Parte Histórica
Episodios Evangélicos
 
 
 

Un arcángel excelso
fue enviado del cielo
a decir "Dios te salve" a María.
Contemplándote, oh Dios, hecho hombre
por virtud de su angélico anuncio,
extasiado quedó ante la Virgen,
y así le cantaba:

 

Salve,

por ti resplandece la dicha;

 

Salve,

por ti se eclipsa la pena.

 

Salve,

levantas a Adán, el caído;

 

Salve,

rescatas el llanto de Eva.

 

Salve,

oh cima encumbrada – a la mente del hombre;

 

Salve,

abismo insondable – a los ojos del ángel.

 

Salve,

tu eres de veras – el trono del Rey;

 

Salve,

tu llevas en ti – al que todo sostiene.

 

Salve,

lucero que el Sol nos anuncia;

 

Salve,

regazo del Dios que se encarna.

 

Salve,

por ti la creación se renueva;

 

Salve,

por ti el Creador nace niño.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Conociendo la Santa
que era a Dios consagrada,
al arcángel Gabriel le decía:
"Tu mensaje es arcano a mi oído
y difícil resulta a mi alma;
insinúas de Virgen el parto,
exclamando:

 

¡Aleluya!".

 
 

Deseaba la Virgen
comprender el misterio
y al heraldo divino pregunta:
"¿Podrá dar a la luz criatura
una Virgen? Responde, te ruego".
Reverente Gabriel contestaba,
y así le cantaba:

 

Salve,

tu guía al eterno consejo;

 

Salve,

tu prenda de arcano misterio.

 

Salve,

milagro primero de Cristo;

 

Salve,

compendio de todos sus dogmas.

 

Salve,

celeste escalera – que Dios ha bajado;

 

Salve,

oh puente que llevas – los hombres al cielo.

 

Salve,

de angélicos coros – solemne portento;

 

Salve,

de turba infernal – lastimero flagelo.

 

Salve,

inefable, la Luz alumbraste;

 

Salve,

a ninguno dijiste el secreto.

 

Salve,

del docto rebasas la ciencia;

 

Salve,

del fiel iluminas la mente.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

La virtud de lo Alto
la cubrió con su sombra
e hizo Madre a la Esposa Inviolada.
Aquel seno por Dios fecundado
germinó como fértil arada
para todo el que busca la gracia
y aclama:

 

¡Aleluya!

 
 

Con el Niño en su seno,
presurosa María,
a su prima Isabel visitaba.
El pequeño en el seno materno
exultó al oír el saludo,
y con saltos, cual cantos de gozo,
a la Madre aclamaba:

 

Salve,

oh tallo del verde Retoño;

 

Salve,

oh rama del Fruto incorrupto.

 

Salve,

al pío Arador tu cultivas;

 

Salve,

tu plantas quien planta la vida.

 

Salve,

oh campo fecundo – de gracias copiosas;

 

Salve,

oh mesa repleta – de dones divinos.

 

Salve,

un Prado germinas – de toda delicia;

 

Salve,

al alma preparas – Asilo seguro.

 

Salve,

incienso de grata plegaria;

 

Salve,

ofrenda que el mundo concilia.

 

Salve,

misericordia de Dios para el hombre;

 

Salve,

confianza del hombre con Dios.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Con la mente en tumulto,
inundado de dudas,
el prudente José se debate.
Te conoce cual Virgen intacta;
desposorios secretos sospecha.
Al saber que es acción del Espíritu,
exclama:

 

¡Aleluya!

 
 

Los pastores oyeron
los angélicos coros
que al Señor hecho hombre cantaban.
Para ver al Pastor van corriendo;
un Cordero inocente contemplan
que del pecho materno se nutre,
y a la Virgen le cantan:

 

Salve,

Nutriz del Pastor y Cordero;

 

Salve,

aprisco de fieles rebaños.

 

Salve,

barrera a las fieras hostiles;

 

Salve,

ingreso que da al Paraíso.

 

Salve,

por ti con la tierra – exultan los cielos;

 

Salve,

por ti con los cielos – se alegra la tierra.

 

Salve,

de Apóstoles boca – que nunca enmudece;

 

Salve,

de Mártires fuerza – que nadie somete.

 

Salve,

de fe inconcuso cimiento;

 

Salve,

fulgente estandarte de gracia.

 

Salve,

por ti es despojado el averno;

 

Salve,

por ti revestimos la gloria.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Observando la estrella
que hacia Dios los guiaba,
sus fulgores siguieron los magos.
Era antorcha segura en su ruta;
los condujo ante el Rey Poderoso.
Al llegar hasta el Inalcanzable,
le cantan:

 

¡Aleluya!

 
 

Contemplaron los magos
entre brazos maternos
al que al hombre plasmó con sus manos.
Comprendieron que era Él su Señor,
a pesar de su forma de esclavo;
presurosos le ofrecen sus dones
y a la Madre proclaman:

 

Salve,

oh Madre del Sol sin ocaso;

 

Salve,

aurora del místico Día.

 

Salve,

tu apagas hogueras de errores;

 

Salve,

Dios Trino al creyente revelas.

 

Salve,

derribas del trono – al tirano enemigo;

 

Salve,

nos muestras a Cristo – el Señor y el Amigo.

 

Salve,

nos has liberado – de bárbaros ritos;

 

Salve,

nos has redimido – de acciones de barro.

 

Salve,

destruyes el culto del fuego;

 

Salve,

extingues las llamas del vicio.

 

Salve,

camino a la santa templanza;

 

Salve,

alegría de todas las gentes.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Portadores y heraldos
de Dios eran los magos
de regreso, allá en Babilonia.
Se cumplía el oráculo antiguo
cuando a todos hablaban de Cristo,
sin pensar en el necio de Herodes
que no canta:

 

¡Aleluya!

 
 

Salve,

levantas al género humano;

 

Salve,

humillas a todo el infierno.

 

Salve,

conculcas engaños y errores;

 

Salve,

impugnas del ídolo el fraude.

 

Salve,

oh mar que sumerge – al cruel enemigo;

 

Salve,

oh roca das de beber –  a sedientos de Vida.

 

Salve,

columna de fuego – que guía en tinieblas;

 

Salve,

amplísima nube – que cubres el mundo.

 

Salve,

nos diste el Maná verdadero;

 

Salve,

nos sirves Manjar de delicias.

 

Salve,

oh tierra por Dios prometida;

 

Salve,

en ti fluyen la miel y la leche.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Simeón el anciano,
al final de sus días,
de este mundo dejaba la sombra.
Presentado le fuiste cual niño,
mas, al verte cual Dios poderoso,
admiró el arcano designio
y gritaba:

 

¡Aleluya!

 

 
Parte Dogmática
Misterios de la fe
 

Renovó el Excelso
de este mundo las leyes
cuando vino a habitar en la tierra.
Germinando en un seno incorrupto
lo conserva intacto cual era.
Asombrados por este prodigio
a la Santa cantamos:

 

Salve,

azucena de intacta belleza;

 

Salve,

corona de noble firmeza.

 

Salve,

la suerte futura revelas;

 

Salve,

la angélica vida desvelas.

 

Salve,

frutal exquisito – que nutre a los fieles;

 

Salve,

ramaje frondoso – que a todos cobija.

 

Salve,

llevaste en el seno – quien guía al errante;

 

Salve,

al mundo entregaste – quien libra al esclavo.

 

Salve,

plegaria ante el Juez verdadero;

 

Salve,

perdón del que tuerce el sendero.

 

Salve,

atavío que cubre al desnudo;

 

Salve,

del hombre supremo deseo.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Ante el Parto admirable,
alejados del mundo,
hacia el cielo elevamos la mente.
El Altísimo vino a la tierra
con la humilde semblanza de un pobre
y enaltece hasta cumbres de gloria
a quien canta:

 

¡Aleluya!

 
 

Habitaba en la tierra
y llenaba los cielos
la Palabra de Dios infinita.
Su bajada amorosa hasta el hombre
no cambió su morada superna.
Era el parto divino de Virgen
que este canto escuchaba:

 

Salve,

mansión que contiene el Inmenso;

 

Salve,

dintel del augusto Misterio.

 

Salve,

de incrédulo equívoco anuncio;

 

Salve,

del fiel inequívoco orgullo.

 

Salve,

carroza del Santo – que portan querubines;

 

Salve,

sitial del que adoran – sin fin serafines.

 

Salve,

tu sólo has unido – dos cosas opuestas:

 

Salve,

tu sola a la vez – eres Virgen y Madre.

 

Salve,

por ti fue borrada la culpa;

 

Salve,

por ti Dios abrió el Paraíso.

 

Salve,

tu llave del Reino de Cristo;

 

Salve,

esperanza de bienes eternos.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Todo el orden angélico
asombrado contempla
el misterio de Dios que se encarna.
Al Señor, al que nadie se acerca,
hecho hombre, accesible, admira
caminar por humanos senderos,
escuchando:

 

¡Aleluya!

 
 

Oradores brillantes
como peces se callan
ante ti, Santa Madre del Verbo.
Cómo ha sido posible no entienden
ser tu Virgen después de ser Madre.
El prodigio admiramos tus fieles,
y con fe proclamamos:

 

Salve,

sagrario de arcana Sapiencia;

 

Salve,

despensa de la Providencia.

 

Salve,

por ti se confunden los sabios;

 

Salve,

por ti el orador enmudece.

 

Salve,

por ti se aturden – sutiles doctores;

 

Salve,

por ti desfallecen – autores de mitos;

 

Salve,

disuelves enredos – de agudos sofistas;

 

Salve,

rellenas las redes – de los Pescadores.

 

Salve,

levantas de honda ignorancia;

 

Salve,

nos llenas de ciencia suprema.

 

Salve,

navío del que ama salvarse;

 

Salve,

oh puerto en el mar de la vida.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Por salvar todo el orbe,
el Divino Alfarero
hasta el mundo bajó, porque quiso.
Por ser Dios era Él Pastor nuestro;
se mostró por nosotros Cordero;
como igual sus iguales atrae;
cual Dios oye:

 

¡Aleluya!

 
 

Virgen, Madre de Cristo.
Baluarte de vírgenes
y de todo el que en ti se refugia
el divino Hacedor te dispuso,
al tomar de ti carne en tu seno;
y enseña a que todos cantemos
en tu honor, oh Inviolada:

 

Salve,

columna de sacra pureza;

 

Salve,

umbral de la vida perfecta.

 

Salve,

tu inicias la nueva progenie;

 

Salve,

dispensas bondades divinas.

 

Salve,

de nuevo engendraste – al nacido en deshonra;

 

Salve,

talento infundiste – al hombre insensato.

 

Salve,

anulaste a Satán – seductor de las almas;

 

Salve,

nos diste al Señor – sembrador de los castos.

 

Salve,

regazo de nupcias divinas;

 

Salve,

unión de los fieles con Cristo.

 

Salve,

de vírgenes Madre y Maestra;

 

Salve,

al Esposo conduces las almas.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Impotente es el canto
que alabar presumiera
de tu gracia el caudal infinito.
Como inmensa es la arena en la playa
pueden ser nuestros himnos, Rey Santo,
mas no igualan los dones que has dado
a quien canta:

 

¡Aleluya!

 
 

Como antorcha luciente
del que yace en tinieblas
resplandece la Virgen María.
Ha encendido la Luz increada;
su fulgor ilumina las mentes
y conduce a la ciencia celeste
suscitando este canto:

 

Salve,

oh rayo del Sol verdadero;

 

Salve,

destello de Luz sin ocaso.

 

Salve,

fulgor que iluminas las mentes;

 

Salve,

cual trueno enemigos aterras.

 

Salve,

surgieron de ti – luminosos misterios;

 

Salve,

brotaron en ti – caudalosos arroyos.

 

Salve,

figura eres tu – de salubre piscina;

 

Salve,

tu limpias las manchas – de nuestros pecados.

 

Salve,

oh fuente que lavas las almas;

 

Salve,

oh copa que vierte alegría.

 

Salve,

fragancia de ungüento de Cristo;

 

Salve,

oh Vida del sacro Banquete.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Por querer perdonarnos
el pecado primero,
el que paga las deudas de todos,
de sus prófugos busca el asilo,
libremente del cielo exiliado.
Mas, rasgando el quirógrafo antiguo,
oye un canto:

 

¡Aleluya!

 
 

Celebrando tu parto,
a una voz te alabamos
como templo viviente, Señora.
Ha querido encerrarse en tu seno
el que todo contiene en su mano,
el que santa y gloriosa te ha hecho,
el que enseña a cantarte:

 

Salve,

oh tienda del Verbo divino;

 

Salve,

más grande que el gran Santuario.

 

Salve,

oh Arca que Espíritu dora;

 

Salve,

tesoro inexhausto de vida.

 

Salve,

diadema preciosa – de reyes devotos;

 

Salve,

orgullo glorioso – de sacros ministros.

 

Salve,

firmísimo alcázar – de toda la Iglesia;

 

Salve,

muralla invencible – de todo el Imperio.

 

Salve,

por ti enarbolamos trofeos;

 

Salve,

por ti sucumbió el adversario.

 

Salve,

remedio eficaz de mi carne;

 

Salve,

inmortal salvación de mi alma.

 

Salve,

¡Virgen y Esposa!
 

Digna de toda loa,
Madre santa del Verbo,
el más Santo entre todos los Santos.
Nuestra ofrenda recibe en el canto;
salva al mundo de todo peligro;
del castigo inminente libera
a quien canta:

 

¡Aleluya!