Salmo 42:
Júzgame, oh Dios, y discierne mi causa de la gente no santa, del hombre injusto y falaz libérame. Porque tu eres, oh Dios, mi fortaleza: ¿por qué me desprecias? y ¿por qué marcho triste mientras el enemigo me aflige?. Envía tu luz y tu verdad: ellas mismas me apartaron y me condujeron hasta tu santo monte y hasta tus tabernáculos. Y entraré al altar de Dios: hasta el Dios que alegra mi juventud. Te confesaré con la cítara, oh Dios, mi Dios; ¿por qué estas triste alma mía? y ¿por qué me inquietas? Espera en Dios porque todavía he de alabarle, oh salvación de mi vida y Dios mío.

Comentario de Santo Tomás:
En el salmo anterior David narró su deseo. Ahora en efecto proporciona una oración para realizar el deseo. Y en primer lugar pone la oración (1), en segundo lugar, su efecto , allí donde dice por qué estás triste. (2)

1) Acerca de lo primero hace dos cosas: en primer lugar expone la oración en general (A), en segundo lugar, en particular, allí donde dice del hombre injusto (B) Y en primer lugar pide el juicio, en segundo lugar pide el efecto del juicio.
A) En consecuencia pide júzgame Dios, etc. Pero parece que <pedir tal cosa> es propio de la presunción pues el mismo dice: no entres en el juicio, etc. (Ps. 42) Respondo: debe decirse que el juicio es doble, a saber: el de severidad y el de misericordia o equidad. El primer <tipo de juicio> es aquel en el que es considerada solamente la cosa y no la condición, y este juicio debe ser temido. Acerca de éste dice en Ps. 142: no entres en el juicio, etc. Porque nuestras justicias son nada en la presencia de Dios, como se dice <en> Isa. 64: y este juicio es sin misericordia, como se dice en Jacob. 2. El segundo <tipo de juicio> es aquel en el que se considera no sólo la naturaleza de la cosa, sino <también> la condición de la persona, <como se dice en> Ps. 102: misericordioso es el Señor con quienes le temen, porque el mismo conoció nuestra figura. Y pide esto. O <SI SE CONSIDERA> DE OTRO MODO, el juicio es doble, a saber: <el juicio> de discusión, <esto es> cuando son discutidos los méritos, y aquí no pide este juicio porque la discusión <de los méritos> debe ser temida <según lo que se dice en > Job. 9: temía todas mis obras, sabiendo que no perdonas al que peca. <O es el juicio> de discreción, a saber, el de separación de los malos; y pide este <juicio>, y por lo mismo pone y discierne mi causa. Y esto se refiere al presente estado y así pedimos ser discernidos de los malos, aunque no sea en cuanto al lugar, a lo menos en cuanto a la causa. Muchas cosas en efecto son comunes a nosotros y a ellos: porque el lugar es un accidente de la fortuna, pero no la causa, porque de las mismas cosas los buenos se sirven de un modo y los malos, de otro; porque en las cosas adversas los buenos brillan por su paciencia, los malos por el contrario se ensucian por su impaciencia. Si, por el contrario, nos referimos al juicio futuro, pedimos ser distinguidos, porque la causa de los malos es juzgada para la condenación y la de los buenos, para la salvación.
B) En especial, por el contrario, pide ser juzgado en cuanto a dos cosas, a saber: en cuanto a la liberación <respecto> de lo malo (a) y en cuanto al adelantamiento en lo bueno (b)

a) En consecuencia pide ser liberado de lo malo ya presente ya futuro, de donde dice del hombre injusto y falaz libérame. Hombre injusto es llamado el diablo. <Según lo dicho en> Matth. 13: el hombre enemigo hizo esto. O es otro hombre que seduce o un injusto cualquiera. Y es llamado injusto aquel que se aplica abiertamente a la injusticia; por el contrario falaz <es llamado> a causa del engaño oculto, <según se dice en> Prov. 12: el engaño <está> en el corazón de los que conciben cosas malas. De estas cosas, en consecuencia, alguien es liberado de dos modos: por el primer modo, de no ser seducido con un engaño oculto; por el otro modo, de no ser oprimido por la adversidad, porque Tú eres mi Dios. Aquí es puesta la razón de la liberación, y <ésta> es doble: una por parte de Dios que puede, de donde dice Tú eres mi fortaleza. <También se dice en> Isa. 12: mi fortaleza y mi virtud es el Señor. Y es llamado efectivamente nuestra fortaleza porque <ésta> es por Él, <según se dice en> Isa. 40: quien da fuerza al caído y multiplica la fortaleza y la dureza a aquellos que no las tienen. La otra razón es por su parte, a saber, <razón> de los malos que es padecida <por él>. Padecemos en efecto ciertas cosas malas según la opinión porque cuando estamos en las adversidades, nos parece que estamos alejados de Dios, de donde dice ¿por qué me desprecias?, sin embargo el Señor no desprecia a su pueblo (Ps. 94). Y de este modo sólo es que se ha opinado mal de esto. Lo otro <que padecemos> por el contrario es verdadero, de donde se sigue ¿por qué marcho triste? Triste o tristeza del siglo la cual obra la muerte, y este es un sentido: ¿por qué marcho triste? <significa lo que padecemos> temporalmente. O <de otro modo, otro sentido de> ¿por qué marcho triste? <es> la buena tristeza que obra la penitencia para la salvación. Y sólo este <último> es el sentido de ¿por qué marcho triste?, porque también la alegría debe unirse a la penitencia.
b) Envía. Aquí pone el progreso en lo bueno. Y primero pide los bienes divinos por los cuales ser adelantado (a), segundo pide el adelantamiento por aquellos bienes (b)

a) Pide en efecto dos bienes: la luz y la verdad. A Dios se llega con el andar del espíritu y por el conocimiento. <Así se dice en> Heb. 4: la entrada fue prometida a aquellos que creen. Dos cosas son necesarias para el conocimiento, a saber: la luz y el conocimiento. <Por ello se dice en> Eph. 5: todo aquello que se manifiesta es luz. Y por lo mismo pide dos cosas, a saber: la luz y la verdad: a las cuales por mi mismo no puedo llegar. Y por ello dice, envía tu luz y tu verdad. Aquí la luz y la verdad son lo mismo, porque son tomadas por Cristo, envía tu luz, esto es a Cristo. <Por ello se dice en> Joan. 1: era luz verdadera, etc. Y tu verdad, porque el mismo Cristo es la verdad. <Por ello se dice en> Joan. 14: yo soy el camino, la verdad y la vida; como si dijera, Dios Padre envía a Cristo. O la luz es tomada por la ley, porque<, como se dice en> Prov. 6: el mandamiento del Señor <es> la lámpara, la ley <,> su luz. Y tu verdad, esto es el nuevo testamento.
b) Seguidamente es puesto el adelantamiento en el bien. Y en primer lugar pone la dirección a la que aproximarse, allí <donde se dice> ellas mismas me apartaron, esto es la luz y la verdad me condujeron hasta ti. O <de otro modo>, me apartaron, esto es me sacaron de las cosas malas y me condujeron hacia tu monte santo y hacia tus tabernáculos. Esta oración responde al deseo del salmo precedente, <donde se dice:> entraré al lugar, etc. Y porque todavía no es suficiente, pido ser conducido por Dios hacia el monte, etc.
Jerusalén estaba al pie del monte en el lado del aquilón (1). Y de este modo, los que allí iban primero llegaban hasta el monte, en segundo término hasta la habitación y tercero, hasta el lugar del sacrificio, a saber, el altar. Y tampoco allí descansa mi espíritu sino que asciende hasta Dios, por lo cual dice me condujeron hacia tu monte santo y hacia tus tabernáculos, esto es hasta la habitación. Y nuevamente no descansa allí <mi espíritu> sino que va hasta la casa de Dios, esto es hasta el altar. Por lo mismo dice: entraré al altar de Dios, y no descansa allí para no parecer idólatra, sino que va hasta Dios, quien alegra mi juventud. Sin embargo, místicamente, con el monte y con el tabernáculo es designada la iglesia presente o la iglesia celeste, como si dijera: me condujeron hacia tu iglesia. <Así se dice en> Isa. 2: estará preparado el monte <,> la casa de Dios <,> en la cima del monte, etc. Y a tus tabernáculos, esto es las diversidades de los santos que son como ciertas peregrinaciones sobre la tierra. <Así se dice en> Heb. 11: Y esta iglesia es llamada puerta del cielo. Y por lo mismo también es llamada altar de Dios, esto es el mismo Dios. <Así se dice en> Apoc. 21: el mismo Dios es el templo, porque todos los sacrificios espirituales deben ser ofrecidos en Dios, no en la cosa terrena.
Y allí estará la alegría. <Así se dice en> Isa. 66: veréis, y se alegrará vuestro corazón. <Asimismo se dice en> Matth. 25: entra en la alegría de tu Señor. Y por ello dice alegra de mi juventud, esto es: estará allí la renovación y la juventud porque<,> como se dice <en> Eph. 4 <,> todos asistiremos a la magnitud de la edad de la plenitud de Cristo. Y por ello dice juventud. <Así se dice en> Ps. 102: será renovada como <la> del águila, tu juventud.
Y este salmo dicen los presbíteros cuando se aproximan al altar: <y esto> porque estas dos cosas, a saber, la alegría y la renovación, son necesarias para aquellos que quieren aproximarse al altar celeste. <Así se dice en> Levit. 10: ¿De qué modo puede comer o agradar al Señor en las ceremonias con el espíritu entristecido?. Además, no está allí (2) la antigüedad del pecado. <Así se dice en> Joan. 2: os escribiré, oh jóvenes. O todo lo que fue dicho se refiere a la patria celeste, en la cual debemos perseverar con el deseo y hacia la cual <debemos> dirigirnos con deseo vehemente. Y esto señala cuanto dice hacia tu santo monte. <Así se dice en> Exod. 15: los introducirás, y plantarás en el monte de tu heredad, porque allí se encuentra la firmeza del estado.
Del mismo modo allí se encuentra la sociedad de los santos, de donde se dice: y hacia tus tabernáculos. <Así se dice en> Num. 24: cuan hermosos <son> tus tabernáculos, oh Jacobo, etc. <Asimismo se dice en> Ps. 83: cuan amados son tus tabernáculos, Señor de las potestades. Y son llamados tabernáculos porque aunque sean ciudadanos según la gracia, sin embargo, según la condición de la naturaleza humana, allí son los huéspedes(3).
En tercer lugar con el altar se designa la humanidad de Cristo. <Así se dice en> Isa. 33: verán al rey en su gloria. Y cristo es llamado altar de Dios. <Asimismo se dice en> Heb. ult.: tenemos un altar del que no tienen potestad de comer aquellos que sirven con celo al tabernáculo. Porque como todos los sacrificios carnales eran ofrecidos en el altar, así todas las oraciones son ofrecidas por Cristo. De allí que toda oración se concluye <con> por Cristo nuestro Señor.
Pero porque no hay reposo <del espíritu> en la humanidad <de Cristo> tiende más adelante hacia la divinidad, de donde dice al Dios, etc. <Así se dice en> Job. 22: correrás con las delicias sobre el omnipotente y elevarás a Dios tu rostro.
2. El efecto de la oración es la confesión de la alabanza, de donde dice: te confesaré con la cítara, oh Dios. Y dice esto a causa del afecto; porque <así se dice en> Isa. 51: en ella se encuentran el gozo y la alegría. Y dice, con la cítara, a diferencia del salterio porque el salterio suena desde lo superior (a superiori), pero la cítara desde lo inferior (a inferiori), de donde se dice te confesaré con la cítara, porque somos liberados del mundo. Y con el salterio, porque perseguimos aquellas alegrías celestes.
Porque triste, etc., todo esto que sigue fue expuesto más arriba en el salmo anterior.


NOTAS:

(1)Aquilón: Norte, polo ártico, y ciento que sopla de esta parte.
(2)En el espíritu de quien se aproxima al altar de Dios. (N. del T.)
(3)Aquí contrapone ciudadano (civis) con huésped (hospes), de modo que el ciudadano es el compatriota, esto es el cosanguíneo; y el huésped es el extranjero, esto es aquel con quien los ciudadanos practican la hospitalidad. (N. del T.)

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