Cantemos al Señor, el cántico del amor

Si estamos salvados por el cuerpo y la
sangre de Cristo redentor, no cesemos en la alabanza y gratitud a Dios Padre
que nos ama y nos espera, unidos a Jesús, el Hijo encarnado.

Hermanos, cantemos al Señor, con san
Agustín:

"Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles.

Se nos ha exhortado a cantar al Señor
un cántico nuevo. El hombre nuevo conoce el cántico nuevo. Cantar es expresión
de alegría y, si nos fijamos más detenidamente, cantar es expresión de
amor. De modo que quien ha aprendido a amar la vida nueva sabe cantar el cántico
nuevo. De modo que el cántico nuevo nos hace pensar en lo que es la vida
nueva. El hombre nuevo, el cántico nuevo, el Testamento nuevo: todo pertenece
al mismo y único reino. Por esto, el hombre nuevo cantará el cántico nuevo,
porque pertenece al Testamento nuevo.

Todo hombre ama; nadie hay que no ame;
pero hay que preguntar qué es lo que ama. No se nos invita a no amar, sino a
que elijamos lo que hemos de amar. Pero ¿cómo vamos a elegir si no somos
primero elegidos, y cómo vamos a amar si no nos aman primero? Oíd al apóstol
Juan: Nosotros amamos a Dios, porque él nos amó primero. Trata el hombre de
averiguar de dónde le viene poder amar a Dios, y no encuentra otra razón
sino porque Dios le amó primero. Se entregó a sí mismo para que le amáramos
y con ello nos dio la posibilidad y el motivo de amarle. Escuchad al apóstol
Pablo que nos habla con toda claridad de la raíz de nuestro amor: El amor de
Dios -dice- ha sido derramado en nuestros corazones. Y, ¿de quién proviene
este amor? ¿De nosotros tal vez? Ciertamente no proviene de nosotros. Pues,
¿de quién? Del  Espíritu Santo que se nos ha dado.

Por tanto, teniendo una gran
confianza, amemos a Dios en virtud del mismo don que Dios nos ha dado. Oíd a
Juan que dice más claramente aún: Dios es amor, y quien permanece en el amor
permanece en Dios, y Dios en él.

No basta con decir: El amor es de
Dios. ¿Quién de vosotros sería capaz de decir: Dios es amor? y lo dijo
quien sabía lo que se traía entre manos.

Dios se nos ofrece como objeto total y
nos dice: «Amadme, y me poseeréis, porque no os será posible amarme si
antes no me poseéis.»

¡Oh, hermanos e hijos, vosotros que
sois brotes de la Iglesia universal, semilla santa del reino eterno, los
regenerados y nacidos en Cristo! Oídme: Cantad por mí al Señor un cántico
nuevo. «Ya estamos cantando», decís. Cantáis, sí, cantáis. Ya os oigo.
Pero procurad que vuestra vida no dé testimonio contra lo que vuestra lengua
canta.

Cantad con vuestra voz, cantad con
vuestro corazón cantad con vuestra boca, cantad con vuestras costumbres:
Cantad al Señor un cántico nuevo.

¿Preguntáis que es lo que vais a
cantar de aquel a quién amáis? Porque sin duda queréis cantar en honor de
aquel a quien amáis: preguntáis qué alabanzas vais a cantar de él. Ya lo
habéis oído: Cantad al Señor un cántico nuevo.

¿Preguntáis qué alabanzas debéis
cantar?

Resuene su alabanza en la asamblea de
los fieles. La alabanza del canto reside en el mismo cantor.

¿Queréis rendir alabanzas a Dios?

Sed vosotros mismos el canto que vais
a cantar. Vosotros mismos seréis su alabanza, si vivís santamente".

San Agustín:
Sermón 34, 1-3.5-6: