La expresión, por trasnochada y romántica que parezca, no es mia. Aunque sí digo que me ha encantado encontrarla. Es el título que encabeza el texto "sobre la vida de los frailes" del Capítulo General de Bogotá de este pasado verano. Y digo la verdad: me ha impactado, porque lo sentía, pero quizás no me hubiera atrevido a escribirlo, a hacerlo público: hay que amar apasionadamente la vida dominicana. El Capítulo General ha sido más valiente. Ha escrito: "Passion for the dominican life. Life of the brethren" (todavía no tengo las Actas traducidas).

Por eso habría que dar un paso adelante. Comenzando -así lo hace el texto capitular- por dar gracias a Dios por los hermanos que persisten, con fe y fidelidad, en las alegrías y en las penas de nuestra vida de predicadores. Es una gracia de Dios tener hermanos/hermanas así.

Hermanos porque nos sentimos nacidos del espíritu de Domingo de Guzmán, queremos acompañarnos hasta el final en nuestro caminar, en las penas y en las alegrías, en los años jóvenes, pero también envejeciendo en comunidad.

Hermanos porque tenemos un modo peculiar de rezar, de expresar nuestras relaciones más profundas con Dios. Debemos amar nuestra oración dominicana, nuestro coro, nuestra recitación solemne del oficio divino, recordando expresiones clásicas de nuestras Constituciones.

Hermanos, porque hemos soñado y seguimos soñando juntos sobre cuál tiene que ser y queremos que sea nuestra Predicación, nuestra presencia en el mundo con la Palabra que hemos recibido y Domingo de Guzmán transformado en antorcha.

"Pasión por la colaboración", "Pasión por la comunidad", "Pasión por el discipulado", "Pasión por la vida contemplativa". Son todas expresiones del Capítulo y encabezan cada uno de los aparatados del texto capitular. Frente a la frialdad, al distanciamiento, a la desconfianza, al escepticismo sobre el valor de nuestra vida dominicana, los capitulares nos hablan de pasión por la vida dominicana. Y tienen razón. Sin vida dominicana no habrá tampoco Misión dominicana. No nos quepa la menor duda.

Todo un reto el del último Capítulo General.

Esteban Pérez Delgado, op