Category: APOLOGETICA BIBLICA


 
 
Uno de los ataques mas generales de los No Catolicos esta dirigido haca el tema de las postraciones como signo de adoracion para ellos, cosa que se puede refutar desde la escritura, veamos:
 
 
cuando Abigail vio a David,
se bajó prontamente del asno,
y postrándose sobre su rostro delante de David,
se inclinó a tierra; y se echó a sus pies
1a Samuel 25,23-24

Entonces el rey dijo a Joab:
He aquí yo hago esto; ve, y haz volver al joven Absalón.
Y Joab se postró en tierra sobre su rostro e hizo reverencia
2a Samuel 14,21

José era el señor de la tierra,
quien le vendía a todo el pueblo de la tierra;
y llegaron los hermanos de José,
y se inclinaron a él rostro a tierra.
Génesis 42,6

Entró, pues, aquella mujer de Tecoa al rey,
y postrándose en tierra sobre su rostro,
hizo reverencia
2a Samuel 4,14

Volvió luego Ester a hablar delante del rey,
y se echó a sus pies
Esther 8,3

Y vino Mefi-boset, hijo de Jonatán hijo de Saúl, a David,
y se postró sobre su rostro e hizo reverencia
2a Samuel 9,6

Y yendo Abdías por el camino, se encontró con Elías;
y cuando lo reconoció, se postró sobre su rostro y dijo:
¿No eres tú mi señor Elías?
1a Reyes 18,7

 
 
En ningun caso la postracion es ir en contra de la sana doctrina y de los mandamientos de a ley de Dios, obviamente si la postracion se hace en actitud de adoracion eh ahi el mal, seamos claros en nuestra actitud cristiana y refutemos falsas acusaciones. (gracias a Vela por su estudio Biblico)
 
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De Arizona a Roma

Un ex-miembro del cuartel general de los Testigos de Jehová en Brooklyn y su esposa han sido recibidos en la Iglesia Católica en el 2006. Luego de una búsqueda por la verdad, Tom Cabeen, nos relata su trayectoria en la secta de los Testigos de Jehová, pasando por las diferentes corrientes cristianas del protestantismo en Estados Unidos, y sus reflexiones acerca de la verdadera Iglesia de Cristo. Esta es la historia desde el principio. 

Mis padres fueron bautizados como Testigos de Jehová en la primavera de 1954, apenas pasado mi cuarto cumpleaños. Mi padre, a la sazón un ranchero—de los de antes—dedicado a la cría de ganado, creció sin asistir a ninguna iglesia. Mi madre había sido hasta entonces nominalmente metodista sin asistir a la iglesia muy regularmente. Les atrajo la versión del Cristianismo que les ofrecía la Watchtower y se adhirieron a esa creencia con mucho entusiasmo. En unos dos años, convencidos de que se avecinaba el fin del mundo (el Armagedón), vendieron su casa en Phoenix, Arizona y se ofrecieron como voluntarios para mudarse a un lugar "donde la necesidad de predicadores es mayor". En 1956 mi padre fue nombrado como superintendente en la congregación Cottonwood de Arizona, que en esos tiempos solamente consistía de nuestra familia y una testigo de edad avanzada. Para 1960 el grupo ya había crecido y era una pequeña pero muy dedicada congregación de una docena de familias. Papá remozó el idioma español aprendido en la escuela secundaria y comenzó un pequeño grupo de estudio de la Biblia entre los hispanos de Cottonwood. Luego, a petición de la Watchtower, nos mudamos a El Centro, una población del sur de California, donde mi padre sirvió como superintendente de una congregación de habla hispana.
Mi madre y yo comenzamos a estudiar español. Yo lo aprendí con bastante facilidad pero ella tuvo muchas dificultades para aprenderlo y nunca aprendió a hablarlo con fluidez. Unos años después nos pidieron nuevamente que nos mudáramos a una pequeña congregación de habla hispana en Arizona. Luego de graduarme en la escuela secundaria en 1967 me dediqué al ministerio de tiempo completo (Precursor). Como resultado, fui clasificado como Ministro Religioso ante la junta local de reclutamiento de las fuerzas armadas y fui eximido del servicio militar. En el verano de 1968, por sugerencia de mis padres, presenté mi solicitud para trabajar en la central mundial de los Testigos de Jehová en Brooklyn, Nueva York. Fui aceptado para comenzar en Noviembre 14 de 1968.

Progreso en Brooklyn

En el Hogar Betel (como normalmente se llama a la central de Brooklyn), me apliqué con diligencia a mi trabajo. Estaba determinado a aprender tanto como fuera posible sobre las enseñanzas de la Watchtower. Mi voluntad de entregarme al trabajo y una aptitud natural para el mismo resultó en que me fueran asignadas otras responsabilidades que generalmente estaban reservadas a gente de mayor edad que yo. Poco después de mi llegada a Betel, mis padres comenzaron el ministerio de tiempo completo (precursorado). Mi padre fue invitado a ser superintendente de circuito (predicador viajero) y así se dedicó a visitar las congregaciones de habla hispana en el suroeste y el noreste de los Estados Unidos por unos diez años.
En Nueva York fui asignado como miembro del comité de servicio de mi congregación local a la edad de diecinueve años y luego como anciano, en 1971, a los veintiún años. Al año siguiente fui nombrado un "anciano betelita". Como tal, me tocó hablar en las conferencias y asambleas públicas como representante de la Watchtower. A la edad de veintisiete años me tocó ser el discursante principal en la asamblea de distrito de Roanoke, Virginia. En Betel se me asignó a trabajar en el linotipo grande que producía la revista "La Atalaya". Un año después fui nombrado supervisor de una serie de linotipos. A los veintisiete años fui nombrado superintendente del taller de impresión. Cultivaba amistades con miembros maduros y responsables de Betel, muchos de ellos escritores o personas que trabajaban en otras oficinas importantes a las que eran asignados los testigos más leales y mejor formados. En esos tiempos solía tener conversaciones con ellos sobre las enseñanzas de la Sociedad y el funcionamiento de la organización.
A fines de 1973, volví a encontrarme con una joven y encantadora mujer llamada Gloria, que también era betelita y a quien había conocido poco después de su llegada a Betel en el año 1971. Noviamos por un tiempo, nos enamoramos y nos casamos el 25 de mayo de 1974. Gloria, igual que yo, era una ferviente entusiasta de la Sociedad Watchtower y una persona muy trabajadora. Ambos habíamos decidido dedicar completamente nuestras vidas como miembros de la sede principal durante los pocos años que quedaban antes de que llegara el fin del mundo en el Armagedón. Los dos aprendimos francés y nos ofrecimos para trabajar con Testigos de habla francesa, en su mayoría haitianos, en Newark, New Jersey.

Surgen dudas inquietantes

Aunque había sido Testigo durante casi 10 años (me bauticé en 1959), nunca había leído la Biblia en su totalidad. Me decidí entonces a hacerlo. Esto suscitó muchas dudas que rondaban en mis pensamientos. Cuanto más leía, más contradicciones encontraba entre las sencillas explicaciones que ofrecían las Escrituras y mis creencias como Testigo. Al principio atribuí mi falta de comprensión a mi juventud e inexperiencia. Pero, con el transcurrir del tiempo, el respeto y confianza que me conferían mis pares comenzó a incrementarse. A esta altura, comencé a hablar cautelosamente de mis dudas sobre la Biblia con miembros mayores y bien respetados de la sede principal. Me sorprendió descubrir que había muchos de ellos que tenían los mismos problemas que yo y también la forma en la que abiertamente hablaban de esos asuntos. Empecé a mirar a las enseñanzas de la Watchtower desde diferentes puntos de vista a partir de la publicación del libro "Ayuda para Entender la Biblia" en 1971. Se produjeron cambios en la organización que dejaron la puerta abierta al examen de otras enseñanzas fundamentales. Me preguntaba "si nos hemos equivocado pensando que ciertas actividades estaban sólidamente basadas en las Escrituras, ¿no podríamos acaso también estar equivocados en las doctrinas?". Yo no era el único que se preguntaba esas cosas. Durante la década de los 70, una creciente cantidad de personas sinceras de la sede principal comenzó a leer las otras traducciones bíblicas aparte de la "Traducción del Nuevo Mundo", de Watchtower, y también comentarios bíblicos. Empezamos a reunirnos en grupos informales en los que estudiábamos y debatíamos abiertamente, sin la "asistencia" de las publicaciones de Watchtower. Para 1979, me convencí de que no había forma de reconciliar algunas enseñanzas claves de Watchtower con la Biblia. Sin embargo, todavía confiaba en que Dios estaba guiando a la organización, de modo que yo creía que se avecinaban grandes cambios. Los aguardé con ansiosa expectativa. Por otra parte, mi esposa Gloria, estaba descontenta en Betel. Sus dificultades no eran principalmente de índole doctrinaria sino que tenían que ver con la manera en que eran tratadas las personas. Deseaba abandonar Betel para tener hijos. A mi manera de ver, la cronología de la Watchtower era correcta. Por lo tanto, no lograba entender por qué todo el mundo quería irse, faltando ya poco para el fin del mundo.
Le mencioné el tema a un amigo de confianza del Cuerpo Gobernante, Ray Franz. Me dio una copia de una carta que había sido escrita a la Sociedad Watchtower por Carl Olof Jonsson, un Testigo miembro del cuerpo directivo de Suecia. Jonsson presentó pruebas irrefutables de que la cronología de Watchtower contenía serios errores. La lógica que utilizaba y la documentación que presentaba eran sólidas y de gran erudición. Leí la evidencia una y otra vez. Finalmente, me convencí. Lo que resultaba difícil de aceptar no era el error en sí mismo, sino su consecuencia: la cronología era y es absolutamente esencial para determinar la afirmación de la Sociedad Watchtower de que es el "canal de comunicación" de Dios con la humanidad en el breve período previo al fin del mundo. Comencé a considerar seriamente la posibilidad de que la Sociedad Watchtower no era lo que sostenía ser. Parecía existir la certeza de que los líderes de la Sociedad en el mejor de los casos habían sido inducidos al error, o en el peor de los casos eran hipócritas y falsos profetas. Si bien yo había disfrutado muchísimo estar a su servicio y amaba de verdad a mis hermanos y hermanas Testigos, parecía prácticamente seguro que mi partida definitiva era inevitable.
Así murió en mí el deseo de apoyar activamente algo en lo que ya no creía. Mi función en la sede principal había llegado a su fin. En medio de este período de confusión, mis padres vinieron a Nueva York desde Texas para visitarnos. A raíz de algunos comentarios que hice acerca de la excomunión de algunos de nuestros amigos íntimos, intuyeron que mi actitud incondicional anterior de apoyo a la Organización estaba cambiando. Les aseguré que nunca abandonaría a Dios, Jesucristo o la Biblia, pero que no podía negar que tenía serias dudas relacionadas con la autoridad de la Organización. Pero ya sin la fe en la cronología de la Watchtower, no existía ningún motivo para posponer nuestro deseo de formar una familia. Decidimos irnos de Betel lo más pronto posible. Nos marchamos el 15 de julio de 1980. Todavía no estaba preparado para alejarme de toda mi comunidad. Toda nuestra vida estaba ligada con los Testigos de Jehová. También tenía la impresión de que estaríamos en una situación más favorable para que nuestros padres comprendieran cómo había cambiado mi forma de pensar si aún manteníamos una relación. Las cosas no salieron como esperaba. Ese fue el comienzo de un profundo distanciamiento que duró un cuarto de siglo. Continuó incrementándose hasta que me encontré casi completamente aislado de mis padres. Nunca pude reconciliarme con mi padre antes de que falleciera en el 2002. Todavía lo amo y le echo de menos. Todo estaba por dar un vuelco total. Teníamos que recomenzar nuestras vidas. Carecíamos de dinero, pues habíamos pasado los doce años previos como voluntarios sin salario. Había estudiado mucho y tenía experiencia laboral y conocimientos técnicos, pero no tenía título universitario. Le pedí prestados 300 dólares a mi suegro para trasladarme a Lancaster, Pennsylvania, con lo poco que teníamos. Vivimos con los padres de Gloria durante diez semanas hasta que pude conseguir un empleo y encontrar un lugar donde vivir.

Expulsado (excomulgado) de la hermandad de los Testigos de Jehová

Tuvimos que abandonar la sede principal por propia voluntad pero todavía la organización me tenía una gran estima, de modo que poco después de llegar a Pennsylvania, me nombraron miembro del cuerpo de ancianos. Tenía dudas, pero no encontraba motivos para alejarme de los Testigos de Jehová, siempre que mi relación con ellos no requiriera incumplir con lo que me dictaba la conciencia. Sin embargo, descubrí que esa meta era cada vez más difícil, ya que la tendencia general de las publicaciones de la Watchtower durante esos meses consistía en advertencias contra los que no concordaban con sus enseñanzas, a los que tildaba de "apostatas" y merecedores de la condena eterna. Después de un año, aproximadamente, renuncié a mi cargo de anciano. Para entonces, teníamos un hijo, Matthew, que había nacido el 9 de agosto de 1981. Alrededor de un año y medio después, los miembros del consejo de la congregación de Lancaster, pidieron hablar con Gloria y conmigo luego de la habitual Reunión de Servicio de los jueves a la noche. Resultó ser una sesión judicial informal. Me interrogaron (en presencia de Gloria) durante más de una hora acerca de si tenía algunas "dudas". El único tema específico por el cual fui interrogado era si creía o no que la Sociedad Watchtower era una organización de Jehová. Respondí que Dios había obrado a través de los Testigos de Jehová pero que no estaba dispuesto a limitarse a obrar exclusivamente a través de ellos. El es Dios, después de todo, manifesté, y puede hacer todo lo que quiera. La reunión finalizó sin que se tomaran medidas.
Si bien habíamos sido bastante activos con la congregación durante más de dos años y medio, pocos, si es que los había, sabían que teníamos dudas. No obstante, en menos de un par de días, muchos habían oído que éramos "escépticos". Nos pidieron que asistiésemos a otra reunión breve un par de semanas después. Los miembros del consejo nos hicieron saber que dado que nuestras dudas en la congregación eran "vox populi", tenían que tomar alguna medida. Mencioné que ninguna persona de la congregación sabía nada de nuestras dudas antes de que los ancianos se reunieran con nosotros. Era obvio que los mismos miembros del consejo habían difundido esa idea luego de nuestra reunión. La esposa de un anciano le había mencionado a una cuñada de Gloria algunos detalles de la reunión. Uno de los miembros del consejo respondió, "Cómo se llegó a conocer la información no es el tema que interesa. Ahora que es de dominio público, debemos tomar medidas". Anunciaron su decisión de expulsarnos. Esto significaba que a nuestra familia y amigos se les requeriría que nos rechazaran, o, de lo contrario, serían también expulsados. Nosotros tuvimos la impresión de que la decisión de expulsarnos había sido tomada antes de que se reunieran con nosotros, sobre la base de factores que no eran ni pruebas ni nuestro propio testimonio. Resultaba evidente que no serviría para nada apelar la decisión. De esta manera terminaron casi tres décadas de nuestra relación con los Testigos de Jehová. Nuestra comunidad religiosa nos había rechazado y ahora estábamos solos.

¿Obra Dios a través de una organización?

A pesar de la forma en que fuimos tratados, había muchas cosas admirables en los Testigos que yo estaba seguro que eran correctas. Había descubierto el error, pero lo que quería era la verdad. Necesitaba alguna manera confiable de saber cuáles enseñanzas de la Watchtower eran reales y cuáles eran falsas. Debido a que una vez creí que Dios empleaba a la organización de la Watchtower como un canal exclusivo para comunicarse con sus fieles, concentré mis reflexiones en ese tema. Mi esperanza era poder escribir un ensayo que ayudara a mis padres (más que nada) a entender por qué había modificado algunas de mis opiniones sobre la Sociedad Watchtower. Empleando mi concordancia y el diccionario bíblico, comencé minuciosamente a buscar en las Sagradas Escrituras evidencias en cuanto a si Dios alguna vez había usado o no alguna organización como instrumento oficial para comunicarse directamente con la humanidad.

Concluí que no y publiqué mi ensayo en un artículo que titulé "¿Obra Dios a través de una organización?". Con los años, fue traducido a varios idiomas y tuvo una circulación bastante amplia entre los Testigos que se separaban de la Organización, especialmente cuando Internet comenzó a utilizarse masivamente. Si bien en ese momento actué sin sentimiento de culpa, siento un poco de tristeza por el éxito que tuve, y debo aceptar el hecho de que mis escritos probablemente indujeron a muchos al error. Inicialmente, no entendía la diferencia entre las organizaciones humanas y la verdadera Iglesia, el Cuerpo de Cristo. Más tarde, corregí mi artículo para demostrar que Cristo estaba orgánicamente unido a Su Cuerpo, lo que no sucedía con las organizaciones humanas. Pero todavía tenía mucho que aprender sobre lo que Jesús había iniciado y preservado: una Iglesia visible; un cuerpo vivo en el que Él mora.

Una mano tendida hacia los ex Testigos

Luego de marcharme de Betel, me mantuve en contacto con ex Testigos amigos y trabé amistad con algunos nuevos. Comenzó a formarse una red cada vez mayor, mediante la cual se intercambian palabras de consuelo y aliento. Durante el verano de 1983, mi amigo Peter Gregerson nos invitó a nosotros y a varios Testigos a una reunión, en la que se decidió dar carácter oficial al grupo en forma de un ministerio. A nuestro grupo lo llamamos "Biblical Research and Commentary Incorporated", BRCI para abreviar. El objetivo era producir materiales y proporcionar apoyo a los Testigos que se separaban, para facilitarles la penosa transición de la Sociedad Watchtower al "mundo exterior". El siguiente verano—en 1984—la primera de varias reuniones anuales se celebró en Gadsden, Alabama.
Muchos Testigos expulsados tienen miembros de la familia o cónyuges que aún siguen siendo leales a la Organización. Nos parecía que un nombre más bien neutral podía facilitar el envío de materiales a alguien sin alertar a los miembros de la familia que eran Testigos sobre el hecho de que el destinatario estaba hablando a un ex testigo, lo cual estaba terminantemente prohibido. Por lo que yo recuerdo, Ray Franz sugirió el nombre, aunque nunca fue miembro del directorio de BRCI.
Establecimos una línea telefónica confidencial de ayuda para confortar a las personas que se sentían dolidas por dejar la organización de la Watchtower. Poco después de su publicación, mi artículo sobre la Organización era siempre incluido en el paquete informativo que se enviaba a los que llamaban a la Línea de Ayuda de BRCI.

Experiencia eclesiástica

Durante aproximadamente los primeros siete años, Gloria y yo leímos y estudiamos la Biblia por nuestra cuenta o con otros ex Testigos con los que nos reuníamos semana por medio en un pequeño grupo de apoyo. Formamos fuertes lazos sociales con estos queridos amigos, pero nuestro crecimiento espiritual fue lento. Generalmente, nuestros debates se centraban más en cosas en las que alguna vez creímos que eran verdad, pero que habíamos rechazado. A menudo volvíamos sobre lo mismo cada vez que nos reuníamos. Finalmente Gloria dijo, "Ya estoy cansada de examinar una y otra vez las mismas cosas de siempre. ¡Quiero aprender algo nuevo y verdadero sobre Cristo!". También ya había llegado nuestro segundo hijo, James, nacido el 22 de noviembre de 1986. A medida que nuestros hijos comenzaban a crecer, sentíamos cada vez más la necesidad de encontrar cristianos que creyeran en la Biblia, con los que nuestros hijos pudieran relacionarse. Muchos de los niños de nuestro barrio eran educados como humanistas seculares y no compartían ni nuestros principios cristianos ni nuestros puntos de vista sobre la importancia de agradar a Dios. Probamos con una iglesia del lugar y enseguida nos hicimos amigos del pastor y su esposa. Cuando se enteró sobre mi currículum, me pidió que me hiciera cargo de una clase de escuela dominical para adultos. Me sorprendió que no me pidiera más detalles sobre mis verdaderas creencias. Ni siquiera asistió a la clase para ver lo que enseñaba. Esto me pareció extraño, pues para mí, la precisión doctrinaria era todavía importante. Pero siempre enseñaba la "ortodoxia" en el sentido de que podía respaldar mis enseñanzas tanto a partir de las Sagradas Escrituras como a partir de comentarios protestantes que gozaban de respeto. Ni Gloria ni yo jamás nos hicimos miembros de esa iglesia. No queríamos incorporarnos a ninguna organización religiosa. Después de enseñar allí durante alrededor de un año, el pastor me pidió a su pesar que dejara mi puesto de maestro, ya que opinaba que no podía tener a alguien que diera clases y que a la vez no fuera miembro de la iglesia. Creo que tenía razón. Fue una buena experiencia en términos generales. Empezamos a hacer amigos cristianos. Nos enteramos que no todos los cristianos evangélicos estaban totalmente convencidos sobre la verdad doctrinal, como sí lo estábamos nosotros. Buscábamos una comunidad de creyentes que tuvieran muchos niños y una gran cantidad de programas para ellos. Finalmente, nos fuimos adaptando poco a poco a una hermandad bautista evangélica independiente. Ahí conocimos a muchos cristianos excelentes y rápidamente nos involucramos en actividades eclesiásticas. Unos meses después de que comenzáramos a asociarnos con esa iglesia, otra vez me pidieron que diera clases bíblicas para adultos, actividad que desempeñé ininterrumpidamente durante catorce años.

Lecciones de Historia

A fines de la década de los 90, comencé a trabajar en otro artículo con el objeto de complementar el que había escrito acerca de la Organización. Mi intención era ayudar a ex Testigos a encontrar otros creyentes y a relacionarse con ellos. Quería que se sintieran cómodos ayudándolos a comprender que muchas iglesias actuales enseñan y rinden culto en forma similar a los discípulos del siglo primero. Pensé que sería de utilidad mostrar cómo eran los primeros cristianos, cómo estaban estructuradas sus congregaciones, cómo vivía y rendían culto y en qué aspectos se diferenciaban de las enseñanzas y la práctica de los Testigos de Jehová. Quería que comprendieran que vivir como cristianos era lo que más importaba, y los alentaba a incorporarse a cualquier hermandad cristiana centrada en la Biblia.
Comencé empleando solamente las Escrituras y pronto me di cuenta que tantas cosas que se enseñan y practican en las iglesias no pueden fundamentarse directamente a partir de las Escrituras solamente. Terminé comprando libros de historia—con el tiempo obtuve docenas de ellos—además de hacer mucha investigación en Internet. Cuando terminé de escribir "¿Dónde está el Cuerpo de Cristo?", recibí algunos lindos comentarios. Pero lo que iba descubriendo suscitaba en mi mente muchas más preguntas que respuestas.

Un cambio de visión fundamental

Mientras investigaba, comencé a encontrar por casualidad referencias a los "Primeros Padres de la Iglesia". Prácticamente todos los eruditos, tanto católicos como protestantes (excepto algunos eruditos modernos) demostraban un gran respeto por ellos. En ese momento, solamente tenía una muy vaga idea de quiénes eran. Cuando me enteré, a fines de los 90, que mi amigo David Bercot había publicado un Diccionario de las Creencias de los Primeros Cristianos, compré un ejemplar. Le eché una mirada pero no leí mucho. Tenía mis propias ideas sobre cómo era la Iglesia de los primeros cristianos y de qué manera creían y rendían culto. A casi veinte años de haber abandonado la Sociedad Watchtower, todavía creía que poco tiempo después del siglo primero, la fiel Iglesia Apostólica de los primeros cristianos se había transformado en la corrupta Iglesia Católica Romana. Los Reformadores, como me enteré después, tenían un punto de vista similar, excepto que establecían la fecha de "la gran apostasía" en el siglo cuarto o quinto, o aún más tarde. Sin embargo, tanto Lutero como Calvino creían que la Iglesia antenicena era realmente auténtica. Uno de los objetivos de la Reforma fue devolverle a la Iglesia su pureza original, impoluta, antenicena. Esto me hizo pensar en las consecuencias del concepto de la "gran apostasía". El corolario de esta doctrina es que Jesús no tuvo una congregación de fieles discípulos, ninguna organización visible o Iglesia en la tierra, durante un prolongado período, posiblemente varios siglos, hasta que algún individuo (Martín Lutero, Juan Calvino, John Wesley, Joseph Smith, Charles Russell o cualquier otro), basándose solamente en los escritos de los primeros cristianos, los comprendieron correctamente y "restauraron" el verdadero Cristianismo apostólico en la tierra. Finalmente concluí que ese punto de vista era indefendible. Porque significaba que la mayoría de las personas que vivieron entre la apostasía y la "restauración", cada vez que supuestamente ocurrió, prácticamente no tuvieron ninguna oportunidad de convertirse en verdaderos cristianos, dado que al parecer nadie era capaz de reconocer "las sencillas verdades que se enseñan en la Biblia" hasta que aparecieron los reformadores.

La iglesia: ¿visible o invisible?

También comencé a pensar seriamente acerca de cómo debe ser la verdadera Iglesia de Jesucristo. Debido a mi propia experiencia, no me costó aceptar el punto de vista de la "iglesia invisible", en la que todos los miembros de la "única santa iglesia católica y apostólica" se encuentran diseminados por todas las confesiones cristianas del mundo y está compuesta por los hombres y mujeres de cada comunidad cristiana que realmente se toman en serio la fe e intentan vivir de acuerdo a las Sagradas Escrituras. La mayoría de las comunidades de fe que vi estaban aparentemente repletas de pecadores que no practicaban su fe. Pero mientras pensaba en eso, empecé a darme cuenta que esta perspectiva presentaba problemas insalvables. Una iglesia invisible es una "comunidad" de personas diseminadas que no se conocen ni están en contacto mutuo. En realidad, carece totalmente de características visibles (porque, después de todo, es invisible). No podemos saber nada seguro de una iglesia semejante: dónde están, en qué creen, cómo rinden culto. Concluí de que todo era asunto de imaginación. Es como queremos que sea, ya que no existe nada real con la cual la podamos comparar. Es una iglesia que interpretamos a nuestra manera. Y lo más importante es que no se parece absolutamente en nada a la Iglesia descripta en el Nuevo Testamento, que estaba llena de personas reales, de santos y de pecadores. Poseía una estructura que incluía presbíteros, diáconos y discípulos de Cristo que se sometían, en mayor o menor grado, a su liderazgo. Cada congregación de los fieles de Dios descripta en las Escrituras no es solamente visible, es humana, con todos los problemas que existen en cualquier familia, club o comunidad de seres humanos en cualquier parte. ¿De qué otra manera podría cualquier iglesia ser la sal y la luz de la comunidad? ¿De qué otra manera podrían los no creyentes ver sus buenas obras y glorificar a Dios? Hasta los reformadores, aunque rechazaban la autoridad de Roma, reconocían la existencia y la necesidad de un conjunto visible de creyentes. Seguí leyendo libros de historia, lo mismo que los escritos de los primeros cristianos. A éstos los consideraba representaciones precisas de lo que el conjunto principal de antiguos cristianos creían y practicaban. Me sorprendió de que tantos conceptos y enseñanzas que anteriormente rechazaba me las hubiesen presentado incorrecta, e inclusive, deshonestamente, en la Watchtower y en la literatura evangélica, presentándolas como si fuesen ilógicas o reñidas con las Sagradas Escrituras. Tal como las presentaban los primeros cristianos, por lo general tenían más sentido y se correspondían mejor con las Escrituras que muchas de las explicaciones que había leído en comentarios. Comencé a aceptar una cantidad cada vez mayor de enseñanzas que allí encontraba, simplemente porque eran claras, maduras, y se ajustaban a las Escrituras. Una por una, analicé estas enseñanzas comparándolas con las Sagradas Escrituras, y mientras me convencía de su validez, paulatinamente mi interpretación del Cristianismo comenzó a cambiar. La complejidad de ciertos pasajes con los que había lidiado durante años comenzó a desaparecer lentamente. Realmente todas las piezas empezaban a encajar (por primera vez en la vida). Toda mi interpretación del Cristianismo se modificó.

Sacramentos

Los primeros cristianos creían que el pan y el vino servidos durante la comunión, cuando son consagrados por el presbítero, realmente se convierten en el cuerpo y sangre de Jesucristo. Por supuesto, esto es exactamente lo que Jesús dice claramente en Juan, capítulo 6. Sin embargo, la mayoría de los protestantes consideran que las palabras de Jesús son simbólicas. Ninguno de los primeros cristianos lo entendió así. En realidad, con poquísimas excepciones, ningún cristiano antes de la Reforma alemana ni tan siquiera puso en duda esa enseñanza. Esta fue mi introducción al concepto de "sacramentos" de la fe cristiana, objetos materiales a través de los cuales Dios transmite la Gracia a sus fieles. Nunca los oí mencionar entre Testigos o cristianos evangélicos. Todo el concepto me resultaba nuevo y extraño. Pero a medida que leía y oraba y pensaba en eso, el asunto cada vez tenía más sentido. En síntesis, el culto sacramental enseña que Dios obra a través de cosas simples como agua, pan, vino y aceite. Estos objetos materiales, cuando son consagrados y empleados en la Iglesia que Jesús fundó, se transformam en los medios por los que la Gracia de Dios se comunica a los seres humanos. Desempeñan un papel fundamental en la sanación y nos devuelven a una plena hermandad con nuestro Padre Celestial. Según esta perspectiva, Dios obra a través de su creación, y no alrededor o a pesar de la misma. Al principio, pensaba que esto estaba totalmente alejado de las Escrituras. Pero ahora, guiado por los primeros cristianos, lo empecé a encontrar en todas partes de la Biblia. Un ejemplo: Naaman, un leproso sirio, fue sanado obedeciendo la orden de Eliseo (dicho sea de paso, transmitida por un criado ávido de ganancias) de bañarse siete veces en el río Jordán. El agua no era mágica pero Naaman tuvo que obedecer la orden y bañarse en esa agua para ser sanado. (1 Reyes 5).
Los primeros cristianos creían que las aguas del Bautismo tenían el poder de lavar o eliminar el pecado de los nuevos discípulos (Hechos 22, 16), tal como había eliminado la lepra de Naaman. Otros ejemplos: Jesús sanó a un ciego haciendo barro y poniéndolo en sus ojos y ordenándole que se lavara en la piscina de Siloé (Juan 9, 6-11). Una mujer que confiaba que se sanaría si solamente tocaba el dobladillo de la vestimenta de Jesús, se curó verdaderamente. La tela no era mágica, pero en conjunción con su fe, se transformó en el medio por el que recibió el poder de Jesús (Mateo 9, 20-22). Mientras releía las Escrituras, me sorprendió ver cuantos relatos de las poderosas obras llevadas a cabo por Jesús y los Apóstoles implicaban acciones físicas como tocar o respirar sobre los receptores, u objetos usados como pan, pescado, aceite o vino. ¡Un descubrimiento impactante! Por ese tiempo, me encontraba curioseando unas rebajas de libros usados y vi un ejemplar del Catecismo Católico en venta por unos centavos. Lo compré y comencé a leer. ¡Me impactó lo que había encontrado! La explicación católica de la fe y los principios morales cristianos, inclusive la Salvación, el Bautismo, la Redención y la expiación de los pecados, se parecían mucho más a los de la Iglesia de los primeros cristianos que a los de cualquier comentario protestante que había leído. Con bastante frecuencia se refería a los primeros cristianos como una fuente de autoridad. Desde ese punto en adelante, empecé a considerar seriamente a la Iglesia Católica Romana. Me sorprendió descubrir cómo sus enseñanzas y prácticas guardaban una estrecha relación con la perspectiva de los primeros cristianos. Pero, ¿cómo podía explicar la existencia de muchos católicos que aparentemente no se tomaban en serio el Cristianismo? Al principio, con cierta dificultad con el concepto, pero mientras pensaba y oraba, recordé que Dios empleó a la antigua Israel como "recipiente" de la autorrevelación divina transmitida a través de Moisés durante más de quince siglos, aun cuando la mayoría de los israelitas y hasta sus autoridades eran infieles. ¿No pudo haber hecho lo mismo con la Iglesia Universal que Cristo fundó?

La Sagrada Tradición

Me había enterado, principalmente de fuentes judías, que gran parte de la práctica judía había sido transmitida durante siglos en forma oral. Moisés comunicó las normas de la Ley Mosaica a los israelitas en el Sinaí. Pero no todo fue puesto por escrito. Las tradiciones verbales fueron por primera vez puestas en forma escrita (en el Talmud y la Mishnah) luego de la destrucción del segundo Templo en el siglo primero d. C. Por supuesto, Jesús dijo que los fariseos habían "invalidado la palabra de Dios con sus tradiciones". Pero, me di cuenta que no quería decir que toda tradición era negativa, solamente aquellas que el hombre había creado y que estaban reñidas con la revelación divina. Las Sagradas Escrituras dicen claramente que Cristo reveló muchas cosas a sus discípulos que no fueron escritas (Juan 21, 25). También dice que "la iglesia" (y no las Sagradas Escrituras) es el "pilar y fundamento de la verdad." Lo que Jesús enseñó a sus discípulos en forma oral no fue "agregado a las Escrituras" por los Apóstoles. Eran enseñadas oralmente a los nuevos discípulos que hacían. Las Escrituras eran redactadas dentro de un marco eclesiástico de funcionamiento pleno en el que cada enseñanza cristiana había sido transmitida en forma oral por décadas. Cuando el Apóstol Pablo escribía epístolas a las congregaciones, habia ya antes dedicado mucho tiempo enseñándolas en forma oral. Sus cartas podían y a menudo dejaban muchas cosas sin exponer. Las cartas de Pablo tratan mayormente de contingencias y problemas que requerían su consejo y no de las enseñanzas y prácticas que todos conocían y que habían sido enseñadas oralmente con anterioridad.

Momento decisivo: Seguimos Adelante en la Fe

Finalmente fuimos recompensados y la evidencia resultó ser concluyente. Mis investigaciones sobre la historia de la Iglesia de los primeros cristianos me permitió adoptar una perspectiva católica sin la interferencia de mis prejuicios anteriores contra la Iglesia Católica. Lo que íbamos hallando en las enseñanzas de los católicos era increíble: enseñanzas profundas, atractivas, respaldadas por la historia y de lógica coherente, que se ajustan a las Escrituras y que resultan gratificantes no sólo para la mente sino también para el corazón. Ahora sentimos que hemos sido parte de ese camino por todos estos años. He hallado que los escritos de otros conversos al Cristianismo católico han sido de gran utilidad. Admito que había revisado el tema muy vagamente al estudiar el Cristianismo.
Muchos teólogos católicos son gigantes espirituales. Leyéndolos, he aprendido tanto sobre Dios y sus peculiaridades que ¡jamás supe que existían! Leí "The Everlasting Man" de G. K. Chesterton, que influyó en la conversión de C. S. Lewis al Cristianismo. Sus libros "Orthodoxy", "Heresy" y "Conversion" verdaderamente me tocaron el corazón. Los apologistas católicos tienen un profundo respeto por C. S. Lewis, aunque era anglicano, ya que su teología es prácticamente ortodoxa. "A Map of Life, Theology for Beginners and Theology and Sanity" de Frank Sheed es claro y conciso. Los libros de conversos al Catolicismo contemporáneos como Jimmy Akin, Thomas Howard, Karl Keating, Scott Hahn, Dave Armstrong y Peter Kreeft son especialmente útiles para encarar las dudas que los protestantes tienen sobre la fe católica. "Catholic Christianity and his Christian Apologetics" del Dr. Kreeft y Ron Tacelli son más claros y exhaustivos que cualquier defensa protestante del Cristianismo que jamás haya leído. Estas personas están en el camino correcto, pensé al leerlos. Piensan con mucha mayor profundidad que yo acerca de la mayoría de las cuestiones y están dispuestos a arriesgar sus vidas y carreras para seguir la verdad a dondequiera que esté. Durante mucho tiempo, cometí el error de juzgar las enseñanzas católicas basándome en personas católicas, la mayoría de las cuales (como sus primos protestantes) son más bien indiferentes con respecto a la teología. Pero luego de aceptar la evidencia histórica de que la fe católica era la expresión original y más plena del Cristianismo, y que no se debía juzgar a la Iglesia entera por el comportamiento de algunos pecadores, mi perspectiva cambió. Comencé a leer escritos católicos con entusiasmo. Las explicaciones católicas del Cristianismo se ajustan a las Escrituras, al mundo real y al corazón del ser humano. Creo con toda honestidad que cualquiera que las siga fielmente se transformará en un hombre o mujer de Dios. Las enseñanzas del Catolicismo son sólidas, plenas y rectas. Llegamos a ellas lenta y cuidadosamente, siguiendo la verdad e identificando y rechazando el error. Compartí con Gloria las cosas que estaba leyendo. Ella también las leyó y reflexionó. Hablamos de algunas cosas pero no quería presionarla para que tomase una decisión sino para que decidiera por su cuenta. Siguió leyendo, luego un día simplemente dijo, "Deberíamos convertirnos al Catolicismo" (Había sido bautizada como católica al nacer). Consumamos nuestro deseo de formar parte de esta venerable Iglesia reuniéndonos con nuestro párroco, el padre James Cronin, durante varios meses, con el propósito de examinar las enseñanzas católicas. Fuimos admitidos en el seno de la Iglesia Católica Romana el viernes 9 de junio de 2006. Estamos emocionados por ser católicos y nos hace felices compartir las cosas buenas que hemos encontrado con cualquiera de nuestros ex compañeros evangélicos cristianos o con nuestros nuevos compañeros católicos. Nos sentimos completamente felices dentro de la Iglesia que Jesucristo fundó. Hemos llegado a casa.

por Tom Cabeen

 

El Magisterio Infalible de la Iglesia

El servicio jerárquico que Jesús confió al colegio de los doce y el monárquico de Pedro no deben considerarse como fines en sí mismos. La autoridad está siempre en dependencia del fin a conseguir y por eso en la Iglesia debe estar al servicio de la fe, del encuentro entre Dios y el hombre.

Por eso Jesús dio a su Iglesia una potestad más importante: la del magisterio, a través del cual continuará a resonar en el mundo la palabra de Cristo que es el vehículo de la fe.

¿Qué es la potestad de magisterio? Es la facultad de enseñar, de proponer una doctrina a los discípulos. Esta facultad la tienen los maestros, es decir, todos aquellos que se proponen instruir a otros.

Este magisterio ordinario se ejerce entre los hombres y el que enseña está obligado a exponer las razones intrínsecas de una doctrina para que se acepte o se rechace en virtud de su evidencia. Así, este magisterio humano produce en los discípulos la ciencia porque les hace conocer las razones de una verdad.

A diferencia del magisterio ordinario, el magisterio de la Iglesia es de carácter autoritario; es decir, propone una enseñanza para que se acepta como verdadera bajo la autoridad de Dios que revela para engendrar la fe. Por provenir de Dios no puede engañarse ni quiere engañarnos. Presupone la existencia de la revelación, el mandato de enseñar conferido a la Iglesia y la obligación impuesta por el mismo Dios a los hombres de aceptar todo lo que este enseñe.

Por su mismo concepto el magisterio autoritario o autentico es:

  1. Vivo, porque lo ejercen personas vivas, de palabra o por escrito.

  2. Externo, porque no proviene de una inspiración interna del Espíritu Santo sino de la palabra de personas que existen independientemente de nosotros.

  3. Tradicional, porque tiene la obligación de proponer las verdades reveladas de antemano por Dios sin poder incluir nada nuevo.

  4. Infalible, porque no puede equivocarse.
  5. La infalibilidad es la imposibilidad de errar de hecho y de derecho. Infalible por esencia es Dios; siendo la infinita verdad y sabiduría lo conoce todo perfectamente. El hombre, aunque naturalmente falible, puede ser preservado del error por una asistencia especial de Dios. En este caso es infalible por participación.

    Es infalible el magisterio que Jesús confirió a su Iglesia; pues prometió una ayuda especial, una asistencia continua para que no se equivoque al interpretar las verdades reveladas. Esta asistencia no exime del estudio necesario para saber lo que Dios ha revelado, porque la infalibilidad no incluye una nueva revelación, sino que, suponiendo su existencia, preserva del error a quien tiene el derecho de enseñarla. Dios no interviene más que cuando el estudio de la verdad revelada se dirige por falsos derroteros. La infalibilidad es la propiedad esencial del magisterio de la Iglesia que se extiende también al pueblo cristiano que la recibe. Un magisterio infalible debe llegar infaliblemente también a quiénes lo reciben.

    El magisterio autentico, viviente e infalible de la Iglesia que Jesús instituyó y que se ha de prolongar hasta el fin de los siglos divide a católicos y protestantes porque para estos últimos todas las verdades reveladas se contienen en la Sagrada Escritura que cada uno puede interpretar libremente, según la inspiración privada del Espíritu Santo.

    Para los católicos, Cristo primero enseñó y después ordenó a los que le habían escuchado, predicar todo lo que El había dicho. Sin un magisterio infalible la revelación caería en poder de las inestables opiniones humanas y su interpretación nos llevaría al caos que vemos en el protestantismo.

    El privilegio de la infalibilidad pertenece al Papa personalmente y al colegio episcopal o apostólico, y en el a todos los obispos que los sucediesen, bajo la dirección del Papa.

    Los obispos pueden ejercer su magisterio bien de modo solemne en el concilio ecuménico o de modo ordinario en la propia diócesis. Se entiende por concilio ecuménico la reunión de los pastores de la Iglesia legítimamente convocados en orden a deliberar problemas relacionados con la Iglesia universal.

    Para que un concilio ecuménico sea legítimo se requiere:

    1. Que sea convocado por el Papa o aprobado por el en caso de ser convocado por otro.

    2. Que se invite a todos los obispos que tengan jurisdicción.

    3. Que el Papa presida los trabajos del concilio personalmente o mediante sus legados.

    4. Que el Papa apruebe las decisiones del concilio.

      Solamente es infalible el concilio que es legítimo. Para que sus decisiones sean infalibles se requieren dos condiciones:

      1. Conformidad moral de los obispos entre sí y con el Papa. Esto quiere decir que el privilegio de la infalibilidad no se concedió a cada apóstol en especial, por consiguiente tampoco a cada obispo en particular, sino a todo el colegio apostólico. Si hay una mayoría en una determinada cuestión se puede decir que los asiste el Espíritu Santo. Se necesita además que el Papa concuerde con ellos porque el es la cabeza de la Iglesia universal y del colegio de los obispos.

      2. Perentoriedad de una decisión en materia de fe y costumbres; es decir, la urgencia de la decisión es necesaria porque solamente en este caso los obispos y el Papa actúan en virtud de los poderes que les confirió Cristo en materia de fe y moral. Si proponen una doctrina solamente como probable se conducen como personas privadas.

      En el magisterio ordinario en sus propias diócesis los obispos pueden ser infalibles si al proponer una determinada doctrina religiosa o moral, o al condenar un error están de acuerdo entre sí y con el Papa y tienen intención de promulgar una definición perentoria e irrevocable.

      La doctrina de la infalibilidad del episcopado en el concilio ecuménico y en su magisterio ordinario por el mundo la ratificó el Concilio.

      Vaticano II en la constitución sobre la Iglesia (n. 25).

      Además del colegio episcopal hay en la Iglesia otro sujeto de infalibilidad, el Papa personalmente considerado, es decir, en cuanto distinto de su condición de príncipe de los obispos. No sólo es la cabeza suprema de la Iglesia, es también su maestro supremo e infalible.

      En la negación de esta prerrogativa del romano pontífice están de acuerdo naturalmente todos los acatólicos antiguos y modernos, especialmente los protestantes y ortodoxos. En tiempos del cisma de occidente (1378-1417) surgió la teoría de la superioridad del concilio sobre el Papa con el fin de resolver el inconveniente de la pluralidad de Papas entonces existente y que después se afianzó en un tentativo de aniquilar la misma composición jerárquico monárquica de la Iglesia.

      Esta teoría reapareció en Francia con el galicanismo que concedía al Papa la parte más importante de las decisiones en materia de fe pero sostenía que esta se hacía infalible sólo si las aceptaba la Iglesia, es decir el concilio. En el Concilio Vaticano I se manifestaron tendencias contrarias a la infalibilidad pontificia por lo que en la IV sesión c.4 se definió solemnemente como dogma de fe que el romano pontífice es infalible cuando habla "ex cathedra", es decir, cuando en calidad de pastor y maestro de todos los cristianos y haciendo uso de su suprema autoridad apostólica define que se ha de admitir por toda la Iglesia una doctrina sobre la fe y las costumbres.

      Esto es posible en virtud de la asistencia divina que se le prometió en la persona del bienaventurado Pedro, por la cual goza de la misma infalibilidad que quiso el divino Redentor adornase su Iglesia.

      En esta definición se indican el sujeto, las condiciones, el objeto, la causa y el efecto de la infalibilidad.

      SUJETO de la infalibilidad es el romano Pontífice, la PERSONA que legítimamente elegida aceptó ser el obispo de Roma. Contrariamente a la doctrina jansenista que atribuía la infalibilidad no a la persona del Papa sino a la sede romana, el concilio declara infalibles todas y cada una de las personas de los pontífices.

      CONDICIONES de la infalibilidad son las indicadas en la expresión "EX CATHEDRA LOQUENS". Para que la definición sea infalible se necesitan cuatro condiciones:

      1. Que el Papa hable no como maestro privado o como obispo de la diócesis de Roma sino en su calidad de pastor y maestro universal de la Iglesia.

      2. Que imponga una doctrina a TODA la Iglesia.

      3. Que lo haga de modo preciso e irrevocable de suerte que quien la rechaza caiga en la herejía.

      4. Que la intención de definir sea clara y manifiesta sin dejar lugar a dudas.

        OBJETO es el mismo que el de la Iglesia y del episcopado.

        CAUSA de la infalibilidad es la asistencia del Espíritu Santo que preserva al Papa de error. Por tanto es independiente de las cualidades intelectuales y morales del pontífice y de los estudios que pueda hacer de una determinada doctrina; la única causa es la asistencia del Espíritu Santo.

        EFECTO de la infalibilidad es la adhesión precisa e irrevocable por parte de los fieles.

        El Concilio Vaticano I al definir el dogma de la infalibilidad pontificia apela a la fe en la misma verdad profesada siempre por la Iglesia.

        Al lado del magisterio extraordinario e infalible, más bien escaso, que adopta el Papa cuando habla "ex cathedra", hay un magisterio ordinario practicado con documentos igualmente auténticos pero no infalibles ni categóricos, como son las encíclicas, las bulas, las alocuciones, las cartas a los obispos, etc. Los católicos deben prestar el máximo respeto y adhesión a estos documentos que provienen de una autoridad asistida continuamente por el Espíritu Santo. Sin embargo, no siendo irrevocables e infalibles nada impide que si alguno, después de un estudio profundo y detenido llega a una opinión contraria, pueda con la máxima reverencia exponer sus dudas, dispuesto siempre a aceptar las decisiones del Papa.

        En el problema de la infalibilidad los teólogos suelen distinguir:

        1. Un objeto directo que abarca aquellas verdades reveladas por Dios formalmente para que el hombre conozca el fin de la vida y los medios para conseguirlo. Una verdad puede estar revelada formal y explícitamente; por ejemplo, la Encarnación del Verbo (Jn..1,14); la Trinidad (Mt.28,19); el primado d Pedro (Mt.16,18); la facultad de perdonar los pecados (Jn..20,23). O bien una verdad puede estar implícitamente revelada, es decir, en su concepto; por ejemplo, San Juan, al decir: "Y el verbo se hizo carne" (Jn.1, 14) revela explícitamente la Encarnación del Verbo e implícitamente su humanidad, porque "carne" equivale a "hombre".

        2. El objeto indirecto comprende las verdades que forman parte del magisterio de la Iglesia por su conexión con las verdades formalmente reveladas en cuanto sin ellas el objeto directo de la revelación no se podría explicar, defender y custodiar convenientemente. Esta conexión puede realizarse de las siguientes formas:

          1. Conclusiones teológicas: proposiciones que se deducen necesariamente de las formalmente reveladas. La deducción se hace de dos premisas, de las cuales una es verdad inmediatamente revelada y la otra una verdad de razón natural.

          2. Preámbulos de la fe: proposiciones que se presuponen a las verdades reveladas. Admitimos las verdades de tales proposiciones bajo la autoridad de Dios que lo reveló.

          3. Materias dogmáticas tan íntimamente ligadas con la revelación que comprometerían la exposición y defensa de esta si la Iglesiano pudiese declararse infaliblemente sobre ellas; por ejemplo, la legitimidad de un concilio ecuménico o la elección de un Papa En ambos casos la Iglesia debe ser infalible.

          4. Decisiones oportunas para conseguir el fin de la revelación. Estas se denominan decretos disciplinares, que miran al ejercicio del culto y a la administración de los sacramentos, medios imprescindibles para obtener la gracia y la salvación eterna.

          5. Otro decreto de la autoridad eclesiástica atiende a la canonización de los santos. La infalibilidad en la canonización de los santos la exige el fin mismo de la Iglesia. Jesús la instituyó para guiar a los hombres a la salvación eterna; cuando canoniza un santo lo pone como modelo ante los fieles para que imitando sus virtudes se salven. La Iglesia no puede indicar una vía falsa, no puede presentar como modelo a imitar un hombre que si se siguiese nos llevaría a la condenación.

          6. En la aprobación de un instituto religioso la Iglesia tampoco puede equivocarse. Se entiende por instituto religioso una sociedad aprobada por la legítima autoridad eclesiástica cuyos miembros viven según leyes y constituciones propias practicando los consejos evangélicos mediante los tres votos de obediencia, castidad y pobreza. Para que un instituto religioso goce de los plenos derechos de su estado debe aprobarlo de forma definitiva la Santa Sede. Si en alguna ocasión la Iglesia suprimió una orden religiosa fue o por razones transitorias o porque la corrupción de sus miembros había convertido las constituciones en letra muerta.

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          El Sacramento de la Eucaristía

          La Eucaristía es la consagración del pan en el Cuerpo de Cristo y del vino en su Sangre, renueva mística y sacramentalmente el sacrificio de Jesucristo en la Cruz.

          Por otra parte, la recepción de Jesucristo sacramentado bajo las especies de pan y vino en la sagrada Comunión significa y verifica el alimento espiritual del alma. Y así, en cuanto que en ella se da la gracia invisible bajo especies visibles, guarda razón de sacramento.

          Tiene razón de sacrificio en cuanto se ofrece, y de sacramento en cuanto se recibe.

          La Eucaristía es el sacramento en el cual, bajo las especies de pan y vino, Jesucristo se halla verdadera, real y substancialmente presente, con su cuerpo, su sangre, su alma y su divinidad.

          Es por eso, el más grande e importante de los sacramentos, de donde salen y hacia el que van todos los demás, centro de la vida litúrgica, expresión y alimento de la comunión cristiana.

          La Eucaristía fue también preanunciada varias veces en el Antiguo Testamento.

          Salomón en el libro de los Proverbios: "La Sabiduría se edificó una casa con siete columnas (los siete sacramentos), preparó una mesa y envió a sus criados a decir: " Venid, comed el pan y bebed el vino que os he preparado". (Prov. 9,1).

          El profeta Malaquías, hablando de las impurezas de los sacrificios de la ley: "Desde donde sale el sol hasta el ocaso, grande es mi nombre entre las gentes, y en todo lugar se sacrifica y ofrece a mi nombre una oblación pura" (Mal. l,10ss).

          La verdad de la presencia real, corporal y substancia de Jesús en la Eucaristía, fue profetizada por el mismo Señor antes de instituirla, durante el discurso que pronunció en la Sinagoga de Cafarnaúm, al día siguiente de haber hecho el milagro de la multiplicación de los panes y de los peces. "Yo soy el pan de la vida, si uno come de este pan vivirá para siempre, pues el pan que yo os daré es mi carne, para la vida del mundo" (Jn.6,32-34, 51).

          El signo externo del sacramento, son la materia (pan y vino) y las palabras de la consagración (forma).

          Confiere la gracia, como afirma el mismo Cristo: "El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna".(Jn 6,54), o sea, la gracia, que es prenda de vida eterna.

          Fue instituido por Jesucristo en la Ultima Cena, como consta repetidamente en la escritura: "Mientras comían, Jesús tomó pan, lo bendijo, lo partió y dándoselo a los discípulos, dijo: "Tomad y comed, esto ES mi cuerpo". Y tomando el cáliz y dando gracias, se lo dio, diciendo: "Bebed de el todos, que esta ES mi sangre del Nuevo Testamento; que será derramada por muchos para remisión de los pecados". (Mt.26,26-28).

          La materia para la confección de la Eucaristía es el pan de trigo y el vino de la vid. Esta es una verdad de fe definida en el Concilio de Trento.

          El recibir la Eucaristía produce en el alma los siguientes efectos:

          Aumento de la gracia santificante.

          Producción de gracia sacramental.

          Perdón de los pecados veniales.

          Es prenda de vida eterna.

          Sabemos que el único sacramento absolutamente indispensable para salvarse es el bautismo: si un niño recién bautizado muere, se salva, aunque no haya comulgado. Sin embargo, para un bautizado que ha llegado al uso de razón, la Eucaristía resulta también requisito indispensable, según las palabras de Jesucristo: "Si no coméis la Carne del Hijo del Hombre y no bebéis su Sangre, no tendréis vida Eterna". ( Jn.6,53.

          No sería razonable que un hombre alcanzara la salvación que es unión con Dios, sin tener en la tierra al menos el deseo de la Eucaristía, que es también unión con Dios.

          La iglesia ordena en su tercer Mandamiento de La Santa Madre Iglesia, que al menos una vez al año y por Pascua de Resurrección, todo cristiano con uso de razón debe recibir la Eucaristía. También hay que comulgar cuando se está en peligro de muerte.

          Esto es lo que la Iglesia nos sugiere como mínimo, ya que desea que se reciba al Señor con frecuencia, incluso diariamente.

          Lo que se realiza, pues, en la Eucaristía es la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, que es lo que llamamos la transubstanciación.

          Bajo cada una de las especies sacramentales (pan y vino), y bajo cada una de sus partes cuando se fraccionan, está contenido Jesucristo entero, con su Cuerpo, su Sangre, su Alma y su Divinidad.

          Lo cual quiere decir que Cristo está presente hasta en una migajita de la hostia, por eso el sacerdote tiene mucho cuidado al dar la comunión de que no se caiga ningún pedacito al suelo.

          A la Misa se le llama BANQUETE EUCARISTICO. ¿ Porqué se le ha dado este nombre de Banquete Eucarístico?

          Jesús cuando hablaba del Reino de los Cielos lo comparaba con un banquete. Y su Ultima Cena que fuera como un banquete, como un festín, una comida entre amigos. Un banquete es una comida alegre. Se colocan los manteles mas bonitos, la mejor cristalería, luces y flores. Hay música y canciones. Los corazones están llenos de alegría. Así es la Misa.

          Si hay un banquete es porque se celebra un acontecimiento importante. Por eso cada banquete es la celebración de un acontecimiento, en cada Misa se celebra el acontecimiento de nuestra salvación.

          El banquete no lo hacemos solos. Nos encontramos con personas que llegan de otras partes, venidos de distintos sitios y condiciones, y allí nos sentimos unidos por nuestro común amor a Cristo y a su Iglesia. Sentimos comunión de unos para otros.

          En un banquete nos alimentamos con manjares escogidos. En la Santa Misa Dios nos alimenta con el Pan bajado del cielo que es el cuerpo de Cristo, del cual dijo el mismo Jesús: "El que coma de este pan vivirá para siempre" (Jn 6).

          ¿ Es nuestra misa una fiesta? ¿Participamos en ella con alegría? ¿nos sentimos más hermanos en cada celebración? ¿Comemos el Pan Celestial comulgando? Sería muy triste que nos dijeran: "vengan a ver comer a los demás". Eso no sería un verdadero banquete para nosotros. Y si no comulgamos en la Misa nos quedaremos así: viendo comer a los demás mientras que nosotros seguimos desfallecidos de debilidad espiritual. Jesús dijo: "Tomad y comed" y no solamente " Tomad y mirad".

          Quiere que nos alimentemos con su cuerpo en la Eucaristía. Nos preparemos lo mejor posible, pero no nos quedaremos sin comulgar.

          ¿ Qué responder a los que dicen: "yo no comulgo porque soy pecador?

          San Francisco de Sales repondía así: Si eres débil debes comulgar para volverte fuerte. Si has pecado mucho te conviene comulgar (después de confesarte bien) para que la presencia de Jesucristo te traiga fuerzas para no seguir pecando tanto. Si te domina el mal genio, al recibir en la comunión al que es "manso y humilde de corazón", El te irá contagiando de su bondad y su buen genio. Si tienes inclinación a la impureza y al vicio, la presencia en tu alma de Cristo el Cordero Inmaculado que jamás tuvo la más mínima mancha de pecado, te irá dando fortaleza hacia todo lo que es impuro, y amor por la virtud. Si te vence el orgullo, Jesús que es humilde te irá haciendo semejante a El. No comulgas por que ya eres santo, sino porque deseas llegar a la santidad. Y sin comulgar no lo lograrías quizá jamás.

           

           
           
          Una de las preguntas más delicadas, comprometedoras y complejas sobre Jesús de Nazaret es si quiso fundar una nueva Iglesia y una nueva religión. Una pregunta difícil, ya que la Iglesia Católica y, en general, las iglesias cristianas nunca van a admitir que ellas no fueron fundadas por Jesús a través de sus apóstoles. Y están convencidas de que el cristianismo es una nueva religión, como el Islam, el judaísmo o el hinduismo. 

          Creo que honestamente la lectura de los Evangelios no deja duda de que Jesús quiso crear una congregación de fieles. Un hombre que se casa y tiene hijos, compra una casa, da a sus hijos una educación, tiene nietos y bisnietos puede hacer todo esto sin necesidad de ir a un escribano y declarar solemnemente que quiere fundar una familia. A la larga, los hechos indican claramente su intención. Si Jesucristo nunca hubiera dicho “Tu eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia” el acto de elegir doce enviados, luego setenta y luego enviar a quinientos a predicar al mundo las buenas nuevas probaría a cualquier persona con sentido común que su intención no era fundar una filosofía personal de vida solamente. La Iglesia no puede negar que Jesús la fundó porque sería negar hechos históricos y teológicos establecidos y documentados ampliamente. Tenemos menos documentos sobre la conquista de las Galias por Julio César pero nadie cuestiona el que César quisiera conquistar las Galias porque simplemente se cae de maduro, eso es todo.

          Uno duda de la capacidad intelectual de estos “especialistas” (que luego conoceremos en más detalle) y de su seriedad. El revisionismo histórico modernista es una plaga del siglo XIX que se extendió hasta el XX y parece estar disminuyendo hoy dia por falta de resultados concretos. Este tipo de revisionismo silvestre produjo una cantidad de teorías de interpretación bíblica y textual a lo largo de los años y no menos nuevas “religiones”. Si los modernistas y sus seguidores han sido perseguidos por “haber puesto en tela de juicio que Jesús hubiese querido fundar una Iglesia” (???) los cristianos de los primeros siglos sufrieron realmente mucho más que los modernistas, ninguno de los cuales fue arrojado a las fieras, quemado vivo o descuartizado por sus supuestos perseguidores. Los sabios a la violeta citados por el sr. Arias han sido condenados por exegetas y eruditos de nota, miembros establecidos de la comunidad mundial de estudiosos que enseñan en la universidades más prestigiosas, como comprobaremos más tarde. Quisiera dejar en claro que el revisionismo bien entendido que se apoya en un amplio consenso en la comunidad exegética y que utiliza una hermenéutica científicamente establecida sobre bases investigativas firmes es muy distinto del revisionismo que cuestionamos aquí. Una buena regla que se puede usar para reconocer a los aventureros es su aislamiento de las comunidades investigativas mundiales y en general su falta de credenciales serias va de acuerdo con la ocurrencia de presentar temas bíblicos con una luz sensacionalista o escandalosa lo cual corre parejo con buenas ventas de libros, lamentablemente. Nadie proyecta hacerse rico con un libro titulado “Y la Iglesia Tenía Razón”.

           Si vamos a creer que existe una conspiración mundial para silenciar a estos aventureros que pretenden saber del apóstol Pablo o de Cristo más de lo que supieron los que vivieron y hablaron con ellos… entonces podemos creer cualquier cosa y nos merecemos las consecuencias.

           De los eruditos que conozco que han condenado al modernismo y sus secuelas puedo citar a C.S. Lewis; E. Hirsch, R. Bultmann, K. Keating, S. Hahn y M. Shea; quienes han escrito abundantemente sobre las falacias del modernismo y los excesos de los movimientos de interpretación textual y la interpretación fundamentalista.

           La proposición de estos estudiosos es simple: ¿Cómo puede ser que veinte siglos después el modernista pueda entender mejor la tradición cristiana y las Escrituras que los que estuvieron dispuestos a morir por la causa en el primer siglo?

          Este simple razonamiento debiera ser causa suficiente para echar a un lado todo este escrito, pero vamos a darle al sr. Arias y a sus expertos una refutación completa.

          3 Para empezar, hay que dejar bien claro que, aun en la hipótesis no probada de que no hubiera sido Jesús quien fundara la Iglesia Católica o que no fuera esa la Iglesia que él había pensado, eso no quita nada a la importancia que dicha institución religiosa, y en general el cristianismo, ha tenido y tiene en la historia. Ni le quita importancia el hecho de que esa Iglesia haya podido ser más bien fruto de la fe de los primeros cristianos y de la concepción religiosa de Pablo de Tarso, a quienes algunos autores consideran como el verdadero fundador del cristianismo, tras haber hecho que el cristianismo primitivo se separara de sus raíces judías originarias.

          Se puede comentar este párrafo citando al mismo Pablo de Tarso que el sr. Arias menciona aquí. San Pablo dejó registrada la realidad de la fundación de la Iglesia en Cristo y su resurrección, si eso no fuera cierto, nos dice el apóstol, “de todos los hombres soy el más digno de lástima”. La mente se resiste a aceptar que Pablo, un hombre ya maduro y establecido en su sociedad, un verdadero pilar de su comunidad judeo-romana pueda abandonarlo todo y terminar siendo ejecutado en Roma  para fundar un nuevo movimiento religioso que él mismo sabe falso a sus propias raíces. Una fe de veinte siglos de duración no se funda sobre ilusiones o caprichos bien intencionados. Si vamos a poner en tela de juicio las motivaciones de Jesús, Pablo y de los primeros cristianos es mejor que tengamos argumentos sólidos para hacerlo porque estamos enfrentando a hombres y mujeres que han hecho durar una idea por tal cantidad de tiempo como no tiene igual en Occidente y con muy pocos paralelos aún en el Oriente. Para que la Iglesia tenga sentido en nuestro mundo tenemos que aliarla con Jesucristo, tenemos de creer que Cristo es el Hijo de Dios y que éste envió a sus seguidores a la historia para cumplir una misión que amplía y completa la misión del Judaísmo y que no se separa de éste por mera escisión.

          4 El problema es otro: es saber si Jesús, en algún momento, tuvo la idea de fundar una religión nueva, diferente de la que él había practicado y vivido en su familia, y si quiso fundar una Iglesia organizada como lo es hoy la Iglesia Católica.

          Aquí hay algo que no entiendo muy bien y eso es el papel de Cristo en todo este asunto. Si Cristo pasa por Galilea dando buenos consejos y estableciendo un modo de vida, una filosofía meramente conceptual entonces lo podemos comparar con Buda o Confucio, por ejemplo. Pero hay algo que Buda y Confucio no declararon nunca: el ser Hijo de Dios.

          Esta peculiaridad de Jesús; el declararse, no meramente uno de los hijos de Dios sino su Primogénito, Predilecto y en plena intimidad y conexión de voluntades con Dios su Padre; es un verdadero impedimento para verlo como simplemente un gurú o un gran maestro. Porque la gente de va por ahí diciendo “mi papá es Dios” son por lo general gente afectada mentalmente y es raro esperar de ellos el elevado sentido moral, el agudo conocimiento del alma humana y la penetrante perspicacia que Jesús destila en los Evangelios.  Debemos concluir entonces que sólo tenemos tres opciones con Jesús: o es el Hijo de Dios, o es un loco de remate o es el mismo Demonio que nos ha engañado con una jugarreta perfecta y ha venido a traicionar a su propia religión (el Judaísmo) con una trampa tan elaborada y perfecta que es imposible no caer en ella. Esto último desafía al sentido común pero es una de las posibilidades absurdas que vienen a la mente al elaborar.

          De ahí que la Iglesia no puede imaginar a un Jesús meramente maestro a la manera de los grandes hombres de la humanidad. Para la Iglesia Jesús es el Hijo de Dios, la revelación más perfecta de lo inconcebiblemente divino o es un impostor y un loco. Si lo segundo fuera cierto, el cristianismo entonces está de acuerdo con Pablo que, de todas las filosofías humanas, sería la más digna de lástima.

          5 El tema es de fondo y no sólo de forma. Sin duda, aun en el supuesto de que Jesús hubiese pensado en fundar una nueva Iglesia, muchas de las cosas de la Iglesia actual difícilmente las bendeciría, sobre todo por lo que se refiere a cómo ha sido organizado el gobierno central de la Iglesia en el Vaticano, el estilo del papado, copiado básicamente de los emperadores romanos, y la misma estructura de la Iglesia como monarquía absoluta. Ya muchos santos antiguos, como Santa Rita de Cassia, sin llegar a los actuales obispos y exponentes de la Teología de la Liberación, criticaron durante los excesos de una Iglesia preocupada más con los ricos y los poderosos que con los desheredados, no pocas veces contaminada por los poderes mundanos y políticos. Una Iglesia rica, llena de privilegios otorgados por los poderosos, muchas veces intransigente e inquisitorial. Todo eso lo sabemos, y son los mismos cristianos más comprometidos quienes se encargan de criticar.

          Aquí la lógica gnóstico-fundamentalista del sr. Arias pasa a asumir que Jesús bendeciría, o no, ciertas cosas de la Iglesia si volviera al mundo hoy. Para comenzar habría que considerar que la promesa original de Jesús “estoy con vosotros hasta el fin de la era” es creída por los miembros de la Iglesia. Si uno no cree en su presencia constante poco puede creer en un eventual regreso de Cristo. De nuevo, esta es una de las más básicas creencias cristianas. Que Jesús resucitó y que, sentado a la diestra de Dios, espera manifestarse al mundo sorpresivamente pero que se manifiesta a sus fieles en diferentes misterios. Uno de ellos es el misterio de haber conquistado al mundo y que toca muy de cerca a lo que el sr. Arias expresa justamente aquí. Para explicar esto debo echar mano a un ejemplo contemporáneo.

          Imaginemos que Andrei Gromiko vuelve a la vida en Moscú a mediados del año 2001. El sorprendido mandatario comunista encontraría que hay restaurantes McDonald’s en Moscú, que se vende Coca-Cola, cigarrillos Marlboro y  que la bandera roja con la hoz y el martillo ya no ondea sobre el Kremlin. Este hombre no necesitaría mayor confirmación de quién ganó la Guerra Fría.

          Teniendo lo previo en mente hagamos un recuento de la situación con los ojos de un patricio romano del siglo II. La colina de los vaticinios (el Mons Vaticanum), los templos de Minerva y de la Bona Dea son ahora ocupados por templos cristianos. Las águilas imperiales han sido reemplazadas por cruces. Roma ya no es más la ciudad imperial. Cuando la gente dice Roma, así en general, se refiere a la cristiana Iglesia Católica. Romanos ya no son los ciudadanos del imperio. El término apenas refleja a alguien nacido en Roma o a un católico si es que se está hablando de religión. Ahí no termina el asunto. El obispo de Roma es ahora llamado Pontifex (pontífice) como era llamado el antiguo emperador, Pontifex Maximus Sol Invictus. El ‘Sol’ romano, ha sido reemplazado por Cristo y su iglesia romana lleva ya veinte siglos sin que la puedan acabar. Enterrados están Nerón y Domiciano, el Imperio perseguidor ya no existe, Napoleón, Stalin y Hitler, el comunismo y el fascismo se han dormido en la muerte y la Iglesia de Roma sigue ahí, imperturbarble. Su pontífice lleva ahora la capa púrpura del emperador, una sutil venganza pues al burlarse de Cristo los soldados que lo vistieron de púrpura y simularon una coronación imperial burlona con el condenado, sin quererlo inspiraron a los seguidores de Cristo a tomar un manto púrpura para simbólicamente representar los sufrimientos de Cristo y su Coronación en el mismo acto. A un general romano del siglo II no le cabría duda quién ganó la guerra entre Cristo y César.

          Y ahora para continuar analicemos lo que el sr. Arias espera de la Iglesia según se desprende de su propio análisis. El sr. Arias espera que la Iglesia sea  sencilla. El boato y el lujo no tienen lugar en la Iglesia según él.. Cita a Santa Rita de Cassia y a los obispos de la teología de liberación etc. Sin entrar a defender o tan siquiera juzgar el boato y la riqueza temporal de la Iglesia es necesario reconocer que son muchos menos los miembros de la Iglesia que supuestamente disfrutan de tales lujos que los que no lo hacen. La gran mayoria de los miembros militantes de la Iglesia no participan ni tan lejanamente de lujo alguno. A mi no me molesta la basílica de San Pedro ni el supuesto oro de los altares y candelabros que haya allí (tal oro no existe, el que no me crea vaya y búsquelo). Por otro lado, cualquier institución que dura veinte siglos acumula tesoros casi sin pretenderlo. Si uno mira los museos y palacios reales del mundo la cosa no es mejor ni peor. Y si Jesús viene y no lo aprueba, pues es cosa de El juzgar los privilegios y las riquezas y a aquellos que las disfrutan. El ya predijo que la Iglesia crecería: “cosas mayores que estas haréis”  ¿Quién tiene autoridad para escandalizarse porque los cristianos construyan templos? ¿O es que no somos libres de hacerlo porque cierta persona interpreta que porque Jesús no construyó templos ahora hay que oficiar al aire libre? ¿Qué forma de razonar es esa?.

          Que habría rapacidad y avaricia entre algunos pastores que, a tiempo, serían para el rebaño como lobos. Claro que El no predijo que todos  los pastores serían así. Tampoco nos instruyó a poner etiquetas en los pastores. Solo nos dijo que fuéramos “cautos como serpientes e inocentes como palomas” y creo yo con muy buena razón. Como Santa Rita, San Francisco de Asís y otros muchos han predicado con el ejemplo, la vida sin posesiones y el amor a los pobres. Si Cristo llega y su Iglesia no le complace ya nos enteraremos, pero no tenemos mandato de El de sabotearla porque no estamos de acuerdo con sus contables o si nos disgustan sus tesoros. Hay un solo ejemplo de crítica contable en los Evangelios y no debiera sorprendernos que el criticón sea Judas ni que la respuesta de Jesús a su crítica haya sido: “a los pobres siempre tendréis con vosotros”.

          El problema que aqui se describe está en la Iglesia desde el mismo principio. Leer la carta de Santiago que habla abundantemente de eso. Nada ha cambiado en ese sentido. Hay hombres simples y hombres con gustos lujosos. Ya veremos quien queda cuando llegue el momento de rendir cuentas.

          6 Probablemente se trate de una traición antigua, casi de los orígenes del cristianismo, cuando éste, de ser una secta perseguida por los emperadores romanos, pasó a ser la religión de Estado del Imperio Romano, quien la cubrió de privilegios y prebendas. Como afirma Crossan: “Cuesta bastante trabajo mantener la serenidad cuando se lee el relato del banquete imperial celebrado al término del Concilio de Nicea”. Dice así el relato: “Algunos destacamentos de la guardia y del ejército rodearon la entrada del palacio con las espadas desenvainadas, y pasando por en medio de ellos sin temor, los hombres de Dios penetraron en los aposentos privados del emperador, donde se hallaban a la mesa algunos compañeros de éste, mientras otros yacían reclinados en lechos situados a uno y otro lado de la estancia. Cualquiera hubiera pensado que se trataba de un cuadro del Reino de Cristo, de un sueño hecho realidad”.

          El texto fue escrito por Eusebio, y Crossan lo comenta así en su obra Vida de un campesino judío: “De nuevo aparecen combinados el banquete y el Reino, pero los invitados son ahora los obispos, todos ellos de sexo masculino, que comen reclinados en lechos en compañía del propio emperador y esperan ser servidos por otros”. Y añade: “Quizás el cristianismo sea una traición inevitable y absolutamente necesaria de la figura de Jesús, pues, de no ser así, todos sus seguidores habrían muerto en las colinas de la Baja Galilea. Pero ¿era preciso que esa traición se produjera en tan poco tiempo?”.

          El indignado sr. Crossan que se cita aquí, es un miembro del Seminario de Jesús del que hablaremos más tarde. Por el momento recordemos que la “traición” de la que se habla aquí, consiste en ir a cenar con el emperador de turno. Quizás los cristianos debieran haberle dicho al emperador que preferían seguir en las catacumbas y ser asesinados y torturados públicamente ¿Es eso lo que usted haría luego de doscientos años de persecución despiadada? ¿O acaso daría gracias a Dios por que las persecuciones se terminaron y una nueva era se inaugura en la historia de Europa con el Cristianismo como protagonista central que dia tras dia, lentamente reemplaza al imperio? El cristianismo no es una traición de la figura de Jesús sino el fuego que El mismo vino a encender en el mundo y que ya nadie puede detener o transformar en una inocente colección de candelas separadas. La Iglesia es cristocéntrica y eso no es una traición. Lo que sí es una traición es derivar el centro de la adoración al “conocimiento especial” o “gnosis” requerida para crear una versión deformada y ocultista del cristianismo. Esas versiones refutadas por los padres desde la primera hora de la iglesia reaparecen de vez en cuando, aprovechando la mala memoria de la gente.

          Ya que el sr. Arias lo cita, hablemos de John Dominic Crossan y su lucrativo Seminario de Jesús. Este ingenioso grupo de gente liderado por Robert Funk y John Dominic Crossan reclama para sí la “erudición que prevalece en  las grandes universidades del mundo”  Esto lo declara en su entrevista con Richard Hays en “The Corrected Jesus” (El Jesús Corregido) pág. 47 de la publicación First Things No. 43 (en inglés). Sobre la base de esta afirmación hecha por ellos mismos los miembros del Seminario de Jesús han venido publicando cosas desde segunda parte de la década de 1980. Estos iluminados señores nos vienen a enterar ahora de lo que Jesús dijo y lo que no dijo. Con agudo sentido comercial hacen declaraciones a la prensa, generalmente precediendo la publicación de alguna de sus obras. Cito aquí algunas de ellas: “La mayoría de las frases de Jesús fueron inventadas por un autor anónimo”; “Jesús muy probablemente no enseñó el Padrenuestro”; “¿Está el verdadero Evangelio en la Biblia?”; “Eruditos recopilan una nueva Biblia”. Poco después de hechas estas declaraciones a la prensa se presentó el libro “Los Cinco Evangelios: En Busca de las Auténticas Palabras de Jesús” No sé por qué, a mi me recuerdan a otros que “descubrieron” la muerte de Jesús en una estaca (en lugar de la cruz) y otras trasnochadas “verdades”… juzgue el lector si vale la pena arriesgarse con alguien que implícitamente declara que la “verdad” sobre Jesús ha esperado veinte siglos hasta que el Seminario de Jesús o la Sociedad Watchtower nos vengan a mostrar “la luz”.

          Pero antes de ver que es lo que este grupo declara veamos si es cierto que sus credenciales son parte de la “erudición que prevalece en  las grandes universidades del mundo” según declara el sr. Crossan, citado como autoridad por el sr. Arias.

          El Dr. Richard B. Hays, Profesor Asociado del Nuevo Testamento en la Escuela de Divinidad de la Universidad de Duke (Estados Unidos) declara sobre el tema:

          Ni un solo miembro de las cátedras neotestamentarias de Yale, Harvard, Princeton, Duke, University of Chicago, Seminario Teológico de la Unión, Vanderbilt, SMU o de la Universidad Católica ha participado en este projecto [el Seminario de Jesús] Es innecesario decir que los facultativos de los seminarios evangélicos no han participado. Tampoco han participado estudiosos reconocidos de Inglaterra o de otras partes del Continente Europeo. De hecho – quiero expresar esto claramente – la mayoría de los estudiosos bíblicos reconocidos sienten un profundo escepticismo al contemplar los métodos y las conclusiones de este grupo académico seccionado de la comunidad de estudiosos. El punto es que este es un libro de imaginación que ha sido producido por un grupo de autodeclarados “eruditos” que declaran puntos de vista no convencionales sobre Jesús y los Evangelios. Ellos, posupuesto, son libres de publicar estos puntos de vista. Sin embargo su intento de presentar estas opiniones como si fueran “los resultados establecidos firmemente luego de un análisis crítico erudito” es, uno debe decirlo, un engaño condenable.   Richard Hays según aparece en “The Corrected Jesus” (“El Jesús Corregido”)

          Quisiera que el lector retenga esta interesante evaluación a medida que progresamos en el análisis del documento producido por el sr. Arias.

          7 Jesús predicó una religión del corazón sin templos ni catedrales.

          La pregunta es la siguiente: ¿qué era lo que Jesús intentó cuando, rodeado de un puñado de hombres y mujeres, de gente más bien sencilla, se puso a criticar algunos aspectos de la religión judaica de su tiempo (como hoy hacen los teólogos progresistas con el catolicismo) y a anunciar la llegada de un “Reino” nuevo? ¿Era ese anuncio del Reino el de la fundación de una nueva religión y una nueva Iglesia o era sencillamente el anuncio de una superación de la vieja religión de sus padres, infundiéndole mayor universalidad y proclamando la centralidad de la dignidad humana como el corazón mismo de la religión, o se trataba de una religión diferente? ¿O era un reino puramente temporal para arrojar a los romanos de la tierra de sus padres, por ellos ocupada?

          Quisiera saber cuándo Jesús criticó “algunos aspectos de la religión judaica de su tiempo”. Jesús, por todo lo que sabemos, vino a cumplir la ley mosaica. Las críticas que Jesús hace las hace, no de los procedimientos e instituciones religiosas establecidas por Moisés y los Profetas hebreos. Sino todo lo contrario, afirma y reaviva el espíritu de esa ley y lo que critica es la hipocresía del fundamentalismo judío que transforma la ley mosaica en un instrumento de opresión para la gente y que eventualmente aleja a la gente de Dios y del amor al prójimo. La crítica que hace Jesús es, por ejemplo, del Corbán porque esa tradición torcida limita y contraría los mandamientos dados a través de Moisés. Jesús asiste al templo y a la sinagoga. Cumple con sus obligaciones mosaicas y cuando modifica, a veces endureciendo  (caso del divorcio) a veces ablandando la interpretación de la ley (caso del descanso sabático o del apedreamiento de la adúltera). Aun en aquellas veces en que la interpretación de Jesús parece modificar la ley de Moisés hay siempre una revelación de una nueva dimensión espiritual del mandamiento que se explica. Doy por ejemplo “el Hijo del Hombre Señor del Sábado es” y “el que esté libre de culpa que arroje la primera piedra”. En la primera Jesús revela su majestad y autoridad sobre el Sábado, el día de Dios. En revelar su señorío sobre el Día del Señor apunta a los judíos la inminencia de la nueva creación y la propia autoridad de Jesús para iniciarla. En el caso segundo, lejos de justificar el apedreamiento (ilegal, ya que una muchedumbre no tenía derecho de apedrear a nadie, según  la ley), Jesús usa esa oportunidad para revelar la existencia del pecado inherente en todo ser humano y la importancia de la misericordia de Dios para solucionar el problema del pecado humano.

          Otra cosa hubiera sido que Jesús dijera cosas como “¿Quiso Moisés fundar una religión?” o tal vez  “La Ley de Moisés es una ley del corazón y no hace falta ir al templo”  o cualquier otra objeción a la autoridad de la ley o su integridad histórica con el objeto de minar su importancia o veracidad. Es el colmo de la caradurez que estos “teólogos progresistas” se comparen con Jesús.

          A tiempo Jesús completó su misión en la tierra: revelar a Dios en un ser humano y dar muestra de que el servicio de Dios es el servicio del prójimo en el acto sublime de la caridad y no de la rebelión. Como dijimos antes, Jesús venció a Roma y eventualmente vencerá sobre todo señorío o reino de la tierra porque su soberanía es imparable y su reino es tan inevitable como la llegada de la mañana después de una noche oscura.

          8 Importante a este respecto sería saber la idea de Dios que predicaba Jesús y si era una idea de Dios “inventada” por él o sacada de las raíces de las Escrituras antiguas. Porque se habla de que una de las características de la nueva religión predicada por el profeta de Nazaret era la de un Dios “padre” en contraposición al Dios “juez” del Antiguo Testamento; el Dios de la compasión y no el Dios de la venganza; el Dios, no del “ojo por ojo y diente por diente”, sino el del padre que recibe al hijo pródigo, que se había ido de casa y había dilapidado su herencia, con tanta fiesta y alegría que hace enfadar de envidia al hijo fiel que se había quedado en casa. Pero resulta que esa imagen también está en el Antiguo Testamento, concretamente en el profeta Isaías, cuando, hablando de Dios, dice que es más comprensivo que una madre, pues mientras una madre podría llegar a abandonar a un hijo, Dios nunca lo haría.

          Este párrafo merece el famoso comentario de San Agustín de Hipona “El Nuevo Testamento está escondido dentro del Antiguo y el Antiguo se revela en el Nuevo”. Jesús no tuvo que “inventar” al Padre. San Pablo insiste una y otra vez sobre la importancia de entender que el propósito de la ley mosaica es revelar la impotencia del hombre ante el pecado. La ley sólo puede ser cumplida por un hombre perfecto y tiene el propósito de revelar a Cristo como ése hombre perfecto, establecer las bases legales para hacer valer su sacrificio y finalmente mostrar la puerta de escape a la humanidad: la misericordia de Dios revelada en la Pasión. Porque si Dios es un Juez también es un Padre lleno de misericordia y amor por sus hijos extraviados. La contraposición no es una reinvención de Dios, es su revelación final. Jesús nos ha mostrado al Padre y ha pagado la fianza al Juez. Ahora que el juicio está resuelto sólo nos queda aceptar la gracia divina que nos saca del embrollo monumental en que nos metimos gracias a nuestro padre carnal Adán.

          9 Hay un texto significativo, en el evangelio de Juan, que es también revelador de la idea que Jesús tenía de la religión, de la manera de adorar a Dios y de todo lo que es externo a la Iglesia, principalmente el problema de los templos. Es el pasaje en el que Jesús coquetea con la mujer samaritana que iba a sacar agua del pozo. Existía una gran enemistad entre judíos y samaritanos. Estos últimos eran considerados paganos, al no reconocer la religión de Israel. La samaritana provoca a Jesús diciendo que sus antepasados habían adorado a  Dios en aquel monte donde se hallaban, mientras que los judíos decían que hay que adorarlo en el templo de Jerusalén. Dos iglesias disputándose un lugar de culto. Jesús corta tajante: “Créeme, mujer, se acerca la hora en la que ni en este monte ni en Jerusalén adoraréis al Padre… Llega la hora, y ya estamos en ella, en la que los verdaderos adoradores adorarán en espíritu y en verdad”. Si estas palabras de Jesús son históricas – y la Iglesia las reconoce como tales -, habría que hacerse muchas preguntas. Por lo pronto resulta evidente que, si Jesús pensaba en un tipo nuevo de religión, en ella no iban a tener ninguna importancia los lugares físicos de  culto, ya que, como él dice, los seguidores de esa nueva religión tendrían que rendir culto a Dios no en iglesias, templos y catedrales faraónicas, sino dentro de sí mismos. Sería el corazón, el espíritu del hombre, el gran templo interior donde mejor van a poder encontrarse con Dios.

           10 Sobre este texto se han derrochado ríos de tinta. Pero pocos han ahondado en él para observar que se trata de una dura crítica a todo el fausto de las iglesias levantadas por católicos y protestantes. A la mujer samaritana, Jesús le dice muy claro que en el futuro o, mejor, ya desde aquel momento van a importar muy poco tanto el Templo de Jerusalén como las catedrales que un día levantarían en su nombre, ya que nada de eso es importante para rendir culto al Dios que habita en el corazón de las personas y no en la oscuridad y magnificencia de los templos.

           Debo extenderme sobre esta sección porque hay unas cuantas cosas que quisiera preguntarle al sr. Arias. ¿De donde sacó que Jesús coquetea con la samaritana? ¿Qué clase de seriedad exegética puede extraer de este texto un coqueteo?

           Ahondemos un poco sobre el contexto de Juan cap. 4 de donde se extrae esta porción. Recordemos, porque es necesario analizar el contexto fielmente, que la separación en capítulos y versículos es posterior a la escritura de los Evangelios. Por lo tanto, si comenzamos a leer el Evangelio de Juan desde el principio podemos distinguir algunas secciones que preceden a esta cita y que nos pueden ayudar a obtener una idea más precisa del sentido general del escrito. Estas secciones son, comenzando desde el sumario de la selección de los apóstoles en adelante:

          §         Selección de los apóstoles

          §         Boda en Caná de Galilea

          §         Limpieza del Templo al tiempo de la Pascua

          §         Conversación con Nicodemo

          §         Testimonio de Juan el Bautista

          §         Testimonio a los Samaritanos

          §         Regreso a Galilea

          Se puede escribir un libro sobre estas secciones del Evangelio de Juan. De hecho se han escrito muchas obras sobre este Evangelio, tan diferente de los otros tres. Por eso me perdonan si paso a vuelo de pájaro sobre este tema para no extenderme innecesariamente ya que el escrito del sr. Arias continúa largo y tendido también. De todos modos vamos para largo porque hay mucho para ver.

          Una característica de la presentación juanina del Evangelio es lo que llamaremos la dualidad de conceptos. Juan presenta varios conceptos en pares y desarrolla un argumento sutil usando estos pares, a veces opuestos (como la luz y la oscuridad) y otras veces concurrentes (agua y espíritu o agua y sangre). Estos pares se entrelazan en formas variadas y tienen la particularidad de incitar al lector a la contemplación del misterio de la Encarnación de Jesús y su propósito. Juan prefiere hacernos pensar y contemplar en lugar de explicar las cosas. Este tratamiento singular no deja de lado el desarrollo lógico del Evangelio sino que está en plena armonía con él. La selección de los apóstoles es la puerta que Juan abre para introducirnos al resto de la narración. Los elegidos creen inmediatamente en la mesianidad de Jesús, quien les hace entrever el propósito de su ministerio: la revelación de Dios a Israel. A Natanael le expresa la promesa “Cosas más grandes que éstas verás y en verdad te digo que verás los cielos abiertos y los ángeles de Dios ascendiendo y descendiendo al Hijo del Hombre.”

          Nótese que Natanael es el israelita ideal (sincero, sin dobleces) que Jesús encuentra bajo la higuera (que es un símbolo de Israel como nación espiritualmente dedicada a Dios, recordar la maldición de la higuera por su falla en producir frutos que ocurre al final del ministerio de Jesús). Notar también que la contraposición de “ángeles de Dios” e “Hijo del Hombre” una pre-revelación de la divinidad del Hijo del Hombre a quien los ángeles sirven. Pero lo que nos importa aquí es el parecido de la imagen con la visión de Jacob en Betel cuando, solo en la noche, ve la escalera que lleva al trono de Dios y los ángeles ascendiendo y descendiendo al trono de Dios. Para un judío esta imagen es una imagen de fuerte significado. Natanael parece simbolizar a este nuevo Jacob que va a tener la dicha de contemplar el renacimiento de Israel en una forma que ninguno antes sospechara. No según la carne sino según el espíritu.

          Sigue el relato de la boda de Caná. La boda se queda sin vino. Es posible que este sea un recuerdo de María relatado a Juan más tarde pero veamos como Juan lo presenta. El vino es milagrosamente creado usando el “agua de la purificación” contenida en seis jarras que son presentadas al presidente del banquete llenas de vino excelente. Este aprueba diciendo que el vino mejor ha aparecido al final y no, como era costumbre, al principio de la cena. La dualidad de agua y sangre (simbolizada por el vino) aparece aquí. Sabemos que el sacrificio de Jesús es necesario para que se realice la reunión de la humanidad fiel  con Dios: las bodas del Cordero. El vino presentado al presidente es un tipo de la sangre perfecta de Jesús que purifica  (como el agua de las abluciones) y que es aceptada por el Padre como justificación suficiente. Juan concluye el relato de este primer milagro resumiendo “que fue la primera de la señales de Jesús, en Caná de Galilea. Reveló su gloria y sus discípulos creyeron en él.” Notemos la contraposición con el relato de la selección de los apóstoles. Creer en Jesús conlleva el recibir una revelación de su gloria. Otra dualidad entretejida en este fascinante relato de San Juan.

          Contrapuesta a la fe de los discípulos en el siguiente relato vemos como los judíos del templo le exigen a Jesús una señal para mostrarles a ellos que Jesús tiene la autoridad para echar a los mercaderes del templo. La señal que Jesús les propone como si fuera un enigma es “derribad este templo y en tres días lo levantaré”   Los judíos no creen pero Juan, en retrospectiva nos explica que Jesús hablaba del templo de su cuerpo. Esta es entonces otra revelación que los discípulos comprenden recién cuando Jesús es resucitado. De nuevo los discípulos creen y la revelación del verdadero significado de sus palabras les ocurre sólo a ellos. Recordemos que la misma frase es presentada por los testigos ante el Sanedrín cuando Jesús va a juicio, en la noche anterior a su muerte en el Gólgota. La misma frase que revela algo a los creyentes es causa de tropiezo a los que no quieren creer. Al mismo tiempo los que creen meramente por las señales y milagros que Jesús produce no reciben esta revelación ya que Jesús no se presenta completo ante ellos, sabiendo que su fe tiene raíces cortas (Jn 4:23-25)

          Así llegamos a Jerusalén y a la conversación con Nicodemo. La contraposición es ahora multifacética. Nacer de arriba, nacer del espíritu es contrapuesto a la naturaleza humana carnal, de abajo. Lo terrenal se opone a lo espiritual. Luego la dualidad, ya presentada antes, se desarrolla de nuevo agua y espíritu.  Nicodemo pregunta cómo es posible que alguien vuelva a nacer, nadie puede volver al vientre de su madre, razona el erudito judío sin pensar que en la muerte todos volvemos al vientre de la madre de todas las cosas; la Tierra. Más tarde San Pablo, muy probablemente sin conocimiento  de esta conversación del Señor, nos dice que la semilla debe caer a tierra para producir fruto. El nacimiento del espíritu es trascendente cuando la carne, la naturaleza humana se ha dejado atrás. Como maestro de la ley Nicodemo debiera haber reconocido estos conceptos. Nicodemo quiere creer pero no comprende. Ha venido a Jesús “en la noche” saliendo de la oscuridad se ha acercado a la luz. Luego Juan al describir el principio de la traición de Judas nos dice que Judas sale de la cena pascual a la noche de afuera y así se completa otra dualidad entre Nicodemo y Judas. Un hombre acepta, prefiere la luz y el otro la abandona (ver Jn 3:19).  Notemos además que Jesús usa con Nicodemo la frase “hablamos de aquello que sabemos [conocemos]”  una frase que nos recuerda el “adoramos lo que sabemos [conocemos]” usada más luego con la samaritana junto al pozo.

          Juan procede ahora a relatar el testimonio del Bautista y en el mismo comienzo de este testimonio (Jn 3:29) el Bautista revela a Jesús como el Novio que tiene el derecho de casarse con la novia, la Iglesia incipiente. El Bautista siente el gozo de los buenos amigos del Novio, de nuevo la contraposición cielo-tierra y la mención del espíritu como dádiva de Dios como resultado del agua del bautismo al otro lado del Jordán.

          En camino a Galilea ahora, Jesús y los discípulos pasan por Samaria. Sabemos que los samaritanos estaban en constante enemistad con los judíos debido a diferencias religiosas. Los samaritanos practicaban una versión de la religión mosaica que no era aceptable a los judíos ortodoxos. Jesús se sienta a descansar cerca del pozo que tradicionalmente se conocía como el Pozo de Jacob. Recordemos ahora lo dicho anteriormente a Natanael y su coincidencia con la visión de Jacob en Betel. Notemos de nuevo la imagen que Juan nos presenta. Agua de un pozo y ese pozo es Israel o Jacob. Una samaritana viene a buscar agua y Jesús le pide un poco. A nosotros quizás nos parezca algo no muy inusual. Sin embargo la mujer se sorprende. Es que la tradición judía declaraba que las mujeres samaritanas eran inmundas “menstruantes desde la cuna” era la expresión que se usaba para describirlas e indicar que ningún judío podía casarse con una de ellas y continuar siendo limpio. Para no hacer esto más largo todavía centrémonos en la declaración de Jesús de ser él mismo una “fuente de aguas de vida eterna”, agua que fluye viva y no agua quieta en un pozo. La imagen de agua purificadora que da vida nos recuerda a la boda (agua y vino) y a las dos cosas que manan de la quinta herida de Jesús en la cruz: agua y sangre para perdón de pecados. El pozo de Jacob es una símbolo de Israel. Jesús lo aclara al decir “la salvación proviene de los judíos”. La mujer y los habitantes de la villa aceptan a Jesús como el Mesías y es ella la primera a quien Jesús revela inequívocamente su mesianidad. El fin de la misión de Israel es producir a Jesús y el agua del pozo de Jacob termina sus funciones para ser reemplazada por el agua de vida que Jesús ofrece una vez para siempre, el bautismo del que abundantemente se habla antes de llegar al Cap. 4.  Juan entrelaza diestramente a Jacob/Natanael/Israel/Jesús y el tema del agua purificadora en un relato magistral y místico y que revela mucho más de lo que explica.

          Esta mujer samaritana, declarada ceremonialmente inmunda y de dudosa reputación, es la primera en saber, de boca de Jesús, que El es el Mesías. María Magdalena, la que fuera prisionera de los siete demonios, es la primera en ver a Jesús resucitado. ¿Qué significan estas dos aparentes incongruencias de Jesús revelado en su totalidad a mujeres como éstas? Aquí hay para pensar. De nuevo escuchamos las palabras espíritu y verdad, de nuevo se nos recuerda que “adoramos lo que sabemos [conocemos]”.

          Pero el propósito de todo esta lectura previa es llegar al meollo del significado de las palabras “espíritu y verdad” ¿Quiso decir Jesús con esto que la nueva adoración es personal exclusivamente y que los templos serían abolidos? Veamos lo que declara sobre esto una antigua publicación cristiana…

          Como los profetas anteriores a él, Jesús profesó el más profundo respeto al Templo de Jerusalén. Fue presentado en él por José y María cuarenta días después de su nacimiento (Lc. 2, 22-39). A la edad de doce años, decidió quedarse en el Templo para recordar a sus padres que se debía a los asuntos de su Padre ( Lc 2, 46-49). Durante su vida oculta, subió allí todos los años al menos con ocasión de la Pascua ( Lc 2, 41); su ministerio público estuvo jalonado por sus peregrinaciones a Jerusalén con motivo de las grandes fiestas judías ( Jn 2, 13-14; 5, 1. 14; 7, 1. 10. 14; 8, 2; 10, 22-23).

          Jesús subió al Templo como al lugar privilegiado para el encuentro con Dios. El Templo era para él la casa de su Padre, una casa de oración, y se indigna porque el atrio exterior se haya convertido en un mercado (Mt 21, 13). Si expulsa a los mercaderes del Templo es por celo hacia las cosas de su Padre: "no hagáis de la Casa de mi Padre una casa de mercado. Sus discípulos se acordaron de que estaba escrito: ‘El celo por tu Casa me devorará’ (Sal 69, 10)" (Jn 2, 16-17). Después de su Resurrección, los Apóstoles mantuvieron un respeto religioso hacia el Templo ( Hch 2, 46; 3, 1; 5, 20. 21; etc.).

          Jesús anunció, no obstante, en el umbral de su Pasión, la ruina de ese espléndido edificio del cual no quedará piedra sobre piedra ( Mt 24, 1-2). Hay aquí un anuncio de una señal de los últimos tiempos que se van a abrir con su propia Pascua ( Mt 24, 3; Lc 13, 35). Pero esta profecía pudo ser deformada por falsos testigos en su interrogatorio en casa del sumo sacerdote ( Mc 14, 57-58) y serle reprochada como injuriosa cuando estaba clavado en la cruz ( Mt 27, 39-40).

          Lejos de haber sido hostil al Templo ( Mt 8, 4; 23, 21; Lc 17, 14; Jn 4, 22) donde expuso lo esencial de su enseñanza ( Jn 18, 20), Jesús quiso pagar el impuesto del Templo asociándose con Pedro ( Mt 17, 24-27), a quien acababa de poner como fundamento de su futura Iglesia ( Mt 16, 18). Aún más, se identificó con el Templo presentándose como la morada definitiva de Dios entre los hombres ( Jn 2, 21; Mt 12, 6). Por eso su muerte corporal ( Jn 2, 18-22) anuncia la destrucción del Templo que señalará la entrada en una nueva edad de la historia de la salvación:"Llega la hora en que, ni en este monte, ni en Jerusalén adoraréis al Padre"(Jn 4, 21;  Jn 4, 23-24; Mt 27, 51; Hb 9, 11; Ap 21, 22).

           Si la Ley y el Templo pudieron ser ocasión de "contradicción" ( Lc 2, 34) entre Jesús y las autoridades religiosas de Israel, la razón está en que Jesús, para la redención de los pecados -obra divina por excelencia- acepta ser verdadera piedra de escándalo para aquellas autoridades ( Lc 20, 17-18; Sal 118, 22). (Catecismo de la Iglesia Católica)

          Para que se compruebe que el adorar, orar o meditar en lo secreto del corazón no es incompatible con tener un lugar adecuado para estas actividades cito lo siguiente:

          La iglesia, casa de Dios, es el lugar propio de la oración litúrgica de la comunidad parroquial. Es también el lugar privilegiado para la adoración de la presencia real de Cristo en el Santísimo Sacramento. La elección de un lugar favorable no es indiferente para la verdad de la oración: – para la oración personal, el lugar favorable puede ser un "rincón de oración", con las Sagradas Escrituras e imágenes, para estar " en lo secreto" ante nuestro Padre (cf Mt 6, 6). En una familia cristiana este tipo de pequeño oratorio favorece la oración en común.

          — en las regiones en que existen monasterios, una vocación de estas comunidades es favorecer la participación de los fieles en la Oración de las Horas y permitir la soledad necesaria para una oración personal más intensa (cf PC 7).

          — las peregrinaciones evocan nuestro caminar por la tierra hacia el cielo. Son tradicionalmente tiempos fuertes de renovación de la oración. Los santuarios son, para los peregrinos en busca de fuentes vivas, lugares excepcionales para vivir "en Iglesia" las formas de la oración cristiana. (Catecismo de la Iglesia Católica)

          Un resumen de esto, que espero nos ponga a todos a pensar seriamente:

          §         Jesús está hablando de lo que iba a suceder, a saber, que no iba a quedar muñeco con cabeza: el templo sería destruido, como el lugar de culto samaritano ya lo había sido. Ese es el sentido de las palabras de Jesús.

          §         La idea de fondo es que el lugar no es la sustancia del culto, sino el espíritu.

          §         Los apóstoles iban al templo a orar (¡ya recibido el Espíritu en Pentecostés!), como consta en los Hechos: ¿será que se olvidaron de que Jesús no quería que fueran al templo? Si la revelación de Jesús es pura y exclusivamente personal. ¿Por qué pidió Jesús a los discípulos que no se movieran de Jerusalén?

          §         Los practicantes de toda religión se reúne en ciertos lugares que disponen para el culto, llámenlo como quieran. En cambio "nosotros tenemos un altar" (Hebreos 13:10) y "altar" es culto, digan lo que digan.

          §         Y por supuesto que si llegara el momento y la circunstancia no hace falta iglesia-edificio, eso lo podemos mantener también los católicos. Los primeros cristianos no las tenían -por las persecuciones- pero se reunían en las catacumbas, donde tenían los altares donde celebraban el culto, veneraban las reliquias de los mártires, aparecen las primeras inscripciones y pinturas sagradas.


          Conclusión: Jesús tenía razón: ni en Jerusalén ni en el Monte Gerizim se adorará a Dios, sino en las almas de los fieles, lo cual no impide que se reúnan a celebrar la eucaristía o a rezar en conjunto en un lugar hecho para ese propósito. Una cosa no niega la otra.
           

           

          Se piensa que todas las religiones son buenas. Todas —salvo degeneraciones extrañas que son como la excepción que confirma la regla— llevan al hombre a hacer cosas buenas, exaltan sentimientos positivos y satisfacen en mayor o menor medida la necesidad de trascendencia que todos tenemos. En el fondo, da igual una que otra. Además, ¿por qué no puede haber varias religiones verdaderas?

          Es cierto que uno tiene que ser de espíritu abierto, y apreciar todo lo positivo que haya en las diversas religiones, que es sustancialmente diferente que decir que existen varias religiones verdaderas: si solamente hay un Dios, no puede haber más que una verdad divina, y una sola religión verdadera.

          La sensatez en la decisión humana sobre la religión no estará, por tanto, en elegir la religión que a uno le guste o le satisfaga más, sino más bien en acertar con la verdadera, que sólo puede ser una. Porque una cosa es tener una mente abierta y otra, bien distinta, pensar que cada uno puede hacerse una religión a su gusto, y no preocuparse mucho puesto que todas van a ser verdaderas. Ya dijo Chesterton que tener una mente abierta es como tener la boca abierta: no es un fin, sino un medio. Y el fin —decía con sentido del humor— es cerrar la boca sobre algo sólido.

          Como cristiano que soy, creo que el cristianismo es la religión verdadera. Porque si uno no cree que su fe es la verdadera, lo que le sucede entonces, sencillamente, es que no tiene fe.

          Lógicamente, creer que el cristianismo es la religión verdadera no implica imponerla a los demás, ni menospreciar la fe de otros, ni nada parecido. Es más, la fe cristiana bien entendida exige ese respeto a la libertad de los demás.

          Ahora bien, la adhesión a la verdad cristiana no es como el reconocimiento de un principio matemático. La revelación de Dios se despliega como la vida misma, y toda verdad parcial no tiene por qué ser un completo error.

          Muchas religiones tendrán una parte que será verdad y otra que contendrá errores (excepto la verdadera, que, lógicamente, no contendrá errores). Por esta razón, la Iglesia Católica —lo ha recordado el Concilio Vaticano II— nada rechaza de lo que en otras religiones hay de verdadero y de santo. Considera con sincero respeto los modos de obrar y de vivir, los preceptos y doctrinas que, aunque discrepan en muchos puntos de lo que ella profesa y enseña, no pocas veces reflejan un destello de aquella Verdad que ilumina a todos los hombres.


          ¿ Y por qué la religión cristiana va a ser la verdadera?

          Para responder esta pregunta, se pueden aportar pruebas sólidas, racionales y convincentes, pero nunca serán pruebas aplastantes e irresistibles. Además, no todas las verdades son demostrables, y menos aún para quien entiende por ‘demostración’ algo que ha de estar atado indefectiblemente a la ciencia experimental.

          Digamos —no es muy académico— que es como si Dios no quisiera obligarnos a creer. Dios respeta la dignidad de la persona humana, que Él mismo ha creado, y que debe regirse por su propia determinación. Dios jamás coacciona (además, si fuera algo tan evidente como la luz del sol, no haría falta demostrar nada: ni tú estarías leyendo esto ni yo ahora escribiéndolo).

          Para creer, hace falta una decisión libre de la voluntad: la fe es a la vez un don de Dios
          y un acto libre. Y nadie se rinde ante una demostración no totalmente evidente (algunos, ni siquiera ante las evidentes), si hay una disposición contraria de la voluntad.

          En este caso, sugiero, para comprensión de la lectura, comentar algunas de las razones que pueden hacer comprender mejor porque la religión cristiana es la verdadera. No pretendo hacerlo de modo exhaustivo ni tremendamente riguroso: se trata simplemente de arrojar un poco de luz sobre el asunto, resolviendo algunas dudas, o bien fortaleciendo convicciones que ya se tiene: sólo intento hacer más verosímil la verdad.

          Un sorprendente desarrollo

          Podemos empezar, por ejemplo, por considerar lo que ha supuesto el cristianismo en la historia de la humanidad. Piensen cómo, en los primeros siglos, la fe cristiana se abrió camino en el Imperio Romano de forma prodigiosa. El cristianismo recibió un tratamiento tremendamente hostil. Hubo una represión brutal, con persecuciones sangrientas, y con todo el peso de la autoridad imperial en su contra durante muchísimo tiempo (unos dos siglos).

          Es necesario pensar también que la religión entonces predominante era una amalgama de cultos idolátricos, enormemente indulgentes, en su mayor parte, con todas las debilidades humanas. Tal era el mundo que debían transformar. Un mundo cuyos dominadores no tenían interés alguno en que cambiara. Y la fe cristiana se abrió paso sin armas, sin fuerza, sin violencia de ninguna clase. Y, pese a esas objetivas dificultades, los cristianos eran cada vez más.

          Lograr que la religión cristiana se arraigase, se extendiera y se perpetuara; lograr la conversión de aquel enorme y poderoso imperio, y cambiar la faz de la tierra de esa manera, y todo a partir de doce predicadores pobres e ignorantes, faltos de elocuencia y de cualquier prestigio social, enviados por otro hombre que había sido condenado a morir en una cruz, que era la muerte más afrentosa de aquellos tiempos… Sin duda para el que no crea en los milagros de los evangelios, me pregunto si no sería éste milagro suficiente. Algo absolutamente singular en la historia de la humanidad.


          Jesús de Nazareth

          Sin embargo, la pregunta básica sobre la identidad de la religión cristiana se centra en su fundador, en quién es Jesús de Nazareth.

          El primer trazo característico de la figura de Jesucristo —señala André Léonard— es que afirma ser de condición divina. Esto es absolutamente único en la historia de la humanidad. Es el único hombre que, en su sano juicio, ha reivindicado ser igual a Dios. Y recalco lo de reivindicado porque, como veremos, esta pretensión no es en modo alguno signo de jactancia humana, sino que, al contrario, va acompañada de la mayor humildad.

          Los grandes fundadores de religiones, como Confucio, Lao-Tse, Buda y Mahoma, jamás tuvieron pretensiones semejantes. Mahoma se decía profeta de Allah, Buda afirmó que había sido iluminado, y Confucio y Lao-Tse predicaron una sabiduría. Sin embargo, Jesucristo afirma ser Dios.

          Los gestos de Jesucristo eran propiamente divinos. Lo que de entrada sorprendía y alegraba a las gentes era la autoridad con que hablaba, por encima de cualquier otra, aun de la más alta, como la de Moisés; y hablaba con la misma autoridad de Dios en la Ley o los Profetas, sin referirse más que a sí mismo: "Habéis oído que se dijo…, pero yo os digo…" A través de sus milagros manda sobre la enfermedad y la muerte, da órdenes al viento y al mar, con la autoridad y el poderío del Creador mismo.

          Sin embargo, este hombre, que utiliza el yo con la audacia y la pretensión más insostenibles, posee al propio tiempo una perfecta humildad y una discreción llena de delicadeza. Una humilde pretensión de divinidad que constituye un hecho singular en la historia y que pertenece a la esencia misma del cristianismo.

          En cualquier otra circunstancia —piénsese de nuevo en Buda, en Confucio o en Mahoma— los fundadores de religiones lanzan un movimiento espiritual que, una vez puesto en marcha, puede desarrollarse con independencia de ellos. Sin embargo, Jesucristo no indica simplemente un camino, no es el portador de una verdad, como cualquier otro profeta, sino que es Él mismo el objeto propio del cristianismo.

          Por eso, la verdadera fe cristiana comienza cuando un creyente deja de interesarse por las ideas o la moral cristianas, tomadas en abstracto, y le encuentra a Él como verdadero hombre y verdadero Dios.

          Cuando se trata de discernir entre lo verdadero y lo falso, y en algo importante, como lo es la religión, conviene profundizar bastante. La religión verdadera será efectivamente la de mayor atractivo, pero para quien tenga de ella un conocimiento suficientemente profundo.


          ¿ Puede uno salvarse con cualquier religión?

          La verdad sobre Dios es accesible al hombre en la medida en que éste acepte dejarse llevar por Dios y acepte lo que Dios ordena; en la también en que el hombre quiera buscar a Dios rectamente. Por ello, es un barbarismo decir que los que no son cristianos no buscan a Dios rectamente. Hay gente recta que puede no llegar a conocer a Dios con completa claridad. Por ejemplo, por no haber logrado liberarse de una cierta ceguera espiritual. Una ceguera que puede ser heredada de su educación, o de la cultura en la que ha nacido, y en ese caso, Dios que es justo, juzgará a cada uno por la fidelidad con que haya vivido conforme a sus convicciones. Es preciso, lógicamente, que a lo largo de su vida hayan hecho lo que esté en su mano por llegar al conocimiento de la verdad. Y esto es perfectamente compatible con que haya una única religión verdadera.

          En esta línea, la Iglesia católica señala que los que sin culpa de su parte no conocen el Evangelio ni la Iglesia pero buscan a Dios con sincero corazón e intentan en su vida hacer la voluntad de Dios, conocida a través de lo que les dice su conciencia, pueden conseguir la salvación eterna.

          Y como asegura Peter Kreeft, el buen ateo participa de Dios precisamente en la medida en que es bueno. Si alguien no cree en Dios, pero participa en alguna medida del amor y la bondad, vive en Dios sin saberlo. Esto no significa, sin embargo, que basta con ser bueno sin necesidad de creer en Dios para lograr la salvación eterna. La persona no debe creer en Dios porque nos sea útil, o porque nos permita ser buenos, sino, fundamentalmente, porque creemos que Dios es verdadero.

          En esta línea hay que mostrarnos un tanto escépticos ante algunas crisis de fe supuestamente intelectuales, pero que en el fondo esconden una opción por fabricarse una religión propia, a la medida de los propios gustos o comodidades. Cuando una persona hace una interpretación acomodada de su religión para rebajar así sus exigencias morales, o no se preocupa de recibir la necesaria formación religiosa adecuada a su edad y circunstancias, es bien probable que la pretendida crisis intelectual bien pueda tener otros orígenes.


          ¿ Por qué, entonces, la Iglesia es necesaria para la salvación del hombre?

          La Iglesia peregrinante es necesaria para la salvación, pues Cristo es el único Mediador y el camino de salvación, presente a nosotros en su Cuerpo, que es la Iglesia» (Lumen gentium, 14).

          Siguiendo a la Dominus Iesus, esta no se contrapone a la voluntad salvífica universal de Dios; por lo tanto, «es necesario, pues, mantener unidas estas dos verdades, o sea, la posibilidad real de la salvación en Cristo para todos los hombres y la necesidad de la Iglesia en orden a esta misma salvación» (Redemptoris missio, 9). Para aquellos que no son formal y visiblemente miembros de la Iglesia, «la salvación de Cristo es accesible en virtud de la gracia que, aun teniendo una misteriosa relación con la Iglesia, no les introduce formalmente en ella, sino que los ilumina de manera adecuada en su situación interior y ambiental. Esta gracia proviene de Cristo; es fruto de su sacrificio y es comunicada por el Espíritu Santo» (ibid, 10).

          Ciertamente, las diferentes tradiciones religiosas contienen y ofrecen elementos de religiosidad, que forman parte de «todo lo que el Espíritu obra en los hombres y en la historia de los pueblos, así como en las culturas y religiones» (Redemptoris missio, 29). A ellas, sin embargo, no se les puede atribuir un origen divino ni una eficacia salvífica ex opere operato, que es propia de los sacramentos cristianos. Por otro lado, no se puede ignorar que otros ritos no cristianos, en cuanto dependen de supersticiones o de otros errores (cf. 1 Co 10, 20-21), constituyen más bien un obstáculo para la salvación.

          En este sentido, la Dominus Iesus es bastante clara cuando afirma que con la venida de Jesucristo Salvador, Dios ha establecido a la Iglesia para la salvación de todos los hombres. Esta verdad de fe no quita nada al hecho de que la Iglesia considera las religiones del mundo con sincero respeto, pero al mismo tiempo excluye esa mentalidad indiferentista «marcada por un relativismo religioso que termina por pensar que "una religión es tan buena como otra"» (Redemptoris missio, 36). Como exigencia del amor a todos los hombres, la Iglesia «anuncia y tiene la obligación de anunciar constantemente a Cristo, que es "el Camino, la Verdad y la Vida" (Jn 14, 6), en quien los hombres encuentran la plenitud de la vida religiosa y en quien Dios reconcilió consigo todas las cosas» (Nostra aetate, 2). 

           

          El primado de Pedro

          Sinopsis: En la Biblia no hay duda: Pedro fue nombrado cabeza de la Iglesia de Cristo y guía de todos sus hermanos.

           

          La cita de la designación de Pedro como cabeza de la Iglesia

          Es el propio Jesús quien hace a Pedro primero entre los apóstoles y jefe de su Iglesia:

          "Y ahora yo te digo: Tú eres Pedro (o sea Piedra), y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia; los poderes de la muerte jamás la podrán vencer. Yo te daré las llaves del Reino de los Cielos: lo que ates en la tierra quedará atado en el Cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el Cielo." (Mt 16, 18-20)

          En griego, Jesús usa un juego de palabras en cuanto a Pedro en Mt 16, 18. Primero menciona a "Petros" (Pedro, como roca , utilizado por primera vez en Mt 4, 18), y luego dice que sobre esta "petra" (roca grande, no cualquier piedra) construirá su Iglesia. Cuando se refiere a la construcción de la Iglesia hay que hacer dos cortos comentarios desde el texto en griego. Primero, el término que usa para hablar de la "construcción" es el mismo (oikodomeo) que el de Mt 7, 24-29 (la comparación de la construcción de la casa); en cuanto a Iglesia (ekklesia), la forma de Mt 16, 18 no aparece en ninguna otra parte de los evangelios (aunque el término, pero en distinta forma gramatical vuelve a aparecer en Mt 18, 17); la misma forma en griego de Mt 16, 18 para Iglesia (sustantivo, acusativo…) se usa veinte veces en todo el Nuevo Testamento, una de ellas es en Efesios 5, 32, cuando habla de Cristo y Su Iglesia.

          Más adelante, en Mateo 18, 18, Jesús confirma en autoridad también a los apóstoles, pero el papel de mayordomo del Reino es únicamente para Pedro.

          "Yo les digo: “Todo lo que aten en la tierra, lo mantendrá atado el Cielo, y todo lo que desaten en la tierra, lo mantendrá desatado el Cielo."

          Este texto puede llamar a confusión a algunos, que creerán que allí Jesús da autoridad a TODOS los cristianos, pero ocurre -además del hecho expreso de las manifestaciones que solamente se aplican a Pedro- que aquí Jesús está exclusivamente con los doce.

          Jesús, en Lucas, ora especialmente por San Pedro para que, llegada la prueba, sea quien fortalezca a los demás, luego de señalar, durante la Ultima Cena, que todos los apóstoles tienen especial importancia en el plan de Dios:

          "Ustedes son los que han permanecido conmigo compartiendo mis pruebas.  Por eso les doy el reino como mi Padre me la dio a mí. Ustedes comerán y beberán a mi mesa en mi Reino, y se sentarán en tronos para gobernar a las doce tribus de Israel.

          ¡Simón, Simón! Mira que Satanás ha pedido permiso para sacudirlos a ustedes como trigo que se limpia; pero yo he rogado por ti para que tu fe no se venga abajo. Y tú, cuando hayas vuelto, tendrás que fortalecer a tus hermanos.” " (Lc 22, 28-32)

          El significado del cambio de nombre

          ¿Y qué pasa con ese cambio de nombre a Pedro de Mt 16, 18-20?

          "San Mateo consigna las profundas palabras que intercambian Jesús y Simón, el pescador. De hecho, él le cambia el nombre al discípulo: de Simón pasa a llamarse Roca, lo que en la tradición judía implica un cambio en su relación con Dios. Para nosotros, occidentales a dos milenios de distancia, siendo que no comprendemos la importancia que un nombre posee para los semitas, esto tiene muy poco sentido. Pero para el pequeño grupo de discípulos de Jesús proveniente del linaje de Abraham, el cambio de nombre era profundo y trascendental. Dios le había cambiado el nombre al mismo Abraham, para ratificar con ese nombre el Antiguo Pacto. El nombre Abram (que significa "padre") se transformó en Abraham (que quiere decir "padre de naciones") lo cual indicaba una nueva comisión o posición de Abraham delante de Dios. El cambio de nombre de Simón es significativo. Pero la transformación que experimenta es aun más importante. Un judío advierte inmediatamente lo que para la mayoría de los lectores no judíos pasa inadvertido. El nombre Pedro es la versión castellana de la palabra griega "roca". Jesús hablaba arameo y la palabra que empleó para rebautizar a Simón fue el término arameo para roca: Kepha. Es por este motivo que observamos que a Simón se lo menciona como Cephas en todo el Nuevo Testamento (e.g., Jn 1:42; 1 Cor 15:5; Gal 1:18). Nadie sino solamente Dios (y Abraham) habían sido anteriormente mencionados como Roca. Abraham es la piedra de la cual los judíos han sido extraídos (Is 51:1). Pero Dios es el único a quien se llama directamente La Roca. Pedro ahora comparte ese nombre. ¿Qué pensaría un judío al ver que se le otorga semejante nombre a un mero hombre? " (fuente)

          Entonces:

          "Jesús concede prerrogativas especiales a Pedro, cuyo recuento es realizado por Mateo (Mt 16, 13-20), Pedro recibe un nuevo nombre, que en las escrituras simboliza un cambio de estado o de posición (Ej. Gen 17, 4-5). Jesús habla arameo y da a Simón el nombre arameo de Kefas ( Roca ), el cual es “Petra” en griego, “Peter” en inglés y “Pedro” en español . En el idioma griego “Petra” es femenino, así que el masculino “petros” fue adoptado. No hay distinción entre Kefas el hombre y Kefas la roca sobre la cual Jesús construiría su Iglesia (cf CIC N° 552). Los protestantes afirman que Cristo es la única base (1Cor 3, 11), intentando con eso destituir a Pedro. Sin embargo erróneamente ellos mezclan las metáforas. En la primera carta a los Corintios, Pablo es el constructor y Cristo la base; en Mateo, Jesús es el constructor y Pedro la roca base. Otra metáfora del Nuevo Testamento que ilustra a la Iglesia “Están cimentados en el edificio cuyo fundamento son los apóstoles y profetas y cuya piedra angular es Cristo Jesús”. (Efesios 2,20)." (fuente)

          Pedro, el mayordomo del Reino

          En Mateo Jesús Rey instituye a Pedro como mayordomo de su reino, recordando la cita de Isaías que describe ese papel:

          "Así habla el Señor Yavé de los Ejércitos: Anda a ver a ese funcionario, llamado Sobna, que es administrador del palacio y que se está haciendo un sepulcro en el cerro, una bóveda tallada en roca viva: ¿Qué tienes tú aquí o quién eres tú aquí para que te mandes hacer un sepulcro así? Pues bien, Yavé te va a arrojar, hombre, te agarrará y te apretará, te enrollará como una pelotazo y te hará rodar hacia una tierra lejana. Allí morirás y allí pararán tus carrozas famosas, tú que deshonras la casa de tu amo, Te destituiré de tu puesto y te quitaré tu cargo; Aquel día llamaré a mi servidor, a Eliaquim, hijo de Helcías. Le pasaré tu traje, le colocaré tu cinturón, y le confiaré tu cargo, y será un padre para los habitantes de Jerusalén y para la familia de Judá. Pondré en sus manos la llave de la Casa de David; cuando él abra, nadie podrá cerrar, y cuando cierre, nadie podrá abrir. Lo meteré como un clavo en un muro resistente y su puesto le dará fama a la familia de su padre." (Is 22, 15-23)

          Jesús es Rey heredero del trono de David. Con el texto de Isaías, es clara la intención de Jesús al entregar a Pedro las llaves del Reino, con las funciones que se comentan en esta última cita..

          ¿Cuál era la "roca" de que hablaba Jesús en Mateo 16, 18-20?

          Hay hermanos separados que alegan que los católicos interpretamos mal el texto, porque en griego Jesús usa un término para llamar a Pedro que significaría algo así como "piedrita" ("petros") en lugar de "gran roca" ("petra"), lo cual supondría una oposición entre Jesús (la piedra angular) y Pedro (una piedrita más) recalcando que la piedra no es Pedro sino Jesús. El punto, sin embargo, es que en el griego del evangelio de Mateo las dos palabras eran sinónimas, o sea que significaban "roca", o de lo contrario Jesús hubiera usado la palabra "lithos" (la apropiada para piedra pequeña). Así que Jesús no estaba hablando despectivamente ni cosa parecida. Claro que el tema no termina ahí, porque de hecho el evangelio fue escrito originalmente en arameo, no en griego. Y en arameo Pedro es llamado Kepha (Kephas en su versión griega), término utilizado para una enorme piedra. Entonces Jesús sí califica a Pedro como LA PIEDRA, como reconoce Pablo al aplicar el nombre "Kefas" a Pedro en varias ocasiones (1 Co 1,12; 3,22; 9,5; 15,5; Gál 1,18; 2,9-14). Así nos lo señala expresamente San Juan:

          "Y se lo presentó a Jesús. Jesús miró fijamente a Simón y le dijo: “Tú eres Simón, hijo de Juan, pero te llamarás Kefas” (que quiere decir Piedra)." (Jn 1, 42)

          No puede quedar duda en el significado del nuevo nombre de Pedro.

          La razón por la que Jesús en todo caso no usa "petra" con Pedro en Mateo, es porque ese es un femenino, y no hubiera coincidido gramaticalmente porque Jesús estaba hablando de un nombre nuevo para Pedro. El papel de Pedro como gran pastor en la Iglesia, ejercido en Hechos 15, 6-11 por ejemplo, queda además indicado expresamente en Juan:

          "Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos.” (Juan 21, 15)

          Pero de eso hablaremos con más detalle (si lees inglés, mira "Peter the Rock" antes de seguir adelante).

          El único pastor es Pedro

          Los ministros protestantes se llaman "pastores" olvidando que Jesucristo entregó EXPRESAMENTE ese título a San Pedro:

          "Cuando terminaron de comer, Jesús dijo a Simón Pedro: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?” Contestó: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Jesús le dijo: “Apacienta mis corderos.” Le preguntó por segunda vez: “Simón, hijo de Juan, ¿me amas?” Pedro volvió a contestar: “Sí, Señor, tú sabes que te quiero.” Jesús le dijo: “Cuida de mis ovejas.” Insistió Jesús por tercera vez: “Simón Pedro, hijo de Juan, ¿me quieres?” Pedro se puso triste al ver que Jesús le preguntaba por tercera vez si lo quería y le contestó: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero.” Entonces Jesús le dijo: “Apacienta mis ovejas.”" (Jn 21, 15-17)

          El mismo Jesús que había entregado a Pedro las llaves del Reino como Rey que entrega a su mayordomo las llaves de palacio, ahora lo afirma en el papel de máximo pastor.

          Algunos ejemplos de la primacía de Pedro

          Pedro ocupa un lugar especial en la primera formulación del Credo. Allí, San Pablo advierte que a quien primero se apareció Jesús fue a ese apóstol:

          "En primer lugar les he transmitido esto, tal como yo mismo lo recibí: que Cristo murió por nuestros pecados, como dicen las Escrituras;  que fue sepultado; que resucitó al tercer día, también según las Escrituras; que se apareció a Pedro y luego a los Doce." (1 Co 15, 3-5)

          Ahora, ¿hay más textos, además de los citados, por los cuales Pedro tiene mayor jerarquía que los demás apóstoles? Pues claro. Aquí van dos ejemplos para terminar.

          En el capítulo 16 de San Marcos, el Angel que las mujeres se encuentran en el sepulcro vacío les dice que Jesús ha resucitado y a continuación les ordena que le cuenten a los discípulos pero especialente a Pedro (Mc 16, 7).

          En el evangelio de San Juan, María Magdalena va donde Pedro y Juan para contarles que no ha encontrado a Jesús en el sepulcro. Los dos apóstoles corren al sepulcro. Juan, más joven, llega primero, pero NO ENTRA sino que espera a Pedro, quien entra primero (Jn 20, 1-8).

          Una lectura obligada sobre este tema es "Pedro, la roca sobre la que Cristo fundó la Iglesia", Intervención en la audiencia general del miércoles de Benedicto XVI.

           
           
           
          CATEQUESIS XXII (MISTAGÓGICA IV): EL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR

          Sobre el cuerpo y la sangre del Señor. La lectura es de la Primera carta de Pablo a los Corintios: « Yo recibí del Señor lo que os he transmitidos (I Cor11,23),etc.(1).

          Institución de la Eucaristía

          1. Incluso esta sola enseñanza de Pablo sería suficiente para daros una fe cierta en los divinos misterios. De ellos habéis sido considerados dignos y hechos partícipes del cuerpo y de la sangre del Señor. De él se dice que «la noche en que fue entregado» (I Cor 11, 23), nuestro Señor Jesucristo «tomó pan, y después de dar gracias, lo partió» (1 Cor 11, 23-24) «y, dándoselo a sus discípulos, dijo: "tomad, comed, éste es mi cuerpo". Tomó luego una copa y, dadas las gracias, se la dio diciendo: "Bebed de ella todos, porque ésta es mi sangre"» (Mt 26, 26-2. Así pues, si es él el que ha exclamado y ha dicho acerca del pan: «Este es mi cuerpo», ¿quién se atreverá después a dudar? Y si él es el que ha afirmado y dicho: «Esta es mi sangre», ¿quién podrá dudar jamás diciendo que no se trata de su sangre?

          Fe en el cuerpo y la sangre del Señor

          2. En una ocasión, en Cana de Galilea, cambió el agua en vino (Jn 2, 1-10), que es afín a la sangre. ¿Y ahora creeremos que no es digno de fe al cambiar el vino en sangre? Invitado a unas bodas humanas, realizó aquel prodigio admirable. ¿No confesaremos mucho más que a los hijos del tálamo nupcial les dio para su disfrute su propio cuerpo y sangre?(2).

          Apariencias de pan y vino, pero realidad del cuerpo y sangre de Cristo

          3. Por ello, tomémoslo, con convicción plena, como el cuerpo y la sangre de Cristo. Pues en la figura de pan se te da el cuerpo, y en la figura de vino se te da la sangre, para que, al tomar el cuerpo y la sangre de Cristo, te hagas partícipe de su mismo cuerpo y de su misma sangre. Así nos convertimos en portadores de Cristo, distribuyendo en nuestros miembros su cuerpo y su sangre. Así, según el bienaventurado Pedro, nos hacemos «partícipes de la naturaleza divina» (2 Pe 1, 4).

          El «escándalo» del Pan de vida

          4. En cierta ocasión, discutiendo Jesús con los judíos, decía: «Si no coméis la carne del Hijo del hombre, y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros» (Jn 6, 53). Pero como aquellos no entendiesen en sentido espiritual lo que se estaba diciendo, se retiraron ofendidos (cf. 6, 60) creyendo que les invitaba a comer carnes(3).

          La Eucaristía, pan de la nueva Alianza para salud del hombre

          5. Existían también, en la antigua Alianza, los panes de la proposición; pero, puesto que se referían a una alianza caduca, tuvieron un final. Pero, en la nueva Alianza, el pan es celestial y la bebida saludable, y santifican el alma y el cuerpo. Pues, como el pan le va bien al cuerpo, así también el Verbo(4) le va bien al alma.

          La certeza del don del cuerpo y la sangre de Cristo

          6. Por lo cual no debes considerar el pan y el vino (de la Eucaristía) como elementos sin mayor significación. Pues, según la afirmación del Señor, son el cuerpo y la sangre de Cristo. Aunque ya te lo sugieren los sentidos, la fe te otorga certidumbre y firmeza. No calibres las cosas por el placer, sino estate seguro por la fe, más allá de toda duda, de que has sido agraciado con el don del cuerpo y de la sangre de Cristo.

          La mesa que ha preparado el Señor

          7. La fuerza de todo esto te la explica el profeta David cuando exclama: «Tú preparas una mesa ante mí, frente a mis enemigos» (Sal. 22, 23-5). Lo cual quiere decir: antes de tu venida, los demonios habían preparado a los hombres una mesa contaminada, sucísima, que rezuma el poder del diablo. Pero, una vez que llegaste, Señor, «has preparado una mesa ante mí». Y cuando el hombre dice a Dios: «has preparado ante mí una mesa», ¿qué otra cosa significa que la mística e inteligible mesa que Dios nos ha preparado «frente a los enemigos», los contrarios, es decir, frente a los demonios? Y así es, en efecto, pues aquella mesa mantenía la comunión con los demonios, pero ésta la mantiene con Dios. «Unges con óleo mi cabeza»(5). Con óleo ungió tu cabeza en la frente mediante el sello(6) que tienes de Dios, para que Dios te santifique y te hagas imagen de lo que el sello expresa(7). «Mi copa rebosa». Se trata del cáliz que Jesús tomó en las manos y, dando gracias, dijo: «Esa es mi sangre…, que es derramada por los muchos para perdón de los pecados» (Mt 26, 2.

          Las nuevas vestiduras de la justicia

          8. Por ello Salomón, en el Eclesiastés, queriendo señalar esta gracia dijo: «Ven, come con alegría tu pan» (Ecl 9, 7). Se refiere el pan espiritual; dice «ven», porque llama a la salvación y da la felicidad. «Y bebe de buen grado tu vino» (ibid.), que se refiere al vino espiritual. «Y no falte ungüento sobre tu cabeza» (Ecl 9, 8b): ¿Ves cómo también se designa así al crisma espiritual? «En toda sazón sean tus ropas blancas, … que Dios está ya contento con tus obras» (ibid., 8a y 7b). Pues, antes de que tuvieses acceso a la gracia, tus obras eran «vanidad de vanidades» (Ecl 1, 2)(. Pero, una vez que te despojaste de tus viejas vestiduras y te pusiste las que están espiritualmente limpias, debes estar siempre vestido con éstas. No te decimos que es necesario que siempre vayas vestido de blanco, sino que te revistas de lo que es blanco, puro y espiritual y que digas, de acuerdo con el bienaventurado Isaías: «Con gozo me gozaré en Yahvé, exulta mi alma en mi Dios, porque me ha revestido de ropas de salvación, en manto de justicia me ha envuelto…» (Is 61, 10).

          Compendio sobre el cuerpo y la sangre de Cristo

          9. Puedes quedarte con la idea y tener la fe certísima en que lo que se ve como pan no es pan, aunque tenga ese sabor, sino el cuerpo de Cristo, y que lo que se ve como vino no es vino, aunque a eso sepa, sino la sangre de Cristo. Y no olvides lo dicho antiguamente por David en los Salmos: «… para sacar de la tierra el pan, y el vino que recrea el corazón del hombre, para que lustre su rostro con aceite y el pan conforte el corazón del hombre» (Sal 104,14-15). Conforta tu corazón tomando aquel pan como espiritual y pon alegre el rostro de tu alma. Cubriéndolo con la pureza de tu conciencia y reflejando «como en un espejo la gloria del Señor», camines «cada vez con mayor gloria» (2 Cor 3, 1 en Cristo Jesús, Señor nuestro, a quien sean el honor, el poder y la gloria por los siglos de los siglos. Amén.
           

           

           
          San Cipriano de Cartago, 205-258

          Una sola Iglesia
          (Sobre la unidad de la Iglesia Católica, 4-6)

          I/UNA: Habló el Señor a Pedro de esta manera: Yo te digo que tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y las puertas del infierno nada podrán contra Ella. Y te daré a ti las llaves del reino de los cielos, y lo que atares sobre la tierra será atado en el cielo, y lo que desatares sobre la tierra será también desatado en el cielo (Mt 16, 18-19). Otra vez, después de resucitado, le dijo: apacienta mis ovejas (Jn 21, 47). Edifica su Iglesia sobre uno solo y le ordena apacentar a sus ovejas. Y aunque después de resucitar otorga el mismo poder a todos los Apóstoles, cuando les dice: como el Padre me envió, así os envío Yo a vosotros; recibid el Espíritu Santo, y a quien perdonareis los pecados, le serán perdonados; mas a quienes se los retuviereis, les serán retenidos (Jn 20, 21-23); sin embargo, para manifestar la unidad estableció una sola cátedra, y con su autoridad decidió que el origen de la unidad estuviese en uno solo.

          Cierto que los demás Apóstoles eran lo mismo que Pedro, y estaban dotados—como él—de la misma dignidad y poder; pero el principio nace de la unidad, y se le otorga el primado a Pedro para manifestar que es una la Iglesia y una la cátedra de Jesucristo. También son todos pastores y, a la vez, uno solo es el rebaño, que debe ser apacentado por todos los Apóstoles de común acuerdo, para mostrar que es única la Iglesia de Cristo.

          Esta unidad de la Iglesia está prefigurada por la persona de Cristo en el Cantar de los Cantares, cuando el Espíritu Santo dice: una sola es mi paloma, mi hermosa, única es para su madre, la elegida de ella (Cant 6, 8 ). Quien no guarda esta unidad de la Iglesia, ¿piensa acaso que conserva la fe? Quien resiste obstinadamente a la Iglesia, quien abandona la cátedra de Pedro, sobre la que está cimentada la Iglesia, ¿puede confiar que se halla en la Iglesia? El santo Apóstol Pablo enseña esto mismo y declara el misterio de la unidad con estas palabras: un solo cuerpo y un solo espíritu, una sola esperanza de vuestra vocación, un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios (Ef 4, 4-6).

          Debemos mantener y defender con toda energía esta unidad, especialmente los obispos, que hemos sido puestos al frente de la Iglesia, para probar que el mismo episcopado es uno e indivisible. Nadie engañe con mentiras a los hermanos, nadie corrompa la pureza de la fe con una pérfida prevaricación. Como el episcopado es único, y cada uno participa de él por entero, así es única la Iglesia, que se extiende sobre muchos por el crecimiento de su fecundidad. Muchos son los rayos del sol, pero una sola es la luz; muchas son las ramas del árbol, pero uno solo es el tronco clavado en la tierra con fuerte raíz; y cuando de un solo manantial fluyen muchos arroyos, aunque aparezcan muchas corrientes desparramadas por la abundancia de las aguas, con todo una sola es la fuente en su origen. Si separas un rayo de la masa del sol, no subsiste la luz a causa de la separación; si cortas la rama del árbol, no podrá germinar la rama cortada; si atajas el arroyo aislándolo de la fuente, se secará. Del mismo modo la Iglesia del Señor esparce sus rayos, difundiendo la luz por todo el mundo; y esa luz que se esparce por todas partes es, sin embargo, una, y no se divide la unidad de su masa. Extiende sus ramos frondosamente por toda la tierra, y sus arroyos fluyen con abundancia en todas direcciones.

          Con todo, uno solo es el principio y la fuente, y una sola la madre exuberante de fecundidad. De su seno nacemos, con su leche nos alimentamos, de su espíritu vivimos.

          La Esposa de Cristo no puede ser adúltera, pues es incorruptible y pura. Sólo una casa conoce, guarda la inviolabilidad de un solo tálamo con pudor casto. Ella nos conserva para Dios y destina para el reino a los hijos que ha engendrado. Todo el que se separa de la Iglesia se une a una adúltera, se aleja de sus promesas y no conseguirá las recompensas de Cristo. El que abandona la Iglesia de Cristo es un extraño, un profano, un enemigo.

          No puede tener a Dios por Padre quien no tiene a la Iglesia como Madre. Si alguien pudo salvarse fuera del arca de Noé, entonces lo podrá también quien estuviere fuera de la Iglesia. Nos lo advierte el Señor cuando dice: el que no está conmigo, está contra mi; y el que no recoge conmigo, desparrama (Jn 10, 30). Quien rompe la paz y la concordia de Cristo está contra Cristo. Quien recoge en otra parte, fuera de la Iglesia, disipa la Iglesia de Cristo. Dice el Señor: Yo y el Padre somos una sola cosa (Jn 10, 30); y también está escrito del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo: estos tres son una sola cosa (I Jn 5, 8 ). ¿Y piensa alguno que esta unidad que procede del poder de Dios, que se halla firmemente asegurada por los misterios celestiales, puede romperse en la Iglesia y escindirse por la discusión y el choque de voluntades? Quien no mantiene esta unidad, no cumple la ley de Dios, no guarda la fe en el Padre y en el Hijo, no obtiene la vida y la salvación.
           

           

          P. ¿De dónde viene el origen de la palabra?

          R. Viene del griego Katholikos, que luego se latinizó en Catholicus.


          P. ¿Cuál es el significado de la palabra?

          R. Significa ‘Universal’, que en sí misma significa ‘en relación a, o que afecta al mundo entero y a toda la gente en él’. Esto quiere decir: abarcando todo, amplitud de comprensión, general, y el contener todo lo que es necesario. En fin, significa toda la gente en todos los lugares, teniendo todos lo necesario, y por todo el tiempo.

             


          P. ¿Pero es Bíblica?

          R. Si lo es. Está en Mateo 28:19-20, "Vayan y hagan discípulos en todas las naciones…enséñenles a cumplir todo lo que les he ordenado; además yo estaré con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo."
          Esta es una declaración de la Universalidad, Katholicos, Catholicus, Católica.


          P. He escuchado que la palabra ‘Católica’ no fue usada sino hasta cientos de años después de que Jesucristo fundó Su Iglesia.

          R. No es cierto. El primer indicio del uso de la palabra que pude encontrar está en la carta a los ‘Smymeans’, de San Ignacio de Antioquía (del 106 D.C.), párrafo 8: "Cuando el arzobispo aparece, deja ser a la gente como es, donde está Jesucristo, allí está la Iglesia Católica."
          Indudablemente la palabra se utilizaba antes de la época de esta escritura.


          P. Algunos dicen que la Iglesia Católica terminó con Constantino (285-337), con el ‘Edicto de Milán’ el cual se publicó en el año 313, donde permitía a la Iglesia practicar abiertamente. Otros dicen que es cuando la Iglesia comenzó. ¿Quién dice la verdad?
          R. Ninguno tiene la razón. La Iglesia Católica es la verdadera Iglesia fundada por Jesucristo y El garantizó su eternidad, Mateo 28:20, y es sin duda la verdad, 1Timoteo 3:15. Ahora, si alguno de los argumentos en cuestión fuera verdadero, ¿no crees que los Padres de la Iglesia lo hubieran mencionado en algún sitio? Pregúntales a quienes dicen esas cosas que te muestren un documento que lo pruebe.


             Aquí está lo que los Padres de la Iglesia han dicho. En cada caso la palabra ‘Católica’ es utilizada. Nótese las fechas, atraviesan un siglo antes y después de Constantino. En cada caso la palabra ‘Católica’ es utilizada. El JXXXX refiere a los números de párrafo en "La Fe de los Padres de nuestros tiempos", Por William A. Jurgens.


          Iglesia Católica…

          Ignacio, Carta a los Smyrneans 8:1-2. J65. 106 DC
          Martirio de San Policarpio16:2. J77,79,80a,81a, 155DC
          Clemente de Alejandría, Stromateis 7:17:107:3. J435, 202DC
          Cipriano, Unidad de la Iglesia Católica 4-6. J555-557, 251DC
          Cipriano, Carta a Florentino 66:69:8. J587, 254DC
          Lactantius, Instituciones Divinas 4:30:1. *J637, 304DC
          Alejandro de Alejandría, Cartas 12. J680, 324DC
          Anastasio, Carta en el Concilio de Nicea 27. J757, 350DC
          Anastasio, Carta a Serapio 1:28. J782, 359DC
          Anastasio, Carta al Concilio de Rimini 5. J785, 361DC
          Cirilo de Jerusalem, Lecturas Catequéticas 18:1. J836-*839, 350DC
          Dámaso, Decreto de Dámaso 3. J910u, 382DC
          Serapio, El Sacramental13:1. J1239a, 350DC
          Pacian de Barcelona, Carta a Sympronian 1:4 J1243, 375DC
          Agustín, Carta a Vicente el Rogatist 93:7:23. J1422, 408DC
          Agustín , Carta a Vitalis 217:5:16. J1456, 427DC
          Agustín, Salmos 88:2:14, 90:2:1. J1478-1479, 418DC
          Agustín, Sermones 2, 267:4. *J1492, *J1523, 430DC
          Agustín, Sermon a los Catecúmenos en el Credo 6:14. J1535, 395DC
          Agustín, La verdadera Religión 7:12+. *J1548, *J1562, J1564, 390DC
          Agustín, Contra la Carta de Mani 4:5. *J1580-1581, 397DC
          Agustín, Instrucción Cristiana 2:8:12+. *J1584, J1617, 400DC
          Agustín, Bautismo 4:21:28+. J1629, J1714, J1860a, J1882, 411DC
          Agustín, Contra los Pelagians 2:3:5+. *J1892, *J1898, 421DC
          Inocencio I, Carta a Probus 36. J2017, 417DC
          Fulgencio de Ruspe, Perdón de los Pecados 1:19:2, J2251-2252, 517DC


          Las siguientes escrituras atestiguan la antigüedad de la Iglesia Católica


          Antigüedad de la Iglesia…

          Hermas, El Pastor Vis 2:4:1. J82
          Anónimo Segunda Carta de Clemente a los Corintios 14:2. J105
          Clemente de Alejandría, Stromateis 7:17:107:3. J435
          Agustín, Carta a Deogratias 102:15. J1428
          Agustín, Salmos 90:2:1. J1479
          Agustín, Predestinación de Santos 9:18. J1985
          Gregorio I, Carta a Juan 5:44:18. J2295 595DC


          Los siguientes escritos apoyan la perpetualidad de la Iglesia Católica


          La Iglesia por siempre…

          Clemente, Carta a los Corintios 42:1,64. J20,29a 80DC
          Anónimo, Segunda Carta de Clemente a Roma 14:2. J105
          Cipriano, Unidad de la Iglesia Católica 4. J555-556
          Cipriano, Carta al Lapsed 33:27:1. J571
          Hilario, La Trinidad 7:4. J865 Agustín, Salmos 90:2:1. J1479
          Agustín, Sermón a Catecúmenos 6:14. J1535


          Los siguientes escritos hablan sobre la fundación de la Iglesia Católica.


          Fundación de la Iglesia…

          Clemente, Carta a los Corintios 42:1. J20
          Hermas, El Pastor Vis 2:4:1-3:5:1. J82-84 140DC
          Anónimo, Carta de Clemente 14:2. J105
          Ireneo, Contra Herejes 3:16:6. J217a
          Tertullian, Demurrer Contra los Herejes 9:3. J289
          Clemente of Alejandría, Stromateis 7:17:107:3. J435 202DC
          Cirpiano, Unidad de la Iglesia Católica 4. J555-556
          Cipriano, Carta al Lapsed 33:27:1. J571
          Hilario de Poitiers, La Trinidad 7:4. J865
          Agustín, Homilías sobre Juan 9:10. J1814


          Las siguientes escrituras atestiguan el hecho de que la Iglesia Católica fue asentada en Roma.


          La Iglesia asentada en Roma…

          Clemente, Carta a los Corintios, Direcciones. J10a 80DC
          Ignacio, Carta a los Romanos, J52
          Ireneo, Contra Herejes 3:3:3. J210-211
          Cirpiano, Carta a Cornelio 59:55:14. J580
          Concilio de Constantinopla, Canon3. J910d
          Dámaso, Decreto de Dámaso 3. J910u
          Optatus de Melvis, Cisma de Donatists 2:2. J1242


          Las siguientes escrituras hablan sobre la Unidad de la Iglesia Católica


          Unidad de la Iglesia…

          Didache 4:3. J1b Ignacio, Carta a los Filipenses 3:2. J56
          Tertullian, Demurrer Contra Herejes 20:4. J292
          Cirpiano, Unidad de la Iglesia Católica 4. J555-556


          Las siguientes escrituras atestiguan la ‘Universalidad’ de la Iglesia Católica.
          La Iglesia Católica es verdaderamente ‘Universal’ como su nombre implica.


          Iglesia Universal…

          Didache, 9:1,10:1. J6,7
          Clemente, Carta a los Corintios 5:1. J11
          Ignacio, Carta a los Efesios 3:2. J38
          Martirio de San Policarpio, Direcciones. J77,79,81a
          Hermas, El PastorPar 9:17:4. J93
          Anónimo, Carta a Diogenetus 6:1. J97a
          Arístides of Atenas, Apología 15. J112
          Justino Mártir, Dialogo con Trypho 110. J144
          Ireneo, Contra Herejías 1:10:1. J191,192,215,257
          El Muratorian Fragmento. J268
          Tertullian, Contra los Judíos 7:4. J320a
          Clemente de Alejandría, Exhortación a los Griegos10:110:1. J405
          Cirilo deJerusalem, Lecturas Catequéticas 18:23. J838
          Dámaso, Decreto de Dámaso 3. J910u