"Esta tarde todos nos sentimos embargados por  la alegría de alabar a María con el himno Akáthistos, tan apreciado por la tradición oriental. Es un cántico totalmente centrado en Cristo, a quien se contempla a la luz de su Madre virgen. Ciento cuarenta y cuatro veces nos invita a renovar a María el saludo del Arcángel Gabriel: Ave Maria!

Hemos recorrido las etapas de su existencia y alabado los prodigios que el Todopoderoso realizó en ella: su concepción virginal, inicio y principio de la nueva creación, su maternidad divina, y su participación en la misión de su Hijo, especialmente en los momentos de su pasión, muerte y resurrección. María, Madre del Señor Resucitado y Madre de la Iglesia, nos precede y nos lleva al conocimiento auténtico de Dios y al encuentro con el Redentor. Nos indica el camino y nos muestra a su Hijo. Al celebrarla con alegría y gratitud, honramos la santidad de Dios, cuya misericordia hizo maravillas en su humilde esclava. La saludamos con el título de Llena de gracia e imploramos su intercesión por todos los hijos de la Iglesia que, con este himno Akáthistos, celebran su gloria.

 (Juan Pablo II. Extracto de la Homilía pronunciada el 8 de diciembre de 2000, al terminar la celebración del Himno Akásthistos en Santa María La Mayor)