Amar a Dios no es una cosa vaporosa y genérica, no es algo que, más o menos, tenemos asumido. El amor se concreta. A amar se aprende, y para continuar amando, eso que llamamos fidelidad, hay que redescubrir esos actos precisos que van modelando la entrega: vivir para el otro, que a fin de cuentas es en lo que consiste el amor. Amando así puede uno estar seguro de que Dios le dará las fuerzas para caminar por este intinerario ilusionante y gozoso que llena la propia existencia. De este modo se irá intuyendo que el amor tiene la vocación de lo eterno, de perdurar, porque un amor que hoy es y que mañana no es, hay que dudar de que alguna vez fuera verdadero amor. Amar así, para siempre, merece la pena. Pero hay que irlo haciendo vida, y la vida se especifica en los detalles pequeños, en una coherencia que traspasa todo por ese hilo conductor: querer y demostrarlo.

Un amor así es auténtico, es verdadero, y el amor verdadero tiñe todo lo que toca y lo transforma con una brillantez nueva: la luminosidad que viene de Dios. ¡Cuánto tenemos que aprender de su modo de amar! Sin embargo es difícil y sencillo a la vez: solo hay que descubrir la trasparencia de Cristo, que nos hace cercano a Dios porque es Dios mismo que se hace hombre por nosotros. Acudamos, pues a la fuente: al Evangelio, y no tengamos miedo a seguirlo. Es la fuente, como decía San Juan de la Cruz, que mana y corre, que nos da ese agua fresca que tanto estamos necesitando.

Estas notas que os presentamos son un intento de descubrir algo de esto. Os presentamos, por orden alfabético palabras que tienen raigambre cristiana, o de las que podemos sacar una "lectura cristiana". Lo hacemos con el apoyo de la Palabra de Dios, siempre viva y eficaz, y el testimonio de los Padres o doctores de la Iglesia, que han sabido encarnarla en algún aspecto de su vida. Es una manera de aprender a vivir el Evangelio con secillez, de aprender a conocer más a fondo a Cristo en la preparación del el Jubileo del año 2000.

Como advertiréis en las nuevas palabras, hemos querido añadir lo que la Iglesia nos dice (Catecismo de la Iglesia Catolica) y /o algunas palabras del Papa. Confiamos que este alfabeto del amor a Dios, que iremos ampliando paulativamente, os sirva para vuestra oración (personal o comunitaria).