P.– ¿Está obligado el hombre a buscar la verdadera religión?
R.– Sí: el hombre está rigurosamente obligado a buscar la verdadera religión cuando duda seriamente de que no profesa la verdadera.

Es un hecho que hay hombres que creen profesar la verdadera religión, y otros que tienen dudas sobre el particular. Ahora bien, los que se creen sinceramente en posesión de la verdadera, no tienen obligación de inquirir cuál sea la verdadera religión. Si de hecho no la poseen, su buena fe los excusa, mientras no tengan ninguna sospecha de estar en el error.

Los que dudan seriamente están en la obligación rigurosa de aclarar sus dudas. El hombre debe practicar una religión: sólo una religión es agradable a Dios; luego, el hombre está obligado a indagar su voluntad para ejecutarla.

El buen sentido enseña que, cuando están en juego graves intereses, hay que informarse acerca de los medios de asegurarlos. ¿Y qué interés más grave que los del alma y de su eterno destino? Yo no puedo arrostrar a sangre fría esta terrible alternativa ante la cual me he de hallar al otro lado de la tumba: una eternidad de tormentos, o una eternidad de dicha. Debo saber por qué medios y en qué religión puedo salvar mi alma. Si permanezco indiferente, mi conducta será la de un insensato.

Puede decirse de la religión lo que Pascal decía de Dios: «No hay más que dos clases de hombres razonables: los que aman a Dios con todo su corazón, porque le conocen, y los que le buscan de todo corazón, porque no le conocen».

La Religión Demostrada – P. A. Hillair

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