Category: DOCTRINA EXPLICADA Y APOLOGETICA




La doctrina de la Iglesia con respecto al Diablo

por el Obispo de Fanari, Aganthángelos

Según la tradición bíblico-patrística, el diablo no
es personificación de las pasiones, sino persona creada por Dios como
ángel y que, al perder su comunión con él, se convirtió en un espírtitu
oscuro, diablo. El diablo, como persona, tiene libre albedrío, es
decir, libertad, que Dios no fuerza ni suprime.

El misterio de la iniquidad se activa en la
Historia, el diablo sigue engendrando el mal y llevando a cabo su labor
destructiva desde el momento en que apareció la Iglesia. La tradición
bíblica y patrística, aparte de toda visión teórica y moral del bien y
el mal, habla del taimado rival de Dios y enemigo del hombre. Es el
diablo, en quien sólo hay negación y que destruye y paraliza todo,
porque es espíritu de mortandad por rechazo a la vida esencial.

Por consiguiente, el diablo es una entidad concreta,
una existencia determinada. Se introduce en la historia mediante la
soberbia, la arrogancia y el engaño, como deicida y homicida, como el
fraude y la mentira de la nada, como el parásito que parodia y
escarnece la creación y al hombre. El pecado, las pasiones, la muerte,
es el mal que aquél engendra con su perversión y su odio, y sobre el
cual ejerce su poder y autoridad. El mal no es suma de acciones
humanas, sino una tentación activa que tiene su raíz en el principio
demoníaco, en un principio, pues, ajeno al hombre y su naturaleza, y
que la libertad humana puede aceptar o rechazar.

El diablo sobrevino por voluntad y acto de Dios. Los
demonios no fueron creados demonios por Dios desde el principio, porque
Dios no creó el mal, ya que todo lo hizo bueno. Fueron creados libres
de mal en su esencia y naturaleza, libres, independientes y autónomos
en cuanto a su voluntad y deseo, tal y como ocurrió con los ángeles.
Pero a partir de su caída voluntaria debida a su soberbia, sus cuerpos
delicados, etéreos e inmaculados se volvieron tenebrosos y oscuros,
materiales y pasionales.

En vista de que en su creación los demonios
constituyeron un orden entero, se considera que son muy numerosos y se
dividen en grupos y órdenes. La multitud de demonios y su división en
grupos y escalas se basa en su polinomia y su obra. Siendo, pues,
numerosos y polinómicos los demonios, luchan incesantemente por
invalidar la obra redentora de Cristo. No pudiendo hacer daño
directamente a Dios, se vuelven contra los hombres y los combaten con
su demónica sabiduría, enturbian nuestras voluntades, nos provocan
creando tentaciones, hacen todo lo posible por herir al hombre, operan
a través de las pasiones, nos combaten con las penas, ponen obstáculos
a la oración. Opera de tantos modos que, si Dios es el Ser, el diablo
puede caracterizarse como "el que se transforma".

La tentación y la guerra del diablo no están nunca
por encima de las fuerzas del hombre, no violentan su autonomía ni
afectan a su razón natural, que Dios ha permitido que mantenga mediante
su deseo y libertad. El poder del diablo no es vinculante, sino que
depende siempre de nuestra libertad. Sucumbir a las tentaciones es
cuestión nuestra. O que Satanás domine y ejerza su poder es algo
conectado con la decisión activa del hombre que, pervirtiendo su
libertad, dice no a Dios y sí al diablo. Los Padres de la Iglesia
insisten en que el hombre no se queda nunca solo. Si se aleja de la
gracia de Dios, se hace vulnerable a la influencia satánica. Si el
cuerpo del hombre no es manejado como arma por Dios, dice San Simeón el
Nuevo Teólogo, lo maneja el diablo, con el consentimiento y la
cooperación del hombre.

El creyente es llamado a ser el hombre de la
purificación y la oración, porque Satanás no dejará de hacer burla y
escarnio, de transformarse y de engañar, de corromper y desvirtuar el
Evangelio de Dios y la libertad de la Cruz de Cristo prometiendo
comodidades y felicidad. Y corremos el peligro de llegar a la plena
humillación entregándonos a las tentaciones demoníacas, tal y como hoy
las encontramos en las "Iglesias" y el culto de Satanás.

Si el diablo tiene la facultad de transformarse en
ángel de luz, nos damos cuenta de hasta qué punto puede hoy tentar y
humillar al hombre con las cosas más inocentes, felices y útiles.
Consiguiendo tendernos la trampa más astuta: el aparente triunfo de la
independencia humana.

Dicen muchos: no hay ni Dios, ni diablo. Pero la
fuerza de los demonios es equivalente al rechazo de la Economía Divina
de la Santísima Trinidad. Cristo humilló y puso al descubierto los
principios demoníacos. Pero la negación de la existencia del diablo
facilita más que ninguna otra cosa su labor. Debemos estar listos para
convertirnos en espectadores de los más sorprendentes prodigios del
diablo, con los cuales intenta alimentar al hombre moderno; haciendo
pan de las piedras. Debemos estar listos para afrontar una época de
engaños secretos y homicidas, que señalarán la nueva oscuridad de la
tierra desde la sexta hasta la novena hora, en la cual se aniquilará al
hombre y se perderán sus obras.

La Biblia Satánica proclama: " Da golpe por golpe, desprecio por desprecio, ruina por ruina, con usura cuatrocientas veces mayor ". " Anula todo sentimiento, todos los tabúes y todos los escrúpulos. Da la muerte a cuantos intentan arrebatarte este derecho ".

La omnipotencia de Dios, de acuerdo con su voluntad,
no elimina la libertad de los seres racionales. De esta manera, deja al
diablo trabajar por el mal porque es persona. Pero limita su
destructiva labor mediante el amor y la caridad, cuando el hombre se
arrepiente, lo perdona, y de este modo limita el reino del mal, pero la
definitiva supresión del poder del diablo tendrá lugar durante el
Juicio Final.

La obra del diablo es destructiva. Odia inmensamente
al hombre y a toda la creación. Esta poseído por una mortal
misantropía. Inspira pensamientos contra Dios y el prójimo, influye en
la voluntad del hombre, actúa ontológicamente sobre la naturaleza. Los
Padres dicen que como los hombres no eran capaces de comprender la
existencia y el furor del diablo, que se manifiesta por medio de las
ofensas contra el alma, Dios le permitió introducirse también en el
cuerpo, de manera que todos podamos ser conscientes de su furor.

Satanás consiguió mediante el fraude y el engaño
someter al hombre a las pasiones y el pecado. La causa que lo llevó a
esta acción era la envidia. Envidiaba el diablo a Adán, pues lo veía
habitar en el lugar del deleite completo e inmutable, el Paraíso, de
donde él había sido justamente expulsado.

Esta ofensa y esfuerzos del diablo por arrastrar al
hombre a las pasiones puede a veces tener lugar gradualmente. San
Gregorio Palamás dice que Satanás no dicta directamente el pecado y la
vida lejos de la Iglesia, sino que " hurtaba maliciosamente en pequeñas cantidades "
susurrando al hombre la idea de que puede permanecer en la virtud y
conocer por sí mismo qué debe hacer, sin necesidad siquiera de asistir
a la iglesia y sin obedecer a los pastores y maestros de la Iglesia. Y
cuando consigue sustraerlo a la vida de culto de la Iglesia, lo aleja
de la Gracia de Dios, habiéndolo primeramente entregado a la esclavitud
de las pasiones.

Ahora bien, ¿por qué Dios permite al diablo combatirnos? San Máximo el Confesor refiere cinco razones:

  • La primera es para que lleguemos a distinguir la virtud de la maldad llevando a cabo esta lucha .
  • La segunda, para que con la lucha conservemos segura e inmutable la virtud .
  • La tercera, para que no nos vanagloriemos de prosperar en la virtud, sino que la consideremos un don de Dios.
  • La cuarta, para que odiemos absolutamente la maldad, y la
    quinta, para que no olvidemos nuestra propia debilidad y la fuerza de
    Dios, cuando alcancemos la ausencia de pasiones.

El mal es que hoy la educación y toda nuestra
cultura ignoran esta realidad. No sólo no se enfrentan a ella, sino que
tampoco hablan del diablo y del pecado. Por ello podemos decir con
certeza que estamos dejando al hombre irredento, débil y desprotegido.

Y nosotros, por nuestra parte, hemos olvidado que
como ortodoxos pertenecemos a la Iglesia de Cristo y accedimos a ella
no para ejercer un deber formal y justificarnos a nosotros mismos, sino
para curar. Porque la Iglesia es lugar de curación, un hospital en el
cual ingresa el hombre para curar su mundo interior y liberarse de sus
pasiones, y no para destacar su lado positivo. Por otra parte, la
pérdida de significado de los oficios eclesiásticos es el fenómeno más
descorazonador de nuestra vida eclesiástica. Porque mientras que los
sacramentos fueron otorgados a la Iglesia para salvar al hombre, para
exorcizar, combatir y vencer a Satanás, nosotros los hemos convertido
en ocasiones para la vanagloria personal y la vanidad social. Hemos
olvidado, al parecer, "que donde no está Cristo, están los demonios, y
donde están los demonios la recta razón es pervertida y corrompida".

Si vivimos esta verdad, saldremos de nuestro encierro en el engaño del diablo y del pecado, y seremos libres.

Sin embargo, no hay que tener miedo. ¡No! Hay
Cristo, Iglesia, la vida cultual, la oración, la valentía espiritual,
el arrepentimiento. Una ortodoxia que no vence, sino que es vencida por
el diablo, que no es temible, sino que teme a los demonios, no es de
Cristo y de la Iglesia.

Somos llamados a dar testimonio por medio de nuestra
consciencia dogmática de que el Señor del mundo y de la historia es
Cristo. Quien conoce la verdad, ni teme ni desespera.

Respondiendo a la pregunta " ¿eres tú el que ha de venir o aguardamos a otro? ", el Señor respondió: " Id
a anunciar lo que habéis visto y oído. Los ciegos recobran vista, los
cojos andan, los leprosos quedan limpios, los muertos resucitan, los
humildes son evangelizados. Ha llegado a nosotros el Reino de Dios
".

Ojalá vivamos esta verdad virtuosa, profunda y
sinceramente. Es lo mejor para nosotros, para nuestro mundo, para
nuestros hijos y jóvenes, para descubrir el más profundo sentido de la
vida, la verdadera naturaleza del hombre, la libertad y el conocimiento
de Dios.

Sermón de Pascua de San Agustín

SAN AGUSTÍN COMENTA LA SEGUNDA LECTURA

1 Cor 10,16-17: Sed lo que veis y recibid lo que sois
Lo que estáis viendo sobre el altar de Dios, lo visteis también la pasada noche, pero aún no habéis escuchado qué es, qué significa, ni el gran misterio que encierra. Lo que veis es un pan y un cáliz; vuestros ojos así os lo indican. Mas según vuestra fe, que necesita ser instruida, el pan es el cuerpo de Cristo y el cáliz la sangre de Cristo. Esto dicho brevemente, lo que quizá sea suficiente a la fe; pero la fe exige ser documentada. Dice, en efecto el profeta: Si no creéis, no comprenderéis (Is 7,9 LXX). Ahora podéis decirme: «Nos mandas que lo creamos; explícanoslo para que lo entendamos». En efecto, puede surgir en la mente de cualquiera el siguiente pensamiento: «Sabemos de dónde tomó carne nuestro Señor Jesucristo: de la Virgen María. Siendo pequeño, tomó el pecho, fue alimentado, creció, llegó a la edad madura, fue perseguido por los judíos, colgado en un madero, muerto en el madero y bajado del madero; fue sepultado, resucitó al tercer día y cuando quiso subió al cielo, llevándose allí su cuerpo; de allí ha de venir a juzgar a vivos y a muertos, y allí está sentado ahora a la derecha del Padre. ¿Cómo este pan es su cuerpo y cómo este cáliz, o lo que él contiene, es su sangre?».
A estas cosas, hermanos míos, las llamamos sacramentos, porque una cosa es la que se ve y otra la que se entiende. Lo que se ve tiene forma corporal; lo que se entiende, posee fruto espiritual. Por tanto, si quieres entender el cuerpo de Cristo, escucha al Apóstol que dice a los fieles: Vosotros sois el cuerpo de Cristo y sus miembros (1 Cor 12,27). En consecuencia, si vosotros sois el cuerpo y los miembros de Cristo, sobre la mesa del Señor está el misterio que sois vosotros mismos y recibís el misterio que sois. A lo que sois respondéis con el amén, y vuestra respuesta es vuestra rúbrica. Se te dice: «El cuerpo de Cristo», y respondes: «Amén». Sé miembro del cuerpo de Cristo para que sea auténtico el Amén.¿Por qué precisamente en el pan? No aportemos nada personal al respecto; escuchemos de nuevo al Apóstol, quien, hablando del mismo sacramento dice: Siendo muchos, somos un único pan, un único cuerpo (1 Cor 10,17). Comprendedlo y llenaos de gozo: unidad, verdad, piedad, caridad. Un solo pan. ¿Quién es este único pan? Siendo muchos somos un único cuerpo. Traed a la memoria que el pan no se elabora de un único grano, sino de muchos. Cuando recibíais los exorcismos, erais como molidos; cuando fuisteis bautizados, como aspergeados; cuando recibisteis el fuego del Espíritu Santo fuisteis como cocidos. Sed lo que veis y recibid lo que sois. Esto es lo que dijo el Apóstol a propósito del pan.

Lo que hemos de decir respecto al cáliz, aún sin indicarlo expresamente, lo mostró con suficiencia. Para que exista esta especie visible del pan se han conglutinado muchos granos en una sola masa, como si sucediera aquello mismo que dice la Escritura a propósito de los fieles: Tenían una sola alma y un solo corazón hacia Dios (Hch 4,32). Lo mismo ha de decirse del vino. Recordad, hermanos, cómo se hace el vino. Son muchas las uvas que penden del racimo, pero el zumo de las mismas se mezcla, formando un único vino. Así también nos simbolizó a nosotros Cristo el Señor; quiso que perteneciéramos a él, y consagró en su mesa el misterio de nuestra paz y unidad. El que recibe el misterio de la unidad y no posee el vínculo de la paz, no recibe el misterio para provecho propio, sino un testimonio contra sí.

El Misterio de la Crismación: la Pentecostés Personal,

O Sacerdocio Real de los Laicos.

 

"La imposición de las manos por los Apóstoles daba el Espíritu Santo" nos dice san Lucas (Hechos 8:18). El libro de los Hechos nos da dos ejemplos:

Hechos 8:4-25.

Luego de la lapidación de Esteban y la primera gran persecución de la Iglesia en Jerusalén alrededor del año 36, los cristianos de Jerusalén se dispersaron para huir de la persecución y el diácono Felipe fue a predicar al Cristo en Samaria. La Samaria había acogido la palabra de Dios: pero los samaritanos "habían sido solamente bautizados en el nombre del Señor Jesús" y "el Espíritu Santo todavía no había caído sobre ninguno de ellos" (8:16). Es entonces que "los Apóstoles que estaban en Jerusalén enviaron a Samaria a Pedro y Juan: estos pues descendieron en lo de los samaritanos y rezaron por ellos con el fin que el Espíritu Santo les fuese dado (versículos 14 y 15)… Entonces Pedro y Juan se pusieron a imponerles las manos y recibían el Espíritu Santo" (versículo 17).

Hechos 19:1-7.

Cuando el Apóstol Pablo llegó a Efeso (alrededor del año 56) se produjo algo similar: "Encontró algunos discípulos y les dijo: ¿Han recibido el Espíritu Santo cuando han abrasado la fe? Ellos le contestaron: pero, nosotros ni habíamos escuchado decir que hay un Espíritu Santo. Y él: ¿Qué bautismo han recibido? — El bautismo de Juan, respondieron. Entonces Pablo dijo: Juan ha bautizado con un bautismo de arrepentimiento diciendo al pueblo de creer en Aquel que vendrá luego de él, es decir Jesús. Con estas palabras se hicieron bautizar en nombre del Señor Jesús: y cuando Pablo les impuso las manos, el Espíritu Santo vino sobre ellos y se pusieron a hablar en idiomas y a profetizar" (Hechos 19:1-7).

De esta manera por la imposición de las manos de los Apóstoles, los nuevos discípulos recibían el Espíritu Santo como lo habían recibido los primeros discípulos en Jerusalén el día de la Pentecostés: el don de Pentecostés se perpetuaba y se perpetúa; es lo que denominamos el misterio de la crismación, de la palabra griega chrisma que quiere decir "unción" — puesto que se trata de la unción del Espíritu Santo por la cual nos tornamos lo que era desde la eternidad el Cristo: "ungidos" del Espíritu Santo, pequeños cristos, "cristianos."

Actualmente este misterio es habitualmente celebrado inmediatamente después del Bautismo, por una unción de óleo, como fue el caso para la crismación del rey David.

El evangelista san Juan nos dice, en efecto, en su primera Epístola: "Ustedes han recibido la unción" (1 Juan 2:20), y el Apóstol san Pablo (2 Corintios 1:21): "Es Dios quién nos dio la unción."

El Apóstol Pedro evocará de una manera particularmente impresionante el carácter santo, sagrado que esta unción confiere al pueblo de Dios: "Ustedes son, nos dice él, una raza elegida, una comunidad sacerdotal y real, una nación santa …" (Pedro 2:9).

Novicio

: "Una comunidad sacerdotal y real," ¿Qué quiere decir esto?

 

Maestro

: Hemos visto que el Cristo es nuestro Sumo Sacerdote, que es el intermediario entre Dios y los hombres, que es a su vez el portavoz de Dios cerca de los hombres y el Abogado de los hombres cerca de Dios, y que este rol maravilloso se denomina su Sacerdocio. Hemos también visto que Él asocia todo su Cuerpo, toda su Iglesia, todos sus miembros a este sacerdocio: todavía se necesita que los miembros de su Iglesia sean revestidos de Su Santidad, que les comunique Su función sacerdotal, que haga de ellos sacerdotes, y también herederos de su Reino, futuros reyes. Es porqué san Juan nos dice en el Apocalipsis: "Él ha hecho de nosotros reyes y sacerdotes" (Apocalipsis 1:6; 5:10). La Iglesia es un pueblo de sacerdotes, y es la crismación que hace de todos los cristianos sacerdotes. Es lo que comúnmente se denomina "sacerdocio real de los laicos" por la cual los cristianos constituyen "una comunidad sacerdotal y real."
 

Novicio

: Yo creía que "laico" quiere decir "extranjero en la Iglesia. En efecto, encuentro en el diccionario la siguiente definición: laico, "que no es ni eclesiástico ni religioso."
 

Maestro

: A menudo las palabras cambian de sentido en función de la evolución de las ideas y de los eventos de la historia. Laico viene de la palabra griega laos = pueblo; por lo tanto significaba en su origen — y todavía significa para los cristianos — "miembros del pueblo de Dios." Es desde el momento que los cristianos — porque se tornaron malos cristianos — olvidaron que eran un pueblo de sacerdotes y de reyes, y se han descargado sobre el único clero todas sus responsabilidades, que la palabra ha tomado el sentido que has encontrado en el diccionario. Ya es hora que los cristianos redescubran el carácter sagrado, sacerdotal de su condición de laicos: por su participación en la divina Eucaristía, por el buen entendimiento que debería reinar entre ellos, por la bondad para con sus enemigos, por su firmeza con respecto a compromisos interesados hacia donde querrían arrastrarlos los maliciosos de este mundo, por todo el testimonio de la comunidad de creyentes-comulgantes; el conjunto de cristianos a la responsabilidad permanente de ser los representantes sobre la tierra de la realeza y sacerdocio del Cristo: si, realmente constituyen una comunidad sacerdotal y real, en griego basileion hierateuma.
Por la crismación cada uno de nosotros recibe la persona del Espíritu Santo, Don fundamental, que lo hace miembro de un pueblo de sacerdotes. Este don fundamental es la raíz de todos los dones particulares del Espíritu que confiere responsabilidades particulares. Es pues por una diferenciación funcional de este don fundamental que aparecen las funciones específicas de los obispos, sacerdotes y diáconos.
 

Cuaresma

 
 

 
 
 

Ayuno y abstinencia según el Catecismo Mayor de San Pio X

Del cuarto mandamiento de la Santa Madre Iglesia

495.- ¿Qué nos manda el cuarto mandamiento de la Santa Madre Iglesia: AYUNAR Y ABSTENERSE DE COMER CARNE CUANDO LO MANDA LA SANTA MADRE IGLESIA? – El cuarto precepto de la Iglesia, con las palabras: Ayunar y abstenerse de comer carne cuando lo manda la Santa Madre Iglesia, nos manda que guardemos el ayuno en la Cuaresma (*); y nos abstengamos de tomar carne y su caldo en ciertos días.

496.- ¿En qué consiste el ayuno? – El ayuno consiste en no hacer más que una sola comida fuerte al día, permitiéndose la colación por la noche y la parvedad por la mañana, el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo.

497.- ¿De qué sirve el ayuno? – El ayuno sirve para disponernos mejor a la oración, para hacer penitencia de los pecados cometidos y para preservarnos de cometer otros nuevos.

498.- ¿Quien está obligado al ayuno? – Al ayuno están obligados todos los cristianos desde los diez y ocho años cumplidos hasta los sesenta incoados, si no están dispensados o excusados por legítimo impedimento.

499.- ¿Están exentos de la mortificación los que no tienen obligación de ayunar? – Los que no tienen obligación de ayunar no están exentos de la mortificación, porque todos estamos obligados a hacer penitencia.

500.- ¿Para qué fin se instituyó la Cuaresma? – La Cuaresma se instituyó para imitar en alguna manera el riguroso ayuno de cuarenta días que Jesucristo practicó en el desierto y para prepararnos por medio de la penitencia a celebrar santamente la Pascua.

502.- ¿Para qué fin se ha instituido el ayuno de las vigilias? – El ayuno de las vigilias se ha instituido para prepararnos a celebrar santamente las fiestas principales.

(*) El ayuno obliga el miércoles de ceniza y el viernes santo.

LA VOZ DEL PADRE COMÚN
BASES DEL
HUMANISMO CRISTIANO

Discursos y Mensajes de S.S. Pío XII (1949)

El Humanismo es problema de actualidad

El humanismo constituye hoy la orden del día. Sin duda alguna existe una gran dificultad en formar y reconocer, al través de su evolución histórica, un claro concepto de su naturaleza. Con todo, aunque el humanismo declaró por mucho tiempo estar opuesto formalmente a la edad media que le precedió, lo cierto es que todo lo que contiene de verdadero, de bueno, de grande y de eterno pertenece al mundo espiritual del más grande de los genios del Medioevo, Santo Tomás de Aquino.

Su concepto cristiano es el mismo a través de los tiempos.

 

En líneas generales, el concepto del hombre y del mundo, trazado por la perspectiva cristiana y católica, sigue siendo esencialmente el mismo, de donde es igual en San Agustín, Santo Tomás y Dante, como sigue siendo el mismo en la filosofía cristiana moderna. La obscuridad de ciertas cuestiones filosóficas y teológicas, que han sido aclaradas y gradualmente resueltas con el transcurso de los años, no disminuye un ápice la realidad de este hecho.

 

Sin hacer caso a las opiniones veleidosas que han aparecido en diversos períodos de la historia, la Iglesia ha afirmado el valor de todo lo humano y de todo lo que está en conformidad con la naturaleza, y sin titubeo ninguno ha tratado de desenvolver este valor y colocarlo en su propio y evidente lugar.

La Iglesia afirma el valor de lo humano:

 

Por eso no admite, por ejemplo, que el hombre sea, a los ojos de Dios, simple corrupción y pecado; por el contrario, a los ojos de la Iglesia, el pecado original no afectó íntimamente las aptitudes y las fuerzas internas del hombre, sino que, por el contrario, dejó esencialmente intactos la luz natural de su inteligencia, y su libre albedrío. Ciertamente el hombre en su ser se encuentra herido y debilitado por la pesada herencia de una naturaleza caída, privada de los dones sobrenaturales y preternaturales. Empero, él debe hacer un esfuerzo para observar la ley natural, con la poderosa ayuda de la gracia de Cristo, para que pueda vivir como el honor de Dios y su dignidad de hombre lo exigen.

sabe que el hombre conserva, a pesar de la caída, la inteligencia y el libre albedrío; debe esforzarse por observar la ley natural.

 

La ley natural, he aquí el fundamento en que descansa la doctrina social de la Iglesia. Es precisamente su concepción cristiana de la vida lo que ha inspirado y sostenido a la Iglesia, al levantar esta doctrina sobre tales fundamentos. Cuando lucha y vence por defender su propia libertad, lo hace realmente por la verdadera libertad y por los derechos fundamentales del hombre. A sus ojos estos derechos esenciales son tan inviolables, que no hay razón de Estado ni pretexto de un bien común que puedan prevalecer contra ellos. Están protegidos y custodiados por una muralla inexpugnable, y hasta sus bases puede el bien común legislar como quiera, mas no puede traspasar esta muralla, no puede tocar siquiera estos derechos, porque constituyen lo más precioso del bien común, precisamente.

fundamento de la doctrina social de la Iglesia. Cuando ella lucha por su libertad, lucha en verdad por la libertad y los derechos humanos, que no pueden ser violados por ninguna razón de Estado ni pretexto de bien común.

Si se hubiera respetado este principio, cuántas tragedias y catástrofes y cuántos peligros amenazadores podrían evitarse. Este simple principio podría por sí solo renovar la faz social y política del mundo.

 

Mas, ¿quién, sin embargo, va a rendir este respeto incondicional a los derechos del hombre, sino el que sabe que vive bajo la mirada omnisciente de un Dios personal?

Un sentido común sano puede hacer muchísimo cuando acepta lo que la fe cristiana enseña: puede salvar al hombre de las garras de la tecnocracia y del materialismo.

La fe en Dios es el fundamento de este respeto, y puede salvar al hombre de la tecnocracia, del materialismo y del abandono absoluto.

El destino del hombre no descansa en un “Geworfensein”, en un abandono absoluto. El hombre es la criatura de Dios, y vive constantemente bajo su guía y bajo la vigilancia de su Providencia paternal. Laboremos, entonces, por revivir en las nuevas generaciones la confianza en Dios, en sí mismas, y en el futuro, y de este modo, hagamos posible la aurora de un orden más tolerable y feliz.

 

Octubre 12.
A los miembros de la Convención Internacional de Estudios Humanísticos. En francés.

Opúsculo

LAS PROPIEDADES DE LA MISA

Las gracias qué alcanza la persona que oye misa devotamente son estas:

Primera: Quien celebra la misa ora especialmente por quien la oye.

Segunda: Oyendo la misa se goza de maravillosa compañía, porque en la misa está Jesucristo, tan grande como en el árbol de la cruz, y por concomitancia está también la divinidad, la Trinidad santa. Además, está en compañía de los ángeles santos. Y, según escribe un doctor, en el lugar en donde se celebra el santo sacrificio de la misa hay muchos santos) y santas, especialmente por aquello: Son vírgenes que siguen al Cordero doquiera que va (Apoc., 14, 4.).

Tercera gracia que alcanza la persona que oye devotamente la misa: Que le ayuda en los trabajos y negocios. Se lee de un caballero, que tenía costumbre de oír misa sumido en gran devoción, que cierta vez salió del mar con sus compañeros y estaba preparándose en una capilla para oír misa. Los compañeros le anunciaron que la nave iba a darse a la vela y que se diese prisa. El caballero contestó que primero quería oír misa. Por lo cual le dejaron en tierra v partió la nave) Después de haber oído la misa, el caballero se durmió, y cuando despertó se halló en su propia tierra. Después de muchos días llegaron los de la nave, y se maravillaron al verlo.

Y de otros casos se leen cosáis maravillosas. Además, la persona que oye misa disgusta mucho al diablo; pues interroga­do cierta vez qué era lo que más le desagradaba contestó que tres cosas: los sermones, es decir, la palabra de Dios, la misa y la penitencia.

Cuarta gracia que alcanza la persona que oye misa devota­mente: Que será iluminada en las cosas que ha de discernir y determinar por su inteligencia. Se dice de San Buenaventura, de la Orden de frailes menores, que ayudaba las misas frecuentemente y con harta devoción. Y un día, sirviendo la misa, Santo Tomás de Aquino vio una lengua de fuego sobre la ca­beza del dicho fray Buenaventura, el cual, de entonces en ade­lante tuvo ciencia infusa.

Quinta gracia: Que la persona que oye misa devota y benignamente, no morirá ese día de desgracia ni sin confesión. Sexta gracia: Que en su muerte estarán presentes tantos santos cuántas misas haya oído devotamente. Dice San Jeróni­mo que a las almas por las que está obligado a orar el que oye la misa -su padre, su madre, sus parientes y bienhechores-, durante el espacio de tiempo en que oye la misa, les serán atenuadas las penas del purgatorio. Dice San Ambrosio que des­pués que la persona haya oído la misa, todo lo que coma en aquel día hará más provecho a su naturaleza que si no hubiese oído la misa. Si la mujer en estado oye la misa, dará a luz sin gran trabajo, si lo hiciere en aquel día.

San Agustín escribe en el libro De civitate Dei que a la persona que oye misa devotamente nuestro Señor le dará en ese día las cosas necesarias. La segunda gracia que tendrá es que sus palabras vanas le serán perdonadas. Tercera, que aquel día no perderá ningún pleito. Cuarta, que mientras oye la misa no envejece ni se debilita su cuerpo. Quinta, que si muere en ese día la misa le valdrá tanto como si hubiese comulgado. Sexta, que los pasos que da yendo y viniendo a la misa, son contados por los santos ángeles y remunerados por Dios nuestro Señor. Además, más vale una misa que se oye en vida devotamente, que si después de la muerte oyera otro mil. Se lee que oír misa con devoción aprovecha para remisión de los pecados y crecimiento de gracia más que otras oraciones que el hombre pueda decir o hacer, pues toda la misa es oración de nuestro Señor y Redentor Jesucristo, infinitamente dulce y piadoso, que es cabeza nuestra y todos los fieles sus miembros. Dice San Gre­gorio que mientras se celebra la misa se perdonan los pecados de los muertos y de los vivos. Y San Crisóstomo escribe que vale tanto la celebración de la misa como la muerte de Jesu­cristo, por la que nos redimió de todos nuestros, pecados. Finalmente, la salvación de la humanidad está cifrada en la celebra­ción del santo sacrificio de la misa, porque todo el esfuerzo del malvado anticristo se orientará a quitar de la santa Madre Iglesia este santo misterio, en el que se maneja el precioso cuerpo de Jesucristo, en memoria de su santa pasión, por medio de la cual los fieles cristianos de buena vida, aunque sean igno­rantes y sin ciencia, podrán ver las astucias y malicias del mal vado anticristo y de sus seguidores.

San VICENTE FERRER
Extracto de "San Vicente Ferrer" Ed. B.A.C.

 

El Cuerpo Místico de Cristo

El pueblo de Dios no es solamente un cuerpo de sacerdotes y reyes, es tambiénuna comunidad social, el Cuerpo Místico de Cristo, el cual posee dos propiedades esenciales a toda sociedad:

1. multiplicidad de miembros y funciones correspondientes a cada uno, y

2. unidad en su movimiento. Todos los miembros forman en la Iglesia "un cuerpo coordinado y unido" (Ef. 4, 16) en el que todos tienen una parte y una funciónque está en perfecta armoníacon la unidad de todo el cuerpo. No tienen una vida propia, sino que un único principio encauza sus actividades al bien comúnde todo el cuerpo (I Cor. 12, 12 ss).

Este cuerpo dotado de múltiples miembros y unidad de vida, no es un compuesto social cualquiera sino el Cuerpo de Cristo. "Vosotros sois el cuerpo de Cristo y miembros cada uno por su parte" (ICor.12, 27). Cristo y la Iglesia son inseparables y se completan mutuamente.

San Pablo concibe la Iglesia no como un cuerpo físico en el que las partes no conservan su individualidad, ni como un cuerpo moral en el que los miembros se unen entre sí por un vínculo puramente externo, sino como un cuerpo místico en el que las partes, conservando su individualidad, se unen por un principio intrínseco sobrenatural comúna todas: el Espíritu Santo (I Cor. 12, 4-11).

Cristo es la cabeza del cuerpo porque asume en la Iglesia la misma función que la cabeza en el cuerpo físico; es decir, gobierna e infunde vida (Ef. 1, 22-23). Cristo es cabeza de la Iglesia y esta su complemento que se puede entender en dos sentidos: o la Iglesia perfecciona a Cristo porque le proporciona los miembros cuya cabeza es El, y sin la cual no podrían subsistir; o Cristo perfecciona la Iglesia porque siendo su cabeza le confiere la vida. En los dos casos Cristo y la Iglesia son inseparables como la cabeza y el cuerpo. Como en la alegoríade la vid y los sarmientos (Jn. 15, 1-5), Cristo, cabeza de al Iglesia, es el principio del que deriva la vida que circula por los miembros y los hace crecer y secunda en sus funciones.

Si Cristo es la cabeza del cuerpo místico porque lo gobierna y le da vida, el Espíritu Santo es el alma que vivifica este cuerpo.

El alma aun siendo independiente del cuerpo, existe en el y lo informa como principio vital que le confiere unidad y actividad.

Es la funciónque realiza en la Iglesia el Espíritu Santo. Existe independientemente de la Iglesia porque es una persona de la Santísima Trinidad que se distingue del Padre y del Hijo y de cualquier otra realidad. Sin embargo, así como el alma, aunque sea independiente del cuerpo, existe en el informándolo, así el Espíritu Santo está en la Iglesia y la informa componiendo con ella como un solo organismo. Afirma San Pablo: el Espíritu de Dios "habita en vosotros" (Rom. 8,9) y escribiendo a los corintios:

"¿No sabéis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, que habita en vosotros, Espíritu que habéis recibido de Dios y que no sois vuestros?" (I Cor. 6,19).

Ademásel Espíritu Santo es en la Iglesia el principio de su vida sobrenatural, como el alma es el principio natural en el cuerpo: De éldimanan los dones de la vida sobrenatural: carismas, misterios y operaciones. San Pablo le atribuye como consecuencia los frutos: "Los frutos del Espíritu Santo son: caridad, alegría, paz, longanimidad, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, continencia (Gál. 5, 22-23).

El Espíritu Santo, al igual que el alma en el cuerpo, es el principio de la unidad y actividad del cuerpo místico que es la Iglesia. Es en virtud del Espíritu Santo que la Iglesia posee la triple potestad de enseñar, gobernar y santificar. Si la Iglesia es infalible en su doctrina lo debe al Espíritu Santo (Jn. 16, 12-15); si santifica con los sacramentos es por el Espíritu Santo (Jn. 3,5; 20, 22-23); si gobierna según los preceptos revelados es tambiénpor el Espíritu Santo (Lc. 24, 48-49).

Los miembros que forman parte del cuerpo místico de Cristo pueden ser perfectos o imperfectos.

Son miembros perfectos todos los bautizados, de cualquier raza o condición(ICor.12,12-13; Gál.3,27-28). Estar bautizados e incorporados a la Iglesia es idéntico. Pero, así como Dios pone condiciones para entrar en la Iglesia, las pone tambiénpara permanecer en ella. Podemos resolverlas en dos:

1. aceptar todas las verdades predicadas por los apóstoles y

2. obedecer a la legítima autoridad por El establecida. Jesúsdijo que el que no crea se condenará (Mc. 16, 16) y confió todo su rebañoa Pedro para que lo defienda y lo apaciente (Jn.21,15 ss)

Quedan por lo tanto fuera de la Iglesia: quiénes voluntaria y conscientemente niegan una verdad revelada por Cristo y propuesta por el Magisterio; quiénes niegan obediencia al Romano Pontífice, sucesor de Pedro; los excomulgados, ya que la Iglesia recibió el poder de alejar de sí los miembros que resistan sus órdenes (Mt.18, 17-18).

Los luteranos y calvinistas del siglo XVI enseñaron erróneamente que sólo los justos y predestinados son miembros de la Iglesia.

Jesúsno concibió su Iglesia como una agrupaciónde justos y predestinados al paraíso, sino como una sociedad en la que viven justos buenos y malos (Mt. 13, 47-50), vírgenes necias y prudentes (25, 1-13), trigo y cizaña(13, 24 ss.). Precisamente por esto Jesúsinstituyó el sacramento de la penitencia para perdonar los pecados (Jn. 20, 23).

Los miembros imperfectos de la Iglesia son:

1. Los catecúmenos, que, aunque todavíano están incorporados a Cristo por el bautismo, tienen la explícita voluntad de recibir el sacramento, de aceptar las enseñanzas de la Iglesia y de obedecer a sus legítimos pastores.

2. Los bautizados que no poseen la integridad de la fe, que no aceptan lo que enseñala Iglesia, que no admiten la autoridad del Papa. Sin embargo, son muchos todavíalos vínculos que los une a la Iglesia Católica: admiten la Escritura como norma de fe y conducta moral; tienen un bautismo válido y poseen tambiénotros sacramentos como la confirmacióny la eucaristía, y en el caso de los ortodoxos, los siete; tienen algunos el episcopado y veneran a la Virgen María, madre de Dios. Todo lo cual hace que el Espíritu Santo produzca en ellos, aunque de modo limitado frutos de santidad. Estos vínculos confieren un fundamento teológico sobre el que se apoya la actividad ecuménica que trata de evitar el escándalo de la divisióna cuantos sienten la llamada de Cristo.

3. Los no cristianos, especialmente el pueblo judío, que, aunque no aceptó aCristo, fue depositario de las promesas mesiánicas y es descendiente de aquellos patriarcas de quiénes los cristianos son hijos espirituales. Por tener fe en el verdadero Dios y el hecho que un día, que sólo Dios sabe, aceptarána Cristo, permite decir que los hebreos estántambiénordenados al pueblo de Dios.

4. Los paganos, que no han conocido jamásel Evangelio del Dios viviente, pero que lo buscan todavíasiempre que intentan vivir en armoníacon la ley natural grabada en su corazóny en la que, al menos implícitamente, reconocen la voz de Dios que desea que todos al conocimiento de la verdad (I Tim. 2, 4).

Así pues, el pueblo de Dios está dotado de un dinamismo particular y por su misma naturaleza es ecuménico y misionero. Ecuménico porque está llamado a convertir en miembros perfectos del pueblo de Dios a todos los que se adhieran a Cristo; misionero porque quiere llevar el Evangelio a todos los hombres invitándolos a entrar en la Iglesia para gozar la plenitud de la vida. Este dinamismo se prolongará hasta que no exista un solo infiel que sin culpa ignore el Evangelio.

Justamente puede llamarse este pueblo "familia de Dios" porque El la engendró,"templo de Dios" porque El lo habita, "rebañode Dios" porque El lo gobierna, y especialmente "Cuerpo de Cristo" porque la vida que circula por el es la que Cristo le infundió.Es "IGLESIA", es decir, comunidad de elegidos.

 

DEL CAPÍTULO CIX

De todo lo dicho podemos deducir que, según la verdad de la fe católica, tenía Cristo un verdadero cuerpo, de nuestra naturaleza, una verdadera alma racional, y al mismo tiempo la divinidad perfecta. Estas tres sustancias se unen en una sola persona, pero no en una sola naturaleza. Ciertas inteligencias han incurrido en errores al exponer esta verdad. En efecto, considerando algunos que lo que a alguno sobreviene después del complemento del ser está accidentalmente agregado a él, como el vestido al hombre, han supuesto que la humanidad estuvo unida a la divinidad en la persona del Hijo como una unión accidental; de modo que la naturaleza de que estaba revestida era, con respecto a la persona del Hijo, lo que el vestido es al hombre. En prueba de esto, aducían lo que de Cristo dice el Apóstol a los filipenses: Fue semejante a un hombre, etc.
Consideraban también que de la unión del alma con el cuerpo resulta cierto individuo de una naturaleza racional, al cual se llama una persona. Si el alma en Cristo había sido unida al cuerpo, no podían dejar de reconocer como consecuencia que esta unión constituía una persona, y de ahí se seguiría que en Cristo hay dos personas, a saber la persona que toma y la persona que es tomada; porque en el hombre vestido no hay dos personas, supuesto que el vestido no tiene el carácter de una persona, y si el vestido fuera una persona, se seguiría que había dos personas en el hombre vestido. Para evitar esta dificultad han supuesto algunos que el alma de Cristo jamás había estado unida al cuerpo, y que la persona del Hijo de Dios había tomado separadamente un alma y un cuerpo. Pero queriendo en esta opinión evitar un inconveniente, se incurre en otro mayor. De ella se sigue necesariamente que Cristo no fue un hombre verdadero. La verdad de la naturaleza humana exige la unión de un alma y de un cuerpo, porque es hombre lo que se compone del uno y de la otra. También se seguiría que Cristo no tomó verdadera carne, y que no fue real ninguno de sus miembros, porque sin el alma no hay ni ojo, ni mano, ni carne, ni figura más que de una manera equívoca, como un objeto pintado o esculpido. Se seguiría también que Cristo no murió verdaderamente, porque la muerte es la pérdida de la vida. La divinidad no puede perder la vida por la muerte, y el cuerpo no puede estar vivo si no está unido a un alma. Por último, se seguiría que el cuerpo de Cristo no ha podido ser sensible, porque el cuerpo no tiene sensibilidad sino por el alma a él unida.
Además de esto, esta opinión cae en el mismo error de Nestorio que se proponía evitar. Nestorio erró suponiendo que el Verbo de Dios había estado unido a Cristo hombre por la inhabitación de la gracia; de tal modo, que el Verbo de Dios habitó en este hombre como en su templo. Importa poco, en cuanto al fin, decir que el Verbo está en el hombre como en su templo, o decir que la naturaleza humana se unió al Verbo como un vestido a un hombre vestido. Esta opinión es más detestable, porque no puede confesar que Cristo es un hombre verdadero; opinión que justamente ha sido condenada. Además, un hombre vestido no puede ser la persona del vestido o del traje, ni tampoco puede decirse de modo alguno que esté en la especie del vestido; luego si el Hijo de Dios tomó la naturaleza humana como un vestido, de modo alguno podrá ser considerado como una persona de la naturaleza humana, ni tampoco podrá decirse que el Hijo de Dios sea de la misma naturaleza que los demás hombres, aun cuando el Apóstol diga de Él que fue hecho a semejanza de los demás hombres. De todo resulta que es necesario rechazar enteramente esta opinión.

 
 
 
ENCÍCLICA DE LA SAGRADA LITURGIA “MEDIATOR DEI” DE PIO XII PARTE SEGUNDA

EL CULTO EUCARISTICO

I. Naturaleza del Sacrificio Eucarístico 

A) MOTIVO DE TRATAR ESTE TEMA

84. El Misterio de la Santísima Eucaristía, instituida por el Sumo Sacerdote, Jesucristo, y renovada constantemente por sus ministros, por obra de su voluntad, es como el compendio y el centro de la religión cristiana. Tratándose de lo más alto de la Sagrada Liturgia, creemos oportuno, Venerables Hermanos, detenernos un poco y atraer Vuestra atención a este gravísimo argumento

B) EL SACRIFICIO EUCARISTICO

1.° Institución

85. Cristo, Nuestro Señor, «Sacerdote eterno según el orden de Melchisedec», que «habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo», «en la última cena, en la noche en que era traicionado, para dejar a la Iglesia, su Esposa amada, un sacrificio visible ‑como lo exige la naturaleza de los hombres‑, que representase el sacrificio cruento que había de llevarse a efecto en la Cruz, y para que su recuerdo permaneciese hasta el fin de los siglos y fuese aplicada su virtud salvadora a la remisión de nuestros pecados cotidianos… ofreció a Dios Padre su Cuerpo y su Sangre, bajo las especies del pan y del vino, y las dió a los Apóstoles, entonces constituidos en Sacerdotes del Nuevo Testamento, a fin de que bajo estas mismas especies lo recibiesen, mientras les mandaba a ellos y a sus sucesores en el Sacerdocio, el ofrecerlo»

2.° Naturaleza

a) No es simple conmemoración 

86. El Augusto Sacrificio del Altar no es; pues, una pura y simple conmemoración de la Pasión y Muerte de Jesucristo, sino que es un Sacrificio propio y verdadero, en el cual, inmolándose incruentamente el Sumo Sacerdote, hace lo que hizo una vez en la Cruz, ofreciéndose todo El al Padre, Víctima gratísima. «Una… y la misma, es la Víctima; lo mismo que ahora se ofrece por ministerio de los Sacerdotes, se ofreció entonces en la Cruz; sólo es distinto el modo de hacer el ofrecimiento»

b) Comparación con el de la Cruz 

1) Idéntico Sacerdote 

87. Idéntico, pues, es el Sacerdote, Jesucristo, cuya Sagrada Persona está representada por su ministro. Este, en virtud de la consagración sacerdotal recibida, se asimila al Sumo Sacerdote y tiene el poder de obrar en virtud y en la persona del mismo Cristo; por esto, con su acción sacerdotal, en cierto modo; «presta a Cristo su lengua; le ofrece su mano». 

2) Idéntica Víctima 

88. Igualmente idéntica es la Víctima; esto es, el Divino­ Redentor; según su humana Naturaleza y en la realidad de su Cuerpo y de su Sangre

3) Distinto modo

89. Diferente, en cambio, es el modo en que Cristo es ofrecido. En efecto, en la Cruz, El se ofreció a Dios todo entero, y le ofreció sus sufrimientos y la inmolación de la Víctima fue llevada a cabo por medio de una muerte cruenta voluntariamente sufrida; sobre el Altar, en cambio, a causa del estado glorioso de su humana Naturaleza, «la muerte no tiene ya dominio sobre El» y, por tanto, no es posible la efusión de la sangre; pero la divina Sabiduría han encontrado el medio admirable de hacer manifiesto el Sacrificio de Nuestro Redentor con signos exteriores, que son símbolos de muerte. Ya que por medio de la Transubstanciación del pan en el Cuerpo y del vino en la Sangre de Cristo, como se tiene realmente presente su Cuerpo, así se tiene su Sangre; así, pues, las especies eucarísticas, bajo las cuales está presente, simbolizan la cruenta separación del Cuerpo y de la Sangre. De este modo, la conmemoración de su muerte, que realmente sucedió en el Calvario, se repite en cada uno de los sacrificios del altar, ya que por medio de señales diversas se significa y se muestra Jesucristo en estado de víctima

4) Idénticos fines 

a’) Primer fin: Glorificación de Dios

90. Idénticos, finalmente, son los fines, de los que el primero es la glorificación de Dios. Desde su Nacimiento hasta su Muerte, Jesucristo estuvo encendido por el celo de la Gloria divina y, desde la Cruz, el ofrecimiento de su Sangre, llegó al cielo en olor de suavidad. Y para que el himno no tenga que acabar jamás en el Sacrificio Eucarístico, los miembros se unen a su Cabeza divina, y con El, con los Ángeles y los Arcángeles, cantan a Dios perennes alabanzas, dando al Padre Omnipotente todo honor y gloria 

b’) Segundo fin: Acción de gracias a DIOS

91. El segundo fin es la Acción de gracias a Dios. Sólo el divino Redentor, como Hijo predilecto del Padre Eterno, de quien conocía el inmenso amor, pudo alzarle un digno himno de acción de gracias. A esto miró y esto quiso «dando gracias»en la última Cena, y no cesó de hacerlo en la Cruz ni cesa de hacerlo en el augusto Sacrificio del Altar, cuyo significado es precisamente la acción de gracias o eucarística; y esto, porque es «cosa verdaderamente digna, justa, equitativa y saludable»

c’) Tercer fin: Expiación y propiciación

92. El tercer fin es la Expiación y la Propiciación. Ciertamente nadie, excepto Cristo, podía dar a Dios Omnipotente satisfacción adecuada por las culpas del género humano. Por esto, El quiso inmolarse en la Cruz como «propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los de todo el mundo». En los altares se ofrece igualmente todos los días por nuestra Redención, a fin de que, libres de la condenación eterna, seamos acogidos en la grey de los elegidos. Y esto no sólo para nosotros, los que estamos en esta vida mortal, sino también «para todos aquellos que descansan en Cristo, los que nos han precedido por el signo de la fe y duermen ya el sueño de la paz» «porque lo mismo vivos que muertos, no nos separamos del único Cristo»

d’) Cuarto fin: Impetración

93. El cuarto fin es la Impetración. Hijo pródigo, el hombre ha malgastado y disipado todos los bienes recibidos del Padre celestial, y por esto se ve reducido a la mayor miseria y necesidad; pero desde la Cruz, Cristo «habiendo ofrecido oraciones y súplicas con poderosos clamores y lágrimas, fue escuchado por su reverencial temor», y en los altares sagrados ejercita la misma eficaz mediación, a fin de que seamos colmados de toda clase de gracias y bendiciones

c) Aplicación de la virtud salvadora de la Cruz.

1) Afirmación de Trento

94. Por tanto, se comprende fácilmente la razón por qué el Sacrosanto Concilio de Trento afirma que con el Sacrificio Eucarístico nos es aplicada la virtud salvadora de la Cruz, para la remisión de nuestros pecados cotidianos

2) Única oblación: La Cruz

95. El Apóstol de los Gentiles, proclamando la superabundante plenitud y perfección del Sacrificio de la Cruz, ha declarado que Cristo, con una sola oblación, perfeccionó perpetua­mente a los santificados. En efecto, los méri­tos de este Sacrificio, infinitos e inmensos, no tienen límites, y se extiendan a la universalidad de los hombres en todo lugar y tiempo porque en El el Sacerdote y la Víctima es el Dios Hom­bre; porque su inmolación, lo mismo que su obediencia a la voluntad del Padre eterno, fue perfectísima y porque quiso morir como Cabeza del género humano: «Mira cómo ha sido trata­do Nuestro Salvador: Cristo pende de la Cruz; mira a qué precio compró…, vertió su Sangre. Compró con su Sangre, con la Sangre del Cor­dero Inmaculado, con la Sangre del único Hijo de Dios… Quien compra es Cristo; el precio es la Sangre; la posesión todo el mundo»

3) La aplicación

96. Este rescate, sin embargo, no tuvo in­mediatamente su pleno efecto; es necesario que Cristo, después de haber rescatado al mundo con el preciosísimo precio de Sí mismo, entre en la posesión real y efectiva de las almas. De aquí que para que con el agrado de Dios se lleve a cabo la redención y salvación de todos los indi­viduos y las generaciones venideras hasta el fin de los siglos, es absolutamente necesario que todos establezcan contacto vital con el Sacrifi­cio de la Cruz, y de esta forma, los méritos que de él se derivan les serán transmitidos y apli­cados. Se puede decir que Cristo ha construido en el Calvario un estanque de purificación y salvación que llenó con la Sangre vertida por El; pero si los hombres no se bañan en sus aguas y no lavan en ellas las manchas de su iniquidad, no pueden ciertamente ser purifica­dos y salvados

97. Por lo tanto, para que cada uno de los pecadores se lave con la Sangre del Cordero, es necesaria la colaboración de los fieles. Aunque Cristo, hablando en términos generales, haya reconciliado con el Padre, por medio de su Muerte cruenta, a todo el género humano, quiso, sin embargo, que todos se acercasen y fuesen conducidos a la Cruz por medio de los Sacramentos y por medio del Sacrificio de la Eucaristía, para poder conseguir los frutos de salvación, ganados por El en la Cruz. Con esta participación actual y personal, de la misma manera que los miembros se configuran cada día más a la Cabeza divina, así afluye a los miembros, de forma que cada uno de nosotros puede repetir las palabras de San Pablo: «Estoy crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí». Como en otras ocasiones hemos dicho de propósito y concisamente, Jesucristo «al morir en la Cruz, dio a su Iglesia, sin ninguna cooperación por parte de Ella, el inmenso tesoro de la Redención; pero, en cambio, cuando se trata de distribuir este tesoro, no sólo participa con su Inmaculada Esposa de esta obra de santificación, sino que quiere que esta actividad proceda también, de cualquier forma, de las acciones de Ella»

98. El augusto Sacramento del Altar es un insigne instrumento para la distribución a los creyentes de los méritos derivados de la Cruz del Divino Redentor: «Cada vez que se ofrece este Sacrificio, se renueva la obra de nuestra Redención» Y esto, antes que disminuir la dignidad del Sacrificio cruento, hace resaltar, como afirma el Concilio de Trento, su grandeza y proclama su necesidad. Renovado cada día, nos advierte que no hay salvación fuera de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, que Dios quiere la continuación de este Sacrificio «desde la salida del sol hasta el ocaso», para que no cese jamás el himno de glorificación y de acción de gracias que los hombres deben al Creador desde el momento que tienen necesidad de su continua ayuda y de la Sangre del Redentor para compensar los pecados que ofenden a su Justicia.   

ANGELES

 

«He pensado que estos ángeles pueden volar porque no se encuentran bajo la gravitación de las cosas materiales de la tierra, sino en la gravitación del amor del Resucitado; y que podríamos volar si nos saliéramos algo de la gravitación de los material y entráramos en la nueva gravitación del Resucitado».  -Benedicto XVI, 3 Marzo, 2007

v      Los ángeles están de moda
Libros, películas…
-Es bueno que se hable de los ángeles mientras que se hable la verdad.
Desafortunadamente lo que abunda es fantasía que responde al afán de novedades. Se dice que los ángeles son: Energía; dioses;  Seres humanos re-encarnados o que los seres humanos seremos ángeles.

v      La respuesta a estos errores no es rechazar a los ángeles sino conocerlos bien,   según la revelación de Dios.  Veamos porque conocer y recibir bien a los ángeles es importante.   

v      Recordemos: Los ángeles buenos nunca son agentes independientes, nunca se centran en si mismos. SIEMPRE están al servicio de Dios y siempre nos guían a la Verdad plena que es Jesucristo.  Cuidado con historias de ángeles que ignoran o contradicen la fe cristiana. Los ángeles de Dios son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20).  CIC 329

v      Los ángeles existen. 
o        Es doctrina de la fe católica, fundamenta en las Sagradas Escrituras y en la unanimidad de la Tradición Apostólica. “Confirmado en el Concilio Lateranense IV (1215), cuya formulación ha tomado el Concilio Vaticano I en el contexto de la doctrina sobre la creación (Const. De fide Cath… DS 3002). “  Ver CIC 328s. 
o        En el Credo proclamamos y confesamos a Dios creador de todo lo invisible e invisible.

v      Angeles buenos y demonios.
o        Dios creó a todos los ángeles para compartir su felicidad eterna. Pero los ángeles fueron probados y una porción de ellos se rebeló contra Dios. “ángeles llamados a declararse en favor de Dios o contra Dios mediante un acto radical e irreversible de adhesión o de rechazo de su voluntad de salvación”. (JP2, 30,VII,86)
o        Destino: San Pedro: Jesús "está a la diestra de Dios, después de haber ido al cielo, una vez sometidos a El ángeles, potestades y poderes" (1 Pe 3, 22).

v      Naturaleza angelical
o       
Seres espirituales, no corporales  CIC 328
o        Los ángeles y los seres humanos son de diferente naturaleza. Ni los hombres se convierten en ángeles ni los ángeles en hombres.
o       
Los ángeles no tienen "cuerpo" (si bien en determinadas circunstancias se manifiestan bajo formas visibles a causa de su misión en favor de los hombres), y por tanto no están sometidos a la ley de la corruptibilidad que une todo el mundo material. Jesús mismo, refiriéndose a la condición angélica, dirá que en la vida futura los resucitados  "no pueden morir y son semejantes a los ángeles" (Lc 20, 36).   (JPII; 6,VIII,86)
o        Son inmortales" Cf CIC 330. 
o        Tienen inteligencia y voluntad.
o        Superan en perfección a todas las criaturas visibles.
o         “Los ángeles son seres personales y, en cuanto tales, son también ellos, "imagen y semejanza" de Dios.

v      Ordenes y grados de ángeles
o        “La Sagrada Escritura se refiere a los ángeles utilizando también apelativos no sólo personales (como los nombres propios de: Rafael, Gabriel, Miguel), sino también "colectivos" (como las calificaciones de: Serafines, Querubines, Tronos, Potestades, Dominaciones, Principados), así como realiza una distinción entre Ángeles y Arcángeles. Aún teniendo en cuenta el lenguaje analógico y representativo del texto sacro, podemos deducir que esto seres-personas, casi agrupados en sociedad, se subdividen en órdenes y grados, correspondientes a la medida de su perfección y a las tareas que se les confía. Los autores antiguos y la misma liturgia hablan también de los coros angélicos (nueve, según Dionisio el Areopagita). La teología, especialmente la patrística medieval, no ha rechazado estas representaciones, tratando en cambio de darle una explicación doctrinal y mística, pero sin atribuirles un valor absoluto.”   (JPII, 6, VIII,86)
o        Algunos autores y místicos, dividen a los ángeles entre Asistentes al Trono Divino (los grados mas altos) y Mensajeros de Dios que cumplen diversas misiones por encargo suyo.

v      Aunque la Biblia habla de siete arcángeles  (Cf Tb 12,15,  Ap 1,4) solo revela el nombre de tres. Estos son los que la Iglesia honra con culto litúrgico: Miguel, Gabriel y Rafael.
o        La fiesta de los arcángeles es el 29 de septiembre.
o        Cada uno de los nombres termina con “El” que significa “Dios”.       
o        El primero es Miguel Arcángel (cf. Dan 10, 13. 20; Ap 12, 7; Jdt 9).
§         Su nombre expresa sintéticamente la actitud esencial de los espíritus buenos. "Mica-El" significa en efecto: "¿Quién como Dios?".
§         En este nombre se halla expresada la elección salvífica gracias a la cual los ángeles "ven la faz del Padre" que está en los cielos.
o        El segundo es Gabriel: figura vinculada sobre todo al misterio de la Encarnación del Hijo de Dios (cf. Lc 1, 19. 26).
§         Gabri-El significa: "Mi poder es Dios" o "Poder de Dios", como para decir que el culmen de la creación, la Encarnación es el signo supremo del Padre Omnipotente.
o        El tercer arcángel se llama Rafael.
§         "Rafa-El" significa: "Dios cura". Él se ha hecho conocer por la historia de Tobías en el Antiguo Testamento (cf. Tob 12. 15. 20, etc.).

v      Cada una de estas tres figuras: Mica-El, Gabri-El y Rafa-El reflejan de modo particular la verdad contenida en la pregunta planteada por el autor de la Carta a los Hebreos: "¿No son todos ellos espíritus administradores, enviados para servicio en favor de los que han de heredar la salud?" (Heb 1, 14).”   (JPII, 6, VIII,86)
o        Los nombres de los otros cuatro arcángeles (San Uriel, San Barachiel ó Baraquiel, San Jehudiel, Saeltiel) no aparecen en la Biblia. Se encuentran en los libros apócrifos de Enoc, el cuarto libro de Esdras y en la literatura rabínica. Estos nombres pueden tenerse como referencia pero no son doctrina de la Iglesia ya que provienen de libros que no son parte del canon de la Sagrada Escritura.

v      Nos acercamos a los ángeles a medida que estamos en gracia de Dios:
o        "Vosotros os habéis allegado al Monte Sión, a la Jerusalén Celestial y a las miríadas de Ángeles…" Hebreos 12,22. (Cf. Ap. 5,11 y Mt. 26,53).
o        Aunque invisibles, tienen una misión de gran importancia para nosotros.
o        Vemos además que son innumerables.

v      Que hacen los ángeles buenos
o        La Sagrada Escritura les llama “ángeles” de “angelus” significa “mensajero”. 
§         El término hebreo “malak” utilizado en el A.T. significa “delegado” o “embajador”
o        San Agustín dice respecto a ellos "El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel".  CIC 329
o        Fueron creados, como los hombres, conocer, amar y servir a Dios.
o        Ante todo los ángeles adoran a Dios.
§          “Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20).  CIC 329
§         “Lo dice Jesús mismo: "Sus ángeles ven de continuo en el cielo la faz de mi Padre, que está en los cielos" (Mt 18, 10). Ese "ver de continuo la faz del Padre" es la manifestación más alta de la adoración de Dios. Se puede decir que constituye esa "liturgia celeste", realizada en nombre de toso el universo, a la cual se asocia incesantemente la liturgia terrena de la Iglesia, especialmente en sus momentos culminantes. Baste recordar aquí el acto con el que la Iglesia, cada día y cada hora, en el mundo entero, antes de dar comienzo a la plegaria eucarística en el corazón de la Santa Misa, se apela "a los Ángeles y a los Arcángeles" para cantar la gloria de dios tres veces Santo, uniéndose así a aquellos primeros adoradores de Dios, en el culto y en el amoroso conocimiento del misterio inefable de su santidad.”  (JPII; 6, VIII,86)
§         “Los Salmos de modo especial se hacen intérpretes de esa voz cuando proclaman, por ejemplo: "alabad al Señor en el cielo, alabad al Señor en lo alto. Alabadlo, todos sus ángeles…" (Sal 148, 1-2). De modo semejante el Salmo 102 (103): "Bendecid a Yahvé vosotros sus ángeles, que sois poderosos y cumplís sus órdenes, prontos a la voz de su palabra" (Sal 102/103, 20). “  (JPII; 30,VII,86)
o        Toman parte en el gobierno de Dios sobre la creación como poderosos ejecutores de sus órdenes.
o        Dios también los asigna a cuidar cada nación. Cf. Daniel 10, 13-21.
o        También el cuidado de las iglesias:  Apocalipsis 1:20 “las siete estrellas son los Angeles de las siete Iglesias”
o        Dios les ha confiado en particular un cuidado y solicitud para con los hombres
§         Presentan a Dios las peticiones y oraciones del los hombres.  Tobías 3,16-17  “Fue oída en aquel instante, en la Gloria de Dios, la plegaria de ambos y fue enviado Rafael a curar a los dos: a Tobit, para que se le quitaran las manchas blancas de los ojos y pudiera con sus mismos ojos ver la luz de Dios; y a Sara la de Raquel, para entregarla por mujer a Tobías, hijo de Tobit, y librarla de  Asmodeo, el demonio malvado.”
§         Nos ayudan a ser fieles al Señor y cumplir nuestra misión
§         Salmo 91,11-12 “El dará orden sobre ti a sus ángeles de guardarte en todos tus caminos. Te llevarán ellos en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie”
§         Tobías 12,6  “Entonces Rafael llevó aparte a los dos y les dijo: «Bendecid          a Dios y proclamad ante todos los vivientes los bienes que os ha concedido, para bendecir y cantar su Nombre. Manifestad a todos los hombres las acciones de Dios, dignas de honra, y no seáis remisos en confesarle.”
o        “Son también los ángeles quienes "evangelizan" (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación, y de la Resurrección de Cristo.” CIC 333.
§         A los pastores “La gloria del Señor los envolvió con su luz y se llenaron de temor” “No temáis pues os anuncio una gran alegría que lo será para todo el pueblo… ”
o        Tienen por lo tanto una función de mediación y ministerio en las relaciones entre Dios y los hombres.
§         ¿Pero no dice Pablo que solo Jesús es mediador?  Si. Pero los ángeles y los santos le ayudan. Dios ha querido compartir su obra de salvación.
§         Pablo a los Hebreos: a Cristo se la ha dado un “nombre”, y por tanto un ministerio de mediación, muy superior al de los ángeles”  cf. Heb 1,4.
o        Cristo es el centro del mundo de los ángeles y de toda la creación. Los ángeles le pertenecen: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles… (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para El: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él" (Col 1, 16).  CIC 331
§         (Jesús) “los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Hb 1, 14). CIC 331

v      Actúan desde la creación y a lo largo de toda la historia de la salvación
o        los encontramos, anunciando la salvación y sirviendo al designio divino de su realización:
o        Cierran el paraíso terrenal
o        protegen a Lot
o        salvan a Agar y a su hijo
o        detienen la mano de Abraham
o        la ley es comunicada por su ministerio (Cf. Hch 7, 53)
o        conducen el pueblo de Dios
o        anuncian nacimientos y vocaciones
o        asisten a los profetas
o        Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús.

v      De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles” CIC 333.
o        Cuando Dios introduce "a su Primogénito en el mundo, dice: `adórenle todos los ángeles de Dios’" (Hb 1, 6).
o        Gabriel anuncia el nacimiento de Juan Bautista  Cf. Lc, 1,11
o        Es enviado a la Virgen María para comunicarle la elección divina y pedirle su FIAT    Cf. Lc 1, 26-37
o        Un ángel avisa a San José sobre la encarnación y sobre su misión.
§         Mateo 1,20-21  “El Angel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados.»
o        Anuncian a los Pastores el nacimiento y cantas alabanzas por el: "Gloria a Dios… (Lc 2, 9-14)
o        Protegen la infancia de Jesús ante el peligro de Herodes  Cf. Mt 2,13
o        Sirven a Jesús en el desierto.   Cf Mt 4,11
o        En Getsemaní. Lo reconfortan en la agonía, cuando El habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos como en otro tiempo Israel.
o        Después de la resurrección de Cristo un ángel se apareció en forma de un joven y le dijo a las mujeres que habían acudido al sepulcro y estaban sorprendidas por el hecho de encontrarlo vacío: "No os asustéis. Buscáis a Jesús Nazareno, el crucificado; ha resucitado, no está aquí… Pero id a decir a sus discípulos…" (Mc 16, 6-7).
o        María Magdalena, que se ve privilegiada por una aparición personal de Jesús, ve también a dos ángeles (Jn 20, 12-17;  cf. también Lc 24, 4).
o        Ascensión.  Los ángeles "se presentan" a los Apóstoles para decirles: "Hombre de Galilea, ¿qué estáis mirando al cielo? Ese Jesús que ha sido arrebatado de entre vosotros al cielo, vendrá como le habéis visto ir al cielo" (Hch 1, 11).

v      En la segunda venida de Cristo, la “parusía” anunciada por los ángeles, éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor Cf Mt 25, 31.  
o        El Hijo del hombre… vendrá en la gloria de su Padre con los santos ángeles.  (Cf. Mc 8, 38; Mt 16, 27; Lc 9, 26; 2 Tes 1, 7.
o        “(Jesús) atribuye a los ángeles la función de testigos en el supremo juicio divino sobre la suerte de quien ha reconocido o renegado a Cristo: "A quien me confesare delante de los hombres, el Hijo del hombre le confesará delante de los ángeles de Dios" (Lc 12, 8-9; cf. Ap 3, 5). Estas palabras son significativas porque si los ángeles toman parte en el juicio de Dios, están interesados en la vida del hombre.”  –(JPII, 6, VIII,86)

v      “Se puede, por tanto, decir que los ángeles, como espíritus puros, no sólo participan en el modo que les es propio de la santidad del mismo Dios, sino que en los momentos-clave rodean a Cristo y lo acompañan en el cumplimiento de su misión salvífica respecto a los hombres. De igual modo también toda la Tradición y el Magisterio ordinario de la Iglesia ha atribuido a lo largo de los siglos a los ángeles este carácter particular y esta función de ministerio mesiánico.”  –(JP2, 30,VII,86)

v      Los ángeles en la vida de la Iglesia  
“Toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles”. -CIC 334
-En Los Hechos de los Apóstoles aparece la solicitud de los ángeles por el hombre y su salvación:
    -El ángel de Dios libera a los Apóstoles de la prisión (cf. Hch 5, 18-20),
    -Libera a Pedro, que estaba amenazado de muerte por la mano de Herodes (cf. Hch 12, 5-10)
    -El ángel guía la actividad de Pedro respecto al centurión Cornelio, el primer pagano convertido (Hch 10, 3-8; 11, 12-13).
    -Guía al diácono Felipe en el camino de Jerusalén a Gaza (Hch 8, 26-29).
-En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo.  El cántico de alabanza en el nacimiento de Jesús resuena en la liturgia.
-Invoca su asistencia (así en el "Supplices te rogamus…" ["Te pedimos humildemente…"] del Canon romano.
-En la liturgia de los difuntos: "In Paradisum deducant te angeli…" ["Al Paraíso te lleven los ángeles…"]

Angeles Custodios
(Angel de la guarda)
Fiesta 2 de octubre

Desde la infancia a la muerte, la vida de humana esta rodeada de su custodia. "Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida". Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.  CIC 336

La vida humana comienza en el momento de la concepción. Es en ese momento que Dios crea nuestra alma y se deduce que es entonces cuando se nos asigna el ángel custodio. Los ángeles custodios están encargados de velar por cada uno de nosotros, protegiéndonos de los peligros y alentando nuestra vida en Cristo. Deberíamos ser agradecidos con nuestro ángel e invocar su protección y guía.

Fundamentos Bíblicos:
Exodo 23, 20-23a:  Así habla el Señor: «Yo voy a enviar un ángel delante de ti, para que te proteja en el camino y te conduzca hasta el lugar que te he preparado. Respétalo y escucha su voz. No te rebeles contra él, porque no les perdonará las transgresiones, ya que mi Nombre está en él. Si tú escuchas realmente su voz y haces todo lo que yo te diga, seré enemigo de tus enemigos y adversario de tus adversarios. Entonces mi ángel irá delante de ti.»

Mateo 18,10: Guardaos de menospreciar a uno de estos pequeños; porque yo os digo que sus ángeles, en los cielos, ven continuamente el rostro de mi Padre que está en los cielos.

San Basilio: "Todo fiel tiene junto a sí un ángel como tutor y pastor, para llevarlo a la vida" (cf. San Basilio, Adv, Eunomium, III, 1; véase también Santo Tomás, S. Th., I, q. 11, a. 3).

La Iglesia recomienda el recurso a su protección.
La Iglesia celebra la fiesta de los ángeles custodios desde el Siglo XVII. Fue instituida por el Papa Clemente X.

Muchos santos han dado testimonio de una bella relación con sus ángeles custodios:
Sta. Francisca Romana veía a su ángel custodio

Oración
Angel santo de la guarda,
compañero de mi vida,
tú que nunca me abandonas,
ni de noche ni de día.

Aunque espíritu invisible,
sé que te hallas a mi lado,
escuchas mis oraciones
y cuentas todos mis pasos.

En las sombras de la noche,
me defiendes del demonio,
tendiendo sobre mi pecho
tus alas de nácar y oro.

Angel de Dios, que yo escuche
tu mensaje y que lo siga,
que vaya siempre contigo
hacia Dios, que me lo envía.

Testigo de lo invisible,
presencia del cielo amiga,
gracias por tu fiel custodia,
gracias por tu compañía.

En presencia de los ángeles,
suba al cielo nuestro canto:
gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo. Amén.

Himno de la Liturgia de las Horas


El Catecismo de la Iglesia Católica
Los ángeles  #328-336:

La existencia de los ángeles, una verdad de fe.

328 La existencia de seres espirituales, no corporales, que la Sagrada Escritura llama habitualmente ángeles, es una verdad de fe. El testimonio de la Escritura es tan claro como la unanimidad de la Tradición.

Quiénes son los ángeles

329 San Agustín dice respecto a ellos: "Angelus officii nomen est, non naturae. Quaeris nomen huius naturae, spiritus est; quaeris officium, angelus est: ex eo quod est, spiritus est, ex eo quod agit, angelus" ("El nombre de ángel indica su oficio, no su naturaleza. Si preguntas por su naturaleza, te diré que es un espíritu; si preguntas por lo que hace, te diré que es un ángel"). Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios. Porque contemplan "constantemente el rostro de mi Padre que está en los cielos" (Mt 18, 10), son "agentes de sus órdenes, atentos a la voz de su palabra" (Sal 103, 20).

330 En tanto que criaturas puramente espirituales, tienen inteligencia y voluntad: son criaturas personales e inmortales. Superan en perfección a todas las criaturas visibles. El resplandor de su gloria da testimonio de ello. Cristo "con todos sus ángeles"

331 Cristo es el centro del mundo de los ángeles. Los ángeles le pertenecen: "Cuando el Hijo del hombre venga en su gloria acompañado de todos sus ángeles… (Mt 25, 31). Le pertenecen porque fueron creados por y para El: "Porque en él fueron creadas todas las cosas, en los cielos y en la tierra, las visibles y las invisibles, los Tronos, las Dominaciones, los Principados, las Potestades: todo fue creado por él y para él" (Col 1, 16).

Le pertenecen más aún porque los ha hecho mensajeros de su designio de salvación: "¿Es que no son todos ellos espíritus servidores con la misión de asistir a los que han de heredar la salvación?" (Hb 1, 14).

332 Desde la creación y a lo largo de toda la historia de la salvación, los encontramos, anunciando de lejos o de cerca, esa salvación y sirviendo al designio divino de su realización: cierran el paraíso terrenal protegen a Lot, salvan a Agar y a su hijo, detienen la mano de Abraham, la ley es comunicada por su ministerio (cf Hch 7, 53), conducen el pueblo de Dios, anuncian nacimientos y vocaciones, asisten a los profetas, por no citar más que algunos ejemplos. Finalmente, el ángel Gabriel anuncia el nacimiento del Precursor y el de Jesús.

333 De la Encarnación a la Ascensión, la vida del Verbo encarnado está rodeada de la adoración y del servicio de los ángeles. Cuando Dios introduce "a su Primogénito en el mundo, dice: `adórenle todos los ángeles de Dios’" (Hb 1, 6). Su cántico de alabanza en el nacimiento de Cristo no ha cesado de resonar en la alabanza de la Iglesia: "Gloria a Dios… (Lc 2, 14). Protegen la infancia de Jesús, sirven a Jesús en el desierto, lo reconfortan en la agonía, cuando El habría podido ser salvado por ellos de la mano de sus enemigos como en otro tiempo Israel. Son también los ángeles quienes "evangelizan" (Lc 2, 10) anunciando la Buena Nueva de la Encarnación, y de la Resurrección de Cristo. Con ocasión de la segunda venida de Cristo, anunciada por los ángeles, éstos estarán presentes al servicio del juicio del Señor.

Los ángeles en la vida de la Iglesia  

334 De aquí que toda la vida de la Iglesia se beneficie de la ayuda misteriosa y poderosa de los ángeles.

335 En su liturgia, la Iglesia se une a los ángeles para adorar al Dios tres veces santo; invoca su asistencia (así en el "Supplices te rogamus…" ["Te pedimos humildemente…"] del Canon romano o el "In Paradisum deducant te angeli…" ["Al Paraíso te lleven los ángeles…"] de la liturgia de difuntos, o también en el "Himno querúbico" de la liturgia bizantina) y celebra más particularmente la memoria de ciertos ángeles (san Miguel, san Gabriel, san Rafael, los ángeles custodios).

336 Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión. "Cada fiel tiene a su lado un ángel como protector y pastor para conducirlo a la vida". Desde esta tierra, la vida cristiana participa, por la fe, en la sociedad bienaventurada de los ángeles y de los hombres, unidos en Dios.


Los Nueve Coros de ángeles. Jerarquía

Desde el Seudo Dionisio (siglo VI), Padre de la Iglesia, suelen enumerarse tres jerarquías con tres coros cada una, sumando un total de nueve Coros u Ordenes Angélicos.  

Primera Jerarquía (Estos ángeles de la mas alta jerarquía se dedican exclusivamente a glorificar, amar y alabar a Dios en su presencia).
Serafines, Querubines y Tronos.

Segunda Jerarquía
Dominaciones, Virtudes y Potestades
(gobiernan el espacio y las estrellas. Son los responsables del universo entero).

Tercera Jerarquía
Principados, Arcángeles y Ángeles.
Son los que intervienen en todas nuestras necesidades; esto lo vemos también en la Biblia, cuando se nos presenta la intervención de los arcángeles San Miguel, San Gabriel y San Rafael, vemos que directamente intervienen en la vida de los hombres, cada uno con su propia misión dada por el mismo Dios. También se les ha dado la misión de proteger naciones, ciudades e Iglesias. La visión del profeta Daniel es la que confirma esta misión. (Dn 7 y 8) El cuidado de la Iglesias se confirma con el pasaje de Ap. 1:20 cuando se refiere a los Ángeles de las siete Iglesias.

Algunos autores y Místicos, dividen a los ángeles entre asistentes al Trono Divino, y Mensajeros de Dios para cumplir diversas misiones por encargo suyo. Así por ejemplo, el Libro de Tobías tiene como personaje central al Arcángel Rafael, el cual desempeña un oficio protector admirable y nos muestra el Amor de Dios manifestado en el ministerio de los Ángeles: "Yo soy Rafael, uno de los siete Santos Ángeles que presentamos las oraciones de los justos y tiene entrada ante la majestad del Santo" (To. 12,15).