1. Los cristianos en el concierto internacional.

"Cooperen gustosamente y de corazón los cristianos en la edificación del orden internacional, y háganlo con la observancia auténtica de las legítimas libertades y la amistosa fraternidad con todos, tanto más cuanto que la mayor parte de la humanidad sufre todavía grandes necesidades.

Con razón puede decirse {en lenguaje religioso cristiano} que el propio Cristo es quien en los pobres levanta su voz para despertar la caridad de sus discípulos.

{Obremos de forma} que no sirva de escándalo a la humanidad el que algunos países, generalmente los que tienen una población cristiana sensiblemente mayoritaria, disfrutan de la opulencia, mientras que otros se ven privados incluso de lo más necesario para la vida y viven atormentados por el hambre, las enfermedades y toda clase de miserias.

Merecen, pues, alabanza y ayuda aquellos cristianos, en especial jóvenes, que se ofrecen voluntariamente para auxiliar a los demás hombres y pueblos.

Más aún, es deber del Pueblo de Dios -colocándose en primer lugar los obispos con su palabra y ejemplo- socorrer, en la medida de sus fuerzas, a las miserias de nuestro tiempo, y hacerlo, como era antes costumbre en la Iglesia, no sólo con los bienes superfluos, sino también con los necesarios".

 

2. Modos de colaboración de todos los cristianos.

{En la Iglesia, un modo general de colaboración pueden ser las colectas entre todos los fieles. Fomentémoslas dignamente}

"El modo concreto de realizar las colectas y de efectuar los repartos de las mismas no tiene por qué ser regulado de manera rígida y uniforme, pero ha de establecerse la forma de hacerlo en los niveles diocesano, nacional y mundial; y esa acción de los católicos conviene que esté unida, siempre que parezca oportuno, con la de los demás hermanos cristianos.

El espíritu de caridad no prohíbe en modo alguno el ejercicio fecundo y organizado de la acción social caritativa, sino que lo impone obligatoriamente…"

 

3. Contribución de la Iglesia a consolidar la paz en los pueblos.

"La Iglesia, cuando, basada en su misión divina, predica el Evangelio a todos los hombres y ofrece los tesoros de la gracia, contribuye {y es su sagrado deber contribuir} a la consolidación de la paz en todas partes y al establecimiento de la base firme de la convivencia fraterna entre los hombres y los pueblos…

Es éste el motivo de la absolutamente necesaria presencia de la Iglesia en la comunidad de los pueblos para fomentar e incrementar la cooperación de todos, y ello tanto por sus instituciones públicas como por la plena y sincera colaboración de los cristianos, inspirada pura y exclusivamente por el deseo de servir a todos.

Este objetivo podrá alcanzarse con mayor eficacia si los fieles, conscientes de su responsabilidad humana y cristiana, se esfuerzan por despertar en su ámbito personal de vida la pronta voluntad de cooperar con la comunidad internacional.

En esta materia, préstese especial cuidado a la formación de la juventud tanto en la educación religiosa como en la civil.

Forma excelente de la actividad internacional de los cristianos es, sin duda, la colaboración que individual o colectivamente prestan en las instituciones fundadas o por fundar para el fomento de la cooperación entre las naciones.

A la creación pacífica y fraterna de la comunidad de los pueblos pueden servir también de múltiples maneras las varias asociaciones católicas internacionales, que hay que consolidar aumentando el número de sus miembros bien formados, aumentando los medios que necesitan y facilitando la adecuada coordinación de energías.

En nuestra época, la eficacia en la acción y la necesidad de diálogo piden iniciativas de equipo…"

(GS  88-90)