6 Sacó el aceite y las vendas:
Rasgos carismáticos de la predicación dominicana

 Partiendo de la experiencia y del testimonio de santo Domingo de Guzmán y de la mejor tradición de la Orden, varios Capítulos generales han insistido, de manera expresa, en la importancia de identificar las notas específicas del carisma de nuestra predicación1. Esas características expresan la originalidad y el espíritu dominicanos de la predicación, indican sus fuentes de inspiración, señalan unas actitudes específicas para encarnarlas, y animan a asumir las exigencias derivadas de ellas. Al mismo tiempo, estos rasgos carismáticos de la predicación dominicana no pueden separarse ni vivir unos al margen de los otros, pues se entremezclan y se llaman recíprocamente. ¿Cómo separar la compasión de la profecía, vivir la itinerancia al margen de la pobreza, o la inculturación del diálogo?Fue Walberberg quien, por primera vez, abordó este aspecto señalando cuatro dimensiones de la misión dominicana: predicación profética, predicación y pobreza, predicación y compasión, predicación y reflexión teológica. Ávila2 retoma y amplia esos rasgos identificativos cuando indica las exigencias y actitudes personales y comunitarias para la misión de fronteras. México3 dedica un apartado especial a la relación entre predicación y culturas para urgir en la necesidad de una predicación inculturada. Caleruega4 examina las cuatro prioridades de la Orden bajo tres dimensiones de la vida dominicana: pobreza, itinerancia y diálogo. Bolonia5 enfatiza la dimensión familiar de la predicación: “Hombres y mujeres juntos en la misión”, que Cracovia6 asume con el título “Predicar como familia”. Y todos los Capítulos nos recuerdan, de una u otra manera, la dimensión comunitaria de la predicación. Sintetizando este magisterio capitular, diremos que la predicación dominicana es y debe ser: profética, pobre, compasiva, teológica, contemplativa, itinerante, dialogante, inculturada, comunitaria y familiar.

 

1º Predicación profética

El ministerio profético está ordenado a captar el momento de Dios en la historia para transformarla por medio de la fuerza de la palabra. Una palabra que es a la vez anuncio y denuncia. La predicación debe ser histórica y encarnada, y no meramente abstracta y teórica; debe ser, en verdad, palabra iluminadora de los problemas y búsquedas reales de la sociedad. La tarea del profeta, en medio de la adversidad y los juicios críticos, es penetrar la realidad presente (análisis y juicio crítico de los signos de los tiempos) y transformarla según el proyecto de Dios: perspectiva teologal de la vocación profética. “Como cooperadores del ministerio profético de los obispos”7, la predicación, para ser profética, debe asumir los imperativos irrenunciables de la encarnación y de la inculturación (predicar desde las culturas y predicar a las culturas)8. El profeta vive su ministerio desde esta convicción: “La Palabra que predicamos no nos pertenece; se nos ha encomendado para ofrecerla gratuitamente como el más preciado regalo. Esta Palabra busca ciertamente ser acogida pero no se puede imponer. Dios no lo hace, sino que la confía a nuestra debilidad y a la aceptación libre de nuestros interlocutores. Esta palabra también interroga a nuestro mundo no cristiano a través de nuestra sola presencia como creyentes”9.

 

2ºPredicación y pobreza

En un mundo signado por los ídolos del poder y de la riqueza, la predicación dominicana será savia evangélica si no pierde contacto con la pobreza y los pobres. Como aprendemos de Santo Domingo, predicación y pobreza, al estilo apostólico, están íntimamente unidas. Más aún, son inseparables. Por otra parte, la pobreza evangélica y la opción preferencial por los pobres nos aportan una triple riqueza: en primer lugar, la pobreza acredita, autentifica y hace creíble la misión. Es la raíz de la libertad profética. En segundo lugar, en ella “adquirimos el poder de proclamar la Palabra de la Compasión, anunciando la presencia de Jesucristo crucificado y resucitado entre su pueblo, proclamando su dignidad y valor como templos del Espíritu, y articulando sus derechos humanos básicos”10. En tercer lugar, la pobreza evangélica lleva en sí una fuerza pedagógica tanto para los ricos como para los pobres. ¿Cómo podríamos liberar al rico del dominio de las riquezas y de otros bienes materiales, si el fraile predicador no vive sobria y sencillamente? ¿Y cómo podrá esperar que los pobres acepten seriamente su mensaje, sino se acerca a ellos en su modo pobre de vivir?11

 

3ºPredicación y compasión

La compasión es el fundamento espiritual o la raíz evangélica de la predicación dominicana. Toda la Historia de la Salvación es la historia de los signos y gestos misericordiosos de Dios hacia el hombre, que llegan a su máxima expresión en Cristo Jesús, el Buen samaritano de la parábola. La compasión, por otra parte, ejerce una especie de magisterio, es decir, posee un poder pedagógico: nos enseña a acercarnos a los demás, sus problemas y necesidades; nos enseña a vislumbrar los signos de los tiempos y la presencia de Dios: nos enseña a ser humildes para escuchar y discernir, aceptar ser evangelizados; nos enseña a ser predicadores. Esta compasión, tan rica y palpable en Santo Domingo, proviene únicamente de una profunda unión con Dios en Cristo. Oración contemplativa, compasión evangélica y predicación se convocan entre sí.12Esta compasión es la que nos empuja a ser creadores de una cultura de la verdad, a denunciar la presencia de las injusticias y a sembrar esperanza.

Así lo expresa el capítulo de Oakland: "Como Santo Domingo, no tenemos miedo a escuchar la palabra de Dios tal como se nos revela en el mundo de hoy que también está en transición… Somos llamados a construir mediante nuestra predicación, una cultura de la verdad y de las relaciones humanas, para reemplazar la cultura de la mentira. La compasión de Santo Domingo nos urge a denunciar la injusticia, a leer los signos del futuro que se están realizando y a hacer los proyectos respectivos. En el corazón de estas situaciones muy concretas, con susimplicaciones sociales, políticas y humanas, nuestra predicación, fiel a Dios y a la humanidad, distinguirá entre lo que está muriendo y lo que está naciendo, entre lo que significa salvación y lo que no, entre la verdad y la ilusión o la mentira". En la compasión, la escucha y el discernimiento, seremos capaces de responder con creatividad a los problemas contemporáneos, es decir, sembraremos esperanza.13

 

4ºPredicación e itinerancia

“Jesús de Nazaret no tenía donde reclinar su cabeza. Esta itinerancia fue también la visión central de Domingo. Hemos olvidado ostensiblemente esta característica tradicional” del carisma dominicano. El magisterio capitular entiende la itinerancia en toda la amplitud de su significado: movilidad de personas, de presencias, de métodos, de instituciones, de compromisos y de mentalidad. La itinerancia no es monocolor. Se concreta en pluralidad de formas14. El predicador se define como "hombre en marcha", en permanente estado de éxodo, dispuesto a dirigirse dondequiera que la Palabra de la verdad lo llame para construir humanidad. La predicación dominicana exigió desde sus orígenes y exige hoy la actitud y la práctica de la itinerancia, la movilidad, el continuo desplazamiento, no sólo ni principalmente geográficos, sino sobre todo mental, estructural y existencial. Sin esta itinerancia interior y espiritual ¿será posible la itinerancia institucional y geográfica? La comunidad dominicana es una comunidad en camino o en "estado de éxodo".

Ahí se funda aquí la importancia de salir del claustro y ponerse "en camino" siguiendo el testimonio de santo Domingo. La comodidad y la seguridad producen una mentalidad opuesta a cualquier cambio e imposibilitan la encarnación del espíritu de itinerancia y movilidad. Los Capítulos Generales nos urgen a ponernos en camino para descubrir aquella pobreza que es capaz de hacernos libres para el Espíritu y abrirnos a los gritos de los que viven en la miseria. Somos llamados a la predicación itinerante: ser un convento "en camino" significa que hemos de dejar muchas cosas para permanecer movibles. Uno no puede ser itinerante sin ser movible y uno no puede ser movible sin ser pobre. La predicación reclama comunidades itinerantes.15 Los Capítulos Generales nos recuerdan nuestros orígenes: somos llamados a la predicación itinerante, la cual nos impulsará a buscar nuevos lugares de predicación, es decir, nuevas gentes16

 

5ºPredicación comunitaria

Santo Domingo envió a los primeros dominicos "a predicar y fundar conventos". Nuestra predicación, como nuestra vida, es comunitaria. Desde nuestros orígenes aparece con claridad que misión y comunidad se implican mutuamente y se definen en relación recíproca: misión comunitaria y comunidad misionera. La misión, pues, no es un esfuerzo solitario de individuos aislados. Es un trabajo comunitario. Esta comunitariedad apostólica enraíza en la "ley de la unanimidad" de la Constitución fundamental dominicana. Es la comunidad, no las personas aisladas, quien opta, quien asume prioridades, quien programa y planifica actividades… "Domingo concibió la comunidad dominicana como una fraternidad, de modo que la simple comunidad era ya un predicador, una evangelización frente a las estructuras feudales y estamentales de la sociedad, de la Iglesia y de la vida monástica. La misión de la comunidad dominicana es inaugurar y mostrar un nuevo modelo de relación entre los hombres". El trabajo apostólico es comunitario. Por esto exige una disposición para la colaboración, para el trabajo en equipo, para apoyar el esfuerzo de los demás mediante el interés mostrado, la animación recíproca y la ayuda efectiva. La predicación es, se funda, parte y postula comunidades fraternas17. Nuestra predicación, como nuestra vida, es comunitaria.

 

6ºPredicación teológica o doctrinal

La predicación dominicana ha sido fecunda cuando se ha cimentado en un profundo y científico estudio de la teología. La práctica de la reflexión teológica debe preparar al predicador dominico a penetrar y responder a los desafíos y fronteras de nuestro tiempo. Al mismo tiempo, la reflexión teológica capacita para buscar modos más aptos en la predicación del Evangelio. Este es el camino para que la predicación sea en verdad "doctrinal" y no exposición abstracta o meramente intelectual. De nuevo nos encontramos ante la siguiente armonía: teología apostólica o misión teológica. En otros términos, se trata de no separar valores. La contemplación dominicana es apostólica (proyectada a la misión) y la misión es contemplativa (brota de la reflexión teológica y de la oración). Es necesario reanimar la dimensión reflexiva y crítica de la comunidad dominicana. Ello es necesario para ser creativos y proféticos. Ávila afirma: "La teología ha sido creativa y profética en la Orden en la medida que se ha dejado interpelar por las coordinadas culturales. Y lo mismo puede decirse de su predicación. Esta postula comunidades reflexivas y contemplativas. Recuperar el estudio es potenciar la misión y la predicación18.

 

7ºPredicación inculturada

¿Cómo quebrar la distancia entre Evangelio y culturas? La Buena Noticia fue ofrecida en una cultura particular. Como portadores de una vocación universal, en nuestra misión se van encontrando predicación y culturas diversas, de aquí la urgencia de traducir constantemente a las culturas particulares las exigencias y urgencias del Evangelio, en orden a superar el drama existente en la tarea evangelizadora: el divorcio entre fe y cultura, como indica Evangelii Nuntiandi. La inculturación implica y es un "proceso por el cual cada una de las culturas expresa, según su propia manera, la fe cristiana en la interacción que se establece entre evangelizador y evangelizado"19. La evangelización en la diversidad de culturas constituye una de las prioridades de la Orden. Aunque el tema Evangelio y culturas ha sido una preocupación constante en los Capítulos Generales, solamente México dedica un título específico al tema de la inculturación. ¿Qué principios o convicciones fundamentan la inculturación del Evangelio, qué tareas asumir en estos momentos, o en que convicciones caminar?

1) El misterio de la encarnación como paradigma de nuestra inculturación: “La inculturación del Evangelio, demandada en múltiples ocasiones por S.S. Juan Pablo Il como condición indispensable para la Nueva Evangelización, nos lleva a contemplar el misterio de la Encarnación como paradigma de nuestra predicación.. La Palabra hecha carne en una historia, en un pueblo, en una cultura concreta, nos muestra el camino para seguir y anunciar a Cristo".

2) La unidad de fe en la pluralidad de expresiones culturales: La inculturación se basa en la Catolicidad que admite pluralidad de expresiones culturales en la unidad de la fe. La Iglesia ha nacido en medio de un pluralismo étnico y cultural, por eso la vida cristiana, la liturgia, la espiritualidad, la teología, la vida religiosa, se han alimentado y expresado en formas culturales diversas con resultados a veces dispares. Son las luces y las sombras de una evangelización inculturada.

3) Los miembros de una cultura son los principales agentes de la inculturación del Evangelio: "Todos los miembros de una cultura tienen derecho a ser sujetos de su historia y de su fe; así, han de ser ellos los principales agentes de la inculturación del Evangelio. Cada pueblo tiene derecho a recrear desde sus raíces culturales la Liturgia, la Espiritualidad, la Teología, la Pastoral, la Disciplina Eclesiástica, dándoles una nueva expresión por medio de su creatividad y recursos".

4) El amor al destinatario, actitud fundamental de la inculturación: "Quien aspira a anunciar el Evangelio requiere, ante todo, amar al destinatario…." Ese amor se sacramentaliza así: "Acercarse con actitud de escucha y respeto, despojarse de las ataduras de la propia cultura, sin sobrevalorarla, para evitar todo etnocentrismo y colonialismo. Asumir el lenguaje y simbolismo del destinatario, partiendo de los valores propios de la otra cultura".

5) Las culturas necesitan ser evangelizadas: cada cultura tiene valores y deficiencias de los que necesita tener conciencia crítica. "La evangelización es necesaria para todas las culturas, desde aquellas que no han conocido la Palabra hasta aquellas que son fruto de los Medios de Comunicación Social, desde las que nacieron en la civilización occidental y cristiana hasta las que se consideran fruto de la postmodernidad.20

 

8ºPredicación compartida: “predicar en familia”

El mejor comentario a este rasgo de la predicación dominicana sería la invitación a profundizar de nuevo el Prólogo del capítulo de Bolonia dedicado a la misión de la Orden con el título “Hombres y mujeres juntos en la misión”. Desde tiempos de Santo Domingo, en sus orígenes, la Orden nació como familia y “se siente orgullosa de su tradición y patrimonio que incluye frailes, monjas de clausura, hermanas, hombres y mujeres laicos”21.El carisma de la predicación es uno e indiviso y constituye el centro de comunión objetiva entre las distintas ramas de la Familia dominicana: “Los frailes no tienen ni el monopolio de la vocación, ni del carisma, ni tienen un “lugar privilegiado” en la Orden fundada por Santo Domingo. La misión (la predicación) ocupa este “lugar privilegiado”, mientras cada una de las ramas lleva a cabo su vocación según el modo que le es propio”. Se indican algunas sombras de ayer y de hoy en lo que respecta a la relación de los frailes con otros miembros de la Familia de Domingo de Guzmán, se exige un cambio gradual de mentalidad por parte de todos y se hace opción firme y decidida por la complementariedad recíproca por los caminos de la colaboración recíproca. “Por tanto, como mejor se manifiesta nuestra identidad global es a través de nuestra colaboración conjunta. Esta colaboración incluye rezar juntos, planificar, tomar decisiones, y llevar a cabo proyectos desde una complementariedad mutua que respete la igualdad. Estos proyectos incluyen campos tan diversos como los ministerios de oración, predicación, enseñanza, animación pastoral, justicia y paz, medios de comunicación, investigación y publicaciones, así como la promoción de vocaciones y la formación”22.

 

9ºPredicación y diálogo

La convocatoria al diálogo es una de las llamadas más constante e insistente del magisterio capitular. El capítulo de Caleruega es un testimonio de ello cuando invita al diálogo ecuménico, interreligioso y cultural23.

El diálogo de Dios con la humanidad a lo largo de toda la historia de salvación es para nosotros el paradigma de nuestro diálogo con el mundo. Es nuestra fuente de inspiración. Dicho diálogo Dios-humanidad está marcado por la impronta de la iniciativa divina y nos compromete, en el ministerio de la predicación, a ser promotores de diálogo tomando la iniciativa; el amor de Dios ha sido y es la fuente de su diálogo con el hombre, llegando a su plenitud en la encarnación de la Palabra y en el misterio pascual. La apertura al diálogo, pues, debe inspirarse en el amor evangélico sin otro interés que el de servir. Desde el testimonio bíblico, el diálogo no debe tener límites ni cálculos. Es decir, no debe estar condicionado por el éxito o por el fracaso, por la derrota o la victoria, ni deber estar mediatizado por los méritos o no de la humanidad. Debe ser simplemente gratuito, cargado de misericordia, dispuesto a la incomprensión, e incansable siempre. En su diálogo con la humanidad, Dios siempre ha respetado la libertad de cada hombre: no coacciona, ni obliga, ni impone autoritariamente. Su diálogo de amor es un requerimiento de amor, una invitación a la libertad humana. El amor nunca coacciona. Así nuestra predicación, aunque es anuncio de verdad indiscutible y de salvación indispensable, se hará conversación y persuasión, respetando siempre la libertad personal y civil de nuestros interlocutores. El diálogo como el amor, siguiendo el testimonio de Dios, será universal. Como universal es la salvación y la llamada a la santidad. No caben las discriminaciones ni los sectarismos. Finalmente, el diálogo debe ser progresivo y sereno, sin precipitaciones ni imprudencias. La salvación es progresiva, con diversos grados desarrollo, con humildes comienzos24.

El diálogo, como afirma Caleruega, “es un modo de existencia necesario en unmundo de diferencias”. Ello no implica la renuncia a nuestras propias creencias ni al deseo de compartir nuestra fe con otros, de aquí que “ningún diálogo, como proceso de enriquecimiento mutuo, removerá la necesidad de una predicación de encuentro cultural”. Y apelando al testimonio de Santo Domingo y de Santo Tomás, Caleruela afirma sin rodeos que “cada dominico debería ver en el diálogo como la forma de vida que exige apertura y disposición” en la búsqueda compartida de la verdad25. Cracovia, al presentar la predicación como encuentro dialogal26, se sitúa en la línea de Capítulos anteriores al relacionarla búsqueda de la verdad con la necesidad del diálogo: “La pluralidad de culturas, cada una con su memoria, su rostro y su “misterio", son un desafío al reconocimiento recíproco y a la convivencia. Exige de nosotros estar abiertos a la verdad del otro, atreviéndonos a poner a prueba algunas pretensiones de verdad de la propia cultura. Nuestra actitud sería la del discípulo abierto a la verdad del otro, que a su vez puede fecundar nuestra propia visión. Esto exige un diálogo queno pretenda vencer ni convencer, sino que guiados y sostenidos por el Espíritu, podamos llegar juntos a la verdad de Dios”27.

 

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1 Fue el capítulo de Walberberg el primero en tratar las notas específicas de la predicación dominicana. En concreto señaló cuatro dimensiones: la predicación profética, predicación y pobreza, predicación y compasión, predicación y reflexión teológica. Introducía este tema en los términos siguientes: Al examinar las notas específicas del carisma de nuestra predicación a la luz de la vida de santo Domingo y de la tradición de la Orden, y teniendo presentes las reivindicaciones del mundo actual, vemos que nuestro carisma responde óptimamente a las necesidades de nuestro tiempo. Sin embargo, es necesario que busquemos solícitamente nuevos ámbitos y modos de predicar” (Wal: Actas, 17).

En perspectiva histórica, es muyinteresante el artículo de fray Lorenzo GALMES: Características del carisma dominicano medieval, Escritos del VedatXXXV, 2005, 195-207

2 Avila: Actas, II: La formación para la misión de fronteras.

3 Cfr. Mex: Actas, 62-65

4 Cal: Actas: 20.8-20.13. “Las Actas en de los Capítulos Generales previos ofrecen una rica fuente de reflexiones sobre la cuestión de la predicación. Nosotros reafirmamos las recomendaciones y observaciones del Capítulo de México, y compartimos las orientaciones fundamentales expresadas allí. En este capítulo hemos decidido ofrecer unas reflexiones sobre la predicación más concentradas en los términos de las cuatro prioridades de la Orden, que se manifiestan en los recientes capítulos generales, y examinar éstas bajo los términos de las otras tres dimensiones de la vida dominicana: pobreza, itinerancia y diálogo” (Prólogo, 20)

5 Cfr. Bol: Actas 34

6 Cfr. Cra: Actas 70-75

7 LCO 1, V

8 Carlos AZPIROZ COSTA: El anuncio del evangelio en la Orden de predicadores, en Actas del capítulo de Cracovia, apéndice II. Ofrecemos, sin seguir el mismo orden de presentación, el comentario que el Maestro de la Orden hace de esas dimensiones de la predicación dominicana, en orden a ofrecer una visión más completa de las mismas:

"Predicación inculturada y encarnada"

Exige una profunda sensibilidad para con las diversas visiones de la realidad que tienen otras religiones, otras culturas, otras filosofías (encarnación e inculturación). Implica una educación para saber esperar, para aprender, para convertirse, para formar parte, asumir y ayudar a purificar y elevar lo que encontramos en esas religiones, culturas y filosofías.

"Predicación profética"

Es proclamación no del propio conocimiento, sino de la Palabra de Dios vivo y vivificante, anuncio íntegro del Evangelio revelado que contiene palabras de vida eterna. No es posible omitir el análisis serio de los "signos de los tiempos", que procede de principios sobrenaturales y es iluminado por la oración. Para discernir los signos de los tiempos debemos atender diligentemente al clamor de los pobres, los oprimidos, los marginados y los torturados, y de todos aquellos que, por motivos de raza, religión y denuncia contra la injusticia, sufren persecución. Dios nos habla a través de estos clamores y también a través del silencio de los que no tienen voz y viven en apatía, soledad y desesperación”.

9 Cra. Actas, II, n. 66

10 Cal.: Actas, n. 20.8

11 Ib: “Predicación en la pobreza

La pobreza no es sólo una especie de abnegación de sí mismo, sino también testimonio y medio apropiado para que nuestra predicación sea digna de crédito; es signo de su autenticidad y sinceridad. Vivimos en un mundo en el que aumenta la división entre ricos y pobres -tanto en naciones pobres y ricas como entre personas y grupos-. Más aún, el pobre tiene hoy mejor conocimiento de las estructuras nacionales e internacionales que son causa de este estado de servilismo y pobreza.."Si en un mundo como éste nos presentásemos conviviendo más con los ricos que con los pobres, nuestra predicación no sería digna de crédito”.

12 Ib.: “Predicación compasiva

Exige una actitud de profunda compasión hacia la gente, especialmente hacia aquellos que se encuentran "lejos". Sólo la compasión puede remediar nuestra ceguera y hacer posible que veamos los signos de los tiempos. La compasión nos lleva a la humildad en nuestra predicación -humildad por la cual estamos dispuestos a escuchar y a hablar, a recibir y a dar, a dejarnos influir e influenciar, a ser evangelizados y evangelizar-. Esta compasión y humildad provienen únicamente de una profunda unión con Dios en Cristo. Estamos unidos con Dios cuando imitamos la compasión y el humilde servicio de Cristo. La compasión y la humildad son fuentes de las que emana el conocimiento de los signos de los tiempos, impregnado de oración y contemplación. Contemplamos así a Dios, que se nos ha revelado a través de la Sagrada Escritura y que manifiesta su voluntad en los signos de los tiempos”.

13 Cfr. Oak: Actas, capítulo III, II

14 Cal.: Actas, n. 20.9. “La itinerancia es, en primer lugar, un concepto espacial que implica una disposición para viajar, pero sugerimos que nuestra predicación pide esta clase de movilidad de otras muchas formas: social, cultural, ideológica y económica. Esta itinerancia no ha de ser entendida como una prioridad adicional, sino como un aspecto de la espiritualidad dominicana que debe informar todos nuestros intentos de seguir las cuatro prioridades de la Orden, que se manifiestan en una cierta movilidad, en no apegarnos demasiado a nuestras formas existentes de vida y trabajo, para así predicar en cualquier parte en la que nuestra predicación sea actualmente necesitada”.

15 Ib: “ Predicación itinerante. Somos hombres y mujeres en marcha. La itinerancia es, en primer lugar, un concepto espacial que implica una disposición para ir en camino, para viajar, pero nuestra predicación pide una itinerancia social, cultural, ideológica, económica. Es un aspecto de la espiritualidad dominicana que debe informar toda nuestra vida y que se nutre de diversas experiencias bíblicas del AT, y del mismo Jesús, "Camino" a quien Domingo ha querido seguir como verdadero varón evangélico”

16 Oak: Actas, III, III. “Hoy día, predicamos siendo fieles a nuestra tradición, recobrando la idea del convento como comunidad, compartiendo la misma misión deser enviados y de enviar: "Conventos que, sin murallas ni puertas, están abiertos para todos". Ser un convento "en camino" significa redescubrir lo que comporta ser itinerante. Ser un convento en camino significa que hemos de dejar muchas cosas para permanecer movibles. Uno no puede ser itinerante sin ser movible, y uno no puede ser movible sin ser pobre. Somos llamados a la predicación itinerante. Somos llamados siempre a buscar nuevos lugares de predicación: nuevos lugares que en realidad no son lugares, sino gente. Tenemos que reinterpretar nuestra itinerancia como una actitud de apertura de nuestras actitudes y mentalidades hacia la calidad de vida en el proceso de nacer y crecer. Es urgente que aprendamos a escuchar, a amar de veras el mundo de nuestro tiempo de tal manera que ello sea reconocible en el modo como el predicador habla y actúa, para que los otros puedan en eso mismo hallar un espacio para saborear la Buena Nueva”.

17 Ib.: “ Predicación comunitaria. Nuestra predicación no es un esfuerzo solitario de individuos aislados. Por eso exige una disposición para la colaboración, para el trabajo en equipo, para apoyar el esfuerzo de los demás mediante el interés mostrado, la animación y la ayuda efectiva. Estas actitudes tienen sus raíces en los elementos esenciales de nuestra vida dominicana: la vida común, la vida de oración contemplativa, el estudio asiduo, una comunidad fraterna, la consagración por los votos. La comunión y universalidad de la Orden informan también su gobierno, en el cual sobresale la participación orgánica y proporcionada de todas las partes para realizar el fin propio de la Orden. Es un gobierno comunitario a su manera y es por cierto apropiado para la promoción de la Orden y para su frecuente revisión”

18 Ib.: “Predicación teológica. Implica una total apertura a la verdad total, dondequiera que se encuentre. Esto exige una profunda reflexión y disponibilidad para el diálogo (ecuménico, interreligioso, cultural. Nuestra predicación siempre se ha cimentado en un profundo y científico estudio de la teología. "Nuestro estudio debe dirigirse principal, ardiente y diligentemente a esto: que podamos ser útiles a las almas de nuestros prójimos"". Desde entonces el estudio ha estado íntimamente relacionado con la misión apostólica y la predicación de la Orden. Dedicarse al estudio es responder a una llamada a cultivar la búsqueda humana de la verdad. Santo Domingo ha alentado a sus frailes a ser útiles a las almas por la compasión intelectual, al compartir con ellos la “misericordia veritatis”, la misericordia de la verdad . Las crisis del mundo actual, el escándalo de la creciente pobreza e injusticia, la confrontación de las distintas culturas, el contacto con pueblos descristianizados, todo esto es un desafío para nosotros. Nuestra práctica de la reflexión teológica debe prepararnos para penetrar profundamente en el significado de estos hechos en el misterio de la Divina Providencia. La contemplación y la reflexión teológica nos capacitan para buscar modos más aptos en la predicación actual del Evangelio. Este es el verdadero camino para que nuestra predicación sea de verdad doctrinal, y no exposición abstracta e intelectual de algún sistema”.

Cfr. Wal: Actas 17, A:Avi: Actas, captíulo II,II

19 0ak: Actas, capítulo IV, n.68, 6.3

20 Cfr. Mexico: Actas, capítulo IV, II, n.62 A y B.

El magisterio capitular nos ofrece un decálogo de tareas en favor de la inculturación: 1) crear Centros especializados de investigación cultural en cada continente o región; 2) investigar la experiencia histórica de la Iglesia en su origen y desarrollo pluricultural y analizar el efecto de los Cismas y del predominio de la cultura latina; 3) desarrollar una Eclesiología que responda a las exigencias de la inculturación; 4) continuar el desarrollo de teologías contextuales; 5) estudiar especialmente las experiencias recientes de Evangelización en Africa y Asia; 6) integrar el estudio de la Antropología Cultural en la formación inicial y permanente; 7) analizar las exigencias pastorales que surgen del esfuerzo de inculturación; 8) hacer opciones pastorales por las culturas oprimidas o desprotegidas; 9) denunciar el principio de exclusión del otro (el pobre, la mujer, elindígena, el negro, etc.) como incapaz de acceder a la plenitud de la vida cristiana; 10) buscar la implantación de la Iglesia y de la Orden de predicadores, reconociendo que son católicas y, por tanto, no son blancas ni occidentales y están llamadas a tomar formas nuevas en las diversas culturas (cf Oak: Actas, capítulo III, IV.)

21Cf LCO: Constitución fundamentalVIII

22Bolonia: Actas, capítulo II, nn. 33-34

Carlos AZPIROZ COSTA: a.c., 155-156:

“La Orden nació como Familia. Frailes, monjas contemplativas, religiosas, miembros de institutos seculares y de fraternidades laicales y sacerdotales, otros grupos asociados de alguna manera a la Orden (entre ellos: Movimiento juvenil Dominicano –IDYM-; Voluntarios Dominicos Internacionales -DVI-) nos inspirarnos en el carisma de Domingo. Ese carisma es uno e indiviso: la gracia de la predicación. Es una predicación compartida con nuestros hermanos y hermanas de la Orden, que por su bautismo viven el mismo sacerdocio común y que están consagrados por la profesión religiosa y por su compromiso a una misma misión. Como mejor se manifiesta nuestra identidad global es, a través de nuestra colaboración conjunta. Esta colaboración incluye: rezar juntos, planificar, tomar decisiones y llevar a cabo proyectos desde una complementariedad mutua que respete la igualdad. Estos proyectos incluyen campos tan diversos como los ministerios de oración, enseñanza, predicación, animación pastoral, justicia y paz, medios de comunicación social, investigaciones y publicaciones, así como la promoción de vocaciones y formación”

23 Cfr. Caleruega: Actas, n. 20.10 y ss

24 Invitamos a ampliar esta reflexión con la lectura del capítulo III de la encíclica de Pablo VI Ecclesiam suam en torno a la relación entre la Iglesia y el mundo y, en particular, sobre el diálogo eclesial, sus dimensiones y sus características. O ver también Emilio BARCELON: El proyecto eclesial y dinámica evangélica del Vaticano II, Buenos Aires, ed. Guadalupe, 1982, 44-51

25 Cal: Actas, 20.10: “En la larga historia del diálogo de Dios con la humanidad, la Palabra encarnada es el paradigma de nuestro entendimiento. Jesús nunca habló hacia el pueblo, sino siempre con él. Ambos, Nicodemo y la mujer samaritana en el pozo, fueron sus compañeros de diálogo. Nuestro mismo Padre Domingo renunció a posiciones de poder ansiadas por aquellos que le habían precedido en la campaña contra los albigenses. Su preferencia era la conversación, como de hecho lo fue la del hermano Tomás en su ministerio de predicación mediante la enseñanza. Así pues, cada dominico debería ver el diálogo como la forma de vida que exige apertura y disposición para adaptarse en nuestra búsqueda de la verdad. Como preparación para una vida de diálogo, deberíamos evitar todas las tentaciones hacia caminos sectarios del pensamiento, y cultivar un sentido profundo de compasión y de pertenencia a toda persona y situación existente en el mundo. Es en el encuentro con el otro donde el viaje de la vida nos conduce por el camino de la verdad”

26 Cra: Actas, II, n.65

27 Cra: Actas, II, n.67