra, por lo cual, también lo Santo que nacerá será llamado Hijo de Dios. Y he aquí que Elizabet, tu parienta, también ella concebirá a un hijo en su vejez porque ninguna cosa es imposible para Dios." Entonces, María dijo con humildad: "Soy sirvienta de Dios. Hágase en mí, según tu palabra." Y el Arcángel Gabriel se alejó de Ella.

 

Visita a la Santa Elizabet

La Santísima Virgen María habiendo oído del Ángel que su parienta Elizabet, esposa del sacerdote Zacarías, iba a engendrar a un hijo, se apresuró a visitarla. Al entrar a la casa de Zacarías saludó a Elizabet. Cuando oyó la salutación de María, Elizabet recibió al Espíritu Santo y se enteró de que María se hizo digna de convertirse en la Madre de Dios. Exclamó en voz alta y dijo: "Bendita Tú eres entre todas las mujeres y bendito, el fruto de tu vientre. ¿Y de dónde a mí, que la Madre de mi Señor venga a mí?"

La Santísima Virgen María, contestando a las palabras de Elizabet, glorificó a Dios de esta manera: "Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegró en Dios, mi Salvador, porque ha mirado a la bajeza de su esclava porque he aquí que, desde ahora, me dirán Bienaventurada todas las generaciones. Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso y santo es Su nombre, y Su misericordia, de generación a generación, le llega a los que Le temen." La Virgen María se quedó con Elizabet alrededor de tres meses y después retornó a su casa en Nazaret.

Dios le anunció también al justo anciano José, el pronto nacimiento del Salvador, de la Santísima Virgen María. El Ángel de Dios se le apareció en un sueño y le reveló que María dará a luz a un hijo por obra del Espíritu Santo, como lo había anunciado el Señor Dios por intermedio del profeta Isaías (7:14) y ordenó llamarlo Jesús porque "Él salvará al género humano de sus pecados" (Jehová en hebreo significa Salvador.).

Posteriores relatos evangélicos mencionan a la Virgen María con relación a acontecimientos vinculados a la vida de su Hijo, Nuestro Señor Jesucristo. Así, hay referencias a Ella en el nacimiento de Cristo en Belén y después en la circuncisión, en la adoración de los Reyes Magos de Oriente, en la presentación en el templo a los cuarenta días, en la huida a Egipto, en la radicación en Nazaret, en el viaje a Jerusalén durante la fiesta de Pascua (a los doce años de Jesús) y así sucesivamente. No vamos a referir aquí a estos acontecimientos en forma detallada. No obstante hay que destacar que, aunque los relatos evangélicos sobre la Virgen María sean breves, le dan al lector una clara noción de la gran altura moral de la Virgen María: de Su humildad, de Su profunda fe, Su paciencia, Su valentía y Su sumisión a la voluntad de Dios, Su amor y entrega a Su Hijo Divino. Nosotros nos damos cuenta por qué se hizo digna, según las palabras del Ángel, de "obtener la gracia de Dios."

El primer milagro producido por Jesucristo en las bodas de Caná de Galilea nos muestra claramente a la Virgen María como Intercesora ante Su Hijo por todos los hombres que se encuentran en dificultades. Habiendo notado la falta de vino durante la fiesta, la Santísima Virgen se lo hizo saber a Su Hijo, quien le respondió evasivamente: "¿Qué tengo yo contigo, mujer? Aún no ha venido mi hora." Ella no se turbó por esta parcial negativa ya que estaba segura de que Su Hijo no iba a desatender Su pedido y les dijo a los sirvientes: "Haced todo lo que Él os diga." Estas palabras revelan una preocupación compasiva de la Madre de Dios ya que muestran la intención de que la obra iniciada por Ella tenga una resolución favorable. En efecto, Su mediación no fue infructuosa y Jesucristo realizó aquí Su primer milagro, sacando de una situación delicada a gente pobre, después de lo cual "Sus discípulos creyeron en Él" (San Juan 2:11).

En sucesivos relatos, el Evangelio nos traza la imagen de una Virgen María siempre preocupada por Su Hijo, que Lo acompañaba en sus peregrinaciones, que venía a Él en distintas situaciones difíciles y se preocupaba por la preparación de Su tranquilidad y descanso domésticos, con los cuales Él nunca estaba de acuerdo. Finalmente, la vemos sumida en una indescriptible tristeza junto a la cruz de Su Hijo crucificado, atenta a Sus últimas palabras y recomendaciones y al encargo a San Juan Evangelista de atenderla y cuidarla. No sale de los labios de Ella ni una sola palabra de reproche o de desesperación. Ella se entrega totalmente a la voluntad de Dios.

También se La menciona brevemente en el libro de los Hechos de los Santos Apóstoles cuando, en el día de Pentecostés, descendió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego sobre Ella y los Apóstoles. Cuenta la Tradición que, después de este suceso, Ella vivió 10-20 años más. El Apóstol Juan, el Evangelista, La acogió en su casa con enorme bondad y se ocupó de Ella hasta Su muerte como lo hubiera un hijo verdadero y cumplió con el mandato del Señor Jesucristo. Cuando la fe cristiana se extendió a otros países, numerosos creyentes cristianos empezaron a venir de lugares lejanos para verla y escucharla. A partir de ese momento, la Santísima Virgen María se convirtió, para todos los discípulos de Cristo, en una Madre para todos y un elevado ejemplo a ser imitado.

 

La Dormición

Aconteció una vez que la Santísima Virgen María se encontraba orando en el Monte de Eleón (cerca de Jerusalén) cuando se le apareció el Arcángel Gabriel con una rama de palma del Paraíso en sus manos y le comunicó que en tres días su vida terrenal iba a llegar a su fin y que el Señor se La llevará consigo. El Señor dispuso que, para ese entonces, los Apóstoles de distintos países se reunieran en Jerusalén. En el momento del deceso, una luz extraordinaria iluminó la habitación en la cual yacía la Virgen María. Apareció el propio Jesucristo, rodeado de Ángeles y tomó Su purísima alma. Los Apóstoles enterraron el purísimo cuerpo de la Madre de Dios, de acuerdo a Su voluntad, al pie de la montaña de Eleón, en el jardín de Getsemaní, en la gruta donde se encontraban los cuerpos de Sus padres y el de San José. Durante el entierro ocurrieron muchos milagros. Con sólo tocar el lecho de la Madre de Dios, los ciegos recobraban la vista, los demonios eran alejados y cualquier enfermedad se curaba.

Tres días después del entierro de la Madre de Dios, llegó a Jerusalén el Apóstol Tomás que no pudo arribar a tiempo. Se entristeció mucho por no haber podido despedirse de la Virgen María y, con toda su alma, expresó su deseo de venerar Su purísimo cuerpo. Cuando se abrió la gruta donde fue sepultada la Virgen María, Su cuerpo no fue encontrado y sólo quedaron las mantas funerarias. Los asombrados Apóstoles retornaron a su vivienda. Al anochecer, mientras rezaban, oyeron un canto angelical y al levantar la vista pudieron ver a la Virgen María suspendida en el aire, rodeada de Ángeles y envuelta en un brillo de gloria celestial. Ella les dijo a los Apóstoles: "¡Alégrense! ¡Estaré con ustedes todos los días!"

Su promesa de ser auxiliadora e intercesora de los cristianos se mantiene hasta el día de hoy y se convirtió en nuestra Madre celestial. Por Su gran amor y Su ayuda todopoderosa, los cristianos desde tiempos remotos la veneran y acuden a Ella para pedir ayuda y la llaman "Fervorosa Intercesora por el género humano," "Consuelo de todos los afligidos" y quien "no nos abandona después de Su dormición." Desde tiempos remotos, y siguiendo el ejemplo del Profeta Isaías y de Santa Elizabet, empezó a ser llamada Madre de Dios (o Deípara) y Madre de nuestro Señor Jesucristo. Este nombre surge como consecuencia de que Ella engendró a Aquél que siempre fue y será el verdadero Dios.

La Santísima Virgen María es un gran ejemplo para todos aquellos que tratan de complacer a Dios. Ella fue la primera que decidió entregar Su vida enteramente a Dios. Demostró que la voluntaria virginidad supera a la vida familiar y matrimonial. Siguiendo Su ejemplo, ya desde el inicio de los siglos, muchos cristianos empezaron a llevar una vida casta con oraciones, ayunos y la mente orientada a Dios. Así surgió y se afirmó el monacato. Lamentablemente, el mundo contemporáneo no ortodoxo no valora en absoluto y hasta se burla de la castidad, olvidándose de las palabras del Señor: "Porque hay eunucos (vírgenes) que nacieron así del vientre de su madre; y hay eunucos que son hechos eunucos por los hombres; y hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del Reino de los Cielos; el que sea capaz de recibir esto, que lo reciba" (San Mateo 19:12).

Completando esta breve visión de la vida terrenal de la Virgen María, cabe agregar que Ella, tanto en el momento de Su suprema Gloria, cuando fue elegida para convertirse en la Madre del Salvador del Mundo como también durante las horas de Su inmensa pena, cuando al pie de la cruz y según la profecía de San Simeón "un arma traspasó Su alma," demostró tener un pleno dominio de sí misma. Con esto, descubrió toda la fuerza y la belleza de Sus virtudes: la humildad, la fe inquebrantable, el valor, la paciencia, la esperanza en Dios y el amor hacia Él. Por eso nosotros, los ortodoxos, la veneramos con tanta devoción y tratamos de seguir Su ejemplo.

 

 

Apariciones Contemporáneas

de la Virgen María

D

esde los primeros días después de Su dormición y hasta el día de hoy, la Santísima Virgen María está ayudando a los cristianos. Esto lo testimonian Sus numerosos milagros y apariciones. Vamos a mencionar algunos de ellos.

 

Fiesta de la Protección

La fiesta del Sagrado Manto Protector de la Virgen ha sido establecida para recordar a la visión que tuvo San Andrés de la Madre de Dios que tapaba con Su omóforo (largo manto o pañuelo) a los cristianos en el templo de Vlaherna, durante el sitio enemigo de Constantinopla en el siglo X. Cerca de las cuatro de la mañana, el beato vislumbró a una majestuosa Mujer viniendo desde las Puertas Reales de la Iglesia apoyada por San Juan Bautista y San Juan Evangelista y precedida y seguida por muchos santos que entonaban himnos y canciones religiosas. San Andrés se acercó a su discípulo Epifanio y le preguntó si podía reconocer a la Reina del mundo. "La veo" — le contestó aquél. Mientras la observaban, Ella, arrodillada frente al ambón, rezó llorando por mucho tiempo. Después, se acercó al Altar y rezó por el pueblo ortodoxo. Al terminar las plegarias, descubrió Su cabeza quitándose el manto y lo extendió sobre todo el pueblo presente. La ciudad fue salvada. San Andrés era de orígenes eslavos y los rusos respetan profundamente la fiesta del Sagrado Manto Protector de la Virgen y muchas iglesias la honran con su nombre.

Las siguientes informaciones que se encuentran en este capítulo sobre las apariciones de la Madre de Dios han sido tomadas, principalmente, de la prensa internacional. Nuestra Iglesia todavía no se pronunció al respecto y nosotros la citamos aquí en calidad de información adicional.

Poco antes de la revolución en Rusia, el 13 de mayo de 1917, la Madre de Dios se les apareció a tres niños pastores de Portugal, en Fátima. Luego de esto, durante varios meses a los chicos le siguió apareciendo la Virgen María, envuelta en brillo. Creyentes de todos los confines de Portugal empezaron a confluir en cantidades — de 5 a 18 mil personas — al lugar de los hechos milagrosos. Ocurrió un milagro inolvidable cuando después de una copiosa lluvia resplandeció de repente una extraordinaria luz y la mojada vestimenta de la gente se secó instantáneamente. La Madre de Dios convocaba a los hombres a la confesión y a la plegaria, pronosticando la futura "conversión de Rusia" (del ateísmo a la fe en Dios).

A partir del 2 de abril de 1968 y durante casi un año, la Madre de Dios estuvo apareciendo en un suburbio del Cairo, Zeitún, sobre un templo dedicado a Su nombre. Sus apariciones, que se daban mayormente entre las 12 de la noche y las 5 de la madrugada, atraían a numerosas cantidades de peregrinos. A la Virgen La rodeaba, a veces, un resplandor brillante parecido al sol y volaban palomas blancas a su alrededor. Muy pronto, todo Egipto se enteró de las apariciones de la Madre de Dios y el gobierno empezó a preocuparse para que las reuniones populares en el lugar de las apariciones fueran ordenadas. Diarios locales se referían en idioma árabe a estas frecuentes apariciones de la Virgen. También se llevaron a cabo varias conferencias de prensa sobre el tema, durante las cuales, la gente expresaba sus impresiones y lo que había oído de Ella. La Madre de Dios también visitó particularmente a algunas personas en las cercanías del Cairo, como por ejemplo, al patriarca de los coptos, quien dudaba de estos sucesos. Durante Sus apariciones se produjeron muchas curaciones milagrosas que fueron testimoniadas por los médicos locales.

El diario "Washington Post" del 5 de julio de 1986 informó acerca de nuevas apariciones de la Virgen María sobre la iglesia de Santa Damiana ubicada en el sector obrero de la pequeña ciudad Terra Gulaquia, al norte del Cairo. La Virgen María sostenía en sus brazos al Niño Jesús y La acompañaban algunos santos, entre ellos, Santa Damiana. Así como en años anteriores, una infinidad de sanaciones de enfermedades incurables como por ejemplo, ceguera y enfermedades de riñones, corazón, etc., acompañaban estas apariciones de la Madre de Dios.

Desde junio de 1981, las apariciones de la Virgen María empezaron a producirse en la cima de una montaña, en Mejdugorje (Yugoslavia). Hasta 10 mil personas llegaban a reunirse para presenciarlas. La gente veía a la Virgen María envuelta en un resplandor sobrenatural. Luego estas apariciones públicas cesaron y la Madre de Dios empezó a presentarse regularmente ante seis jóvenes y a conversar con ellos. Mejdugorje se convirtió en un centro de constantes peregrinaciones de creyentes provenientes de todos los confines del mundo. Diarios locales e italianos y otras publicaciones periodísticas se han referido en sus páginas — y también lo hacen actualmente — a estas apariciones. Gradualmente, la Madre de Dios les fue revelando a los jóvenes, diez misterios que ellos, a su debido tiempo, deberían comunicar a los representantes de la Iglesia. La Virgen María prometió que tres días después del comunicarles el último misterio, iba a dejar una "señal" visible para los no creyentes. Representantes del mundo de la medicina y otras personas merecedoras del mayor respeto testimonian que los seis jóvenes que habían visto a la Madre de Dios eran completamente normales y que sus reacciones exteriores durante las visiones eran naturales. Con bastante frecuencia, la Virgen María les hablaba a los jóvenes envuelta en llanto y les recordaba la necesidad del establecimiento de la paz sobre la tierra: "¡Paz, paz! La tierra no será salvada si sobre ella no se establece la paz. Esta llegará sólo si la gente encuentra a Dios. El Señor es la vida. Los que crean en Él, recibirán la vida y la paz… Los hombres se han olvidado de la plegaria y del ayuno, muchos cristianos han dejado de rezar." Es interesante destacar que todos los habitantes de Mejdugorje, (donde antes había imperado el ateísmo y vivían muchos miembros del partido comunista) abrazaron la fe y abandonaron el partido. Se han producido muchas curaciones milagrosas relacionadas con estas apariciones de la Virgen María en Mejdugorje. Las apariciones continúan.

En el año 1985, durante el período de Pascua, en la ciudad de Lvov, durante un servicio religioso oficiado por el metropolita Juan en la catedral de la Santísima Madre de Dios con gran cantidad de creyentes, de repente, apareció en un resquicio de la ventana, una nube tan brillante como los rayos del sol. Paulatinamente, se fue transformando en una figura humana y todos reconocieron en Ella a la Madre de Dios. Con gran fervor religioso la gente empezó a rezar en voz alta y a pedir ayuda. La gente que estaba parada afuera también vio en la ventana la imagen de la Virgen María e intentaba ingresar a la iglesia y rezaba en voz alta. La multitud iba aumentando cada vez más. La noticia sobre el milagro se divulgó con la rapidez de un relámpago. Todos los esfuerzos de la milicia para dispersar a los que oraban fueron inútiles. Empezó a llegar gente de Kiev, del monasterio de Pochaev en Kiev, de Moscú, de Tbilisi y de otras ciudades. Las autoridades de Lvov pidieron ayuda militar y expertos científicos a Moscú. Los científicos, para lograr la desconcentración de la gente, empezaron a intentar demostrarle a la gente que los milagros eran imposibles y a pedir que se alejaran. Pero de repente, la Madre de Dios empezó a decir: "¡Recen, confiesen sus pecados, ya que queda muy poco tiempo!" Durante Su sermón, la Madre de Dios curó a numerosos discapacitados y enfermos. Las apariciones y las curaciones milagrosas de la Virgen María continuaron durante tres semanas y media y Ella habló mucho para lograr la salvación de los hombres. La multitud reunida no se dispersaba ni de día ni de noche.

 

 

Algunos Iconos Milagrosos

De la Virgen María

E

l icono de Vladimir es uno de los más antiguos iconos milagros de la Virgen María. A mediados del siglo V este icono fue trasladado desde Jerusalén a Constantinopla y a mediados del siglo XII, fue enviado por el patriarca a Kiev, al gran duque Yuri Dolgorukii e instalado en el monasterio Devichii, en Vyshgorod. En el año 1155, el príncipe de Vyshgorod Andrei, al dirigirse al norte, se llevó consigo el icono milagroso de la Madre de Dios. En el camino se rezaban Te Deum y se producían milagros. Al llegar a las orillas del río Kliázma, los caballos que llevaban los iconos no pudieron moverse del lugar. El príncipe llamó a este lugar Bogoliúbovo (Amado por Dios) y construyó allí dos iglesias de piedra, en una de las cuales fue puesto el icono. En el año 1160, el 21 de septiembre, el icono fue trasladado al templo de Vladimir y a partir de ese momento, empezó a llamarse "Vladímirskaia." Desde el año 1395 el santo icono se encuentra en Moscú, en la catedral de Uspénski, a la izquierda de las Puertas Reales. El icono se hizo célebre por haber producido muchos milagros. Ante él se consagraban al trono los zares rusos y se elegía a los metropolitas (arzobispo de una metrópoli). La fiesta de celebración del icono se realiza el 8 de septiembre y también el 3 de junio(según el calendario gregoriano actual) en conmemoración de la liberación de Moscú del Khan de Crimea ocurrida en el año 1521, quien se asustó por la visión de un prodigioso ejército cerca de Moscú.

 

El icono de Kazan. En el año 1579, una niña de nueve años llamada Matrióna, cuya casa paterna se había quemado durante un incendio ocurrido en ese mismo año en la ciudad de Kazan, vio en sueños la imagen de la Madre de Dios y escuchó una voz que le ordenaba tomar el santo icono escondido entre las cenizas de la casa quemada. El icono fue hallado envuelto en una vieja tela, debajo del hogar a leños de la casa devorada por el incendio, lugar donde fue enterrado, probablemente, durante el yugo tártaro en Kazan, época en la que los ortodoxos debían ocultar su religión. El santo icono fue solemnemente trasladado a la cercana iglesia de San Nicolás, y después a la Catedral de la Anunciación, haciéndose célebre por las curaciones milagrosas de ciegos. Se hizo una copia de este icono que le fue enviada al zar Iván el Terrible. En honor a la aparición del icono se fijó una festividad especial para el 21 de julio (calendario gregoriano).

 

Icono de nuestra Señora del Icono de Kursk (de la raíz). Este icono fue hallado el 8 de septiembre de 1295 por un cazador de animales salvajes, a orillas del río Tuskari en la región de Kursk sobre la tierra, cerca de la raíz de un árbol. El cazador construyó una capilla donde instaló el icono, que empezó a producir milagros. En el año 1383, los tártaros de Crimea que devastaban la región, partieron al icono en dos partes que arrojaron en distintos lugares. También tomaron en cautiverio al sacerdote Bogoliub quien oficiaba misa en la capilla. Después de ser rescatado por los enviados del gran duque de Moscú, Bogoliub encontró las partes del icono, las juntó y éstas mitades se unieron milagrosamente. En el año 1597 el icono fue llevado a Moscú por deseos del zar Fiódor Ivánovich. Después del retorno del santo icono al lugar de la capilla fue fundado el monasterio llamado "Korennáia Pústyñ" (Monasterio de la Raíz). Durante el reinado del zar Fiódor Ivánovich, el icono fue enmarcado en una tabla de madera de ciprés con la imagen del Señor de Sabbaoth (Señor de los Ejércitos) en el centro superior, mientras que, a los costados, aparecían las figuras de los profetas. El icono, mediante una milagrosa visión, salvó a la ciudad de Kursk de su conquista por los polacos en el año 1612. Los agradecidos habitantes construyeron en la ciudad el monasterio del Signo, lugar adonde el icono permanecía todos los años entre el 12 de septiembre hasta el viernes de la novena semana después de Pascua. Durante el resto del año el icono reposaba en ""Korennáia Pústyñ." El 7 de marzo de 1898, el icono no fue dañado tras un intento de unos malhechores de hacerlo estallar en la Catedral del monasterio del Signo, a pesar de que todo a su alrededor quedó destruido. Durante la revolución, el icono fue robado el 12 de abril de 1918 y luego encontrado milagrosamente en un pozo el 1° de agosto. El obispo Teofán de Kursk lo sacó de Rusia en el año 1920 para dejarlo en Yugoslavia en la iglesia de la Santísima Trinidad en Belgrado. Durante la Segunda Guerra Mundial, cuando Belgrado era bombardeada el santo icono resultó ser de gran ayuda: las casas que eran visitadas por el icono nunca eran alcanzadas por las bombas que, sin embargo, destruían todo alrededor de ellas. Actualmente el icono se encuentra en la catedral del Signo de la Madre de Dios en Nueva York. Periódicamente el icono es llevado para ser venerado en distintos templos pertenecientes a la Iglesia Ortodoxa Rusa en el Exilio.

 Iconos que lloran. Durante los últimos 100-150 años, aparecieron varios iconos de la Virgen María que empezaron a derramar lágrimas. Este tipo de milagro apunta, evidentemente, a la demostración de la pena de la Madre de Dios por los hombres a causa de desgracias que se van avecinando.

En febrero de 1854, en una iglesia ortodoxa del monasterio rumano Sokolski, uno de los iconos de la Virgen María empezó a derramar lágrimas. Este milagro coincidió con la guerra de Crimea en Rusia. Este milagro atraía diariamente miles de peregrinos y el milagroso derramamiento de lágrimas se producía, a veces todos los días y otras con intervalos de dos o tres días.

En marzo de 1960 en una familia griega de religión ortodoxa, Katsunis, radicada en Long Island, estado de Nueva York, empezó a derramar lágrimas un icono litográfico de la Virgen María "del Padecimiento" (o "Romana"). Durante el traslado del icono a la catedral griega de San Pablo, a lo largo de todo el viaje, palomas blancas sobrevolaban el icono. A raíz del abundante derramamiento de lágrimas, el papel sobre el cual estaba dibujado el icono se arrugó totalmente. A veces, las lágrimas parecían ser de sangre. Los devotos peregrinos le acercaban pedacitos de algodón al icono, y estos pedacitos se humedecían. Tiempo más tarde, en casa de otra familia ortodoxa griega, Kulis, que vivía en la misma región, un icono litográfico de la Virgen María de Iver también empezó a derramar lágrimas. Estos dos iconos que lloraban atraían a una gran cantidad de creyentes. En la prensa local e internacional se mencionaron numerosos milagros ocurridos por intermedio de estos iconos. Uno de los iconos fue incluso sometido a investigaciones científicas para determinar el origen de estas lágrimas. Los científicos de la Universidad de Colombia Británica (Canadá) confirmaron el hecho del derramamiento de lágrimas pero no pudieron explicarlo de manera científica.

El 6 de diciembre de 1986, el icono de la Virgen María ubicado en el iconostasio (pared decorada con iconos que separa el altar en las iglesias ortodoxas) de la iglesia albana de San Nicolás, en la ciudad de Chicago, empezó a derramar lágrimas. Este milagro sigue atrayendo a la iglesia a numerosos creyentes que, a veces, llegan a los cinco mil. Todos desean ver el icono milagroso. Este icono que llora fue dibujado hace 23 años por un pintor de Manhattan, Konstantin Iusis. Una comisión creada especialmente para tal fin certificó que "ni siquiera se puede hablar de falsificación de la realidad alguna."

 

El Icono que exhala Crisma (Myro). El siervo de Dios José Muñoz, ortodoxo de origen español, durante su estadía en el monte Athos, vio en el monasterio una copia del icono de la Virgen de Iver y quiso adquirirlo. Al principio le fue negada la compra, pero después, inesperadamente, el prior le entregó el icono diciéndole: " Acéptalo, este icono debe ir contigo." José trajo el icono a Montreal. El 24 de noviembre de 1982 a las 3 de la madrugada, una agradable fragancia empezó a llenar la habitación de José. Sobre la superficie del icono aparecieron aromáticas gotas de crisma (un aceite especial) que despedían un penetrante aroma. El arzobispo Vitaly de Canadá propuso llevar el icono a la catedral. Después el icono fue llevado también a otras iglesias. Durante la unción con el myro, cuando se abría la puerta de vidrio que cubre al icono cada uno de los fieles que está orando podía convencerse que el santo crisma fluye lentamente desde la superficie del icono. A veces, durante oficios religiosos multitudinarios aparecía el santo crisma también del lado exterior del vidrio y, ante los ojos de los creyentes, iba brotando en abundante cantidad fluyendo hacia abajo. Su aromático perfume inundaba todo el templo. Es notable también que durante todas las Semanas Santas no aparecía en el icono ningún rastro del santo crisma, que volvía a fluir después de Pascua. El icono realizó muchas curaciones milagrosas. El aroma del santo crisma cambia de tiempo en tiempo, pero siempre resulta excepcionalmente agradable y fuerte. Quien tenía sus dudas con respecto a los milagros en nuestro tiempo debió haberse acercado al icono que exhala crisma: ¡el milagro era evidente y grandioso!

Es prácticamente imposible enumerar aquí todos los iconos milagrosos de la Virgen María. Después de la Revolución en Rusia, una gran cantidad de iconos empezó a renovarse milagrosamente. A veces los iconos, directamente ante la vista de la gente, se iban aclarando y daban la impresión de haber sido recién pintados. Existen miles de estos iconos renovados.

Los milagros y las "señales" no ocurren sin motivo. Es indudable que los innumerables milagros contemporáneos y las apariciones de la Virgen María tienen como objetivo despertar la fe en Dios y la necesidad de arrepentimiento de la gente. Pero el mundo se volvió sordo para lo espiritual. Alejándose cada vez más de Dios y dándole la espalda, este mundo corre, impetuosamente desbocado hacia su propia destrucción. Precisamente en estos tiempos que corren, plagados de catástrofes, conmociones y tentaciones de todo tipo, hay que recordar a la Virgen María, Nuestra Protectora Madre Celestial ante el trono de Dios. ¡ Santísima Virgen María, Madre de Dios, sálvanos!

 

 

Oraciones selectas

¡Nuestra Reina dilectísima, nuestra esperanza, oh Deípara (=Madre de Dios)! Refugio de los huérfanos e intercesora de los peregrinos, alegría de los apenados, protectora de los agraviados. Tú ves nuestra congoja, conoces nuestra aflicción. Ayúdanos porque estamos indefensos, guíanos como a los peregrinos y alivia nuestra aflicción como Tú quieras. Pues no tenemos otro auxilio más que a Ti, ni otra intercesora, ni otra consoladora bondadosa, solamente a Ti, oh Madre de Dios, para poder defendernos y protegernos por los siglos de los siglos. Amen.

 

Alégrate, Virgen María, llena eres de gracia, El Señor es contigo, Bendita eres entre las mujeres, y bendito es el Fruto de Tu Vientre, porque has dado a luz al Salvador de nuestras almas.

 

Verdaderamente es digno bendecirte, siempre bendita y Purísima Madre de Dios. Tú eres más honorable que los Querubines e incomparablemente más gloriosa que los Serafines. Te glorificamos a Ti que diste al mundo a Dios el Verbo, sin dejar de ser virgen, y que eres la verdadera Madre de Dios

 

Las fiestas más importantes

en honor a la Madre de Dios (de acuerdo al calendario actual): Anunciación: 7 de abril, Dormición de la Virgen: 28 de agosto, Nacimiento de la Virgen: 21 de septiembre, Manto protector: 14 de octubre, Ingreso al Templo de la Virgen: 4 de diciembre.

 

 

 

Es sabido que la muerte no es condición esencial para la Asunción. Y es sabido, también, que el Dogma de la Asunción no dejó definido si murió realmente la Santísima Virgen. Había para entonces discusión sobre esto entre los Mariólogos y Pío XII prefirió dejar definido lo que realmente era importante: que María subió a los Cielos gloriosa en cuerpo y alma, soslayando el problema de si fue asunta al Cielo después de morir y resucitar, o si fue trasladada en cuerpo y alma al Cielo sin pasar por el trance de la muerte, como todos los demás mortales (inclusive como su propio Hijo).

Juan Pablo II, en una de sus Catequesis sobre el tema, nos recordaba que Pío XII y el Concilio Vaticano II no se pronuncian sobre la cuestión de la muerte de María. Pero aclara que “Pío XII no pretendió negar el hecho de la muerte; solamente no juzgó oportuno afirmar solemnemente, como verdad que todos los creyentes debían admitir, la muerte de la Madre de Dios”. (JP II, 25-junio-97)

Sin embargo, algunos teólogos han sostenido la teoría de la inmortalidad de María, pero Juan Pablo II nos dice al respecto,“existe una tradición común que ve en la muerte de María su introducción en la gloria celeste”. (JP II, 25-junio-97)

Se refiere posiblemente a que, como afirma Antonio Royo Marín o.p., la Asunción gloriosa de María, después de su muerte y resurrección, reúne un apoyo inmensamente mayoritario entre los Mariólogos. (cfr. La Virgen María, A. Royo Marín, 1968).

Los argumentos en favor de la muerte de María los dividiremos: según la Tradición Cristiana (incluyendo el Arte Cristiano), según la Liturgia, según la razón teológica y por la utilidad de la muerte.

1. Según la Tradición Cristiana:

Royo Marín afirma que el testimonio de la Tradición -dice que sobretodo a partir del Siglo II- es abrumador a favor de la muerte de María. Es su afirmación, aunque no da citas al respecto. (cfr. La Virgen María, A. Royo Marín, 1968).

Inclusive la misma Bula Munificentissimus Deus de Pío XII (sobre el Dogma de la Asunción), aunque no propone como dogma la muerte de María, nos presenta este dato interesantísimo sobre la muerte de María en la Tradición de la Iglesia: “Los fieles, siguiendo las enseñanzas y guía de sus pastores … no encontraron dificultad en admitir que María hubiese muerto como murió su Unigénito. Pero eso no les impidió creer y profesar abiertamente que su sagrado cuerpo no estuvo sujeto a la corrupción del sepulcro y que no fue reducido a putrefacción y cenizas el augusto tabernáculo del Verbo Divino” (Pío XII, Bula Munificentissimus Deus #7, cf. Doc. mar. #801).

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. edita en México en el Año de la declaración del Dogma un librito “La Asunción de María Santísima”. Y nos refiere lo siguiete sobre la muerte de María en la Tradición:

“Hasta el Siglo IV no hay documento alguno escrito que hable de la creencia de la Iglesia, explícitamente, acerca de la Asunción de María. Sin embargo, cuando se comienza a escribir sobre ella, todos los autores siempre se refieren a una antigua tradición de los fieles sobre el asunto. Se hablaba ya en el Siglo II de la muerte de María, pero no se designaba con ese nombre de muerte, sino con el de tránsito, sueño o dormición, lo cual indica que la muerte de María no había sido como la de todos los demás hombres, sino que había tenido algo de particular. Porque aunque de todos los difuntos se decía que habían pasado a una vida mejor, no obstante para indicar ese paso se empleaba siempre la palabra murió, o por lo menos `se durmió en el Señor’, pero nunca se le llamaba como a la de la Virgen así, especialmente, y como por antonomasia, el Tránsito, el Sueño”.

Son muchísimos los Sumos Pontífices que han enseñado expresamene sobre la muerte de María. Entre éstos, nuestro Papa Juan Pablo II, quien en su Catequesis del 25 de junio de 1997, titulada por el Osservatore Romano “La Dormición de la Madre de Dios”, nos da más datos sobre la muerte de María en la Tradición:

Santiago de Sarug (+521): “El coro de los doce Apóstoles” cuando a María le llegó “el tiempo de caminar por la senda de todas las generaciones”, es decir, la senda de la muerte, se reunió para enterrar “el cuerpo virginal de la Bienaventurada”.

San Modesto de Jerusalén (+634), despues de hablar largamente de la “santísima dormición de la gloriosísima Madre de Dios”, concluye su “encomio”, exaltando la intervención prodigiosa de Cristo que “la resucitó de la tumba” para tomarla consigo en la gloria .

San Juan Damasceno (+704), por su parte, se pregunta: “¿Cómo es posible que aquélla que en el parto superó todos los límites de la naturaleza, se pliegue ahora a sus leyes y su cuerpo inmaculado se someta a la muerte?”. Y responde: “Ciertamente, era necesario que se despojara de la parte mortal para revestirse de inmortalidad, puesto que el Señor de la naturaleza tampoco evitó la experiencia de la muerte. En efecto, El muere según la carne y con su muerte destruye la muerte, transforma la corrupción en incorruptibilidad y la muerte en fuente de resurrección”.

No es posible, además, ignorar el Arte Cristiano, en el que encontramos gran número de mosaicos y pinturas que han representado la Asunción de María, tratando de hacernos ver gráficamente el paso inmediato de la “dormición” al gozo pleno de la gloria celestial, e inclusive algunos, del paso del sepulcro a la gloria, siendo asunta al Cielo.

2. Según la Liturgia:

De acuerdo a Royo Marín, el argumento litúrgico tiene gran valor en teología, según el conocido aforismo orandi statuat legem credendi, puesto que en la aprobación oficial de los libros litúrgicos está empeñada la autoridad de la Iglesia, la cual iluminada por el Espíritu Santo, no puede proponer a la oración de los fieles fórmulas falsas o erróneas.

Y desde la más remota antigüedad, la liturgia oficial de la Iglesia recogió la doctrina de la muerte de María. Royo Marín refiere dos oraciones “Veneranda nobis…” y “Subveniat, Domine …” , las cuales estuvieron en vigor hasta la declaración del Dogma (1950) y recogen expresamente la muerte de María al celebrar al fiesta de su gloriosa Asunción a los Cielos. Las oraciones posteriores a la declaración del Dogma, por razones obvias, no aluden a la muerte.

Así decía la oración “Veneranda nobis”: “Ayúdenos con su intercesión saludable, ¡oh, Señor!, la venerable festividad de este día, en el cual, aunque la santa Madre de Dios pagó su tributo a la muerte, no pudo, sin embargo, ser humillada por su corrupción aquélla que en su seno encarnó a tu Hijo, Señor nuestro”.

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. tiene esto que decirnos sobre la muerte de María en la Liturgia:

“La Iglesia, pues, tanto la Griega, como la Latina, creyeron siempre, no solamente como posible, sino como regla, en la muerte de María, y en las más antiguas Liturgias de ambas Iglesias se encuentra siempre la celebración y el recuerdo de la muerte de María, con el nombre de la Dormición, Sueño o Tránsito de Nuestra Señora. Porque eso sí: si creían que realmente la Virgen había muerto, indicaban con esa denominación, no usada comúnmente para todas las muertes, que la de la Virgen había tenido algún carácter especial y extraordinario, que es precisamente el de su resurrección inmediata y Asunción a los Cielos”.

“Y como dicen los críticos, aun protestantes … ya en el Siglo VI era absolutamente general la creencia en la Asunción de María, tal cual lo demuestran las antiquísimas liturgias de todas las Iglesias que tienen, al menos desde el siglo IV, establecida la Fiesta de la Dormición de María”.

3. Según la razón teológica:

Iniciamos este aparte con Juan Pablo II: “¿Es posible que María de Nazaret haya experimentado en su carne el drama de la muerte? Reflexionando en el destino de Maria y en su relación con su Hijo Divino, parece legítimo responder afirmativamente: dado que Cristo murió, sería difícil sostener lo contrario por lo que se refiere a su Madre” (JP II, 25-junio-97).

Cristo, el Hijo de Dios e Hijo de María, murió. Y ¿puede ser la Madre superior al Hijo de Dios en cuanto a la muerte física? Es cierto que la Santísima Virgen María, habiendo sido concebida sin pecado original (Inmaculada Concepción) tenía derecho a no morir. Pero, nos decía Juan Pablo II: “El hecho de que la Iglesia proclame a María liberada del pecado original por singular privilegio divino, no lleva a concluir que recibió también la inmortalidad corporal. La Madre no es superior al Hijo, que aceptó la muerte, dándole nuevo significado y transformándola en instrumento de salvación. ” (JP II, 25-junio-97)

Y Royo Marín remata este argumento de la siguiente manera: “Sin duda alguna, María hubiera renunciado de hecho a ese privilegio para parecerse en todo -hasta en la muerte y resurrección- a su Divino Hijo Jesús.”

El Padre Joaquín Cardoso, s.j. dice al respecto: “María Santísima nunca tuvo pecado, por el privilegio de Dios de su Inmaculada Concepción; por consiguiente, no estaba sujeta a la muerte, como no lo estaba Jesucristo; pero también Ella tomó sobre sí nuestro castigo, nuestra muerte”.

Y Juan Pablo II: “María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97)

4. Por la utilidad de la muerte:

Dice Royo Marín que la muerte de María nos sirve de ejemplo y consuelo. María debió morir para enseñarnos a bien morir y dulcificar con su ejemplo los supuestos terrores de la muerte. Los recibió con calma, con serenidad, aún más, con gozo, mostrándonos que no tiene nada de terrible la muerte para aquéllos que en la vida han cumplido la Voluntad de Dios.

Y Juan Pablo II: “María, implicada en la obra redentora y asociada a la ofrenda salvadora de Cristo, pudo compartir el sufrimiento y la muerte con vistas a la redención de la humanidad”. (JP II, 25-junio-97) “La experiencia de la muerte enriqueció a la Virgen: habiendo pasado por el destino común a todos los hombres, es capaz de ejercer con más eficacia su maternidad espiritual con respecto a quienes llegan a la hora suprema de la vida”. (JP II, 25-junio-97)

  

Para realizar la reconciliación de los hombres, Dios preparó a una mujer, llenándola de gracias especiales para que fuera la Madre de Dios. La libró del pecado original y de todo pecado, desde el primer momento de su existencia y siempre fue santísima. Esa Mujer, María, sería la Madre de Dios y por ello, auténtica Madre nuestra.

Un día Dios envió al Arcángel Gabriel a la ciudad de Nazaret, a la Virgen María, que estaba desposada con San José. La saludó llamándola "llena de gracia", y le expuso el Plan de Dios: Ella sería la Madre del Salvador por obra del Espíritu Santo, porque para Dios nada hay imposible.

La Virgen María aceptó de inmediato el plan de Dios, diciendo: "He aquí la sierva del Señor, hágase en mi según tu palabra"(Lc 1,38). En aquel mismo momento, se hizo Hombre la segunda Persona de la Santísima Trinidad, sin dejar de ser Dios.

¿Quién es la Santísima Virgen María?

La Santísima Virgen María es la Nueva Eva, la Mujer perfecta, llena de gracia y virtudes, concebida sin pecado original, que es Madre de Dios y madre nuestra, y que está en el cielo en cuerpo y alma; y que nos acompaña permanentemente en nuestros esfuerzos por ser cristianos con gran solicitud y amor maternal.

¿Por qué decimos que la Virgen María es verdaderamente Madre de Dios?

Decimos que la Virgen María es verdaderamente Madre de Dios porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre, que es Dios mismo.

¿Por qué decimos que la Virgen María es madre nuestra?

Decimos que la Virgen María es madre nuestra porque, por su obediencia, se convirtió en la nueva Eva, madre de los vivientes; además, porque es Madre de Jesucristo, con quien estamos unidos por la gracia, formando un solo Cuerpo Místico.

¿Cuáles son los singulares privilegios que Dios concedió a la Virgen María?

Los singulares privilegios que Dios concedió a la Virgen María son: su Concepción Inmaculada, su perpetua Virginidad, su Maternidad divina y su Asunción en cuerpo y alma a los cielos.

¿Qué lugar ocupa la Santísima Virgen María en el Plan de Reconciliación?

La Santísima Virgen María ocupa en la redención el lugar de Cooperadora de la Redención, porque colaboró con su fe y su obediencia libres a la reconciliación de los hombres. Por deseo explícito del Señor Jesús, que nos la señaló como Madre (ver Jn. 19,27), María es verdaderamente Madre de todos los cristianos, quienes realizan su peregrinación terrena bajo los tiernos cuidados maternales y la compañía de María.

 

 

 

La Iglesia honra y venera a la Virgen María como "más honorable que los querubines e incomparablemente más gloriosa que los serafines." En todos los servicios se menciona su nombre, y se pide su intercesión ante el trono de Dios. Se le da los títulos de Theotokos o Deipara y Madre de Dios. Ella tiene un papel definitivo en la teología cristiana y de ningún modo se la puede considerar como un instrumento que, una vez utilizada, fuera desechado y olvidado.

Los que se oponen a la veneración de la Theotokos basan su oposición en lo que llaman "falta de evidencia escritural para apoyar tal práctica." Aunque es verdad que la Iglesia depende más de su tradición fuera de la Sagrada Escritura (es decir, de los Concilios Ecuménicos, de los textos litúrgicos, etc). para los detalles y la precisa definición de la veneración de la Santísima Virgen, hay varios pasajes del Nuevo Testamento que en realidad forman la base de nuestra práctica.

El arcángel Gabriel fue enviado de Dios a anunciar a la Virgen la concepción y el nacimiento del Salvador. "Salve, tú que eres llena de gracia. El Señor es contigo. Bendita tú entre las mujeres" (Lucas 1:28) Esta salutación forma parte del himno con más frecuencia cantado en su honor de ella en la Iglesia. ¿Sería incorrecto repetir las palabras del mismo mensajero de Dios? Isabel, la prima de María recibió la visita de ésta (acontecimiento que habría de ser bastante común) después de la anunciación como de una persona extraordinaria, pues pudo reconocer (siendo llena del Espíritu Santo) en ella algo más que de común, en vista de su pregunta: Y de dónde esto a mí, que la Madre de mi Señor venga a mí? (Lucas 1:43) ¿Habrá acaso alguna diferencia entre "Madre de Dios" y "Madre del Señor" en este contexto? Seguramente Dios es Señor! (Salmo 117(118): 27) Fue durante esta visita que la Bienaventurada recitó las palabras que son el himno principal dedicado a ella en el oficio de maitines: "Engrandece mi alma al Señor y mi espíritu se alegró en Dios mi Salvador. Porque ha mirado a la bajeza de su sierva; porque he aquí desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones" (Lucas 1:47-48) Isabel había recibido al Espíritu Santo a fin de que pudiese clamar así como lo habla hecho el arcángel, "Bendita tu entre las mujeres" (Lucas 1:41-42) Es el mismo honor dado por su prima que todas las generaciones de la Iglesia ofrecen a la Virgen, llamándola bienaventurada. Finalmente, al ver Jesús a su Madre y al discípulo Juan al pie de la cruz, se la encomendó, estableciendo entre ellos una nueva relación espiritual: "He aquí a tu Madre" (Juan 19:27) ¿Qué otra significación podrá tener esta declaración de nuestro Señor sino la de designar a su Madre la Madre de los que creen en El? La encarnación de Dios fue predicha en el

Antiguo Testamento. Dios escogió a un pueblo y le dio un destino especifico, el de producir una humanidad santa y pura, de la que pudiera tomar su humanidad, o sea su carne. La Virgen María, por su impecabilidad personal, cumplió con todas las esperanzas y profecías de Israel; entre todas la más importante es la de Isaías: "He aqui que la Virgen concebirá y parirá hijo, y llamará su nombre Emmanuel" (Isaías 7:14) La Iglesia siempre ha tomado como prototipos o símbolos del papel de la mí Theotokos en la dispensación divina las siguientes figuras del Antiguo Testamento: La primera es la de la escala de Jacob, la que se refiere a ella como el medio escogido por Dios para Su entrada literal en el mundo. "Y soñó, y he aquí una escala que estaba apoyada en tierra, y su cabeza tocaba en el cielo: y he aquí ángeles de Dios que subían y descendían por ella" (Génesis 28:12) Y en el Exodo (3:2): "Y apareciósele el Angel del Señor en una llama de fuego en medio de una zarza: y miró y vio que la zarza ardía en fuego y la zarza no se consumía." Esto se refiere al hecho de que quedó intacta, es decir, virgen, aun después del alumbramiento. Y luego la profecía de Ezequiel, también con relación a su perpetua virginidad: "Y dijome el Señor: Esta puerta ha de estar cerrada: no se abrirá, ni entrará por ella hombre, porque el Señor Dios de Israel entro por ella: estará por tanto cerrada" (44:2).

Las consecuencias de disminuir la parte de la Theotokos en la vida cristiana son más serias de lo que se puede imaginar a menos que se consideren todas sus implicaciones. La teología insiste en las dos naturalezas perfectas de nuestro Señor Jesucristo: fue Dios perfecto y Hombre perfecto. La Virgen María comunica la humanidad a Dios Verbo en la encarnación. La redención de la raza humana se hizo posible por medio de la unión de Dios y el hombre en Cristo. El dar escasa importancia a la impecabilidad de la Madre de Cristo, el alegar que tuviera otros hijos con José (cosa que no se puede demostrar en el Nuevo Testamento), todos éstos contribuyen grandemente a un mal entendimiento general en el protestantismo de la encarnación en toda su plenitud y fuerza. Va estrechamente relacionada con estos errores arriba mencionados la negación del nacimiento virginal de Cristo, la que se encuentra bien difundida en la contemporánea teología liberal. Del nacimiento de la Virgen depende la doctrina de la divinidad del Señor Jesús. Esta también es rechazada por muchos en nuestros días, y con ella la de la Santísima Trinidad.

La Santísima Virgen  es  intercesora y protectora de los fieles. El contenido de la oración dirigida a ella es una petición por su intercesión. El concepto  de la Iglesia explica la invocación de la Theotokos y de todos los Santos. La Iglesia militante en la tierra y la Iglesia victoriosa están íntimamente ligadas por amor. Sí conviene que un pecador pida que otro pecador que rece por él, ¿no será aún más conveniente pedir a los santos del cielo ya glorificados cerca del trono de Dios que rueguen por nosotros? Seguramente ellos saben algo de lo que pasa aquí en la tierra. Si no, ¿cómo es que hay gozo delante de los Ángeles de Dios por un pecador que se arrepiente? (Lucas 15:10) Los santos del cielo "son iguales a los ángeles" (Lucas 20:36), a quienes utiliza Dios para el cumplimiento de sus propósitos. (Hechos 12:7).

Hay suficiente evidencia escritural para confirmar la veneración e invocación de la Santísima Virgen y de los Santos. Aunque no la hubiera, las otras fuentes igualmente válidas de la Tradición ofrecen abundante evidencia de su rectitud e importancia.

MARIA VIRGEN

María… ¿Fue siempre virgen?

¿Podemos decir que María fue siempre virgen? María… ¿Quiso esta virginidad? ¿María había pensado en consagrar a Dios su virginidad antes que viniera el ángel? ¿Qué sentido tiene la virginidad?…

 

María… ¿Fue siempre virgen?

¿Podemos decir que María siempre fue virgen?

Todos los cristianos aceptan a María como Madre de Jesús; pero mientras los católicos hablamos de ella como «la Virgen María», las otras religiones cristianas y muchas sectas no quieren decir ni reconocer que María es siempre virgen. Muchos dicen, simplemente, que María tuvo más hijos y por eso no pudo ser «virgen».

En una carta anterior ya les hablé de los «hermanos de Jesús» y les aclaré que no hay ningún fundamento bíblico para decir que María tenía más hijos. En esta carta les quiero hablar, a partir de la Biblia, acerca de María siempre virgen.

La concepción virginal de María.

El hecho de la virginidad de María en el nacimiento de su hijo Jesús se afirma claramente en la Biblia:

Mt. 1,18: «El nacimiento de Jesús fue así: Estando desposada María, su madre, con José, antes que se juntasen, se halló que había concebido del Espíritu Santo.»

Lc. 1, 30-35: «El ángel Gabriel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios… y ahora concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo… María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón. Respondiendo el ángel le dijo: El Espíritu Santo vendrá sobre ti… y el Ser Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios.»

Juan 1, 13: «El que nació no de la sangre, ni del deseo de carne, ni del deseo de hombre, sino que nació de Dios.»

Estos tres textos bíblicos son testimonios sólidos para afirmar el hecho de la virginidad de María en la concepción de Jesús.

¿María quiso esta virginidad?

El Evangelio dice que «María era una virgen desposada con un hombre llamado José» (Lc. 1, 27). Este matrimonio de María con José nos mueve, a primera vista, a decir que María no quiso esta virginidad.

Sin embargo, el evangelista Lucas nos ofrece otros datos acerca de este compromiso matrimonial. Leamos atentamente en el Evangelio de Lucas 1, 26-38; en este relato bíblico vemos cómo Dios respeta a los hombres. El no nos salva sin que nosotros mismos queramos. Jesús el Salvador ha sido deseado y acogido por una madre, una jovencita que, libre y conscientemente, acepta ser la servidora del Señor y llega a ser Madre de Dios.

Vers. 26: «Al sexto mes el ángel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José. José era de la casa de David y el nombre de la virgen era María.»

San Lucas usa dos veces la palabra «virgen». ¿Por qué no dijo «una joven» o «una mujer»? Sencillamente porque el escritor sagrado se refería aquí a las palabras de los profetas del Antiguo Testamento, que afirmaban que Dios sería recibido por una «virgen de Israel.»Is. 7, 14: «El Señor, pues, les dará esta señal: la Virgen está embarazada y da a luz un varón a quien le pondrás el nombre de Emmanuel.»

Durante siglos, Dios había soportado que su pueblo de mil maneras le fuera infiel y había perdonado sus pecados. Pero el Dios Salvador, al llegar, debería ser recibido por un pueblo virgen que hubiera depuesto sus propias ambiciones para poner su porvenir en manos de su Dios. Dios debía ser acogido con un corazón virgen, o sea, nuevo y no desgastado por la experiencia de otros amores.

  • Incluso en tiempos de Jesús, muchos al leer la profecía de Is. 7, 14 sacaban la conclusión de que el Mesías nacería de una madre Virgen. Ahora bien, el Evangelio nos dice: "María es la virgen que da a luz al Mesías."
  • Versículos 34-35: María dijo al ángel: «¿Cómo será esto, pues no conozco varón?» Contestó el ángel: «El Espíritu Santo descenderá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra, por lo cual el Santo que de ti nacerá será llamado Hijo de Dios.»

    Aunque María es la esposa legítima de José, la pregunta de ella al ángel indica el propósito de permanecer virgen.

    El ángel precisa que el niño nacerá de María sin intervención de José. El que va a nacer de María en el tiempo es el mismo que ya existe en Dios, nacido de Dios, Hijo del Padre (Jn. 1, 1). Y la concepción de Jesús en el seno de María no es otra cosa que la venida de Dios a nuestro mundo.

    ¿Qué significa «la sombra» o «la nube» en este texto bíblico?

    Los libros sagrados del Antiguo Testamento hablan muchas veces de «la sombra» o «la nube» que llenaba el Templo (1 Reyes 8, 10), signo de la presencia divina que cubría y amparaba a la ciudad Santa (Sir. 24, 4).

    Al usar esta figura, el Evangelio quiere decir que María pasa a ser la morada de Dios desde la cual El obra sus misterios. El Espíritu Santo viene, no sobre su Hijo, sino que primeramente viene sobre María, para que conciba por obra del Espíritu Santo.

    ¿Había pensado María en consagrar a Dios su virginidad antes que viniera el ángel?

    El Evangelio no da precisiones al respecto, solamente encontramos la palabra de María: «No conozco varón» o «no tengo relación con ningún varón.» (Lc. 1, 34)

    Recordemos que María ya está comprometida con José (Lc. 1, 27) lo que según la ley judía, les da los mismos derechos del matrimonio, aunque no vivan todavía en la misma casa. (Mt. 1, 20)

    En estas condiciones, la pregunta de María: «¿Cómo podré tener un hijo, pues no conozco varón?» (Lc. 1, 34) no tendría ningún sentido, si María no estuviese decidida ya a mantenerse virgen para siempre. María es la esposa legítima de José. Si este matrimonio quiere tener relaciones conyugales normales, el anuncio del ángel referente a su maternidad no puede crearle ningún problema.

    Sin embargo, María manifiesta claramente su problema: «pues no conozco varón.» Además esa pregunta de María permite otra traducción válida en la mentalidad de los judíos: «¿Cómo será eso, pues no quiero conocer varón?». Sin duda esta pregunta de María indica en la Virgen un firme propósito de permanecer virgen.

    Algunos tendrán dificultades para aceptar esta decisión de María y dirán que tal decisión es sorprendente por parte de una joven judía; porque es sabido que Israel no daba gran valor religioso a la virginidad.

    No debemos olvidar que en la Palestina de entonces había grupos de personas que vivían en celibato (los esenios) y con su estilo de vida esperaban la pronta venida del Mesías. Por otra parte, el celibato o la virginidad de por vida no existía para mujeres que, según la costumbre judía, por orden de su padre tenían que aceptar un matrimonio impuesto.

    Por eso la joven María que quería guardar virginidad, difícilmente podía rechazar este compromiso matrimonial impuesto. Y por eso ella había aceptado este compromiso con José, pero con la decisión de permanecer virgen.

    Como conclusión podemos decir que este texto bíblico es favorable a la voluntad de virginidad de María.

    Además está claro en la Biblia que María tenía como hijo único a Jesús y que no tuvo más hijos.

    ¿Qué sentido tiene la virginidad?

    María no expresa sus motivos, pero todo lo que Lucas deja entrever del alma de María supone que ella tenía motivos elevados. Por medio del ángel, Dios la trata de «muy amada», «llena de gracia», «el Señor está con ella.» Y María quiere ser su «sierva», con la nobleza que da a esta palabra la lengua bíblica: «Yo soy la servidora del Señor, hágase en mí lo que has dicho.» (Lc. 1, 38) Su virginidad parece así una consagración, un don de amor exclusivo al Señor.

    Mucha gente moderna se extraña ante tal decisión de María: ¿Cómo pensaría María en mantenerse virgen en el matrimonio, especialmente en el pueblo judío, que no valoraba la virginidad?

    Incluso en las iglesias no-católicas muchas personas al leer en el Evangelio la expresión «hermanos de Jesús» concluyen sin más que María tuvo otros hijos después de Jesús. (En otra carta les he hablado claramente de este asunto y está muy claro en la Biblia que Jesús no tenía hermanos en el sentido estricto de esta palabra.)

    Pero lo grave es que muchas sectas están deseosas de negar sin más la virginidad de María. ¿A qué se debe esto?

    Sin duda, a vanos prejuicios y a falta de conocimientos bíblicos. ¿O será por el prurito de buscarle «peros» y dificultades a la religión católica?

    Virgen debía ser aquella que, desde el comienzo, fue elegida por Dios para recibir a su propio Hijo en un acto de fe perfecta. Ella, que daría a Jesús su sangre, sus rasgos hereditarios, su carácter y su educación primera, debía haber crecido a la sombra del templo de Jerusalén, como dice una antigua tradición, y el Todopoderoso, cual flor secreta que nadie hiciera suya, la guardó para sus divinos designios.

    Es por eso que María renunció a todo menos al Dios vivo. Y así en adelante ella será el modelo de muchos que, renunciando a muchas cosas, entrarán al Reino y obtendrán la única recompensa que es Dios.

    Decimos que María no tuvo más hijos porque fue siempre virgen. La Escritura nos testimonia de una sola concepción virginal, el de Jesús. Por tanto, no habiendo más concepciones milagrosas, y no habiendo dejado de ser virgen, no tuvo más hijos.

    La virginidad de Nuestra Señora está íntimamente relacionada con su sublime prerrogativa de Madre de Dios.

    Decía San Bernardo que la maternidad de María es tan maravillosamente singular e incomparable precisamente porque es virginal.

    Lejos de ser una prerrogativa pasajera, la virginidad de María es permanente.

    Abarca todas las etapas de su vida, y en particular los momentos sagrados en que fue hecha Madre de Dios.

    El dogma de la virginidad perpetua de María significa:

    1º que concibió al Hijo de Dios, segunda persona de la Santísima Trinidad, virginalmente;

    2º le dio a luz virginalmente;

    3º permaneció virgen a lo largo de toda su vida terrena, y por consiguiente, ahora reina gloriosa como Virgen de las vírgenes.

    La Iglesia expresa esto con una fórmula muy hermosa según la cual dice que María fue virgen ante partum, in partu et post partum.

    Esta afirmación no es simplemente un cumplimiento piadoso; expresa la creencia universal y unánime de la Iglesia de Cristo; es una verdad revelada; está solemnemente definida como dogma.

    El tercer concilio de Letrán, celebrado bajo el papa San Martín I, en el año 649, definió: “Si alguno no reconoce, siguiendo a los Santos Padres, que la Santa Madre de Dios y siempre virgen e inmaculada María, en la plenitud del tiempo y sin cooperación viril, concibió del Espíritu Santo al Verbo de Dios, que antes de todos los tiempos fue engendrado por Dios Padre, y que, sin pérdida de su integridad, le dio a luz, conservando indisoluble su virginidad después del parto, sea anatema”.

    El testimonio de esta verdad lo encontramos en la misma Escritura.

    Concretamente en el testimonio de San Mateo y San Lucas.

    1) San Mateo (1,18-25): La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo… El Angel del Señor se apareció [a José] en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.» Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: «Dios con nosotros.» Despertado José del sueño, hizo como el Angel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer. Y no la conocía hasta que ella dio a luz un hijo, y le puso por nombre Jesús.

    San Mateo se presenta: 1) como testigo de la virginidad de María antes del nacimiento de Cristo; 2) su cita de Is 7,14, implica, por lo menos, el parto virginal; 3) si bien no dice nada sobre la virginidad de María posterior al parto, tampoco dice nada que lo niegue o lo ponga en duda.

    2) San Lucas (1,26-38): Al sexto mes fue enviado por Dios el ángel Gabriel a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. Y entrando, le dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.» Ella se conturbó por estas palabras, y discurría qué significaría aquel saludo. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios; vas a concebir en el seno y vas a dar a luz un hijo, a quien pondrás por nombre Jesús. El será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob por los siglos y su reino no tendrá fin.» María respondió al ángel: «¿Cómo será esto, puesto que no conozco varón?» El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el que ha de nacer será santo y será llamado Hijo de Dios. Mira, también Isabel, tu pariente, ha concebido un hijo en su vejez, y este es ya el sexto mes de aquella que llamaban estéril, porque ninguna cosa es imposible para Dios.» Dijo María: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra.» Y el ángel dejándola se fue.

    San Lucas es testigo de:

    –la virginidad de María antes de la anunciación (a una virgen…);

    –la concepción virginal (la virtud del Altísimo te cubrirá);

    –la intención de virginidad futura de María: pues no conozco varón… La expresión no se refiere al pasado, pues hubiera usado el aoristo (no he conocido varón); usa el presente absoluto (no conozco; en el sentido de no tengo intención de conocer varón). Es una referencia implícita al voto de virginidad.

    Escribió Lebretón: “En este versículo la tradición católica ha reconocido el propósito firme de María de permanecer virgen, y esta interpretación es necesaria, porque, si hubiera tenido intención de consumar su matrimonio con José, no hubiera nunca hecho esta pregunta”.

    Dice también Lagrange: “María quiso decir que, siendo virgen, como el ángel ya sabía, deseaba ella permanecer siéndolo, o, como traducen los teólogos su pregunta, que ella había hecho un voto de virginidad y pensaba guardarlo”.

    San Ireneo defiende, por eso, el valor profético de Is 7,14 referido a la virginidad de María. Su argumento es el siguiente: Isaías señala claramente que ocurrirá “algo inesperado” con respecto a la generación de Cristo; está aludiendo claramente a una señal. Pero “¿dónde está lo inesperado o qué señal se os daría en el hecho de que una mujer joven concibiera un hijo por obra de un varón? Esto es lo que ocurre normalmente a todas las madres. Lo cierto es que, con el poder de Dios, se iba a empezar una salvación excepcional para los hombres y, por tanto, se consumó también de una manera excepcional un nacimiento de una virgen. La señal fue dada por Dios; el efecto no fue humano”.

    La creencia firme de Occidente en la virginidad corporal de María se resume en la expresión “Virgen María” y se recoge en esta forma ya en el siglo II, en la forma romana del credo, como vemos, por ejemplo, en Hipólito: “Creo en Dios Padre todopoderoso y en Jesucristo, Hijo de Dios, que nació de María virgen por obra del Espíritu Santo”.

    Ireneo tiene una frase hermosa para referirse al parto virginal: Purus pure puram aperiens vulvam: el Puro [Verbo Puro] con pureza abrió el seno puro [de su madre].

    Y él mismo compara el nacimiento de Cristo de María con la formación de Adán del suelo virgen y sin surcos.

    San León dice que es la limpieza de Cristo la que mantuvo intacta la integridad de María.

    Y San Zeón lo proclama: “¡Oh misterio maravilloso! María concibió siendo una virgen incorrupta; después de la concepción dio a luz como virgen, y así permaneció siempre después del parto”.

    San Jerónimo resume la fe de la Iglesia escribiendo contra Joviniano: “Cristo es virgen, y la madre del virgen es virgen también para siempre; es virgen y madre. Aunque las puertas estaban cerradas, Jesús entró en el interior; en el sepulcro que fue María, nuevo, tallado en la más dura roca, donde no se había depositado a nadie ni antes ni después… Ella es la puerta oriental de la que habla Ezequiel, siempre cerrada y llena de luz, que, cerrada, hace salir de sí al Santo de los santos; por la cual el Sol de justicia entra y sale. Que ellos me digan cómo entró Jesús (en el cenáculo) estando las puertas cerradas… y yo les diré cómo María es, al mismo tiempo, virgen y madre: virgen después del parto y madre antes del matrimonio”.

    Bajo su protección amorosa y eficaz pongamos, pues, nuestra castidad.

    Consideración final.

    Para un hombre o una mujer creyente, no es cosa excepcional renunciar definitivamente al sexo, es decir, a tener relaciones sexuales.

    Hay un sinnúmero de ejemplos de jóvenes que, desde muy temprano, han intuido que este camino evangélico es un camino más directo para acercarse mejor a Jesús: Sor Teresa de Los Andes, el Padre Hurtado y tantos otros.

    ¿Acaso María era menos inteligente que ellos o menos capaz de percibir las cosas de Dios? ¿No podía ella captar por sí misma lo que dirá Jesús respecto a la virginidad elegida por amor al Reino? (Mt. 19,12) Y después de ser visitada en forma única por el Espíritu Santo, que es el soplo del amor de Dios, ¿necesitaría María todavía las caricias amorosas de José?

    Si la historia de la Iglesia nos proporciona tantos ejemplos del amor celoso de Dios para quienes fueron sus amigos y sus santos… ¿Cómo iba a ser menos para aquella mujer, María, que fue «llena de gracia»?

    ¡Qué torpeza inconsciente son las sinrazones de aquellos que se olvidan de la Tradición de los Apóstoles, la cual proclama que María fue y permaneció siempre virgen!

    Rechazar la virginidad de María… ¡qué manera de rebajar las maravillas de Dios!

    María deseaba ser totalmente de Dios y con el «sí» de la Anunciación ella se consagró total y exclusivamente al plan de Dios: «He aquí la sierva del Señor, hágase en mí conforme a tu palabra.» (Lc. 1, 38)

    Realmente es incomprensible la fobia de algunos de nuestros hermanos evangélicos que tratan de denigrar y rebajar la dignidad de María. Nunca predican sobre ella, y en repetidos casos han destruido sus imágenes.

    Nosotros debemos tener bien fundamentado nuestro culto y veneración por María y tenemos que seguir proclamando sus alabanzas, tal como ella ya lo anticipó en el canto del Magnificat.

    Por otra parte, María aparece unida a Jesús en la encarnación, en el nacimiento, vida, pasión y muerte de su Hijo Jesús y también en la primitiva Iglesia. Ahora bien, el mismo Jesús dice: «Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre.»

    Honremos pues a María y redoblemos nuestros esfuerzos por quererla, por nosotros y por quienes la desconocen.

    Décima del Canto a lo Divino:

    Bendita sea tu pureza
    y eternamente lo sea
    pues todo un Dios se recrea
    en tan graciosa belleza.
    A ti, celestial princesa
    Virgen sagrada María
    yo te ofrezco en este día
    alma, vida y corazón,
    mírame con compasión,
    no me dejes, Madre mía.