Los dolores de la Virgen María

Lucas nos dice que María conservaba cuidadosamente todas las cosas en su corazón.

Jesús ha cargado con todos nuestros pecados y en la cruz ha vencido a la muerte y al príncipe de las tinieblas.

Hoy contemplamos a María en el dolor que experimentó junto a su Hijo.

Cuando Jesús era pequeño y lo fueron a presentar al templo, el anciano Simeón lo tomó en sus brazos y dió gracias a Dios porque le había permitido vivir para ver a sus Salvador. Luego le dirije unas palabras a María en las que le dice que una espada atravesará su alma.
Será con el paso del tiempo que María comenzará
a sentir lo que significaban aquellas palabras.
La huída a Egipto, la pérdida de Jesús a los 12 años. Pero será concretamente cuando Jesús comience su vida pública que María verá como poco a poco su Hijo se va ganando enemigos que buscan deshacerse de Él. Sufre en silencio y asume en todo la voluntad del Padre Dios sin desesperarse, sin reclamar nada.
La encontramos junto a la cruz, como la primera discípula que lo sigue hasta el final.
No podemos imaginar el dolor de María al contemplar allí al Hijo de sus entrañas. Aquel que se gestó en su seno, que hizo saltar de gozo a Juan el Bautista aún antes de nacer.
Maria recordaba junto a la cruz aquel día en que el Ángel Gabriel le daba la gran noticia de ser la madre del Señor, en su casa de Nazaret.
Atrás quedaban los días en que el pequeño Jesús aprendía a hablar, en que ella y José le enseñaban a orar con los salmos, en que en la intimidad del hogar le enseñarona dar sus primeros pasos. Cómo lo cuidaban para que no se fuera a caer y se raspara sus rodillas. Ahora lo contemplaba todo herido por los azotes y las caídas del camino. Heridas que se las hicieron personas llenas de odio.
Su pequeño Hijo ahora estaba en la cruz diciendo a su Padre: "Todo está cumplido". Y María en su corazón decía a Dios Padre: "Todo está cumplido, este Hijo que me diste, este Hijo nuestro te lo entrego Padre, te lo cuidé hasta donde me permitiste"

La lanza que atravesó el costado de su Hijo ya muerto en la cruz, atrevesó el alma de María hasta lo más profundo.

Pero no te has quedado sola María, Juan te ha recibido en su casa y nosotros también te recibimos en nuestro interior como nuestra Madre.

Gracias querida Señora.

Nuestra Señora de los Dolores, ruega por Nosotros. Amén

 

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