2 Vio al herido al borde del camino:

La gracia de la predicación encarnada en nuestro mundo

La predicación es y debe ser siempre histórica: se realiza “en este mundo” y es “para nuestro mundo”1, y se inspira en la riqueza pedagógica que emana del misterio de la encarnación. Esta pedagogía cristológica avala y fundamenta el acercamiento realizado por todos los Capítulos Generales a la realidad : ¿cómo es nuestro mundo?2, ¿qué características lo definen?3 , ¿qué fronteras existen?4,¿qué exigencias presenta la relación predicación y cultura?5, ¿qué interpelaciones nos lanza la realidad actual con sus retos, llamadas, urgencias… ?.Y la pregunta clave para nosotros: ¿qué significa predicar?, es decir, ¿qué significa vivir gozosamente la gracia de la predicación y la predicación de la gracia en este mundo ?

 

 1º Es un mundo en continua y acelerada transformación.

 Marcado por la inestabilidad, donde está surgiendo una nueva conciencia y en el que se van perdiendo, por efecto de un proceso "desacralizador", anteriores seguridades y certezas. Este mundo sufre el desgarro de la división a todos los niveles: bélica, económica, generacional, social, ideológica, biológica y cultural. Nuestro mundo está agravado por la injusticia y las tendencias idolátricas, en que se utiliza la llamada "civilización occidental y cristiana" para justificar determinadas opresiones. Los jóvenes, mayoría social en los pueblos del tercer mundo, se ven acosados por la sociedad consumista y explotadora a la que sirven la civilización de la imagen y de los medios de comunicación social. Los horizontes de este mundo son imprevisibles dadas las conquistas científico‑técnicas, cargadas de ambigüedad y portadoras de un nuevo "mesianismo secularista": todo es posible. Esta es la radiografía síntesis que presentaba Madonna dell’Arco en 19746. Este análisis profético conserva todavía su vigencia en nuestros días. Y será retomado por los capítulos siguientes.

 

Este mundo está marcado por la pluralidad y la conflictividad.

Estas son las dos características globales que definen y agrupan los datos anteriores según Quezon City7. Esas características condicionan, desafían y golpean la conciencia y el servicio apostólicos. El pluralismo hace acto de presencia en diferentes ámbitos y de modos diversos: enformas sociales diversas, enculturas diferenciadas, en la pluralidad de sistemas intelectuales, en la confrontación de ideologías, en la presencia de tradiciones religiosas… Lo mismo cabe decir de la conflictividad latente o patente: entre personas, clases sociales, sistemas económicos, bloques… ¿Sus expresiones? Rivalidades étnicas o sociales, violencia ciudadana, pobreza e injusticias, intolerancia frente a lo distinto…. Más aún, todo predicador, de una u otra manera, los experimenta de cerca en virtud de esa radical solidaridad que lo constituye en miembro de la misma comunidad humana.

 

Este mundo está marcado, al mismo tiempo, por la secularización y la búsqueda espiritual.

Vivimos en un mundo de muchas paradojas, según el testimonio del Capítulo de México. "Por un lado es un mundo caracterizado por la secularización": huída de la trascendencia y olvido de lo religioso-espiritual. Testificamos, por otro lado, una búsqueda desesperada para dar sentido a la vida, lo que ha originado variadas respuestas religiosas. Así nos encontramos con un espectro de posibilidades que va desde el fundamentalismo religioso hasta la influencia de las sectas, pasando por los nuevos movimientos religiosos como el de la Nueva Era (New Age) o los de inspiración oriental."Éstos tienen poca relación con una religión profética y verdadera. Ciertamente esta situación toca el corazón de nuestra vocación dominicana"8.

 

4ºLas fronteras de nuestro mundo.

Están descritas en el Capítulo General de Ávila9 y asumidas por los Capítulos posteriores. Estas fronteras son, al mismo tiempo, situación o realidad, y, para el predicador, retos apostólicos. Existe un procedimiento lógico en su presentación: de la frontera más universal (la frontera entre la muerte y la vida) se va descendiendo a la frontera más reducida (la frontera de la Iglesia: confesiones no católicas y sectas). De este modo, cada frontera queda incluida en la anterior o anteriores dejando constancia así de su mutua relación.

Por otra parte, Ávila ofrece la siguiente metodología, que se repite en la descripción de cada una de las fronteras: en primer lugar, hace una descripción global de la realidad (ver); en segundo lugar, busca la iluminación evangélico-teológica (juzgar); y, en tercer lugar, la acción evangelizadora de la Orden en cada frontera (actuar) se fundamenta en el testimonio de Santo Domingo o en la tradición dominicana. Para descubrir los retos que nos llegan desde las fronteras, es preciso atender a los signos de los tiempos, que son verdadero lugar teológico. Sólo así podremos dar respuesta, desde el evangelio y la praxis de Jesús, a las cuestiones que preocupan a la destinatarios de nuestra predicación.

  • La frontera entre la muerte y la vida. O el gran reto de la justicia y la paz en el mundo.

Análisis o aproximación a la realidad: el texto capitular describe brevemente los problemas más dramáticos y urgentes, señala sus causas y presenta sus manifestaciones, que colocan a una gran masa de hombres entre la vida y la muerte. Iluminación evangélica: el compromiso vital por la justicia y la paz (análisis, reflexión, acción solidaria) hace posible la experiencia y la práctica del Reino y se eleva a criterio verificador de la autenticidad de la misión dominicana en todas estas áreas o modalidades. Tradición de la Orden: esta opción se fundamenta en la compasión de Santo Domingo de Guzmán ante las necesidades de los hombres y en las actitudes de misericordia de otros dominicos, que urgen hoy la presencia activa de la comunidad dominicana entre los hombres que se debaten en las fronteras de la muerte "10.

  • La frontera entre la humanidad y la inhumanidad. O el ineludible reto de la marginación.

Análisis o aproximación a la realidad: las estructuras de marginación colocan a muchos hombres y mujeres al borde de una vida inhumana o infrahumana. Entre las categorías de marginados se encuentran sobre todo los pueblos indígenas y, en diversas formas, los pobres, las víctimas del "apartheid", los emigrantes, los disidentes, los obreros, la mujer, los jóvenes, la tercera edad…. Iluminación evangélica: la invitación y pedagogía evangélicas son evidentes: las situaciones de inhumanidad expresan la ausencia del Reino, cuya experiencia pasa por la práctica de la comunión, la solidaridad y la reconciliación. Estas categorías de marginados constituyen los destinatarios preferidos de la predicación dominicana, de nuestra reflexión y de nuestra praxis solidaria. Tradición de la Orden: la compasión y la itinerancia mendicante de Santo Domingo, que le acercaron a los marginados del siglo XIII, fundamentan la misión de la comunidad dominicana: inaugurar y mostrar un nuevo modelo de relación entre los hombres, un nuevo modelo de comunión y participación entre los pueblos11.

  • La frontera cristiana. O el reto religioso de las confesiones universales.

Análisis o aproximación a la realidad: las tradiciones religiosas universales comparten con el cristianismo la experiencia de Dios. Hinduísmo, Budismo, Judaísmo e Islam, son realidades religiosas que se sitúan más allá de la experiencia cristiana de Dios; influyen en muchos hombres y culturas; y, al mismo tiempo, cuestionan actitudes y modelos inauténticos de evangelización. Iluminación evangélica: esta realidad religiosa compromete evangélicamente al diálogo interreligioso12, que acompañado de actitudes desprejuiciadas, debe ser siempre analítico (desde la experiencia del Dios de Jesús, un Dios abierto a la universalidad) y auto crítico(discernir las adherencias culturales que han desdesfigurado al Dios de Jesús a lo largo de la historia del cristianismo). Tradición de la Orden: El llamado a priorizar este reto se fundamenta en el ideal de Santo Domingo de misionar más allá de las fronteras de la cristiandad establecida y en la presencia de los primeros dominicos en las universidades, signos y cauces de un diálogo intercultural e interreligioso.13

  • La frontera de la experiencia religiosa. O el reto de las ideologías y praxis secularistas.

Análisis o aproximación a la realidad: encrucijada y paradoja del hombre contemporáneo que se debate entre la carencia de la religión y la añoranza de lo religioso. Las ideologías "seculares" explican, en parte, esta carencia, pero siguen pendientes de respuesta muchas cuestiones planteadas por el pensamiento contemporáneo sobre el hombre y su futuro, y sobre el hecho religioso y cristiano. Ateísmo, increencia, secularismo, indiferencia religiosa, laicismo… son actitudes muy próximas o derivadas de las ideologías "seculares". Iluminación evangélica: la actitud evangélica pasa también aquí por el diálogo, la reflexión teológica y la tarea evangelizadora, como correctivos críticos a las diversas presentaciones del hecho religioso y cristiano desde la pedagogía de la encarnación y la fuerza transformadora del Reino. Tradición de la Orden: el aval dominicano, presente en los orígenes e historia de la Orden, se expresa en la capacidad teológica, creativa y profética, para establecer ese diálogo que interpele y se deje interpelar por las coordenadas culturales que brotan de las ideologías y praxis secularistas.14

  • La frontera de la Iglesia. O el reto de las confesiones no católicas y las sectas.

Análisis o aproximación a la realidad: la pluralidad de confesiones cristianas continúa siendo un escándalo para creyentes y no creyentes. El compromiso e invitación al diálogo ecuménico afecta a la totalidad de la vida dominicana y a la reflexión teológica de la Orden de modo particular. Con distintos matices, la frontera de la Iglesia pasa también por el fenómeno de las sectas. Este fenómeno debe ser analizado desde diferentes perspectivas: teológica, eclesial, política, cultural, social. De nada sirve el anatema sin poner remedio, en sus causas, a esas situaciones. El compromiso evangelizador de la Orden se mueve, pues, en una triple dinámica o acción complementarias entre sí: la reflexión teológica, el diálogo ecuménico, y el análisis de las causas. Iluminación evangélica: una mayor fidelidad de todos los cristianos al seguimiento de Jesús. La vivencia en autenticidad evangélica del seguimiento es fuente ineludible de comunión y de encuentro ecuménicos. Tradición de la Orden: la elocuencia del testimonio de Santo Domingo. El realizó su misión entre los movimientos heréticos de su tiempo. Aprendió de ellos, dialogó con ellos y les cuestionó desde su fidelidad eclesial15 .

Ávila termina afirmando: la misión de la Orden, una misión de fronteras, exige una cierta formación de los hermanos y hermanas en orden a inculcar actitudes personales y comunitarias a través de una experiencia que incluye a la vez reflexión y práctica. Y enumera algunas: una total apertura a la verdad, dondequiera que se encuentre16, una actitud de profunda compasión, especialmente hacia aquellos que se encuentran en los bordes de la comunidad humana17, comprender nuestra vida como hombres y mujeres en marcha18, intensificar el espíritu profético para penetrar la realidad presente y enjuiciarla desde la perspectiva de la fe19, una profunda sensibilidad para con las diversas visiones de la realidad que tienen otras religiones, otras culturas, otras religiones20, el trabajo comunitario que invita a la colaboración y la ayuda recíprocas21. Exigencias éstas que se relacionan y se hacen presente en los rasgos carismáticos de la predicación dominicana.

 

Nuestro mundo está revestido de ambigüedad: luces y sombras.

El capítulo de Caleruega22 expone “los retos que el mundo ha presentado a la Orden al final del siglo XX, y el amplio margen de respuestas que los dominicos han dado a través de todo el mundo a estos retos”: la religiosidad no cristiana, el nihilismo y la cultura postcristiana23; la violencia y el miedo24; el tribalismo, nacionalismo y racismo25; todo el entorno del mercado26 y, finalmente,el individualismo27. En definitiva, el reto a nuestro ministerio de predicadores hoy es el mismo con el que se encontró Jesucristo: “La cultura del corazón de piedra”. Caleruega presenta esta realidad en una perspectiva cargada de positividad: “Aunque muchos de los retos que discutimos manifiestan una dirección negativa y deshumanizada, también contienen elementos de una respuesta positiva ….; por consiguiente los dominicos tienen que responder a estos retos de una manera propia, en consonancia con nuestra tradición tomista, según la cual la gracia perfecciona la naturaleza en lugar de destruirla. Tal confianza en la bondad de la creación subyace en todo este documento. La mano de Dios se puede ver en todos los momentos de la historia humana, y nosotros no somos meramente predicadores de la Palabra de Dios contra el mundo, sino predicadores de su bendición”.

 

La globalización de nuestro mundo y sus desafíos.

En el Capítulo General de Providence “se crearon dos comisiones para explorar los retos a que se enfrenta la misión de la Orden Dominicana en el mundo contemporáneo. Ambas comisiones, una de habla inglesa y la otra de habla francesa han estado constituidas por miembros representativos de todas las latitudes del mundo. El documento presentado por la comisión de habla francesa desarrolla un único tema: "globalización" o "mundialización". Por su parte, la comisión de habla inglesa presenta un conjunto de retos concretos”28. En relación a la globalización, los capitulares de Providence asumieron este compromiso: “humanizar la globalización”. Para ello parten de una descripción de la globalización, señalan posteriormente algunas consecuencias de la misma, y finalmente, indican los caminos para humanizar la globalización en un triple ámbito: en el mundo, en la Iglesia y en la Orden. En relación a los retos concretos, hacen su exposición en torno a este título: “La llamada de aquellos que nos rodean”. Y agrupan las realidades y los temas en torno a tres áreas: primero, el impacto de diversos contextos religiosos y a-religiosos en la misión dominicana29; segundo, los desafíos originados desde la promoción y protección de la dignidad de la persona humana30; tercero los desafíos de la nueva evangelización31.

 

7ºUn mundo de pobreza y sufrimiento.

“He visto la aflicción de pueblo…”(Ex. 3, 7-8.10). Así ven los capitulares de Cracovia la realidad histórica: “Amamos nuestro mundo, pero nos duele el mundo porque constatamos que muchas personas viven en una situación de miseria que les genera sufrimiento, inseguridad y miedo, que lleva a su vez a un desequilibrio mundial y a la deshumanización de la persona y su entorno”.Y destacan tres fenómenos: la pobreza y la marginación, el trabajo convertido en forma de esclavitud, y la migración, sembrada de sufrimiento.32 En esta visión de nuestro mundo, no me resisto a citar el siguiente texto: “Nuestro mundo ha sido siempre un mundo de conflicto, pero ahora éste es global: un nuevo (des)orden mundial, desigualdades masivas, xenofobia discriminatoria y sanguinaria, ataques frecuentes a los derechos más fundamentales a la vida, riqueza obscena en medio de una miseria extendida, epidemias apenas reconocidas e insuficientemente atendidas. AlbertCamus, dirigiéndose a los frailes franceses después de la Segunda Guerra Mundial, les recordaba que "en este mundo hay belleza y están también los humillados. Debemos esforzarnos –decía- por no traicionar ni a los unos ni a los otros". Hay personas tan atormentadas por las injusticias en nuestro mundo, que olvidan que el sol ha salido por la mañana; hay otras tan arrebatadas por la belleza, que se ciegan ante los sufrimientos de los demás. Estos son algunos de los problemas que se nos presentan, que provocan preguntas ante las cuales no tenemos respuestas completas. Con todo, como Orden de Predicadores, debemos responder, no sólo con palabras, sino con la Palabra que vive en nuestras vidas. Debemos esforzarnos por no traicionar ni a la belleza ni a los humillados”.

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1 Recordamos aquí la clarividente afirmación de nuestro hermano Edward Schillebeeckx: “Extra mundum nulla salus”

2 Cfr. MDA: Actas, apéndice IV

3 Cfr. QC: Actas, n. 15

4 Cfr. Av: Actas, capítulo II

5 Cfr. Mex: Actas, capítulo IV,III.

6 Cfr. MDA: Actas, apéndice IV

7 QC: Actas, n. 15,2.

8 Mex: Actas, cap. IV, I

9 Cfr. Av: Actas, n.22, 1‑5.

10 Para tener una visión más completa de la descripción de estas fronteras, amen del texto de las Actas de Avila y nuestra presentación personal, añadimos la presentación que de las mismas hace el Maestro de la Orden fray Carlos Azpiroz Costa, cuyo texto encontramos en uno de los apéndices de las Actas del Capítulo general de Cracovia con el título: El anuncio del Evangelio en la Orden de Predicadores(pp. 147-155):

“La frontera entre la vida y la muerte: el gran reto de la justicia y la paz en el mundo. Los problemas más dramáticos y urgentes que acosan al hombre contemporáneo son de carácter histórico. Se refieren a los sistemas, estructuras, prácticas sociales, políticas y económicas que colocan a una gran masa de hombres entre la vida y la muerte. Por ello el compromiso por la justicia y la paz -análisis, reflexión, acción solidaria- es criterio de verificación de cualquier misión dominicana, y debe acompañar cualquier área o modalidad de nuestra predicación. El ejemplo de Bartolomé de las Casas, Antonio de Montesinos, Pedro de Córdoba en América Latina, así como el ejemplo de Domingo de Salazar en Oriente y la obra de fray Louis Joseph Lebret en nuestro tiempo, es iluminador”(Carlos AZPIROZ COSTA, Cracovia: Actas, 148)

11 Ib. 148: “La frontera entre la humanidad y la inhumanidad: el gran reto de los marginados.

La estructura marginalizante de la actual sociedad produce cada vez mayor número de marginados, que se ven próximos a la frontera de una vida inhumana o infrahumana. Entre las categorías de marginados se encuentran tantos pueblos que padecen pobreza material y marginación cultural, social, económica y política. Existen aún hoy, de formas diversas, víctimas del apartheid: emigrantes, disidentes, obreros, la mujer, los enfermos, los jóvenes, los ancianos. Son estos signos manifiestos de la ausencia del reino de Dios y por lo tanto un reto prioritario para nuestra reflexión, estudio, evangelización. La misión de la comunidad dominicana es inaugurar y mostrar un nuevo modelo de comunión y participación entre los pueblos”

12 Los Capítulos de México y Caleruega retomaron explícitamente este tema. Cfr. Mex.: Actas, capítulo IV, II: El diálogo interreligioso. Y Cal.: Actas, capítulo II: Diálogo interreligioso, n. 20, 12.

13 Carlos Azpiroz Costa: o.c., p. 149: Frontera cristiana: el reto de las religiones universales.

“Las tradiciones religiosas universales comparten con nosotros la experiencia de Dios. El hinduismo, el budismo, el judaísmo, el Islam, se sitúan, sin embargo, más allá de la frontera de la experiencia cristiana de Dios. Algunas de estas tradiciones religiosas ejercen una fuerte influencia sobre el hombre contemporáneo. El diálogo con otras religiones cuestiona tradicionales concepciones de la misión evangelizadora de la Iglesia, así como actitudes y modelos inauténticos de evangelización. Este diálogo ha de ser a la vez analítico y autocrítico; supone una actitud de escucha y una presencia inculturada, libre de todo resabio colonialista, imperialista y fanático. El ideal de Domingo fue a misionar más allá de las fronteras de la cristiandad establecida, entre los cumanos (era su sueño). La colocación de los conventos en las ciudades y la presencia de los frailes en las universidades para el diálogo intercultural e interreligioso, priorizan este reto de la evangelización dominicana”

14 Ib. 149: “La frontera de la experiencia religiosa: el reto de las ideologías seculares"

El hombre y la mujer contemporáneos padecen intensamente una situación paradójica: la carencia de la religión y la añoranza de lo religioso. Las ideologías seculares explican, en parte, esta carencia, y cuestionan los viejos modelos de transmisión del mensaje de Cristo. Siguen pendientes de respuesta muchas cuestiones planteadas por el pensamiento contemporáneo. En todas éstas está presente el interrogante sobre el hombre y su futuro y la pregunta crítica por la verdad. El ateísmo, la increencia, la secularización, la indiferencia, la laicidad son cuestiones muy próximas a estas ideologías. El diálogo con las mismas puede servir como correctivo crítico a las diversas presentaciones del hecho religioso y cristiano y, al mismo tiempo, supone un área prioritaria de la evangelización dominicana. Una lección importante de los orígenes de la historia dominicana ha sido la capacidad de la Orden para establecer un diálogo entre el mensaje de Cristo y las culturas, clásicas o nacientes. Ejemplos son: Domingo, que incorpora el estudio a su proyecto fundacional, Tomás de Aquino en el siglo XIII; los profesores y teólogos dominicos del siglo XVI; los teólogos dominicos del Concilio Vaticano Il. La teología ha sido creativa y profética en la Familia Dominicana en la medida que se ha dejado interpelar por las coordenadas culturales. Ha sido vida en la medida que ha tomado como punto de partida las acuciantes questiones disputatae de cada tiempo”

15 Ib. 150: “La frontera de la Iglesia.

El reto de las confesiones no católicas y otros movimientos religiosos. La pluralidad de confesiones es un escándalo para creyentes y no creyentes. Las riquezas escondidas en las diversas tradiciones cristianas son una invitación al diálogo ecuménico y a la reconciliación. La reflexión teológica de la Orden, fiel a su tradición, quiere atender a este reto. Con matices diversos, la frontera de la Iglesia pasa también por el fenómeno de las "nuevas opciones religiosas". En determinados países y regiones del mundo la presencia creciente de estos “movimientos" constituye un reto a la evangelización. No caben simplemente la denuncia y los anatemas. El ideal primero de Domingo fue misionar más allá de las fronteras de la "cristiandad". Urgencias inmediatas de la Iglesia se lo impidieron, y su misión la realizó entre los herejes, en las fronteras de la Iglesia. De ellos aprendió y tomó modelos de vida evangélica y apostólica. Con ellos dialogó sin descanso. A ellos interpeló con el testimonio de su fidelidad y comunión con la Iglesia”.

16 Av: Actas: II, II: “Una total apertura a la verdad, dondequiera que se encuentre, ya sea en el mundo entorno, en la gente con la que tratamos, en los sucesos e instituciones, en los movimientos de la contracultura, cte. La búsqueda de la verdad exige una actitud de profunda reflexión, ya que las situaciones con las que nos encontramos deben conducirnos a la búsqueda, a la interrogación, al aprendizaje, para poder responder y para poder cambiar. La decisión de estudiar en profundidad las situaciones de frontera antes señaladas y el compromiso de trabajar para la construcción de teologías locales a través del diálogo con el mundo entorno, es una parte integral de nuestra respuesta a las preguntas con las que nos encontramos en la realización de nuestra misión dominicana. ¿Qué hemos hecho para adquirir esta mentalidad? Recomendamos que la labor apostólica que se lleva a cabo durante el período de formación sea estudiada y analizada desde esta perspectiva.

17 Av: Actas, II, II: “La misión de fronteras exige de nosotros una actitud de profunda compasión hacia la gente, especialmente hacia aquellos que se encuentran en los bordes de la comunidad humana. Es indispensable acoger y responder adecuadamente a las demandas de las gentes, habilitarse para utilizar las herramientas del análisis social, adoptar una actitud de escucha frente a las personas y los acontecimientos, entrenarse para trabajar por la justicia y la paz. ¿En qué medida hemos adoptado los dominicos estas actitudes? Recomendamos que el análisis de las situaciones humanas e históricas forme parte de nuestros programas de formación.

18 Ib.: “La naturaleza de nuestra misión de fronteras exige a su vez de nosotros que seamos hombres y mujeres en marcha, dispuestos a dirigirnos dondequiera que la palabra de la verdad nos llame para denunciar la mentira presente en el mundo. Esta actitud es esencial para asimilar e identificarnos con nuestra misión. ¿Hemos asumido suficientemente este espíritu de movilidad e itinerancia? Recomendamos una evaluación crítica de nuestras maneras de vivir y de nuestro apostolado, para verificar si este espíritu opera a nivel de las diversas entidades dominicanas”

19 Ib.: “ Nuestra misión de fronteras exige de nosotros una intensificación del espíritu profético. Este nos proporciona la confianza de que nuestra misión de fronteras capta el momento de Dios en la historia. Esta confianza debe ir acompañada por el valor y la creatividad de los profetas que se mantienen firmes a pesar de la adversidad y los juicios críticos. La característica del profeta es penetrar la realidad presente y enjuiciarla desde la perspectiva de la fe.

20 Ib.: “La misión de fronteras exige también una profunda sensibilidad para con las diversas visiones de la realidad que tienen otras religiones, otras culturas, otras filosofías. La encarnación e inculturación es un imperativo para nuestra misión. Nuestra vida y nuestro apostolado requieren de nosotros una educación para saber esperar, para aprender de, convertirse en, formar parte de, asumir y ayudar a purificar y elevar lo que encontramos en esas religiones, culturas y filosofías. ¿Hemos adoptado esta actitud encarnacional? Recomendamos que el entrenamiento para el diálogo sea parte importante de nuestra formación.

21 Ib.: “Nuestra misión de fronteras no es un esfuerzo solitario de individuos aislados. Es un trabajo comunitario. Por eso exige una disposición para la colaboración, para el trabajo en equipo, para apoyar el esfuerzo de los demás mediante el interés mostrado, la animación y la ayuda efectiva. ¿Vemos nuestra misión como una tarea comunitaria?”

22 Cfr. Cal: Actas, capítulo II, La Predicación

23 Ib. n. 20.2. “Fuera de la tradición cristiana existen formas de experiencia religiosa y conocimiento que debemos tomar muy seriamente. Primero, las grandes religiones del mundo, sin excluir las creencias y prácticas de los indígenas de África, Asia y América, y desde luego, la búsqueda religiosa implícita en el pensamiento nihilista y en toda la cultura poscristiana. Algunos de estos aspectos son profundamente negativos, mientras que otros pertenecen en sentido pleno a la sabiduría que viene de Dios. Debemos saber discernir esta diferencia y percibir cómo Dios nos habla a través de otras culturas y tradiciones”.

24 Ib. n. 20.3. “Mucha gente vive con una constante amenaza de violencia, y el miedo resultante constituye un gran reto para la predicación del Evangelio. Pero la violencia acerca de la cual hablamos no es solamente la de una minoría criminal, aunque ésta sea dañina. Los gobiernos gastan aún grandes sumas del dinero de la gente en armas, en construir mayores industrias para la defensa y en la investigación para mejorar su capacidad de matar, en lugar de invertir en mejoras sociales y económicas que pueden eliminar los conflictos violentos”.

25 Ib. n. 20.4. “Como una manifestación particular de la violencia percibimos los efectos desastrosos de ideologías, en las cuales un colectivo particular (estado, tribu o raza) adquiere un valor absoluto ante el cual son sacrificadas las vidas humanas de una manera que sólo puede ser descrita como idolátrica. La agonía que tiene lugar en Ruanda, la violencia que ha envuelto a la antigua Yugoslavia, y el creciente número de violentos incidentes raciales en Europa, revelan la urgencia de predicar el Evangelio ante esta particular forma de inhumanidad”.

26 Ib n. 20.5. “El colapso del pseudosocialismo totalitario del bloque soviético ha dejado a las economías de libre mercado occidentales en total posesión del escenario mundial. El daño hecho por esta deificación de las fuerzas del mercado ha sido considerable, como si las leyes de la oferta y la demanda representasen una realidad indiscutible de la ley divina. Esto no solamente es verdad a nivel de las economías internacionales, sino también en la concepción de las ideologías en las que es visto como una ventaja, como un producto del mercado que pertenece por derecho a quien pueda pagar más por él. La tradición católica no permite que todo pueda ser mirado bajo esta forma de ventaja: el hombre y la mujer no pueden ser tratados como objetos de valor mercantil; ni tampoco su vida ni su trabajo, ni su cultura ni su potencialidad de desarrollo dentro de la sociedad pueden ser considerados en términos de algo negociable en el juego de pérdidas y ganancias. Estos abusos también constituyen una especie de violencia”.

27 Ib.n. 20.6. “Otro grupo de retos para la predicación cristiana puede ser descrito como el individualismo, el cual no solamente se ha manifestado en las aceptaciones antropológicas de la economía de mercado, sino también en un sinnúmero de elementos admitidos de la cultura de consumo de la civilización occidental, y en la desintegración de muchas formas de la vida de comunidad, como la familia y las estructuras políticas intermedias, sindicatos, etc….

28 Pro: Actas, 29

29 Cfr. Pro: Actas, 64-74. Con respecto a los diversos contextos religiosos se señalan las siguientes realidades: el diálogo con las religiones del mundo; presencia dentro de sociedades a-religiosas; migraciones: encuentro con los otros; movimientos del New Age. Y en relación a los contextos cristianos se indican los siguientes temas: desafíos ecuménicos; la mentalidad fundamentalista dentro del mundo cristiano; sectas cristianas; nueva inmigración: transformación de la Iglesia.

30 Cfr. Ib. 75-80. Desde una crítica introductoria de los errores de algunas antropologías, Providence señala los siguientes temas: la libertad de conciencia: el determinismo social y sus consecuencias; la corrupción sistemática; la explotación sexual; la violencia contra la vida humana.

31 Cfr. Ib. 81-90. Con respecto a los desafíos de la Nueva evangelización, Providence concreta en rostros concretos “la llamada de aquellos que nos rodean”: la juventud, los católicos no practicantes, y las sub-culturas y grupos minoritarios. Y hace un llamado a la credibilidad de nuestro testimonio poniendo el acento en cuatro aspectos: la riqueza, la solución de conflictos, la identidad sacerdotal y religiosa y la espiritualidad y teología dominicanas.

32 Cra: Actas, 58. “ En este contexto destacamos los siguientes fenómenos:

  • Ha aumentado la brecha entre pobres y ricos, así como los millones de personas que

viven en pobreza y marginación sin tener garantizados los derechos humanos ni satisfechas sus necesidades más vitales, lo cual crea desesperanza y es fuente de frustración y violencia. Esto afecta particularmente a los más débiles de la sociedad.

  • El trabajo que se ha convertido en una forma de esclavitud, ya desde la infancia, y llega a

ser competencia agresiva, ganancia económica, etc., deshumaniza a la persona y causa sufrimiento en las relaciones humanas y familiares.

  • La migración, fenómeno muy conocido en países que sufren la pobreza, la guerra y la

opresión política, deja una sociedad debilitada por la fuga de jóvenes y talentos, sembrada de sufrimiento y en algunos casos de muerte”.

 

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