“Venid en pos de mí, y os haré pescadores

de hombres”

(Mt 4:19)

¿Puede uno acaso, después de haber encontrado

a Jesús, seguir siendo un pescador?

Después de que nosotros los cristianos hayamos

visto el rostro del Salvador Jesús, quien sufrió por

nosotros, ¿podemos acaso permanecer en nuestro

trabajo y seguir viviendo por nuestro trabajo? ¿Puede

un ojo que realmente haya visto a Jesús permanecer

ciego a la misión más noble y genuina del Evangelio?

Hoy nos encontramos frente al llamado que Cristo

dirigió a sus cuatro primeros discípulos. Ellos ya

habían visto a Jesús, tal como Juan el Evangelista lo

dice en 1:35. En aquel encuentro conocieron a Jesús,

quien dio el nombre de Pedro a Simón. Justo antes

de este llamado al discipulado Jesús entró en la vida

y el trabajo diarios de sus discípulos. Él hizo, por

ejemplo, la pesca milagrosa para Pedro que había

estado cansado de pescar inútilmente toda la noche

y que en base a las palabras del Maestro tiró las

redes para pescar (Lucas 5:1-11). Jesús los llamó

entonces a ser pescador de hombres.

Otro aspecto del llamado evangélico es el profundo

cambio interior que transforma por completo nuestro

ser. El llamado de Dios llega a lo profundo de la

conciencia del hombre. Cambia al hombre, no sólo

en su vida externa sino en lo profundo de su corazón.

El llamado divino no sólo hace que, en caso de

ser necesario, el hombre deje sus padres, su trabajo

o sus redes, sino que cambia el amor y el sentido de

su corazón. El cambio de términos de Jesús entre

pescador de peces y pescador de hombres lo

confirma. Vengan trás de mí y los haré pescadores

de hombres. Cristo llama: “vengan y síganme”. Cristo

cambia : “y los haré …” Él da un nuevo significado al

sentido de nuestro trabajo y nuestras tareas. Por

ejemplo, da a los pescadores una nueva pesca, la de

hombres en lugar de pescados. Aquí Cristo nos

confirma que el objetivo ideal y final de todo trabajo

son los seres humanos.

El cristiano no tiene otra opción más que escuchar

el llamado del Evangelio, “vengan en pos de mí.” Esta

invitación es para todos pero cada cristiano debe hacer

su propia elección. Hay mucho para elegir y depende

de cada cristiano el escoger las redes apropiadas

para ser, para Cristo, un verdadero pescador de

hombres. Amén.

(Extracto de la Homilia del Obispo Paul Yazigy de Alepo)