Cuerpos intactos

 

En los últimos 15 años, ha surgido una nueva forma de ver a los santos incorruptos; el Vaticano, químicos y radiólogos han pedido que se investiguen minuciosamente los cuerpos

 

Los cuerpos de varios santos y mártires medievales católicos siguen intactos con el paso del tiempo.

En el interior de la Catedral de San Frediano en Lucca, Italia, ramos de orquideas perfuman el aire con una fragancia de santidad. Recostado en una cama se encuentra el cuerpo de uno de los más amados santos romanos catolicos, santa Zita.

Nació en 1218 en un pueblito de Monte Sagrati y vivió una vida de singular virtud. Debido a la pobreza en la que se encontraba su familia, desde chica salió a trabajar en la casa de un comerciante que vivía cerca de Lucca. Ella daba su cama a los que no tenían casa y su comida a la gente más necesitada. Desde su muerte, a los sesenta años, su cuerpo descansa en una cripta en San Frediano.

Todos recordaban sus virtudes y la gente presionaba a la Iglesia para que la declararan santa. Cuando los oficiales eclesiáticos empezaron la investigación, 300 años después de su muerte, encontraron el primer símbolo de santidad; su cuerpo estaba intacto. Coronada con un anillo de rosas secas y usando una toga verde de terciopelo, descansa sin ser tocada por el tiempo. Su cara demacrada pero suave, sus manos suaves y con una apariencia flexible y sus uñas brillantes.

Santa Zita es una de las personas que siguen incorruptas. Más de la mitad de los 100 santos que siguen incorruptos reposan en reliquiarios en Italia.

Los devotos afirman que los santos tienen poderes curativos. Cuando santa Zita fue exhumada, según se dice, regreso la vista a los ciegos y la fertilidad a los infértiles.

En los últimos 15 años, ha surgido una nueva forma de ver a los santos incorruptos; el Vaticano, químicos y radiólogos han pedido que se investiguen minuciosamente los cuerpos de los hombres y mujeres que descansan en las iglesias. Equipados con nueva información de la vida de los santos y beatos son testigos e investigadores de la conservación de los restos sagrados. También han traído la ciencia a los altares de las catedrales europeas, examinando a más de dos docenas de santos y beatos, dando luz a los misterios de su preservación. Mientras algunos santos han sido claramente embalsamados por sus seguidores devotos, otros han sido protegidos de la descomposición por factores climáticos, despertando nuevas preguntas acerca de la incorruptibilidad.

"¿Qué es un milagro?", preguntó Ezio Fulcheri, patólogo de la Universidad de Génova y uno de los líderes en la investigación de los incorruptos. "Es algo inexplicable, un evento especial que ocurre de diferentes maneras". Las causas pueden parecer muy misteriosas, "pero no excluyen procesos naturales que son diferentes del curso normal de las cosas".

La experiencia de Fulcheri con los incorruptos comenzó en 1986 con una extraña e irresistible petición de Monseñor Gianfranco Nolli, inspector del Museo Egipcio del Vaticano y especialista de la Congregación para las Causas de los Santos: un grupo de cardenales, arzobispos y obispos asistidos por un pequeño grupo de investigadores eclesiásticos y científicos especialistas, que trabajan para examinar las vidas, escritos y milagros de las personas extraordinariamente santas, dándole toda la información al Papa para que tome la última decisión, canonizar o no.

Nolli, el experto en embalsamación egipcia, obtuvo un nuevo proyecto: preservar el cuerpo del cardenal ucraniano Josep Slipyj, candidato a ser canonizado, que murió dos años antes. La iglesia no quería que los ucranianos olvidaran su oposición al comunismo y Slipyj los ayudaría a recordarlo.

Fulcheri se unió con Nolli y con un grupo de prominentes científicos italianos en la subterránea y fría cripta de Santa Sofía, en Roma, donde Slipyj fue enterado. Cuidadosamente levantaron el cuerpo de su ataud; el cadaver seguía intacto. En primer lugar, el grupo removió el cerebro y limpió las cavidades internas del cardenal, luego pararon la descomposición enzimática y pusieron el cuerpo en un baño químico. Durante los cuatro meses siguientes, sumergieron el cadáver en diferentes sustancias químicas, y al final del año, Fulcheri recolectó muestras de tejidos verificándolas con el microscopio y comparándolas con las que fueron extraídas antes de embalsamarlo. El proceso de descomposición celular se hizo más lento. Después de este proceso el cardenal fue enviado a Ucrania para ser enterrado en la cripta de la catedral mientras esperaba su canonización.

En el siglo XX la Iglesia católica no a vacilado en recurrir a la ayuda de la ciencia para preservar a un futuro santo. Esto llevó a Fulcheri a preguntarse si se habían hecho peticiones similares en épocas anteriores. La popular tradición europea y norteamericana de embalsamar se desarrolló más tarde. No fue sino hasta el siglo XVII que los anatomistas y químicos empezaron a experimentar inyectando substancias como alcohol, vino, turpentine, en las arterias de cadáveres animales y humanos. En la larga época anterior a la preservación química, ¿brindó la ciencia su ayuda a la Iglesia?

Fulcheri comenzó a especializarse en el tema cuando Nolli lo llamó para que lo ayudara una vez más, en esta ocasión se trataba de examinar a una santa de Toscana del siglo XIII, Margaret de Cortona. Según los hagiografos, Margaret, la hija de un simple granjero, llamó la atención de un joven noble. Viviendo abiertamente su relación y haciendo alarde de los galanteos de él, le dio un hijo, escandalizando al pueblo. Después de nueve años, su amante apareció muerto en una tumba. Ella interpretó ésto como una señal de Dios y pidió perdón públicamente, luego dedicó su vida a trabajar para ayudar a los más pobres, cuidando a mujeres enfermas. Fundó un hospital, ingresó en la Tercera Orden de San Francisco y terminó su vida dedicada a la contemplación.

Después de su muerte en 1297, Margaret seguía resistiendo la descomposicion. Su cuerpo reposaba en una magnifica tumba gótica en la Catedral de Cortona. Allí, Fulcheri se unió con otros investigadores, tomando la dirección del proyecto, jurando respetar los restos de los santos, no tomar nada y decir la verdad acerca de sus descubrimientos. Él y sus colegas trasladaron el cuerpo a una parte privada de la catedral. Conforme le fueron quitando la ropa empezaron los murmullos, tenía cortadas por todas partes; santa Margaret habia sido momificada artificialmente.

Investigando en documentos eclesiásticos e históricos, Fulcheri hizo un gran descubrimiento: las personas de Cortona, pidieron a la Iglesia autorización para embalsamar el cuerpo. De acuerdo a los registros, esta petición no fue secreta, pero a través de los siglos este hecho se olvidó. Las personas asumían, dado el estado del cuerpo, que se preservó por obra de Dios. Los investigadores detectaron la fragancia de unguentos y de especias por todo su cuerpo. Los que preservaron a santa Margaret hicieron un gran trabajo poniéndole en la piel fragantes lociones, que les recordó a las técnicas usadas en el antiguo Egipto.

El patólogo pensaba que las semejanzas eran mera coincidencia o que en cierto punto del pasado, la Iglesia catolica tomó prestadas las tradiciones de los egipcios. Después de todo, en la Biblia se ha establecido un importante precedente. En el Antiguo Testamento, José el patriarca de la Iglesia que fue vendido como esclavo en Egipto para después convertirse en el gobernador de Egipto, encomendó a sus sirvientes embalsamar el cuerpo de su padre. Esta práctica persistió en Palestina por más de un milenio. El Nuevo Testamento nos muestra que se seguía esta práctica cuando Jesucristo murió. Si Cristo, Cabeza de la Iglesia fue aceitado y embalsamado -dijo Fulcheri- personas importantes y santas debieron de ser aceitadas y embalsamadas tambien. Imbuídos por la fe, los primeros cristianos empezaron a hacer esto con los cuerpos, utilizando preservativos naturales y envolviéndolos en lino, actos simples que ayudaron a la momificacion de muchos santos.

Cuando los primeros misioneros viajaron a Roma se llevaron las costumbres con ellos y pronto esas tradiciones se establecieron en Europa. De acuerdo a documentos históricos, en el siglo IV, cristianos en Umbría enterraron el cuerpo de san Emiliano con resinas aromáticas, perfumes preciosos y lino blanco, y así sigueron por más de un milenio. En 1697, en Italia, un cirujano dejó una lista de 27 hierbas y drogas que el había empleado para preservar los cuerpos como el de san Gregorio. Estas ideas se transmitieron por todo Europa.

Los embalsamadores de Margaret de Cortona fueron más allá de lo tradicional, haciendo cortes en el cuerpo sagrado. Los archivos de la Iglesia no nos ofrecen explicación de estas acciones drásticas, por eso Fulcheri empezó a buscar otras claves, investigando a otros santos embalsamados de esa forma en Italia.

Sus investigaciones mostraron otros 5 cuerpos embalsamados de la misma manera: santa Clara de Montefalco, Margaret de Metola, santa Catarina de Siena, santa Bernardina de Siena y santa Rita de Cascia. Todas de Umbría y Toscana, vivieron entre 1297 y 1447, y sus seguidores determinaron preservar sus cuerpos. Algunas personas les quitaban los órganos para mandarlos a las iglesias y otros para buscar signos en los órganos, por ejemplo a santa Clara de Montefalco, después de que murió, las monjas que la conocieron le quitaron el corazón para ver si tenía signos de gracia divina y en él, encontraron signos de enfermedad con los que concluían que era igual a los de Cristo cuando estaba en la cruz.

No todo los santos incorruptos fueron intervenidos por cirujanos. Algunos, como santa Zita, revelan que no tenían la intervencion humana. Un nativo de Toscana, que creció oyendo historias de santa Zita, experto en embalsamar, examinó a ocho cuerpos de santos y beatos italianos. Santa Zita al ser examinada tenía todos sus organos completos y estaba perfectamente conservada sin ayuda de sus devotos al igual que san Ubaldo de Gubbio, Margaret de Savoy y otros más. Durante el siglo primero a.C., el emperador Nerón que perseguía a los cristianos, fue acusado por prender fuego a Roma; para parar las habladurías decidió encarcelarlos y crucificarlos y los familiares reclamaban los cuerpos para ponerlos en las catacumbas. Esta persecución siguió hasta que llegó Constantino y dejo a los cristianos trabajar libremente y así desenterraron a los santos para enterrarlos dignamente bajo los altares. Constantino ordenó que construyeran la Catedral de San Pedro pàra guardar el cuerpo de San Pedro, una de las víctimas de Nerón y desde entonces todas las reliquias fueron guardadas en las catedrales europeas. La construcción de las iglesias cambió, de manera que todos los cristianos pudieran ser enterrados cerca del altar. En aquellos tiempos los santos eran exhumados durante su beatificación y canonización.

En la actualidad la Iglesia no deshecha la idea de incorruptibilidad, pero ya no es uno de los milagros relevantes como causa de beatificación y que son reconocidos por el Papa. No obstante, es difícil suprimir el asombro en la presencia del cuerpo preservadode un santo. Es una afirmación asombrosa, el testimonio a una persona significativa en un universo a menudo endurecido por la indiferencia. Parece sostener nuestra esperanza de que la muerte no es el final de nuestra vida, es el principio de la eternidad y la felicidad.