Lutero. «Al igual que la madera, no tuvo otro mérito que el de estar
preservada por Dios y ser apta para la cruz, así María no tiene otra
dignidad que la de estar preservada divinamente y ser apta para ser
Madre-de-Dios» («Das Magnificat», W 7, 573).

Lutero «Quiera esta misma dulce madre de Dios procurarme el espíritu capaz de hacer un comentario útil y profundo de su cántico, a fin de que vuestra alteza y todos nosotros saquemos provecho de él para nuestro entendimiento y para llevar una vida meritoria, y así alabar y cantar este Magnificat eterno en la vida perdurable. ¡Que Dios nos ayude! Amén»
(El Magnificat, 1521, Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág379, nota introductoria del 10 de marzo de 1521)

Lutero «Lo dicho baste por ahora. Rogamos a Dios que nos dé el debido entendimiento de este Magnificat, para que no sólo brille y hable, sino que arda y vida en cuerpo y alma. Así nos lo conceda Cristo, por la intercesión y por causa de su amada madre María. Amén» (Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 433)

Lutero: «Oh, virgen bienaventurada y madre de Dios, qué consolación grande ha manifestado Dios en ti, porque ha puesto sus ojos tan benignamente en tu indignidad e insignificancia. Por ello, en adelante quedamos advertidos de que, según tu ejemplo, no nos desdeñará tampoco a nosotros, hombres pobres e insignificantes, sino que pondrá sus ojos benignamente en nosotros… La virgen María sólo quiere decir que su alabanza perdurará de una generación a otra, y que no habrá época en la cual no sea ensalzada» (Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 403)

Lutero: «Ella no hace nada, Dios lo hace todo. Debemos invocarla a fin de que por amor de ella Dios conceda y haga lo que pedimos. De la misma manera debemos invocar también a todos los demás santos, para que en todo sentido la obra sea sólo de Dios» (Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 408)

Lutero: «Por consiguiente, el que quiera honrarla debidamente, no debe contemplarla sólo a ella, sino en su relación con Dios y muy debajo de él, despojándola de todo, y poniendo sus ojos en su insignificancia, como ella misma dice. Luego se maravillará de la rebosante gracia de Dios quien pone sus ojos en semejante ser humano humilde e insignificante, colmándolo de tan ricas bendiciones y tanta merced… ¿No te parece que no habrá cosa más agradable para ella que tú te acerques por medio de ella a Dios de la misma manera, y aprendas de ella a confiar y esperar en Dios, aun cuando seas despreciado y reducido a la nada; como quiera que sea, en la vida o en la muerte? Ella no quiere que acudas a ella, sino a Dios por medio de ella» (Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 402)

Lutero: «En el capítulo segundo del evangelio según Lucas leemos (Lc 2, 22 y ss) que la Virgen María se presentó en el templo después de las seis semanas prescritas para ser declarada limpia, como ordenaba la ley a todas las mujeres, si bien la Virgen María no era impura como ellas, ni deudora de la misma limpieza, ni siquiera la necesitaba. Mas la Virgen María obró así por amor, no queriendo hacer de menos a las demás mujeres, ni pretendiendo apartarse de entre ellas»
(La libertad cristiana, Martín Lutero,
Obras de Martín Lutero, t. 1, Bs. As., Ed. Paidós, 1967, pág.165)

Lutero: Porque el Todopoderoso ha hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!
«Lo de “grandes cosas” se refiere al hecho de haber llegado a ser madre de Dios. Mediante esta obra ha recibido tantos y tan grandes bienes que nadie los puede comprender. De ahí emana toda honra y bienaventuranza, como también su posición singular en todo el género humano, no habiendo persona alguna que se le asemeje, ya que tiene un niño, ¡qué niño! Del Padre Celestial. Este hecho es tan apabullante que ella misma no encuentra palabras para definirlo. Debe limitarse a que desborde de ella la fervorosa exclamación de que son “cosas grandes”, que no se pueden enunciar ni definir. Por ello, todo su honor se ha resumido en una sola expresión: Madre de Dios. Al hablar de ella y al dirigirse a ella nadie puede decir cosa más sublime, aun cuando tuviese tantas lenguas como hay hierbas y hojas, estrellas en el cielo y arena en el mar. Es preciso ponderar en el corazón lo que significa ser Madre de Dios.
María lo atribuye espontáneamente a la gracia de Dios, no a su mérito. Si bien estaba sin pecados, esta gracia es tan eximia que de ningún modo era digna de ella. ¿Cómo podría ser una criatura digna de ser madre de Dios?» (Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 406)

Lutero: "… de modo que mientras que el alma le era infundida, ella al mismo tiempo era limpiada del pecado original….. y entonces, en el momento mismo en que ella comenzó a vivir, fue libre de todo pecado". (Martin Luther’s Works, vol 4, pg 694)

Otra versión: "Es dulce y piadoso creer que la infusión del alma de María se efectuó sin pecado original, de modo que en la mismísima infusión de su alma ella fue también purificada del pecado original y adornada con los dones de Dios, recibiendo un alma pursa infundida por Dios; de modo que, desde el primer momento que ella comenzó a vivir fue libre de todo pecado". (Sermón: "Sobre el día de la Concepción de la Madre de Dios"1527).

Lutero: "Dios formó el alma y el cuerpo de la Virgen María llenos del Espíritu Santo, de modo que ella fuera libre de todo pecado" (ibid. vol 52, pg 39)

Lutero: ". . . Ella es llena de gracia, proclamada de ser totalmente libre de pecado… la Gracia de Dios la llena con todo bien y la hace libre de todo mal….Dios es con ella, significa que todo lo que ella hizo o dejó de hacer es divino y la acción de Dios en ella. Más aún, Dios la ha protegido y guardado de todo lo que pudiera dañarle." (Ref: Luther’s Works, American edition, vol. 43, p. 40, ed. H. Lehmann, Fortress, 1968)

Lutero: “Ella es llena de gracia, proclamada ser enteramente sin pecado (algo excesivamente grande). Para que la gracia de Dios la llenara con todo bien e hiciera que ella libre de todo mal.” (Personal {"Pequeño"} Libro de oración, 1522).

Lutero: «En efecto, conocer a Dios es lo más grande en el cielo en la tierra, si es que se le concede a alguien. La madre de Dios lo enseña muy bien a todo aquel que quiera entenderla»
(Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 411)

Lutero: «María indica que a Dios le place mucho más hacer misericordia, que es su obra más noble, que lo contrario, es decir, usar la fuerza»
(Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 418)

Lutero: «Concluye el Magnificat con la más grande de todas las obras de Dios, la encarnación del Hijo de Dios en un hombre. Declara abiertamente que ella es una criada y sirvienta de todo el mundo, reconociendo que la obra realizada en ella se ha efectuado, no solamente en su beneficio, sino a favor de todo Israel»
(Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 428)

Lutero: «Mira, ésta es la simiente de Abraham, que nace de su única hija María y no de alguno de sus hijos, como suponían y esperaban los judíos. Esto es lo que quiere decir aquí la dulce Madre de esta simiente, al decir que él acogió a Israel, conforme a su promesa hecha a Abraham, a él y toda su descendencia. Reconoció que la promesa se había cumplido en ella»
(Obras de Martín Lutero, Ediciones La Aurora,
Bs. Aires, 1979, t. 6, pág. 432)

Lutero: «Creo y sé que la Escritura nos enseña que sólo la segunda persona en la deidad, es decir, el Hijo, se hizo verdadero hombre, concebido por obra del Espíritu Santo sin intervención de hombre, nacido de la pura y santa Virgen María, como de una real y natural madre, tal como lo narra San Lucas (Lc 1,26 y ss) claramente y los profetas lo habían predicho (Is 7, 14)»
(Confesión acerca de la Santa Cena de Cristo, Martín Lutero,Obras de Martín Lutero, t.5, Ed. Paidós, 1971, pág. 529)

Lutero: «En Él creo; y creo, por consiguiente, en el Hijo de Dios sin dividirlo del Hijo de nacido de María. Mi fe se adhiere no sólo al Hijo de Dios o a su divinidad sino también a Él que es llamado hijo de María, porque son idénticos. Estoy decidido a no saber nada del Hijo de Dios que no es también el Hijo de María que sufrió, el Dios envuelto en la humanidad y quien es una Persona. No me atrevo a separar el uno del otro y decir que la humanidad no sirve, sino sólo la divinidad»
(Sermones sobre el Evangelio de San Juan, Chapters 6-8, Martín Lutero,
Luther’s Works , Vol. 23, St. Louis, Concordia Publishing House, pág. 101-102)

En su sermón del 15 agosto de 1522, la última vez que Martin Lutero predicó en la fiesta de la Asunción dijo:

“No cabe duda de que la Virgen María está en el cielo. Cómo ocurrió no lo sabemos. Y, ya que el Espíritu Santo no nos ha dicho nada acerca de esto, no lo podemos hacer artículo de fe…Es suficiente saber que ella vive en Cristo.”

Lutero: La veneración de María está en las profundidades del corazón (Sermón, 1 de septiembre de 1522)

Lutero: (Ella es) la mujer más encumbrada y la joya más noble de la cristiandad después de Cristo…ella es la nobleza, sabiduría y santidad personificadas. Nunca podremos honrarla lo suficiente. Aún cuando ese honor y alabanza debe serle dado en un modo que no falte a Cristo ni a las Escrituras. (Sermón, Navidad 1531)

Lutero: Cada uno tendría que honrar a María tal como ella misma lo expresó en el Magnificat. Ella alabó a Dios por sus obras. ¿Cómo podremos entonces nosotros alabarla? El verdadero homenaje de María es en honor de Dios, la alabanza de la Gracia de Dios…María nada es por su propio mérito, sino por el mérito de Cristo…María no desea que vayamos a ella sino a través de ella hacia Dios. (Explicación del Magnificat, 1521)

Lutero: Es consuelo y sobreabundante bondad de Dios que el hombre pueda exultar en semejante tesoro: María es su verdadera Madre… (Sermón, Navidad, 1522)

Lutero: María es la Madre de Jesús y Madre de todos nosotros aunque Cristo solamente fue quien reposó en su regazo…Si Él es nuestro, debiéramos estar en su lugar; ya que donde Él está debemos estar también nosotros y todo lo que Él tiene debe ser nuestro, y su madre es también nuestra madre. (Sermón, Navidad, 1529).

Lutero «De acuerdo a su humanidad, él, Cristo, nuestro salvador, era el auténtico y natural fruto del vientre virginal de María (de quien Isabel llena con el Espíritu Santo, dijo en Lc 1,42: “¡Bendito es el fruto de tu vientre!”) Esto fue sin cooperación de un hombre, y permaneció virgen después de esto»
(Sermones sobre el Evangelio de San Juan, caps.1-4, Martín Lutero,
Luther’s Works , Vol. 22, St. Louis, Concordia Publishing House, pág. 23){Luther’s Works, eds. Jaroslav Pelikan (vols. 1-30) & Helmut T. Lehmann (vols. 31-55), St. Louis: Concordia Pub. House (vols. 1-30); Philadelphia: Fortress Press (vols. 31-55), 1955, v.22:23 / Sermons on John, chaps. 1-4 (1539)} and (Ref: On the Gospel of St. John: Luther’s Works, vol. 22. p. 23, ed. Jaroslav Pelican, Concordia, 1957)

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